Nov 192010
 



Y como sabían de mi buen hacer con ellas…las puertas se cerraban para mi ¡ja, ja, ja!


De esta tienda solo recuerdo que era un túnel…


Ya lo veis…

Fotos a la zona afectada por la epidemia de agujas y dedales
saqué….
Para que no se diga...
Esto si que “mola”…
Rollitos de primavera…
Esa tela la reconozco. Je..je..je…
En el templo sagrado de” la aguja y el dedal”

En un café cualquiera,la señora Varech, haciendo apología sobre las toallitas anti -gérmenes con la encantadora Chelo el alma mater de “Baile”

Y como dice la canción…”nos vemos en Madrid y sin remordimientos…¡ja,ja, ja! que no. A una todo le fue de maravilla hasta que a la señora Varech se le ocurrió “teletransportarla”mediante el Metro a los puntos de destino necesariamente necesarios”. Pero que mal lo pasa una que es muy, pero que muy de pueblo cuando va a la capital, tan grande ella, tan llena de carriles que a la hora de cruzarlos todos parece que una servidora se dispone a cruzar el rió Benito, ese enorme, profundo y caudaloso rió de la tierra que me vio nacer.Me estoy riendo “conmigo misma”al recordar aquella vez en que fuimos a cruzar Alberto Aguilera, es decir: el río Benito, cuando en mitad del recorrido me veo un coche con el guardabarros practicamente en el suelo. Mi vena samaritana despertó ante el terrible problema que se le avecinaba al conductor en cuanto el semáforo se abriera para él, y me paré sin pensarlo dos veces para indicarle lo que le ocurría ¡ja, ja, ja! la señora Varech, flipaba en colores, desde la otra punta del “rio de asfalto”, al verme parada en mitad de la calzada entre un montón de coches esperando que se abriera la veda. Y yo dale que dale, y el conductor que resultó ser un chico joven gesticulando sin bajar a ver lo que le decía. Tantas voces de advertencia me dio la sufrida señora Varech, que al final me puse en marcha sin dejar de mirar atrás y seguir con mi advertencia a base de gestos, llevando conmigo todas las papeletas para besar el suelo de la magnifica calle de A. Aguilera, pero como el que la sigue la consigue, el muchacho cuando vio que la extraterrestre se encontraba a una distancia prudencial bajo del coche y comprobó que lo que le indicaba era cierto, y que no tenia la menor intención de robarle el bocata de mortadela que tan celosamente guardaba en el asiento de al lado.Agradecido alzó ambos brazos y como si estuviera haciendo la ola,me dijo “hasta otra cocodrila”, haciendome el ser más feliz de toda la calle,a pesar del sermón de la señora varech, sobre eso de que nadie se baja del coche por mucho que le indiquen una cosa u otra…
– ¡Pues que lastima!
– Si es que no entiendo como se bajó del coche; nadie lo hace por si acaso…
– Si es que tenemos una pinta de delincuentes las dos…y en mitad de la calle con un mogollón de coches parados a ambos lados en espera del semáforo…¡Ja, ja, ja!
– Es que no sabe señora Gudea las cosas que pasan…
Ella hablaba y yo con cada paso que daba me preguntaba si la gente no tiene ojos en la cara para darse cuenta de lo en forma que estoy para echar a correr tras unas cuantas fechorias al más puro estilo de Alí-babá.Y tras este aventurero recuerdo, regreso al punto de partida : “un viaje en metro tras la señora Varech en busca de “la tierra perdida de aguja y dedal”. pánico ¡pánico! tenia yo a ese viajecito porque me acordaba de mi primera práctica de “metring” con ella también… hasta el guardia de seguridad salió tras de mi diciendo que me había colado¡vamos que no había pagado el billete! y todo el mundo mirándome y yo muerta de vergüenza…¡Ay Dios mio !lo que hace ser de pueblo, tanto me había pegado a la reina del asfalto que mi billete no llego a marcarse, es decir que pase con ella pegada como un chicle a la suela de un zapato, un moco a un pañuelo, o la miel a una tostada. Así con ese recuerdo tan vivo en mi memoria le hice saber mis temores, a lo que ella contestó con tranquilizadora sonrisa que era una exagerada…
Sube y baja, baja y sube por aquellas escaleras empinadas tras la señora en cuestión que iba tan pancha mientras yo resollaba como el jamelgo de Sancho Panza ¡Que bonito! ¡Que rápido! ¡Que descansado! Pero que caras más serias lleva todo el mundo en esos vagones ¡si van dormidos!
– Ahora ya nos toca…
Y una pensando en que podría hacer alguna “fotillo” de esas “infragantis”,que tanto me gustan:””la Puerta del Sol…Que bien, la de fotos…””
– El bolso bien agarrado que aquí si que puede haber tirón.
– ¡Pues si que estamos listas!
Y tras escalar la torre de esacalones: la humanidad en plena ebullición en torno a mi, pero una es muy obediente y agarró el bolso como si en el llevara una partida de fresas a la mismísima reina Sofia, que se que le pirran, y no aflojé hasta llegar al templo de las “diosas hacendosas”¡mamma mia! la de féminas que saben darle a la aguja y yo sin saber pegar un botón. Ya, ya, que se que más de un@ no se lo cree, pues es cierto, pero en mi descargo diré que esto vine de herencia. Que se sepa: Sara madre de la “bella Sara”, la “bella Sara” y una servidora. Tres generaciones y creo que vamos a por la cuarta por lo que observo en la madre de mis nietas y en la mayor ¡Así es la vida!
Cosa cosa señora Varech, siga usted haciendo esas manualidades tan preciosas, para paliar un poco la torpeza de otras como yo.
Fueron unas horas las que pasé con usted, en las que disfruté de lo lindo. Gracias por sus atenciones.
Un abrazo.

Gudea de Lagash

P.D. Por cierto que sigo sin ver “el calendario de adviento” ¿serán los duendes de mi ordenata?








  One Response to “¡Lo dicho! No se coser ni un botón.”

  1. Jajajajajaja…………me parto. Y es que como sé la cara que llevaba, lo he vuelto a vivir todo de pe a pa.
    Ante el pánico al metro, lo mejor era curadla en salud y por eso la sumergí en el subsuelo madrileño, tan divertido, tan interesante……….sabe usted que a mi me van los metros de cualquier ciudad. A lo mejor en mi vida pasada fui ratona, jajajaja…
    Y lo de la aguja, hable usted con propiedad, que estuvo nada menos que en Pontejos, el paraíso de cualquier fémina o varón, que le dé a alguna manualidad, sea la que fuere. Mucha gente de los pueblos viene a buscar aquí lo que sólo aquí se encuentra.
    Y por cierto, podría haberme sacado usted con menos carita de boba, que vaya careto me ha puesto.
    Hasta la próxima.

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