Ene 132011
 

Los soldados llevaban ya tres semanas de marcha por los desiertos de Egipto, donde se habían expuesto al aplastante calor de un sol inclemente con unos uniformes de tela demasiado gruesa. La luz resplandeciente había cegado a algunos; a otros la sed los había vuelto locos. Poco antes las tropas habían podido refrescarse en las aguas del Nilo .. Acto seguido hubieron de volver a cargar su pesada impedimenta y reanudar la marcha. Les esperaba una batalla que su general, Napoleón Bonaparte, quería resolver por la vía rápida. De forma impaciente y tenaz, Napoleón guiaba a sus soldados hacia El Cairo. No hacía mucho tiempo que el joven y ambicioso general había terminado la campaña italiana de forma exitosa para la Francia revolucionaria. Nacido en Córcega, Napoleón, que en realidad se apellidaba Buenaparte. procedía de una familia perteneciente a la nobleza local. Sin embargo, sus padres tenían poco dinero y ocho hijos a los que alimentar y dar una buena educación. Afortunadamente encontraron unos mecenas aristócratas. Napoleón abandonó a la familia con tan sólo nueve años, y a los quince llegó a Francia para ingresar en una academia militar. (Antes debió aprender francés; su lengua materna era el corso v durante toda su vida conservó un fuerte acento.) Demostró ser un joven bien dotado y año más tarde ya fue nombrado oficial. Durante la Revolución francesa y las guerras de coalición, el joven comandante de artillería pronto se hizo un nombre. En 1796 tomó el mando del ejército francés de ltalia. Obtuvo varias victorias brillantes contra un enemigo que contaba con una fuerza varias veces superior, y en la paz de Campo Formio, el 17 de octubre de 1797, logró arrancar a Austria algunas concesiones dolorosas. Así terminó la primera guerra de coalición, comenzada en 1792. Ahora Napoleón anhelaba realizar nuevas heroicidades. Como antes Alejandro Magno, el único general de la historia con el que toleraba ser comparado, estaba resuelto a llegar a Asia. El Directorio formado por cinco personas que gobernaba en París desde 1795 tenía la intención de mandar a Inglaterra un ejército de ocupación a las órdenes de Napoleón, pero éste aseguró que la empresa no tenía buenos augurios. No obstante, como el Directorio quería mandar lo más lejos posible a aquel general tan popular, acabó aprobando su plan aparentemente descabellado de conquistar Egipto con el objetivo de cortar la ruta de Gran Bretaña a la India, entonces la colonia más importante de los ingleses. El 19 de mayo o de 1798 el cuerpo expedicionario de NapoIeón se hizo a la mar desde Toulon. Durante la travesía las tropas de Bonaparte fueron reforzadas por fuerzas procedentes de Italia y finalmente el corso contó con un ejército de más de cuarenta mil hombres, que a bordo de cuatrocientas naves viajaba rumbo al norte de África. En el Mediterráneo les esperaban los barcos de guerra del almirante Nelson, pero la flota de Napoleón consiguió sortearlos sin ser vista y aún tuvo tiempo para Conquistar la isla de Malta para Francia. Tras llegar a la costa del norte de África, la rápida conquista de Alejandría fue seguida por la extenuante marcha hacia El Cairo. Después de dos meses de suplicio, la ciudad quedaba tan sólo a un días de distancia. Tras algunas escaramuzas, el 21 de julio se desencadenó la batalla decisiva. Napoleón dispuso a sus tropas formando cuadros de infantería, formación defensiva que fue esencial para hacer frente en inferioridad numérica a las cargas de los mamelucos, una de las mejores tropas de caballería de aquella época. La derrota del ejército egipcio a las órdenes de Murad Bey fue devastadora: mientras que sus tropas sufrieron más de veinte mil bajas entre heridos y muertos, Napoleón sólo perdió a unos cuatrocientos hombres. Esta victoria despejó para los franceses el camino hasta El Cairo. Al anochecer del siguiente día se perfilaba en el horizonte la silueta de la metrópoli. Las esbeltas torres de las mezquitas se elevaban como soberbias lanzas por encima de los tejados de la ciudad. Sin embargo, en la visión que ofrecía aquel atardecer en el desierto a los soldados procedentes de Norma,Provena, Aquitania, Loteringia y muchas otras partes de Francia había algo aún más prodigioso. Los soldados habían oído hablar de ellas, pero ahora las vieron con sus propios ojos: gigantescas paredes de piedra se alzaban sobre la planicie, majestuosas en su tamaño y perfectas en su sumaria geometría. Los vórtices de las pirámides se elevaban imponentes por encima de todo lo demás, y parecían superar todas las dimensiones del espacio y el tiempo. «Cuarenta siglos os contemplan», dijo supuestamente Napoleón a sus soldados. Napoleón entró en El Cairo. También conquistó Gaza y Jaffa. Según Sonja Hegasy, estudiosa del islam, la. campaña de Napoleón significó el inicio de las humillaciones que Occidente ha