Abr 282011
 

Hay que ver que cosas tiene el “caralibro”-facebook- ,que te engancha y atonta. Y acabas en un:¡ja, ja, ja! como si te lo hubieran inyectado en vena.
Hay que ver que cosas tiene el”fadebuque”, que metes baza en la conversación aunque nadie te haya presentado, porque como es “onlain”…pues no pasa nada de nada.
Hay que ver que cosas tiene esta red social, que lo de menos es leer con detenimiento, algun@s lo hacemos,lo importante es tener vista de águila y.¡me gusta! ¡No me gusta!
Hay que ver lo que llega a dominarnos que empiezas comentando las monerías de un infante, en una foto, y acabas hablando del “sanwiche”que lleva en la mano,bastante churruscado,o de que bien les sale a los filipinos las “garras”de pollo en adobo;o explicandole a una preadolescente el por qué le tienes esa animadversión al rap.
hay que ver, que entre los trabajos”online” y el: te invito a un café virtual, y ahora me compro una granja de cochinillos y ponedoras “de aire”, o te regalo estas rosas de aire por tu cumple…¡vamos bien servidos!
Llegará un tiempo, si Dios no lo remedia, en que no saldremos a la calle, ni para ir al super o al mercado de toda la vida, porque ahora las lechugas y tomates se compran”online”.Y se compra y se vende también “online”, la ropa, los libros, la viagra “chinessa” desgarantizada, l@s novi@s,las madres de alquiler, las armas, la apología de los grupos terroristas, la pederastia,la hechicería…las señoritas de compañía,el sexo “online”¡oh! el sexo “online”. Si es que debe ser una cosa… estar mirando la pantalla y que aparezcan”sus partes”, porque las tuyas siguen en chandal o en pijama, sentadas en el sillón frente al ordenata, mientras la, o él,samaritan@ del amor traga monedas de plástico pensando en que:” en cuantito acabe la sesión “online”,con el plasta este” ,me enfundo la manta y me hago un cafelito con leche bien calentito,o mejor un “sopistan”, porque hay que ver los resfriados que agarro con tanto destape”. Mientras que tú, acabas dando lenguetazos al monitor con la sensación de ser el más gili…de lo gili…del mundo mundial, pero eso si:pesando menos porque la Visa anda más ligera
No se yo…pero siempre acabo escalando por los cerros de Úbeda. empecé hablando del efecto “fadebuque”. y ahora no se por donde voy. Bueno si…Y es que el ser humano,entre los que me incluyo, es” la pera”. Desde el hombre de Cromagnón y todos sus colegas, el ser humano se ha juntado en cualquier lugar para saludarse, amarse, pelearse, y todos los “arses” del diccionario,hasta que aparecieron las redes sociales “online”. Ahora, ese calorcillo de piel con piel, de olor a sudor, a colonia, o a jabón. Ese cruce de ojos, esa expresión en los rostros, que demuestran el estado de ánimo…todo eso se fue al garete.Es lo que tiene tanta tecnología. de esto al “chip” en la oreja, solo hay un par de saltitos. Pero una… a pesar de los pesares, sigue enganchada en vena a ese “Caralibro”-Fadebuke-, que me acerca a tanta gente estupenda, a la que me gustaría más poder darle un achuchón, o a falta de achuchón en carne viva,ver todos esos comentarios que me hacen y hago, expresados en mi blog, en el que dejo tanto, y tantas cosas escritas con el corazón, y algo de neurona-cuando no está la cabrita de vacaciones-. Me gustaria tanto…Pero como contra el Fadebuque”no se puede luchar…¡¡¡¡¡Estaré siempre anestesiada por TODOS VOSOTROS !!!!! ¡Ja, ja, jaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Ji, ji, ji! ¡Je..je..je..! Os quiero “fadebuqueros”.

