Feb 292012
 

Y no se me ocurre nada…Y el loro en el aguacate.
Y es que me olvido de ti…
Y la  camisa en la rama, colgando del limonero, tendida al sol.
Y no se me ocurre nada…
Y un caballito volando,y una chicharra en el tronco del árbol del abanico,escondida entre el bambú.
Y es que me olvido de tí…
Y una mariposa azul mariposeando entre el macizo de hortensias.
Y no se me ocurre nada…
Y el botijo abandonado en un escalón del porche,y una lagartija escúalida refugiandose tras él.
Y es que me olvido de tí…
Y una mariquita chica corriendo por la colina de tu rodilla.
Y no se me ocurre nada…no se…
Y una hormiga despistada perdiendose entre tu pelo.
Y es que me olvido de ti.Siempre me olvido de ti.
Y el nido en el palomar,y el gato ronroneando entre las matas de perejil.
Y no se me ocurre nada…tal vez después…
Y un pitillo entre tus labios,y un mechero entre las manos,y un sorbete de limón con un toque de Cointreau…
Y es que me olvido de tí ¿Por qué me olvido de tí?
Y las notas de un bolero perdiendose en la mañana, y el aroma del café “graffiteando” en el aire.
Y no se me ocurre nada…Y no se…no me viene nada…
Y tu tobillo cercado por esa cadena fina.
Y es que me olvido de tí…ya ves…me olvido de tí.
Y ese ombligo perforado por una bola de plata del tamaño de un garbanzo mantecoso y de textura suave.
Y ese culo respingón
Y ese bajar la vista y el pensamiento por tus caderas.
Y ese triangulo perfecto y diminuto…
Y ese antojo con la forma de una fresa en un lado de tu espalda.
Y tu nuca con aroma de violetas.
Y el pequeño cataclismo de una manguera olvidada entre las losas del patio.
Y una lombríz que corre como puede,y lo que puede,a esconderse en el parterre.
Y el mirón y la maruja…
Y el niño en monopatín…
Y…y…y…
Y no se me ocurre nada…
Y es que me olvido de tí…
Y es que no tengo palabras,ni pensamientos,ni ideas…
Y no se me ocurre nada.
Y es que me olvido de tí.
Y una sonrisa en tus labios
Y un acariciar tu piel.
Ay que ver, que no se me ocurre nada.
Y un beso con sabor a nicotina y sorbete de limón, con el  toque de Cointreau.
Y un abrazo,y un palpitar.
Y un no perder el control,por ese maldito beso.
¡Mira tú! que no puedo estar sin tí.

Feb 152012
 

Un tribal con tres caras africanas en una de las pantorrillas.Una sonrisa encuadrada en un mentón amplio y viril marcada por  una patilla de pelo fuerte. Una ceja con cicatriz,de aquella vez que quiso ponerse un piercing y duró, lo que suele durar una “peli”de Spileberg por tener la piel sensible como la de la madre que lo parió.Un pedacito de carne justo al lado de la oreja del tamaño de un guisante temprano:
-Es una oreja en miniatura…Si,no me mires así.Tanta cortisona…tanta cortisona…-le dijo el ginecólogo a la madre que lo parió, aquella tarde de sol y lluvia de regadera:la lluvia del caracol ,olvidando que el había sido el artífice de “tanta cortisona”. – Cuando sea grande el “muyayo”,que decida si quiere que lo acompañe al cementerio, o que la boten por el risco.Deja que el decida mi hija…
“Un guisante temprano”que nunca se quitó,no se sabe si por querencia,o por esa extraña atracción que ejercía en el sexo opuesto.La nobleza de su abuelo en la mirada enmarcada en unos ojos de San Bernardo-demonio de Tasmania,según el ánimo,Y unas manos grandes de dedos largos y fuertes de tanto hacer timbrar las cuerdas de ese bajo, con caja de madera, que con tanta ilusión, y muchas horas de curro,una tarde compró arrastrando en su aventura a la madre que lo parió,porque era una madre “todo terreno” que lo mismo hacia una tortilla,que cosia un remiendo,pintaba un cuadro,escribia un libro,o se sumergía en un mar de bafles,mesas de sonido,guitarras,palos de lluvia, y conciertos con aroma de litronas y hachís de Chaouen,aunque ninguno de los dos fumaba ni le daba a la litrona, por eso de que el asma y los “yuyus”de cabeza no se llevan bien con esos dos compañeros de conciertos.
Y él le daba a las cuatro cuerdas del bajo desde la puerta de aquel destartalado cuarto cuartelero abandonado hacía un porrón de años,y al que habían insonorizado forrandolo de cartones de huevos.Y el tocaba,digo,desde la puerta en invierno, con chupa y gorro de lana calado hasta las cejas,y en verano, con gafas de sol y pantalón de deporte,por eso de que el aire en el cuartucho se podía cortar con tijeras de pescadero,por lo denso de la fumata,y él no estaba dispuesto a tener otra crisis de asma de esas de campeonato.Y era gracioso ver al grupo actuar con aquel muchacho del tribal en la pantorrilla,tan “fuera de lugar”,pero es que era tan bueno…con ese pulgar y ese índice golpeando las cuerdas,con ese subir y bajar los dedos por ese mástil interminable, haciendo sonar esa octava grave que lo hacía tan particular…:
– No.Él es el “sano del grupo”,decían a la hora de pasarse el porro.Un porro baboso pasado de boca en boca,en un corro como el de “las patatas”,pero con litrona y patatas fritas de bolsa manoseadas por los dedos de todos.No.ÉL no;él es el “sano del grupo”.
– No.Yo no,decía la madre rechazando amablemente la ocasión de darle un par de caladas al porro a mendio fumar,que una tiene luego que hacer la cena,que fregar,que darle a la tecla,que limpiar los pinceles…Y tod@s reían a mandibula batiente creyendo que ella lo decía por decir.
Un tribal con tres caras africanas en una de las pantorrillas que, en su momento,le costó un huevo de pato que consiguió a base de currar tras las horas de estudio.Apareció un dia con él y a su madre casi le da un “paraflai”,aunque no dejó de reconocer que era una preciosidad…
Un tribal que siempre llevará con él,al igual que ese guisante temprano que nunca quiso quitarse.
Un tribal, y un guisante temprano junto a una cicatriz en la ceja por ese piercing rechazado por tener la misma piel que la madre que lo parió.
Un tribal,y esos dedos inquietos como alas de colibrí.
Un tribal,y los ojos de su abuelo.
Un tribal,y toda una vida por delante.
Y tenía un tribal con tres caras africanas,y un guisante temprano, ojos de San Bernardo-demonoio de Tasmania, y dedos de alas de colibri.
Y tenia, y tiene.

