Ago 182011
 

 

 

Una mesa con arte. Lo mejor: el florero. De pie, Pepe, el arqueólogo. Sentado a mi compañero de fatigas Carmelo, luego yo con los acetatos en la mano, y Mimi, una compañera.

 

 

Un frente abierto muy gratificante…

 

Parte de uno restos;en este caso de varón

 

 

 

………..Todo parecía haber vuelto a la normalidad: el bocata y los donetes, en la tripa de Fran; el cascarrabias de Nordik, con la carretilla escombros a arriba, el chaval de la cresta y los pendientes llenando otro capazo para Eder; Carlos midiendo la profundidad del sondeo B; Carmelo dándole a la Fontvella; Fernando y Pepe, cámara en ristre, subidos en el montón de tierra que tan solo dejaba al descubierto el precioso arco de herradura y parte de las jambas de la Puerta Califal… y la olla, que acunada por el capazo, permanecía a buen recaudo bajo mi “mesa”.

– Clavo de hierro… malaco…fauna… cristal…carbón…cacharrería: ataifor vidriado…candil de cuello alto… tapadera…parte de un anafre… inventariaba, e inventariaba, para luego guardar las piezas en las bolsas, minuciosamente etiquetadas por mi rotulador. Mis ojos cansados me piden que los libere de las gafas durante uno minutos. Mis manos necesitan cerciorarse de que los pequeños botes en donde he guardado los anillos de los individuos y las cadenitas con las medallas de los niños se encuentran en su sitio: todo está en su sitio ¿todo? Me agacho y miro hacia donde deberían encontrarse las bolsas de los restos infantiles: la olla sigue en su cesto, pero los niños no… y me agobio, y me entra un calor que no es normal, y me pongo a cuatro patas a buscar lo que no encuentro…

– ¿Que te pasa? Estás muy pálida… Es Carmelo, que se agacha y me levanta la cabeza. Su mano me roza la frente ¿Me quieres decir que te ocurre? Tienes un sudor frío que… ¡No será un bajón de azúcar!

-Me estoy empezando a agobiar – le digo volviendo a la posición de cuatro patas, y buscando como un sabueso por mi pequeño mundo.

– ¿Por qué? ¡Que has perdido? – Me pregunta. Ahora es el, el que está a cuatro patas, seguramente en una demostración de solidaridad con su compañera de fatigas. Y yo se lo agradezco con un: NADA PERO TENGO QUE ENCONTRARLO

– ¡Nada pero tengo que encontrarlo!

– ¿?¿?¿?¿?¿?

– ¡Está bien ¡ ¡Las bolsas de los niños! ¡han desaparecido! – Le digo apunto de llorar.

– ¡Ja, ja, ja! – Se sienta en el suelo apoyando la espalda en uno de los caballetes, que se balancea al notar el peso de Carmelo.- ¡Haberlo dicho antes! – dice quitándose las gafas con una mano y limpiándose el sudor con la bocamanga de su camisa de cuadros. Me mira y me guiña un ojo, como suele hacer cuando me ha hecho alguna…- ¡Fernando, que Eder ha perdido las bolsas de los críos!- me quedo helada y le fulmino con la mirada, pegándole uno de mis famosos pellizcos que tan bien el conoce: -¡aaaayyyy! – chilla mientra se incorpora

. – ¿Qué ocurre? – Fernando y Pepe me miran con cara de picoletos persiguiendo a “un gitano y su gallina prestada”. Yo cada vez más nerviosa, no se donde meterme, lo estoy pasando francamente mal…

– Es que los tenía junto a la olla…- Empiezo a decir, con la voz quebrada…

– ¡Venga Fran, no hagamos sufrir más a Eder, saca las bolsas! – Y veo como el niño del “bocata de todo”, echa a un lado los bártulos que habían dejado en mi feudo: mochilas y de más familia para sacar las bolsas de los bebes. Todos ríen, todos menos yo, que en ese momento me moría de ganas de darle a cada uno una patada en los testículos, diciendo…: ¡Si era solo una broma!………………………

………………La puerta se cerró, y el sonido que produjo me consta que dejó en cada uno de nosotros, una sensación de vacío. El último en salir, fue Fernando, del que casi hubo que tirar un poco… pero solo un poco…El yacimiento quedaba cerrado hasta Dios sabe cuando, por problemas burocráticos… La Puerta Califal, junto a unos huesos de madre y a unas piedras que rezumaban historia , habían vuelto a perderse en la oscuridad de la bóveda, del Parador de la Muralla, por la intransigencia de un mundo burocrático que no alcanza a entender que a veces las piedras: también tienen algo que decir…….

– ¿Nos tomamos un Clamoxil? . ¡Vale! Pero yo “virtual”…

– Ya se, ya se, ¡Marchando una de Coca! – Y miro a mi gente y me río con ellos… Y le planto un beso sonoro a Carmelo en la mejilla, y el me cuenta uno de sus chistes tan malos, tan malos… Y me río por eso, porque son malos… Y mañana será otro día… Y pasado lavaremos los huesos, la cerámica… Y luego empezaremos de nuevo…


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