Abr 252011
 

El era un hombre infiel por naturaleza y ella practicaba el deporte de la santa paciencia, alternado con el ejercicio de la resignación.
El alardeaba entre los amigos más intimos “los siete polvos” echados aquella primera noche de “la luna de miel”.
Ella fue una virgen sumisa, a la que se le negó: la noche de blanco satén.
Él fue una mala bestia en aquel cuarto de aquella casa prestada, por un amigo en común, para esa primera vez de aquella virgen.
A él le gustaban las mujeres más que la magra con tomate, y ella se moría por guisarle esa magra con tomate.
Era tan caballero con las mujeres, que jamás se olvidaba de presentar a la de turno cuando había que hacerlo.
Ella se conformaba con no caminar cuatro pasos tras él, como si fuera una Geisha salida de las normas del libro del shogunato.
A él no le importaba lo más mínimo, es más;alardeaba de ello, que se comentara sobre la sumisión de “Rosa”: por algo era un depredador de corazones, a los que ataba a la grupa de su vida hasta exprimirlo como al zumo de un pomelo rojo.
Ella no se había planteado el motivo por el que seguía madrugando para hacer el café de la mañana,que él se tomaba sin un “gracias”, y recoger la ropa interior que iba dejando caer por el piso del baño o sobre la cama en donde,desde hacia largo tiempo, lo único que en la noche le rozaba la piel, era su aliento a tabaco y alcohol.
Él ni una sola vez salia del “hogar” sin la camisa planchada y los zapatos lustrados.
Ella salia cada mañana con el carro de la compra acompañada de las ganas de llorar.
Él comía con los amigos, un martes si y otro también.
Ella se sentaba a la mesa con los hijos de ambos y servía las lentejas de: “si las quieres las comes y si no las dejas”.
Él casi nunca cenaba en el “hogar”. Y las habichuelas se enfriaban cada noche, bajo el “Duralex”.
El mantel a cuadros, el tetrabrik de vino, la barra de pan cansada de esperar todo el día..la fruta y el yogurt, la “tele”enmudecida. La lámpara de pie medio dormida.El silencio sin silencio,por el llanto del pequeño del vecino,y el gemir de una sirena.
El silencio sin silencio, por el agua corriendo por el caño al tirar de una cisterna. Por ese taconeo apresurado, hacia la alcoba, en el piso de la vecina de arriba, que cree borrar el paso de los años montando un potro alazán con deportivas de marca,y las piernas embutidas en los” jeans”.
El silencio sin silencio, por el frenazo de un coche. Por el ladrido del perro del “gay”que vive en el quinto.
El silencio sin silencio del camión de la basura y la manguera que arrastra los restos de la inmundicia.Del borracho y sus delirios. Del” drogata”que le da a la metadona y sueña con la heroína.
El silencio sin silencio de la dueña de la esquina, una puta con reparos que no se deja besar y no “besa ” sin condón.
El silencio sin silencio, de ese llanto entrecortado que acongoja el corazón y tapona la nariz, de esa “Rosa”en camisón envuelta en aliento a nicotina y alcohol.
El silencio sin silencio…

Abr 252011
 

Cuando llueve y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?

Cuando salgo a la calle silbando alegremente
—el pitillo en los labios, el alma disponible—
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican la alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que se siente?

Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro —sé que todo es fiado—,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así la muerte,
¿no es la felicidad lo que trasciende?

Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es la felicidad lo que amanece?

Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?

Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
«Estaba justamente pensando en ir a verte».
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarme en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?

Gabriel Celaya

Abr 212011
 

 

«En tiempos de las hadas y de la hechicería…
cuando la reina cruel consultaba su espejo…
el duende Trasgolisto su sábana extendía
y los siete enanitos pasaban en cortejo…

»Cuando la Cenicienta perdía su zapato…
cuando Caperucita visitaba a la abuela…
cuando las botas mágicas calzábase el Gato…
y, al par que Jack trepaba, crecía la habichuela…»

La niña, ya impaciente, con la historia termina,
colgándose amorosa del cuello de la madre:
«Pero, Caperucita, ¿no tuvo padre?
¿Por qué la Cenicienta se queda en la cocina?
¿Y cómo a vivir sola no se va Blancanieves?
¡No cuentes, madre mía, historias para bebes!»