Feb 102012
 

 

 

 

………….. Junto al eco de la guerra alcanzó a oír tres campanadas del reloj de alguna iglesia que no quería enmudecer:””todavía faltan unas horas para el amanecer…””. Le echó el pedal a la moto y allí parado frente a las puertas del garaje estuvo un momento observando su deterioro; parecían hablarle bajo las capas de pintura, que maquillaban torpemente los desperfectos que el paso del tiempo había dejado en ellas. : “”no te va a gustar el trayecto…ni el destino… ni el fin; no pongas en marcha el autocar…””. – creyó oírles decir, pero las abrió de par en par, levantando los grandes cerrojos horinosos y protestones, montándose después en él. Con la primera vuelta de llave el motor respondió con un runrún agradable para sus orejas: – “no espero menos de ti…te tengo “niquelao” – farfulló entre dientes. Seguidamente le dio a las luces, que iluminó pobremente el pavimento con un haz ambarino, y metiendo la primera avanzó unos metros sacándolo de la cochera. Luego, tras poner la palanca en punto muerto, bajó y guardó la moto. Tras cerrar las puertas y ajustar los cerrojos, todo volvió a su posición habitual. Antes de subir al autocar levantó la cabeza hacia el firmamento; allí estaba con su luna y sus estrellas, iluminado una vez sí y otra también por el fuego de la metralla. Y enredando en el aire, la buena brisa envuelta en el olor de la pólvora, acariciando cuanto se encontraba a su paso. Pensó en las almas del pueblo descansando en sus lechos, los que aún podían, arropados por los sueños unos, y envueltos en sus temores otros, mientras él seguía despierto acompañado, eso sí, del sonsonete de unos perros ladrando en la distancia, seguramente orquestados por los aullidos de otro, viejo, resabiado, y callejero. Todo parecía estar en orden dentro de ese mundo de desorden, todo menos él, que esa noche tenía la sensación de encontrarse fuera del tablero del juego de la vida. Le dio unas palmaditas al volante pensando en las ironías que esa vida tenía: con ese mismo autocar en los primeros días del alzamiento, salvó, sin proponérselo y desde el anonimato, al general Mola, al que en la mañana del día anterior había visto en la plaza Mayor, junto a Millán Astray, arengando a la población prometiendo la victoria por Dios y por España. Escuchándole reflexionó en la fragilidad del ser humano y en la fuerza del destino; en lo lejos que estaba el hombre de saber que entre esa gente se encontraba la persona que le libró de la muerte a las puertas del monasterio de Irache…  Ladeó la cabeza, como queriendo desviar esos pensamientos, e hizo el sempiterno gesto de apartar ese impertinente mechón de pelo rubio, que le caía por la frente. De mala gana volvió a la realidad por desagradable que fuera. Le habían ordenado un cometido y tenía que cumplirlo… Porque una cosa era luchar en igualdad de condiciones y otra bien distinta fusilar a sangre fría, cosa que se venía haciendo desde que la jurisdicción militar había empezado a funcionar. Era una de las barbaridades de la guerra, y saber que en el bando contrario ocurría lo mismo no suavizaba el tema. Solo había un motivo que le infundía algo de valor, y era la sistemática quema de conventos, iglesias y toda persona que llevara un hábito: “todo lo que oliera a clero”… Pensó que hasta ese día había tenido suerte porque con su ir y venir de mensajero se había librado de tan desagradable tarea, así que allí estaba dirigiéndose al punto en donde tenía que recoger a los condenados para llevarlos al paredón.
El papel de un Moisés oscuro guiando “a su pueblo” a la muerte, “no le iba al pelo”; lo llevaba mal, y pedía a Dios que no le volviera a tocar semejante misión: dame fuego cruzado; lucha cuerpo a cuerpo, pero no me hagas conducir las ovejas al matadero…
Le sobresaltó, el tañido de las cuatro campanadas que el reloj de la torre de la iglesia emitió; cuatro campanadas lúgubres y lastimeras que provocaba el golpeteo del badajo contra el bronce, señalando la hora en que seis hombres acompañados de un fraile, bajaban las escalinatas de la iglesia custodiados por dos falangistas y otros tantos requetés. Cuando llegaron al autocar subió primero un falangista y esperó de pie a que entrara la comitiva precedida por el fraile, un monje joven quizá de la misma edad de “Ojos de Gato”, al que miró visiblemente compungido. El hombre fue a sentarse en el asiento de al lado llevando en sus manos un misal, y un rosario que desgranaba en silencio con la vista aparcada en sus sandalias. Tras él, subieron los infelices que por estar maniatados tuvieron que ayudarles sus verdugos.
– ¿Me das un cigarro?
