Ago 212011
 

¡Por el rey!

Para encontrar la luz....

 

 

 

Para que al final de tantos dimes y diretes, de tanto "conservar in dineris" como decía "Ojos de Gato":acabemos cruzando el Túnel de la Paz...

 

Mas de una vez hemos vuelto la vista al cielo:¡maldito seas! ¡gracias te doy! que para eso somos humanos y el que esté libre de pecado que tire el primer piedrolo...

 

 

Y como humanos que somos, vamos llenando la alforja, de lo bueno y de lo malo, que para esos somos humanos y los santos están en los altares...


Nos dejan en el camino de la vida; largo o corto según sea nuestro destino...

¡Por el Rey! “Todas a una”, las copas de vino se alzaron en alto al escuchar la aclamación. Su Majestad, el Rey Juan Carlos I correspondió con un: ¡Viva España! Y los allí presentes, bebimos siguiendo el protocolo. Acercando la copa a mis labios di un sorbo al vino español sintiendo como despertaba mis sentidos: su penetrante buqué era el más agradable de los romas; el tinte granate que lo vestía, arreboló la piel de mis mejillas dejando su calor un brillo inusitado en mis ojos. Entre copa y copa el ambiente envarado propio de esos actos, dio paso a un clima totalmente distendido…: -Hola ¿qué tal?… Mira te presento…Es un placer… No, no el gusto es mío…- Mi marido me presentaba a unos y a otros: militares, políticos, empresarios, altos ejecutivos…, a los que yo saludaba mecánicamente con la relajación que te dan los años de parafernalia. Sonreía con gesto más que estudiado, aprendido en la universidad del “boato y el canapé” en la que estoy segura de que más de una, en el tiempo que duraba el evento, elucubraba sobre problemas domésticos…: – habrán hecho la cama… ¡Madre mía! Tengo la casa patas arriba, y yo aquí como si nada… ¡Estos zapatos me están matando! Más de una… apostaría a que si…- Un camarero pasa con gesto maquinal una bandeja de canapés, entre el grupo en el que me encuentro y yo, hago caso omiso de las ricas calorías y en su lugar enciendo el enésimo cigarro de la mañana, mientras oigo decir al “traga sables” de turno:- Luego vienen los platos calientes: las croquetas, calamares…- Observo el botón de su camisa, el que está a la altura del ombligo, y lo veo enzarzado en una batalla campal con el ojal, que parece querer quitárselo de encima a costa de dejar a su dueño sumido en el más embarazoso de los momentos…Un lacerante dolor en la planta de uno de los pies me hace pasar el peso de mi cuerpo de una pierna a la otra y así sucesivamente, mientras pienso…: -no si esto me pasa por ir siempre “asilvestrada”; si es que ya me lo decía “la bella Sara”: -Como te bajes de los tacones no volverás a subirte a ellos… si te pasas la vida embutida en unos vaqueros, no sabrás ir vestida en su momento…: el vestido te llevará a ti…etc, etc, etc… ¡Dios! Que calor me están dando estas medias… ¡De verano! ¡Y un jamón con chorreras!
– Hola, hola, Cuanto tiempo sin vernos…- Sonrisa por aquí… calada de “Wiston”por allá… sorbo de vino de cuando en cuando… Bandejas y más bandejas pasando por mi lado como fantasmas…Un dolor de cabeza insoportable hace que busque en el diminuto y poco práctico bolso que las féminas solemos llevar a esos acontecimientos, algún paracetamol olvidado desde la última reunión protocolaria. Hace calor, o al menos yo siento calor; mucho calor. No tengo abanico porque a la hora de elegir lo que metería en el inútil bolso, pudo más la coquetería y el vicio que la sensatez: lápiz de labios y cajetilla de tabaco, en lugar de abanico y analgésicos ¡Justo castigo a mi insensatez! Así que le pido a mi consorte la invitación que se que lleva en el bolsillo interior de la chaqueta e intento olvidarme del martilleo de mis sienes. El tiempo va pasando, pero el dolor de cabeza no. Por fin veo con alivio, como su Majestad, tras saludar a unos y a otros, parece dispuesto a marcharse…: -y nosotros en cuanto salga por la puerta – pienso, leyendo lo mismo en los ojos de mi marido…
Entre despedidas, cortesías y sonrisas, algún que otro ceño fruncido, indica el estado de ánimo de su dueño: al militar le agobia el uniforme; al civil le aprieta “la soga al cuello”; a las señoras los zapatos y la faja, amén de la infidelidad “del Rexona”, y de que está, hasta la coronilla del bolsito, la copa y “la mano tonta de saludar”a diestro y siniestro. Y al “pater” la negra sotana, que durante horas ha estado aguantando a pleno sol. Al “pater” le tiendo la mano, me observa, y como en un libro abierto leo en sus ojos: -que ganas tengo de quitarme el alzacuellos-

