Mar 222010
 

En esa cafetería del puerto de Algeciras…
Tuve la suerte de conocer a María Jesús…
En esos barcos…. y por esos dominios de Poseidón…
Con jóvenes vigías como este…
El descanso del guerrero es si cabe, más placentero…

…….. Y una vez consiguió ducharse, y haciendo finalmente la maleta, se subió al barco dejando por unos días la “Bombonera Bella”, recalando al otro lado del estrecho en una mañana sin lluvia y un sol perezoso de tanto dormir……

Gaviota por aquí, gaviota por allá, señora Malanga. Y un rosario corto de coches bajando por la rampa de la bodega del barco, porque aún era pronto para ir a ninguna parte – deduje yo -, aunque nosotros si teníamos puesto en el “GPS” del cerebro la dirección: Helipuerto de Algeciras. Y bajamos dirección parking terminal puerto, o parkingHelipuerto, como se coma eso y a gusto del consumidor. Me estoy riendo porque contado así parece que de un punto a otro hubiera como un kilómetro, pero no señor, porque una cosa se encuentra al lado de la otra. Sal del coche con el culpable de mi tendinitis colgado del hombro, y “La Costurera”, formidable novela, en una mano. A fuera, dirección barecillo de cafelito rico y bocata sabrosón de jamoncito, nos espera como siempre una larga acera de botones circulares cuya textura machaca la planta de mis pies. -¡Esto es un asco! a que lumbreras se le habrá ocurrido hacer esta gracia en la acera, porque para invidentes es demasiado largo el tramo…- le digo mientras sorteo un precioso gargajo. – Anda camina…- y me tira de la mano diciendo- , siempre la misma conversación, pero si sabes que te la vas a encontrar cada vez que vengamos¡la acera no se va a esfumar por mucho que tu protestes! – ……………….. Ya en el barecillo, atestado de humanos, con hambre y sed, no precisamente de justicia, nos encontramos con Cristinita y Juan Luis -ella ingeniero y él arquitecto-, que forman parte de esa plantilla de currantes que día tras día van dando forma a ese nuevo Helipuerto en gestación. Entre humos, risas, y:
-¡marchando dos de bocatas de jamón por aquí!
-¿”Usté” está servido caballero?
-¡Pepeeeee! Un carajillo, hombre, “pa” calentar un poquito el cuerpo…-y yo sudando.
-¡El cuarenta y siete para hoyyyy! ¡me queda el cuarenta y sieteeeee!
– ¿Está ocupada? – No, no; te la puedes llevar- le digo al peón albañil, de cara curtida y de cabello fuerte exento de “Vitacrecil”, que agradece el ofrecimiento con una sonrisa. Y uno habla a voces, y otro contesta a gritos, y practicamente nadie se escucha y menos se entiende lo que se quiere decir, solo las voces de los camareros, del otro lado de la barra, que a fuerza de bregar día a día con ese “coro de Ángeles”, se deja oír por encima del tumulto. Mientras le doy un mordisco al bocadillo,mi vista va más allá de una de las ventanas, y ve a una muchacha, arrastrando hasta uno de los autobuses allí estacionados, una maleta color pistacho a la que le falta una rueda, de pronto la joven se tambalea desde sus tacones de aguja,hasta casi perder el equilibrio :¡se le había roto un tacón! Fue chocante porque mientras comía estaba pensando en lo incómodos que eran los zapatos que llevaba para caminar arrastrando la maleta coja, y en ese instante ¡pataplas! Quise contarlo pero luego pensé que para que me iba a esforzar con lo que me escocía la garganta…Al fin ellos a su trabajo y yo con la coyuntura de si irme con ellos al despacho con mi libro, mientras escuchaba los interminables rollos de la obra, patear el Corte Inglés, o acabar en la cafetería de la terminal del puerto en donde mi amiga María Jesús, una camarera cincuentona, campechana y habladora – de la que alguna vez escribiré alguna anécdota porque ella así me lo ha pedido-, me alegraría la mañana como siempre, con sus vivencias del día a día,entre menú servido y pasada de bayeta por las mesas: no me lo pensé dos veces y allá que nos fuimos mi garganta, el bolso, La Costurera, y yo. Busca un rincón en donde no sientas la corriente ¡imposible! está por todas partes, y yo encontrándome cada vez peor…
-¡Holaaaaaaaaaaaaa! -María Jesús con el trapo al viento a modo de saludo.
– Holaaaa guapaaaaggggg….. -¡hay que j….como me duele!- vuelve a ponerte el chaquetón y la bufanda de tres por cuatro al cuello.
-¡Pero que “hases arma mía”! ¿que tienes frío?
– Pues si, María Jesús…es que me duele la garganta, y tengo escalofríos…- le digo mirando la camiseta de manga corta que lleva.
– Pues yo…mira, no “estado” nunca mala.Mira;escucha, desde que fui a parir a mi hijo hace “vintidoz”años, que no he “vuerto ai al hozpitá”.
– me dice resoplando para espantar un mechón del cabello que le resbalaba por la cara; esa cara redonda, grande, y sana como una manzana.