Sintió su aliento en el cogote, quemándole como si algo caliente le estuviera rozando la carne y lo achacó a su propio miedo exteriorizado a través de los poros de la piel. – Espera – le dijo metiendo la mano en el bolsillo de la camisa.- Ahora lo enciendo –
De sus labios resecos, producto de la presión, despegó el pitillo acercándolo a los labios del hombre que le dio una calada profunda, haciendo centellear la brasa al amparo de la pobre iluminación del interior: “” en vez de nicotina, para estos caso deberían ser de opio”” – pensaba “Ojos de Gato”, contemplando el semblante del hombre.
– ¡Ya está bien que no tenemos toda la noche! – se impacientó un falangista situado al fondo del autocar.
– Arranca y acabemos de una vez… – musitó el condenado, que sujetaba el pitillo entre las aprisionadas manos.
Y así salieron del pueblo en dirección a Pamplona, en donde, “el Monte del Perdón”, era el final de trayecto.
Uno de los reos lleva un rato silbando “¡Ay Carmela!”, y alguien le manda callar. “Ojos de Gato” cree reconocer la voz del falangista impaciente.
– El último viaje de mi vida… ¿Me oyes “facha”?
– Te escucho…- Ni siquiera un leve ademán de volver la cabeza; no quería follón con el hombre impaciente.
– Yo era marino; radiotelegrafista de un barco mercante…Quince años de mi vida en la mar, y en todo ese tiempo he vivido y he visto cosas que mucha gente no verá, ni experimentará en su vida, así que me doy por satisfecho…¿Me oyes facha?
A pesar del “facha” con que le apodó, no había en su voz ni una pizca de odio ni desprecio, solo percibió amargura. Sin dejar de mirar a la carretera asintió con la cabeza..……
La carretera….la imaginación le llevó a la época de su vida como camionero junto Escobar, amigo y compañero en el ejército, al que todos querían por su bondad y camaradería. Fue con él, con quien aprendió a conducir en el Renaul que su padre, un desahogado transportista, le había regalado. Cuando se licenciaron a penas tenían dieciocho años, y unas vidas con distintos derroteros, porque su amigo iba a seguir el negocio familiar y él, a sabiendas de que le ascendían a sargento por haber sido el tercero de la lista, tenía en mente cursar la instancia para carabinero, porque solo aspiraba a vivir en un pueblo de Navarra sin sobresaltos, con una mujer y unos hijos, algo así como la vida de su padre…y una vez le dio curso al papeleo, y ya licenciado como sargento de la reserva, aceptó lo que Ricardo su amigo le ofrecía. Con él y su camión recorrieron las tortuosas carreteras transportando vino de La Mancha, La Rioja, Aragón y Navarra hasta Burgos; algunos días, cargaban pescado desde Lequeitio y Bermeo para Madrid pero eso eran, los menos. No les importaba las frecuentes averías en la carretera, bajo el frío del invierno.  La consigna”carretera y manta”, la llevaban por bandera, y ni el viento helado, ni la nieve medraban ese ímpetu joven, ilusionado, sin pensamiento de los duros tiempos que les tocaría vivir en el frente de Teruel. En las noches de invierno o estío, se turnaban para ocupar la litera que el camión llevaba adosada en la cabina. Pasaban por pueblos y ciudades, atravesaban valles y puertos de montañas, y en todas partes dejaban amigos y chicas bonitas a las que recordar por un beso, una caricia o simplemente por una sonrisa encantadora: “”la sangre bullía por nuestras venas como caballo desbocado, y no teníamos más deseo que dejarla correr…””
En un segundo, pasó de sus recuerdos felices a la cruda realidad, y aunque estaba acostumbrado le seguía sorprendiendo esa facilidad con que su cerebro le llevaba a revivir tiempos mejores, pero era obvio que sin proponérselo, en los momentos tensos se escudaba en los buenos recuerdos para aliviar la tensión, que de un tiempo a esa parte le invadía mas de los que hubiera querido soportar.
– El hombre seguía hablando, y él enganchó de nuevo el hilo cuando relataba el naufragio que sufrió en las Azores…
– Tres largos días estuve en la mar, agarrado a una tablón hasta que me recogió un petrolero… Hubiera preferido morir entonces…Imaginé otro final para mi vida; algo menos vil…
Llegaron al Perdón y estacionó el vehículo.  El contorno de los pinos se recortaba en el cielo que empezaba a clarear y la luna remolona se dejaba ver entre los árboles acompañada del lucero del alba. La noche se rasgaba para dejar paso a la mañana, y los condenados se internaban en la espesura porque no tenían cabida en esa mañana…Todo fue muy rápido. Se escucharon las descargas de los fusiles y luego se hizo el silencio: “ojos de Gato” se preguntaba que a quien le habría tocado la “compasiva” bala de fogueo…