……..- No tardes que estoy molida; es que no puedo dar un paso más…- Digo apoyándome en un “ficus benjaminus”, plantando en un enorme macetero de piedra.
– Vale, quédate aquí, que voy a por el coche…-me mira con recelo, como diciendo…: -¡Pánico me das!
Sentada en la escalinata, entre el macetón del “benjaminus” y la pared, le espero con los zapatos de tacón en una mano y en la otra el “inútil bolsito”. Desde mi posición veo pasar a la gente, confiando en que nadie se fije en mí…: el color melocotón del vestido de gasa, se confunde fácilmente con el color de la fachada. Poco a poco, la zona se fue vaciando de gente, y tras un rato más de espera aparece mi marido con el coche y yo, con los zapatos en la mano me subo en él sin más…

………………después de un largo y agotador día había llegado la noche y en la paz del hogar, los más pequeños dormían “el sueño de los justos” mientras que en el salón, el resto de la familia se sentaba frente al televisor para ver una “peli de miedo”.
– ¿Pero es que no vas a cenar nada?- mi padre me lanza una mirada de disgusto, al ver mi expectativa de cena: un paquete de Wiston, y una cafetera llenita de café, café. Yo que había acercado el sillón de mimbre a “la tele”, y me disponía a espatarrarme en él, hice caso omiso a lo que me decía, e intenté llevar la conversación por otros derroteros menos engorrosos.
– ¡Uuuuffff! ¡Estoy reventada! Cada día me cansan más estas historias…- Mi madre me mira como diciendo…: eso te pasa por ir siempre asilvestrada… – Le pego otra calada al pitillo, apurándolo hasta la mínima expresión, y deslizo por mi garganta un buen trago de café negro, y sin endulzar
– ¿Qué has comido hoy?- pregunta mi padre, plantado delante del televisor -nada – pienso. El intento de desviar la temida conversación ha sido un fracaso rotundo. Ni los “Cascos Azules”, de la O.N.U. Podrían pacificar el conflicto dialéctico que inevitablemente había estallado. Ahora a tres bandas, porque Mi “compañero de fatigas”, era incondicional al bando contrario, cuando se tocaba el tema: comida-tabaco- café.
– Pues un montón de canapés…- empecé a decir sabiendo que mis palabras no sonaban convincentes. Lo cierto era que no podía recordar que le había dado a mi estómago a lo largo del día…: el café con leche de la mañana…dos o tres canapés… ¡Ah! y un dátil con bacón. Era poco; lo sabía, pero me horrorizaba engordar y no estaba dispuesta a perder ni un ápice de mi figura…: pasaba hambre, mucha hambre, y lo único que me hacía engañar al apetito eran las cafeteras bien llenas y las cajetillas de Wiston. Y el dolor de “coco” cada vez mas fuerte… Y mi padre por un flanco, y mi madre por el otro… En la retaguardia mi hijo mayor, que por entonces tenía quince años, también, había tomado parte activa… Y de frente; bien de frente, el padre de mis hijos machacón, que machacón…: – bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla… reblabá, bla, bla… Y así uno y otro, y otro. Y la película ya llevaba un rato empezada, y “Nosferatur”, “con cara de pus”, ya se encontraba en la habitación de la bella, e inocente damisela, con su cabeza, apepinada, sus ojos grandes, redondos y cadavéricos; su boca repulsiva, en una mueca babosa, mostraba unos colmillos largos y afilados como carámbanos. De pronto todo cambió a mí alrededor. Sentí las garras afiladas; esos dedos largos y huesudos rozándome la cara, mientras un puño invisible me golpeaba el mentón lanzando mi cabeza hacia atrás con violencia. Un fuerte temblor recorría parte de mi cuerpo, y enseguida me di cuenta de que el brazo y la pierna izquierda se movían desaforadamente sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. El terror, el desconcierto y la angustia atenazaban mi mente y pedí ayuda a mi marido, a mi padre, a mi hijo mayor…. -¡Papá! ¡love! ¡Chicho! Pero parecía que mi voz clamaba en el desierto: nadie acudía en mi ayuda; la sensación de desamparo y la percepción de haber abandonado el mundo de los mortales era total… me vi bajando por un túnel tan negro como la más oscuras de las noches, con unas tremendas ganas de vomitar y el cuerpo helado. Caía, y caía a una velocidad espeluznante por el remolino del túnel…