-¡Que suerte tienes compañera! y me río con ella de su salida.
– Oye, “pá” mi que tienes mala carita… – me observa con el ceño fruncido y los brazos en jarras sin soltar el trapo. Sus ojos bailan de mi cara al mostrador y del mostrador a mi cara, acostumbrados, se ve, a ese ejercicio durante tantos años de trabajo.
– Es que tengo que estar pendiente “po ci alguien se aserca” a la barra y “quuiere argo”, me entiendes…
-Claro…claro, que te entiendo-siempre me dice lo mismo. Y charlamos; bueno charla, y yo escucho y no por falta de ganas de meter baza sino porque ¡no puedo! y va y viene y viene y va sin dejar de trabajar. Y yo no me explico como puede moverse con esa agilidad con ese cuerpo pequeño y rechoncho, de donde sobresalen unos enormes, pero enormes pechos, a los que no ha puesto remedio por el bien de su espalda…y como si me leyera el pensamiento me suelta…
– ¡No “ci” a mi no me “moleztan”! la gente “dise” que porqué no me opero…¡operate tú, hombre, que yo “eztoy mu bien azi”…
Al filo de las tres dejé a mi pintoresca y encantadora amiga, al pie del cañón, y me fui con mi consorte al Hotel, para dejar el poco equipaje que llevábamos y comer algo, porque por la tarde tendría que volver a su trabajo, y a la mañana siguiente también. Yo no comí, y acabé en la cama, con “La Costurera” cerrada, y el Aumentine 500, a pie de mesilla… ¡Lo dicho! me pasé el tiempo en la cama, y aunque ya no estoy en el AC Bahia de Algerciras, sino en mi jaima, sigo, no en la cama pero si encerrada, porque tengo que estar en forma para dentro de unos días en que me marcharé otra vez, y esta vez bastante más lejos…
Querida María Jesús, se que es difícil que alguna vez leas esto, pero eso es lo de menos. Eres un ser humano adorable, con unas historietas simpatiquisimas, que tengo que ir colgando poco a poco. Si algo ha valido la pena hasta ahora, de estos viajes exprés tan continuos y pesados, ha sido conocerte, aunque he de decir que el lío que tengo para captar entre comillas esa forma tan particular que tienes de expresarte, es monumental ¡ja, ja, ja! Un beso amiga inesperada.


  2 Responses to “¡No he salido de la cama!”

  1. Calentar agua y añadirle zumo de limón y hacer gárgaras por la mañana en ayunas es un excelente remedio natural para su faringitis…en fin,ya veo que su destino es cruzar a la otra orilla una y otra vez…también veo que eso no le impide estar en permanente ebullición…cuidese mucho, Judea de Lasah…
    Un abrazo

  2. Y…calentar agua, añadirle zumo de limón, más una cucharada de miel, y…glup, glup, glup.se queda un@ casi como nueva:-)
    Gracias querida amiga, y usted cuidese también que necesitamos de su: "Por la orilla de los días"
    Nina.

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