Marilina Rébora

Abr 202011
 


Cristo en la cruz, sumergido en ORINA del propio autor: ANDRES SERRANO

Al final voy a tener que hacer caso de las palabras de la Biblia:”Y VOLVERÉIS A SER PERSEGUIDOS EN MI NOMBRE”…Siempre pensé que el apóstol que lo dejó escrito era algo delicado de oído, o se encontraba situado no muy cerca de ese revolucionario que tanto odiaba el sanedrín y tantos quebraderos de cabeza ocasionó a Roma. Y al final voy a tener que creermelo, por todos los hechos desagradables que estamos sufriendo los que creemos en Cristo Resucitado. No se que beneficio para el corazón del hombre, y no digo alma porque se supone que si no creo en nada,alma no tengo. Y repito, que no se que puede reportar tanto odio a la fe que anida en el interior de tantos seres que pueblan la tierra. Se que lo que estoy volcando aquí es el sentimiento de todos los que creemos en ese Dios misericordioso tan acostumbrado a los ultrajes. No pasa nada, porque tiene una coraza de perdón tan grande que todas esas vejaciones que sufre, rebotan dispersándose en millones de partículas de amor que caen sobre la insensatez del ser humano.Sabe perdonar los insultos a su representante en la tierra: el Papa,líder espiritual de millones de creyentes. Sabe disculpar la quema y profanación de capillas, Sabe ser condescendiente con los que mancillan el rosario instrumento de oración necesario para muchos.Olvida los obscenos montajes fotográficos que se hacen con su figura y con la figura de las religiosas.Sabe mirar para otro lado cuando se ve representado en su cruz, entre una mezcla de oleo y ORÍNA del propio artista de tan magna obra:ANDRES SERRANO.Calla ante esos pasos del SANTÍSIMO COÑO de la virgen maría, o de nuestra señora de LA VAGINA, y no se que más blasfemias demoníacas.Sabe tener infinita paciencia con este mundo que él creó, pero….YO NO. Porque yo no soy de piedra, ni santa de los altares. Porque soy humana y por lo tanto soy un saco de defectos, por que soy un saco de defectos entre los que se encuentra la cólera, y la rabia, no puedo menos que avergonzarme de todos esos seres de alma negra que pueblan esta tierra. Estoy hasta las mismísimas narices de que pisoteen lo más sagrado de mi vida. Las creencias de mis antepasados, y por lo que mi padre y mis abuelos lucharon.Espero que acabeis en los infiernos, porque ya que tanto abogáis por todo lo que huele a azufre, vuestro sitio está con Lucifer señor de las tinieblas.Sois gente amargada acomplejada y requemada. Pero quizá tengáis una leve disculpa porque tal vez sean secuelas de vuestra infancia: Ya se sabe que uno es lo que “mama”. Dejar de una vez por todas en paz a los católicos y para variar dirigid vuestras insensateces a otras religiones, si es que no hay más remedio, y lo digo con toda la pena de mi corazón, porque para mi son todas igual de respetables. Porque yo se que TODAS conducen a DIOS, pero ¡¡¡ya está bien!!! id a por otra si no sabéis hacer otra cosa¿que tal nuevos derroteros por el ISLAM ¡venga a por ellos valientes! a que no tenéis co… Sois un atajo de cobardes ¡Es una lástima que no os perdierais antes de nacer por el W.C.
Estoy cansada de callar…
Estoy cansada de esta impotencia que me embarga ante los ultrajes que sufre el eje de mi vida. Estoy cansada de tanto hijo de satán.