………….No sabía como, ni en que momento; no tenía noción del tiempo, pero di gracias a Dios por haber escuchado mis ruegos… ahora la zozobra y el miedo se habían tornado en paz y valor… PAZ… una inmensa paz. Mi cuerpo se deslizaba con suavidad en el largo túnel que ahora aparecía diáfano ante mí; una sensación de bienestar me invadió e inexplicablemente no quería salir de donde me encontraba… Y entonces la vi: al final del túnel una luz límpida y brillante, tan mágica y bella como La Cruz del Sur, me atraía hacia ella como un imán…: – ven… ven… te estamos esperando; no tengas miedo… – No puedo precisar si estas palabras las escuché de viva voz, o llegaron a mi cerebro telepáticamente, pero si vi las siluetas de los seres que las emitían, mientras me hacían señas para que llegara hasta ellos. No me preguntéis como, pero sabía que eran seres que me querían…amigos que ya no están en este mundo… familia, que se me fue hace tiempo… No podía precisar la sonrisa de esos seres, pero sabía que sonreían; no lograba verles los ojos, pero sentía la dulzura de esas miradas puestas en mí… Sin ni siquiera rozarme el calor de los abrazos me envolvían…; los besos me alegraban el corazón…- Ven… ven… es tu momento…- y yo contesté dominando a duras penas el deseo de quedarme entre ellos – : NO PUEDO… ME NECESITAN… MANOLO Y LOS NIÑOS ME NECESITAN…

…………… No sabía donde me encontraba. Una luz mortecina invadía el lugar en donde estaba, intenté articular palabra pero mis labios se negaban a obedecerme; los sentía como si fueran de corcho. Quise moverme pero la parte izquierda de mi cuerpo se negaba a obedecerme. Volvía a estar aterrada. Cerré los ojos para abrirlos rápidamente, porque sentí unos labios en mi frente: era Manolo que me miraba con preocupación y amor.
– Hola love,-me dijo con voz queda.- Menudo susto nos has dado…
– ¿Que me ha pasado?- quiero decir, pero no puedo. Una figura se acerca a mí y reconozco a mi padre.
– Te dio un ataque y te tuvimos que evacuar en un helicóptero de salvamento a Tenerife. Estás en un hospital. – Mi padre me tiene cogida la mano izquierda en la que noto un hormigueo.
– Tranquila… chiiiissss…. Y mi marido me besa de nuevo la frente pasándome la palma de la mano por la cara, como si fuera una niña pequeña a la que intentaran dormir…

……………- Tienes las arterias como “las ramas secas del otoño”. El neurólogo me mira a través de las gafas de concha con aire severo. Has tenido mucha suerte; te puedo asegurar que has vuelto a nacer… Pero tú verás si quieres seguir jugando al ratón y al gato con la muerte; lo más probable es que te gane la partida, o que te quedes como un guiñapo para el resto de tus días. Tu decides: o dejas el tabaco, las cafeteras, y el tonteo con los kilos, o tu misma… Como “las ramas secas del otoño…”- Vuelve a decir, y yo pienso quitándole hierro al asunto, que debería ser poeta en vez de neurólogo.
Está bien – las palabras fluyen de mis labios con bastante naturalidad, pero aún queda alguna secuela al pronunciar, y me cuesta pensar con la misma rapidez que antes. – ¿Volveré a hablar con naturalidad?
Lo harás si me haces caso, y yo te aconsejaría que hicieras alguna actividad mental para ejercitar al máximo el cerebro. No se… estudia una lengua… tal vez alguna asignatura que te guste de alguna carrera… Todo eso mantendrá tu cerebro activo, y acabarás por ganar la batalla.
-Gracias y espero que hasta nunca, doctor- le digo estrechándole la mano.
-No. Ya sabes que de por vida tendrás, espero que solo una al año, una cita con el neurólogo, si no es conmigo será con otro.- me dice con una sonrisa sincera, pero poco acostumbrada a aflorar a sus labios. Adiós. Y recuerda, que esta vez le has visto las orejas al lobo; la próxima igual le veas las fauces…

…….Ha pasado el tiempo y dejé de hacer locuras. La figura que tanto me obsesionaba se quedó en el camino, junto con las toxinas. Conmigo llevo desde aquel día, la vivencia del túnel que cambió mi actitud frente a la muerte: no tengo miedo a morir porque se lo que hay al otro lado, pero amo la vida porque pasa a tu lado como el agua de un río: unas veces mansas, sin sobresaltos, otras, las más, como un torrente que te arrastra aunque no quieras, pero la aceptas y apuestas por ella porque sabes que se va…que ¡SOLO SE VIVE UNA VEZ! Y a pesar de sentir el ” corazón encadenado” por mis faltas rutinarias, por los buenos propósitos nunca cumplidos, por “perdones olvidados en el camino”, por tantas y tantas cosas… A pesar de los pesares…¡LA VIDA ES BELLA! aún teniendo EL CORAZÓN ENCADENADO.y porque NO QUIERO SEPARARME FÍSICAMENTE DE LOS SERES QUE ME IMPORTAN: LA ETERNIDAD ES ETERNA Y PUEDE ESPERAR. la vida NO. Por eso intento vivir cada día como si fuera el último.
Amo la vida, la sonrisa, los besos y los abrazos. Me importas tu, que ahora me estás leyendo. ¡ME IMPORTAS TÚ


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