infligido al mundo árabe. Mientras Napoleón conquistaba militarmente el país, sus soldados saqueaban los tesoros y los científicos que acompañaban al general arramblaron con los testimonios de la cultura milenaria del país. No se les puede acusar de falta de celo. miento. La peste y el cólera asolaron a la soldadesca. Como respuesta al desafío de la campaña de En el Mediterráneo, el almirante Nelson finalmente dio caza a la flota francesa a principios de agosto de 1798 y la aniquiló ante la costa de Abukir, cerca de Alejandría. S6lo escaparon tres barcos franceses. La expedición de Napoleón quedó cortada de las tropas de refuerzo mandadas desde Francia, y a las huestes napoleónicas todavía les esperaban meses de lucha y sufriEgipto, el Imperio otomano declaró la guerra a Francia el 24 de julio de 1799. Napoleón obtuvo otra victoria contra el ejército otomano en otra batalla en Abukir, justo antes de abandonar el país y a sus soldados marchándose en una goleta rumbo a Francia. Si bien el éxito de la campaña de Egipto era dudoso, Napoleón logró presentarla como un triunfo y fue recibido en la patria con atronadoras muestras de júbilo. El 9 de noviembre de 1799 protagonizó un golpe de Estado contra el Directorio y obtuvo el poder absoluto en Francia. Al principio, los soldados en Egipto lucharon a las órdenes del general Jean-Baptiste Cléber, quien, tras cosechar algunos éxitos y derrotar al ejército otomano en Heliópolis, murió víctima de un atentado en El Cairo. En 1801, después de sufrir algunas derrotas contra las tropas británicas, el ejército expedicionario francés se avino a abandonar Egipto a cambio de un salvoconducto. Aunque el resultado militar de esta expedición fue insatisfactorio para Napoleón, tuvo consecuencias de largo alcance en otro terreno: el de la cultura. Napoleón había llevado consigo a casi doscientos civiles (eruditos, pintores, poetas,geógrafos y arqueólogos), que anotaron, recopilaron, dibujaron y midieron. Y con su trabajo volvieron a acercar la milenaria cultura egipcia a la conciencia europea. Si bien Egipto ya había estado de moda antes de la campaña napoleónica, ya hacía tiempo que ningún artista se inspiraba en el arte y la arquitectura egipcias. Tuvo una gran importancia, durante esta expedición, el hallazgo de la piedra de Roseta, un pedazo de granito negro donde en el siglo II a.c. unos sacerdotes egipcios habían grabado un decreto en tres alfabetos. En 1822, comparando las tres versiones del mismo texto, escrito en jeroglíficos y con los alfabetos griego y demótico, el lingüista francés Jean-Francoise Champollion logró descifrar los jeroglíficos. Los soldados de Napoleón se burlaban de los intelectuales que viajaban con ellos. Sin embargo, el general protegió en todo ,momento a aquellos hombres, a sabiendas de que su trabajo constituiría una propaganda impagable para su causa. Se hizo famosa la orden de Napoleón antes de la conocida más tarde como batalla de las Pirámides. Cuando los soldados iban a formar los cuadros defensivos, exclamó: ¡Los asnos y los sabios en el centro! en su biografía del todavía estaba a un día de camino. Por l0 tanto, la famosa frase de «Cuarenta siglos os contemplan» La batalla de las Pirámides se convirtió en la más célebre de Napoleón durante toda la campaña de Egipto. Fue él mismo quien le puso este nombre. Como buen maestro no sólo de la estrategia militar, sino también del arte de la propia publicidad, sabía del gran efecto que causaría una victoria a la sombra de las pirámides. Ahora bien, como explica Johannes Willmscorso, desde el campo de batalla no se podían ver las pirámides: El Cairoposiblemente sea otro elemento melodramático añadido a posteriori por el interesado. Willms sostiene que fue en el exilio de Santa Helena, muchos años después de la batalla de las Pirámides, cuando Napoleón dictó su famosa exclamación: ¡Quarante siecles vousregardent !». En los más de dos siglos transcurridos desde entonces, se han citado muchas veces estas palabras, en esta y en muchas otras versiones, y a menudo para mayor gloria de Napoleón.

La Vuelta a la historia en cincuenta frases. Helge Hesse. C.L.Justificar a ambos lados


  2 Responses to “¡Cuarenta siglos os contemplan!”

  1. Lo bonito que se veía el obelisco de granito rosa desde hace cuarenta siglos que lo contemplaban en Egipto y apenas lo contemplan desde hace dos en París y parece de granito negro. Pero ¡porque no dejan los restos arqueológicos en sus emplazamientos originales!Aparte de eso, Champollion fué un máquina el tío (ya lo querría hoy en día la C.I.A. como criptógrafo).
    Besote de perfil.

  2. Cuanto tiempo sin saber de usted, señor Jonsu "Elportasandalias". llegué a pensar que se lo había tragado una duna del desierto ¡ja, ja, ja!
    Abrazo con aroma a sándalo.

    Gudeita

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