Abr 162011
 


Era una madre joven; muy joven.Y con un instinto maternal tan grande que decidió espaciar los hijos, de común acuerdo con el amor de su vida, para no mecer sus brazos vacíos de niño.
Era una madre joven, que ya había parido al primero de sus hijos, un niño rubio y regordete al que Dios se olvidó de espolvorearlo con una pizca de mala leche. Una pizca hubiera estado bien para ir por la selva de la vida…Hubiera estado bien…
Era una madre joven, muy joven, que en vista de que no paría, el mundo pareció olvidarse de su existencia pasando los días con sus noches hasta llegar a diez meses de caminar, como un pingüino con el huevo entre las patas,temiendo por la vida de su cría. Solo cuando la casa permanecía en silencio a altas horas de la madrugada,se levantaba deambulando por los largos pasillos,cruzando habitaciones,hasta sortear la gran puerta de gruesos goznes que daba al jardín en donde los grillos y el sonido del agua al correr por la acequia de la pequeña huerta, situada al otro lado del muro que bordeaba la casona,le daban la bienvenida bajo la complicidad de una luna tan llena y redonda como su vientre.La única diferencia era que ella lucia su redondez, en todo lo alto del firmamento, y su vientre chocaba entre sus muslos por aquel hijo aún no parido.
El pequeño soplo de brisa de esa noche de primeros de septiembre, traía el dulce aroma del jazmín que adornaba la humilde casa de doña Amelia, la medianera de la pequeña finca de tabaco,en donde su marido Valentín hacia las veces de capataz, y de “lo que gusten mandar”:Su perro “Buche”,un par de cabras, y los preciosos ojos azules de su mujer, eran sus posesiones más preciadas, por no decir las únicas.
Una cabra baló, y una lechuza salió volando de un pino para posarse en la frondosa morera del jardín.Un perro ladró a lo lejos, y luego otro y otro, y Buche por no quedarse atrás ladró también, pero con prisas por acercarse a ella, buscando el pedazo de bizcochón que siempre guardaba para él.El perro flaco le lamió las manos, más por apurar las posibles migajas que pudieran quedar entre sus dedos, que por agradecimiento, pues era un animal arisco por naturaleza, que solo se acercaba cuando sabia que algo iba a parar a su estómago:por algo le llamaban”Buche”.
Ni un leve movimiento, ni un calambre…nada no sentía nada, y ella temió por la vida que llevaba en su interior y que intuía era un varón.Se levantó como pudo del viejo sillón de mimbre que tiempo atrás fue blanco y ahora lucia descarnado su esqueleto de caña:””una buena capa de pintura te hace falta”-pensó llevándose las manos al bajo vientre. Su corazón latió a cien por hora al notar que el retoño se movía en su interior. Fue un movimiento lento, a penas imperceptible…pero ahí estaba.De alegría dio una vuelta sobre sus talones aun a riesgo de caer espatarrada sobre el piso de la terraza, a lo que Buche respondió cabriolando a su alrededor, con el rabo como una comba de saltar,cosa extraña en él. Quizá pensó que era lo menos que podía hacer por ella. Así que sin dejar de voltear comenzó a ladrar sin importarle un comino que toda la casa durmiera.Un pinchazo y otro, y luego otro y el agua de la vida resbaló por sus piernas mojando el suelo. Ella miró al cielo buscando a la luna llena pero no estaba, en su lugar un sol anaranjado como una yema de huevo, de buena ponedora, le daba los buenos días. Se llevó la mano al vientre ¡por fin había llegado la hora!
A penas habían almas en el Hospital del Cabildo. Los pacientes eran menos pacientes en verano, por lo que aparcaban las visitas al médico para cumplir con la sana receta de playa y chiringuito. Tal era el vacío de las salas y pasillos que creyó ser, junto al amor de su vida y el practicante,el único personal del centro hasta que llegó al paritorio y lo vio. Era un hombre pequeño, delgado, con gafas, y peinado hacia atrás. Era un hombre tacaño en palabras, prodigo en atenciones y generoso en dulzura, que a pesar de no ser su amigo Alejandro,el que tenia que traerlo al mundo,percibió en sus ojos el hilo de la confianza bien anudado. Tan anudado como el dedo pulgar del médico al que ella se aferró, junto a la medalla que llevaba al cuello. Luego una inyección de pentotal junto a un padrenuestro a medio desgranar, y el mundo real desapareció de su vista.
…………….¡Es un niño! Un niño precioso…
La voz de mujer le resultaba conocida aunque no podía precisar,a pesar de las tortas suaves e intermitentes que despertaban sus sentidos poco a poco.. La cabeza le daba vueltas y las nausea de la anestesia aún le daban más nauseas.
.- Lo has parido con pentotal…
La voz de mujer seguía hablando y el niño lloraba sin parar.
-Quiero verlo…- acertó a decir-. Quiero ver al pequeño.
Y en sus brazos pusieron aquel pedazo de ser amoratado y llorón que dejó de llorar en cuanto ella lo acunó entre sus brazos, ahora llenos de hijo.
Y ella sonrió olvidando las nauseas, al ver la sonrisa del pequeño, y el olor de vida que exhalaba su piel:-eres un niño precioso, no en vano te has horneado durante diez meses…diez meses junto a mi…te voy a echar tanto de menos…-dijo asomando a sus ojos unas lágrimas tan gordas como una peladilla de Alcoy.
-¿por qué lloras? -le dice la voz de mujer.
Y ella no pudo o no quiso responder a algo que nadie iba a comprender. Y es que tanto tiempo habían sido solo uno, que ahora sentía como si le faltara la mitad del corazón…No podía responder. Nadie la iba a comprender.
El niño dormía placidamente sobre el vientre de la madre y esta dejaba volar la mente entre las hojas de Malinche,cuando entró en el cuarto el hombre pequeño, delgado,con gafas y peinado hacia atrás.
-Hola…-dijo mirando al niño.
Y ella contestó:
– Gracias ¿Puedo saber quien es el ginecólogo que trajo a mi hijo al mundo?
Y el le dijo:
– Me llamo Álvaro, y no soy ginecólogo sino forense, y las gracias te las tengo que dar yo porque me ha hecho muy feliz jugar con la vida y no con la muerte.
Y era un hombre tacaño en palabras,prodigo en atenciones y generoso en dulzura…

