Ago 232011
 

 

¡La pille! buscaba esta foto desesperadamente, para explicaros "in situ", lo que es el espíritu; la esencia de la siesta "tipical spanis". Aquí, el del gorro, mi consorte, el sujeto que me amenaza con quedarse en el sofá hasta que me acueste , y a su lado nuestro buena migo Rafa, que como se comprobara también es aficionado a este deporte ¡Aaaayyyy la siesta!

¡

 

 

 


A la bella Sara la separan de la pequeña Sandra cuatro generaciones, pero eso no es obstáculo para disfrutar de...¡Ay la siesta!

La pequeña Andrea, practicando una de los deportes que más le gusta:el sofá ball ¡Le falta el canto de un euro para babear!

 

Haciendo gala de ese orden que le caracteriza¡Que lío tiene de nórdicos! Su padre le observa a través del cristal de la ventana, pensando que los genes funcionan:tan desordenado como su abuela paterna ¡Ay la siesta!


 


Tengo a la neurona cabreada. Si, pero no voy a entonar el “mea culpa”, porque no soy la causante. El honor es vuestro ¿Que por qué? porque desde que me metí en este lío , me acuesto a las tantas… y luego a la mañana siguiente ando zombi durante todito el día. Con este enganche del blog, estoy peleada con el trapo del polvo, con las ollas y sartenes, con el libro que estoy escribiendo desde hace un lustro, Con la Historia Universal Contemporánea de la U.N.E.D, que a lo más que hemos llegado las dos es a mirarnos con desidia, y ¡hasta con mi consorte que ha llegado a amenazarme con que si no me acuesto a una hora “prudencial”,se quedará en el sofá de la tele, hasta que me de por irme al lecho conyugal: a esto yo le llamo chantaje emocional, de andar en zapatillas, je, je,je: ¿Por qué no te echas una siesta? dice el gachó repanchigado en el sofá, con el gorro, o la capucha de la sudadera<>, calados hasta la nariz y un programa en la tele de esos del colorín, que adormece como pócima de mandrágora…¡Ay la siesta! Ya quisiera yo, ya, practicar ese deporte nacional tan sano que todos los españolitos , practican a pierna suelta. Que gusto da ver esas caras relajadas, esas bocas abiertas de par en par, o resoplando igualicas, igualicas, que la vieja tetera que vive en mi “laboratorio cocineril”; Que gracia tiene esa boquita con la babita manando ,cual caño viejo de la fuente de mi pueblo;que placer cuando después de comer, todo el mundo se acurruca en los sofás, o desaparecen de puntillas escaleras arriba, buscando una cama en la que echarse cómodamente a “leer una revista y al momento, como si en la habitación flotara el pentotal, se quedan tan frit@s como las gallinas que hipnotizaba aquel, lumbreras de cuyo nombre no es que no quiera, sino que a mi neurona no le da la realísima gana de acordarse. ¡Ay !esas cabezadas, de boina, botijo y silla de anea a la sombra de una higuera, o de un olivo, arrulladas por el vuelo de un moscardón, el zumbido de las abejas, o el pesado cosquilleo de las moscas veraniegas, que danzan del amo al perro y del perro al amo ¡Ay! esas siestas de pijama y orinal, como decía Don Camilo José Cela, con tanto acierto ¡Ay esas siestas! que casi nadie reconoce que se las pega y aún no entiendo el porqué.
– ¿Por qué no te echas la siesta?
– !PORQUE NO TENGO ORINAL!

 

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