Feb 022012
 

 

 

 

Y…mermelada de fresa.

Y una vela con aroma de cacao, y compota de manzana…
Y una vela …uuummm…¡ la fragancia de la flor de la vainilla!, y compota de manzana…
Y una vela…uuummm… ¡ el olor de los  cafetos en flor!, y compota de manzana…
Y una vela de miel,y compota de manzana…
Y la estancia embarullada de cacao,de café, vainilla,y  miel…y compota de manzana.
La compota de manzana…la mermelada de fresa, y la yema de tus dedos.
La compota de manzana…la mermelada de fresa, y el sabor entre tus labios.
La mermelada de fresa, y esa pizca de compota en el pliegue de tu frente…en el lunar de tu cara.
La compota de manzana, y el sabor a mermelada de fresa en tu pecho amor.
Y es que me gusta la mermelada.La mermelada de fresa que cubre tu cuerpo ¡Dios! como me gusta la mermelada de fresa.Y es que me encanta sorberla poquito a poco del lóbulo de tu oreja.Y tu espalda¡Ay! tu espalda bañada en compota amor.
Y una vela con aroma de cacao,y otra de fresa temprana perdiéndose por la estancia.Por esa estancia en penumbra de sabanas enredadas y zapatos por el suelo.De bañera con espuma,de vaho pegado al espejo,de piernas entrelazadas…de besos de fresa amor…
la compota de manzana…la mermelada de fresa resbalando por tu hombro ¡Dios! y esas velas que bosquejan las paredes con tu silueta y la mía…parecen sombras chinescas de nuestros juegos de amor.
Hoy he buscado en la alacena,en los armarios,en la nevera.Y he mirado por debajo de la cama y en el estante del baño,y he vuelto sobre mis pasos al salón…al porche y aquel sillón…
Hoy he buscado, y te he buscado. Y no encontré la mermelada,la compota de manzana.Ni olía a miel,ni a vainilla,ni a cacao…Ni habían sombras chinescas en las paredes del cuarto, ni en los añiles del baño…
Hoy he buscado…y te he buscado…
Y  NO os he encontrado amor…
Y una vela con aroma de cacao,y compota de manzana…
La compota de manzana,y el sabor a mermelada de fresa en tu pecho amor…
…Y el sabor entre tus labios…y en la yema de tus dedos…
…¡Ay! tu espalda bañada en compota amor…
Hoy he buscado,y te he buscado…
Y no os he encontrado amor…
Y la estancia embarullada…