Abr 142011
 


Para mi madre, por mi madre, con mi madre. Por lo que fue y no llegó a ser. Porque me dio la vida aún sin querer. Por esos brazos que me arrullaron. Por los besos y caricias que en mi piel dejó, que aunque escasos, los guardo por su valor en lo más profundo del corazón.Por aquel cuento infantil, único recuerdo de su peculiar instinto maternal, no por eso falto de amor.Por aquel otro recuerdo,esta vez narrado por los labios de una amiga,como era seguir mis pasos de niña con la merienda en la mano, al rededor de una “plaza de España”que me vio jugar. Por el plato de lentejas, por vestir mi desnudez, por todos los deseos cumplidos, aunque el mayor deseo se quedó sin cumplir. Por no perder las formas ni en los momentos más extremos. Por su sonrisa, con la que supo quedarse con el mundo. Por amar tanto al hombre de su vida. Y hablando de vida, a estas alturas de la suya, creo; rotundamente creo, que tanto y tanto amó, que ese sentimiento tan sentido y necesario se agotó con él. Por esa piel de porcelana que ni el fardo de los años que lleva sobre su espalda,ha podido con ella. Por ese par de piernas que enamoraron a ese hombre de su vida. Por ese porte, y ese estilo que hasta algún gobernador de la Colonia llegó a soñar con ella. Por ser tan bella “Bella Sara“.
Gracias por aquel cuento infantil, que seguramente marcó este deseo irrefrenable de narrar.
Un beso.

A mi madre. La azotea

Edith Checa. Poesía contemporánea

Abr 132011
 

La chica tiene dos hijos, uno rubio y otro moreno. No se si del mismo padre, eso da igual.
La chica es muy joven, por eso la llamo chica,no es agraciada ; mucho no es, aunque tiene una cara morena, y regordeta con dos ojos moros que si yo fuera hombre haría unos largos en ellos.
La chica es coqueta a pesar de ir vestida día si, y día también, con chandal, bomber y zapatillas de deporte,y una coleta de pelo crespo, tan de todos los días, que quizá si se quitara ese coletero tan de siempre, el pelo seguiría sujeto por eso de la costumbre de “no moverse ni un pelo”.
La chica es coqueta, digo, porque vió la cámara en alto y mis labios pidiendo paso, y se aturulló hasta el punto de hacer caer el puestecillo de los números de La Cruz Roja, que es “el pan nuestro de cada dia”. Ella dijo amablemente:”otro día que venga “pintada”. Y acto seguido sacó el móvil de uno de los bolsillos de la bomber, reminiscencias de principio del XX, y empezó a mostrarme lo guapa que estaba en un par de fotos tan maquillada, que si yo fuera hombre no me perdería en ellos por miedo a perecer por intoxicación acrílica.
La chica se entusiasmó tanto con la atención que le prestaba esta reportera de andar en zapatillas, que tras presentarme a toda la familia,vía móvil, me regaló un par de numeritos, aunque hacia un rato que había pasado el sorteo:
-“No te voy a engañar-dijo-El sorteo ya ha pasado…pero como no se el numero que ha salido…
-Gracias-le dije yo dispuesta continuar mi camino…
– Otro día cuando me pinte…es que ahora estoy muy fea…
Y yo sigo mirando esos ojos, profundos, oscuros, y vivos, tan llenos de vida..
Si yo fuera hombre me haría unos largos en ellos…
La chica de los ojos moros no quiere una foto sin pintura acrílica.
La chica de los ojos moros come golosinas.
la chica de los ojos moros me deja pasmada con su petición:”buscame un novio”¡Yo quiero un novio!”
La chica de los ojos moros me hace sentir como un mago sin chistera y con bolsillo, en donde le guardo un novio liofilizado, y envasado al vacío, de otro amor que no sea el suyo.
la chica de los ojos moros necesita un hombre que se asome al mirador de sus ojos, y se lance sin pensar para hacerse unos largos en ellos.
la chica de los ojos moros tiene su vida hecha un nido de patatas paja.
La chica de los ojos moros tiene una manzana por corazón, y un alma de gelatina de almendra amarga tan casquivana, que la lleva sujeta con una pinza,al sesenta y nueve del la lotería.
La chica de los ojos moros…

