Ago 212011
 

Y el caso es que te sentaba bien la maternidad... ¡Pero si estabas como una rosa de Jericó! Más sana que una manzana. Eso si, menos mal que la moda ha cambiado, porque el modelito que llevabas te sentaba como una patada, je, je, je...

– Dime Bella Sara;cuéntame…No querías tener hijos ¿verdad?

Me mira desde su sillón color verde botella, “made in Marruecos”, al que la piel, que no es otra cosa que plástico, le surcan profundas grietas, por el uso. Esto es lo que tiene “comprar en los moros”:te suelen dar gato por liebre, mientras te invitan a sentarte en su tienda a saborear el té con menta, símbolo de la hospitalidad, que la tienen, y muy acentuada.

– Es que… me daba miedo a morir…- dice con esa vocecita mimosa, compañera inseparable durante toda la andadura de su a D. g. largo viaje por la vida.

– ¿Por qué vino mi hermana? ,- Las piernas descansando sobre la banqueta del baño, y en la espalda, un enorme cojín de color rosa, que un día encargué a una tienda de cortinas, allá en Canarias, en el tiempo en que estuvimos destinados, en esa tierra bendita.
– Porque papá se empeñó… – dice dejando el mando de la tele, sobre la mesa del comedor, que le pilla a mano, bueno, el mando, tiene dos: el digital, y el de toda la vida, que es,según ella, con el que se entiende, aunque la imagen sea de peor calidad, y ya se hayan dejado de emitir algunas cadenas ¿ o ya no se ve ninguna? No lo se porque veo poco la “tele”. Que no se crea nadie que no sabe usar el nuevo, no, es que es cabezota, y además en esa ve el teletexto, que viene a ser como la Biblia de las personas mayores.
– ¿Y por qué llegué yo?- Ahora me mira por encima de esas gafas que aún no me explico como puede ver algo entre las rayaduras de los cristales y los restos de maquillaje, adheridos a los ídem…
– Tú eres una ogino… a papá se lo explicaron todo al revés. Fue un compañero suyo. estaban en la oficina y él escribía a máquina cuanto le iba diciendo el otro…- sonríe, al recordarlo,- ¡todo al revés!Que si era un método revolucionario; que si el Papa lo aprobaba… que si yo que se cuantas tonterías… el caso es que naciste tú- me mira con esa cara de no romper un plato que también se le da-, y yo no puedo más que reírme.
– Bueno, bueno… y luego estaba lo de “pegar botes” beber café con sal… saltar a la comba con el saltador de Tatín, y vete tú a saber cuantas barbaridades más…-Mi cara ahora es de benevolencia; la misma que le pongo a mis nietas cuando han hecho alguna travesura,-
– Ya, ya, pero solo fueron dos días… – y yo exploto en una carcajada, porque se que fueron cuatro meses dale que dale.
– Pues ya ves que cosas, tu pegando botes y yo aferrada a la vida ¡Que no pudiste conmigo, nena!,- le digo riendo, mientras ordeno los papelotes que hay encima de la mesa; una mesa preciosa, tallada en Paquistán, y a la que tengo que cuidar como a la niña de mis ojos porque no es mía, sino de Paco, el verdadero dueño de la casa, aquí en Ceuta: mi hogar está en Murcia, no se si os lo he dicho alguna vez…
¡Que no me lo recuerdes más! – me dice medio enfadada,- si yo solo era porque tenía miedo a morirme… Si me los hubieran dado ya nacidos, habría tenido media docena.
– ¡Ayyy! que instinto maternal – le digo riendo, pero solo por fuera, porque en el fondo me siento “no querida”, por la Bella Sara. Seguramente estaré equivocada, porque siempre me está repitiendo lo mucho que me quiere:-¡te quiero mucho, no me olvides!,- es lo que escucho todos los días cuando hablamos por teléfono, porque he de decir, que a sus ochenta y cuatro años sigue haciendo lo que le da la gana, y va y viene cuando quiere…
– ¡no sabes “ná”!-le digo con una sonrisa aderezada con una pizca de tristeza,- Yo también mamá, yo también.

Conclusión: a sus hijas, y mirar que digo a sus hijas, las quiere, pero a quien ha querido de verdad y sigue queriendo es a mi padre Ojos de Gato, y a sus nietos y biznietas, con todo su corazón ¿Que si estoy resentida? si la conocierais diríais que esa etiqueta no sirve con ella.

¡Te quiero Bella Sara! aquí estoy para decírtelo a pesar de los pesares. Aunque sea una ogino y encima quisierais un chico…¡Te quiero Bella Sara.

 


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