Abr 062011
 


Parecía un angelote de esos que asoman entre un colchón de nubes a los pies de La Señora. De esa Señora a la que llaman”de los Ángeles”. Lo parecía; si lo parecía. Con esos ojos grandes de dulce mirada, enmarcados en una cara regordeta de hoyuelos juguetones y suaves rizos de pelo castaño resbalando por la frente. “Solo le faltaban las alas”- eso decían- aunque nadie podía imaginar que ya casi las tenían acabadas en el taller situado al final del arcoiris, entrando a la derecha, porque conocían de su afición a la pelota y de su nula experiencia con el peligro. Así que el hecho de coser esas alas para un niño que aún debía crecer, no tuvo nada, o casi nada de divino, sino más bien de lógica aplastante, y de jugar con la ventaja de tener el punto de perspectiva tan elevado que podían predecir la madeja de sinsabores, que acabaría siendo el hilo de la desgracia que protagonizó el chiquillo.
Ella no había echado la llave a la puerta, porque en ese barrio de calles estrechas y empinadas, no era costumbre ya que unos y otros se conocían. Era un barrio de puertas abiertas, vecinas engalanadas de rulos y boatiné; de tacitas de azúcar y sal,En donde las sillas, en las noches de verano, jugaban al corro de las patatas con el escalón de cada zaguán:Los hombres hablaban de futbol, ellas de las cosas de la casa, y de alguna que bebía los vientos por fulanito, y de aquella otra que le gustaba en demasía los menganitos. Y los chiquillos jugaban a esos juegos, ya perdidos, que hacia trabajar el ingenio y la imaginación a todo tren.Era un barrio de niños con pupas en las rodillas y rubricas de pedradas en la cabeza. De olor a puchero, de Cumparsita, de Corazón de Melón, de Quince años tiene mi amor,cruzando puertas y ventanas de cada casa de vecino,añorando el mar.
Tal vez la pelota pegó tres botes y saltó por el hueco de la escalera, buscando otro barrio, otra casa, otras manos de niño. Quien sabe…Ella solo recordaba a su hijo caído en el suelo del portal con la misma vida de un muñeco de paja en un sembrado de calabazas.
Pasaron los días lentos en el día a día, y eternos en el recuerdo del hijo perdido. Fueron días de dolor intenso, de pena destrozada de tanta y tanta pena. De tanta necesidad de que el padre de sus hijos la calmara con el balsamo de la comprensión, y el cariño…Pero solo recibió reproches, de un hombre que envuelto en el agrio olor de horas de alcohol, la humillaba hasta llegar a las manos. Y así pasaban los días, con la herida del alma por cerrar y las del cuerpo, por ser solo carne,borrándose para dejar paso a otras nuevas. Y así pasaban los días entre lágrimas de desesperación y el ir y venir al jardín de las almas dormidas en donde una fría lápida le recordaba que una vez fueron ocho.Y en una de esas idas y venidas se cruzó una mañana en su camino aquel hombre que, sentados en un banco de la plaza, la incitó a desnudar su alma frente a él teniendo por testigo una paloma que los miraba de hito en hito esperando algún migajón de pan que no acababa de llegar.Luego llegó el consuelo de palabra y de obra y más tarde el amor con cuentagotas, no se fuera a pasar el filtro y se liara. Y en este punto fue donde el último hilo de la cuerda acabó por romperse, porque el padre de las criaturas, nunca se lo perdonó.Todo fue muy rápido: el juicio del juez le sirvió en bandeja a los hijos de sus entrañas. Ella en cambio llevó las de perder porque era una adultera, y eso era un delito: Las palizas y las humillaciones simplemente se tiraban al olvido, como la basura al basurero, por miedo y por vergüenza.
Una mañana se marchó de la casa que una vez fue su hogar, dejando a los hijos al otro lado de una puerta que no pudo cerrar, Y lo hizo sin decir adiós a ese hueco de escalera que marcó un antes y un después en su triste vida.Cruzó el zaguán llevando con ella el cordón umbilical de los recuerdos, al que antes de partir enganchó, como un llavero de pistón, al corazón de su hija pequeña para que nunca olvidara como la quería…como los quería. Y como “a rey muerto, rey puesto”, otra mañana llegó a la casa una hermana del padre que parecía escapada de “David Copperfield”.Era una mujer avinagrada de carácter, con un rictus de amargura en la expresión, y una mala sangre que no se sabia si la había mamado o era por naturaleza. La pequeña pensaba que era porque Dios se había equivocado y en vez de un corazón le colocó un polvorón por eso de que Él, había nacido en Navidad y punto. Y es que no podía razonar otra cosa por la edad, que con todos los dedos de las manos no sumaban siete, pero si podía comprender que esa mujer no tenia nada de su madre, por mucho que se empeñara en suplantarla en lo que un día fue un hogar feliz. Y le hacia la vida imposible quizá por ser la más chica de los seis hermanos que quedaban desde que Ángel se fue tras la pelota, o tal vez por el parecido tan grande que tenia con la que le dio la vida.
-Comete las lentejas…
Hablaba con voz pausada y mirada sibilina. la niña Lola, sentada en una banqueta de la cocina miraba la puntilla de espuma formada en el borde del plato que ese corazón duro, tan duro como el chusco de pan que le daba en el desayuno,pretendía que se comiera, pero ella no podía con el olor de unas lentejas que se habían pasado todo el dia bronceandose al sol ,en el alféizar de la ventana de esa cocina tan falta de madre. Sabia muy bien que si se las comía volvería a las diarreas y a los vómitos de la primera vez que en su inocencia se tragó el mejunje sin más. Y es que era mala, muy mala, pero cuando la necesidad apremia, el ingenio se agudiza y esa necesidad hizo que aprovechara las salidas de la cocina de la mujer, para ir vaciando platos tras la alacena situada junto a la mesa de formica verde, en la que todos los días pasaba su particular martirio en solitario, o para colarlas, no sin riesgo de ser descubierta, por la taza del w.c. …Pero ese día la suerte le dio un revés porque la bruja no abandonó la cocina en ningún momento, así que la niña Lola se armó de valor y dijo:NO. Un” no”caro, muy caro que la mujer de mirada sibilina, compró con un:”está bien”, vaciando el plato de lentejas en la basura:”Está bien”…
– Ponte de pie…
Y un grito de dolor terrible, angustioso, lastimero, se escapó de la garganta de la niña, mientras que un dedo del pie izquierdo se partía en tres bajo el tacón cruel de esa amargura de mujer.
– ¡La próxima vez comerás!
Y Lola lloraba hecha un mar de lágrimas, sin consuelo ni amparo de madre. Lola lloraba…Lola lloraba, y lloraba no solo por el dedo roto por un taconazo de la vieja bruja, sino porque las monedas que su padre le daba para comprar la merienda se las arrebataba sin más.
Y Lola lloraba porque se daba cuenta de que un padre con tanto hijo no podía sacar a la bruja de casa.
Y Lola lloraba…Y lloraba porque, aún siendo la más pequeña de todos los hermanos, Dios se había pasado otorgándole más sentido común del que una nena de su edad podia desear.
Y Lola lloraba…lloraba Lola porque no quería abrazar sino ser abrazada para sentirse amparada.
Y Lola lloraba…porque para eso necesitaba una madre.

Abr 042011
 

 

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Y he pisado la calle Larios, tan soleada, tan malagueña, tan llena de “guiris” churruscaditos de sol. Y tras mucho marear a mis pies calzados con “dolor de pies”, de piel marrón, he pasado por tu calle esa de “Santa Maria” y he llegado hasta tu puerta. la que tiene a los lados dos vitrinas chicas forradas de fieltro verde, sembradas de zarcillos, pulseras, y colgantes de plata y coral. De la penumbra de la pequeña tienda, el olor del Palo Santo entremezclado con el fuerte y penetrante del limpiador de metales, que usas para el bronce que pende bajo el techo del local, se escapaba hacia la luz de esa mañana nueva de abril. Todo estaba como siempre….Quizá tú un poco mas viejo. Tal vez yo algo mas que tú, porque no me has recordado; lo he leido en tu mirada, aunque si creí notar algo de curiosidad, en esos ojos vestidos de gruesa concha cuando me escuchaste hablar. Nada mas. Solo el timbre de mi voz… Te pregunté por la gargantilla de plata navaja, que una vez quisiste que colgara de mi cuello. Y tú, dejando al gran Ganesh sobre la mesa, entre algodones ya usados, me dijiste: “ya no está”. ” Hace mucho que no está”, al tiempo que el acero del gris de tus ojos se clavaban en los mios, saltando por encima de esas gafas de pasta gruesa con las que te conocí.
Me salvó la campana, vino a mi en forma de representante de una marca de un limpiador de metales. Me ha salvado la campana. Yo dije adiós atravesando el umbral de la tienda al sol de la mañana. Tú ni siquiera me oíste…
Y he pisado la calle Larios, tan soleada, tan malagueña…
Y he buscado una tienda en Santa María..
Y he querido engañar a mis pasos llevándolos por otro rincón, y otra calle; a otros zaguanes…
No es verdad: Hoy he querido volver a tu calle, a tu tienda, a tu aroma de Palo Santo y al limpiador de metales.
Hoy quise volver a ti…
Tú, no me abriste la puerta.

Abr 042011
 





¡Que día llevo! ¡¡Que día! Las 10´20 me dieron en la cama esta mañana. Se me pegaron las sabanas,confieso, como tantas otras veces. je…je…je… Y es que no se puede” estar en misa y repicando”,o zascandileando a altas horas de la madrugada entre los cables de Internet. Porque ayer regresé tarde a Ceuta. Me parece que ya os lo he dicho algún a vez, que una sigue caracoleando por el mundo que le circunda, pero que no os digo.”hasta luego querid@s” porque ya tengo un portátil que llevarme a los dedos. Aún así, el té con pastas lo tenéis siempre a flor de labio y a golpe de diente, en esta isla vuestra. Pues eso, que ayer el barco nos trajo una vez más a este rincón de España, tras unos días danzando por esos andurriales de Dios.
Las maletas empantanadas sobre” la tierra de nadie”, es decir:la mesa del salón. Los cacharros de cocina haciendo unos largos al estilo “Hawái- Bom bay” de Mecano. la ropa de los mini tendederos plegables que una tiene en los balcones de la jaima, que en su momento no se secó y que ahora,mira tu por donde, seca, seca está, pero cargadita de polvo, que es lo que tiene, cuando se deja la ropa en el tendedero por no recogerla húmeda, porque hay que ver el olor tan nauseabundo que se queda en ella después ¡Ja, ja, ja! esto parece un anuncio de detergentes ¡Ja, ja, ja! Y toda esta vuelta para decir que lo peor del día, hasta ahora ha sido el maldito ordenador y su inseparable Norton,que me han tenido hasta las cuatro y media de la tarde frente a ellos, para ver si “Abel”, un muchacho muy avispado, que por cierto no se por qué imagino que es joven, podía solucionar el problema ¡Y pudo! Tomó los mandos de la nave internautica, que no intergalactica, pero al paso que vamos todo se andará, y lo solucionó sin más, claro que el hombre de cuando en cuando escribía: “señor, sigo aquí.”Y” la señora”sabia que así era porque veía moverse el cursor y saltar los programas sin tomar parte en esa orgía informática. Y mientras garabateaba en un folio olvidado sobre la mesa, en el que hay escrito tal galimatías de palabras y frases superpuestas, que ni la mismísima nena del exorcista podría arrojar por su boquita, desde su inquieto lecho al que se encontraba la muchachita amarrada,pensaba que si esa aventura con el informático invisible “Abel”,la hubiera vivido durante la noche con la pastilleja puesta. Al día siguiente habría creido que todo fue producto de esta imaginación desbordante con la que una le toca cargar desde su más tierna infancia. Porque una en su infancia, tierna y crujiente como un croissant recién salido del horno de la casa de la abuela de caperucita roja, esa que tenia que llevarle la cestita que su madre le preparó con un quesito, un pastel y una tarrina de miel, que de tanto darle a la tecla del ordenador en deshabillé, agarró un resfriado de no te menees, que ni el Frenadol, ni el Eferalgan, ni la Aspirina, ni el Ibuprofeno, y por supuesto el “gelocatil y mucha agua”, podían devolverle aquella dulzura que destilaban sus ojos, ahora enrojecidos y llorosos, aquella sonrisa, ahora transformada en un rictus de dolor y malestar…
Pues eso…eso..¡Que!El croissant…que me he dejado el croissant por ahí atrás ¿ Y de que estaba hablando yo? Creo que de un viaje, de desorden doméstico, de !Abel” el informático invisible de Norton…Tal vez de mi imaginación… De la infancia de una, de caperucita y su alocada abuela. De croissants, quizá porque con esta dieta de tomates, pomelos y poco más me comería una vaca con cencerro y todo. Y…de que…y ¿por qué os cuento esto? Se me olvidó comenzar con una advertencia: Leer esto puede causar un terrible dolor de cabeza, desasosiego, confusión mental, y un deseo irrefrenable de darle carpetazo a “la Isla de las Orquídeas” enviando este blog y a su autora a la papelera de reciclaje.
¡Que mal me sientan los viajes!