Abr 282013
 

DSC07713

Todo olía a bizcocho. La cocina, el comedor,la entrada, y hasta el piso de arriba se encontraba perfumado del tufillo embriagador  de la masa horneándose a ciento ochenta, ni uno grado más, ni uno menos. El fregadero hasta los topes de perolas, cacerolas, coladores y pucheros, esperando a un lavaplatos saturado de vajilla y en el ciclo de “secado”. La tetera silbando sobre la encimera, feliz por el cosquilleo de la yerbabuena . La cuchara sopera dando el salto del Ángel para hundirse en el té de Ceilán, y acunar  en su regazo las hojas oprimidas como pequeños pedazos de papel, enbrollados por unas manos nerviosas…juguetonas. Despues, se ahuecan y se abren en en el agua como  brotes nuevos de primavera, exhalando su aroma sin prisas. Una, dos, tres, cuatro, cinco…y una más, por ser crucial darle el  punto de dulzura necesario.
Y hay que esperar…
Y el aire huele a bizcocho de naranja, y a té recién preparado reposando en la tetera.
Y hay que esperar…
A que el líquido ambarino juegue al ménage a trois, con el blanco del azúcar y la fragancia de la “buenayerba” . Es un juego rápido, intenso y algo fogoso, que no llega a tres minutos…
Y hay que esperar…
Al baile del escanciado en el colador  de una tetera a  la otra, porque hay otra para recibir el té sin mácula ni pecado. Limpio, dorado, de paladar algo áspero y almibarado…
Una tetera y dos vasos, con hojas de yerbabuena tan fresca como el rocío de la mañana.
Y el aire huele a bizcocho y a primavera temprana.
Y el aire me trae tu aroma, a maderas y a pachuli…
Y el aire me trae tu voz segura profunda y hueca…
Y el aire huele a ese té que una noche en Ramadán,
me enseñaste a preparar…
Y un olivo y una higuera.
Y tus ojos seductores.
Y mi mirada perdida por no atreverse a mirarlos…
Y el aire huele…
Y el aire trae…
Y la noche y la darbuka.
Y los crótalos sonando.
Y la dulzura del rajta.
Y el lamento del rai.
Y la estrella más fugaz de las fugaces…
Y La media luna…
Y la arena de las dunas…
Y tus labios en el vaso, rozando la “buenayerba”…
Y el té empapando el Kilim.
Y tu recuerdo…
Y todo olía a bizcocho, la cocina, el comedor, la entrada…
Y el fregadero, y la orgía de cacharros.
Y tu recuerdo por encima del aroma; los aromas…
Y tu recuerdo.
¡Solo recuerdos!

Abr 052013
 

DSC05633

 

Es tiempo de pucheros en el fuego y de olores familiares en el barrio. El olor a pan de horno, y el aroma del café borboteando en la cocina del hogar. Una matrona tiende la ropa por la ventana, en una cuerda roñosa y descordada que aún gotea las sobras de la lluvia del amanecer. Pasa el lechero tirando de su jamelgo con las cántaras de leche entrechocando en la carreta ¡Clin! ¡Clon! ¡Clin! ¡Clon! ¡Clon! El pitillo entre los labios. La barba fuerte de unos tres dias, el pelo ralo, y unos ojos verde aguamarina que fueron hace ya tiempo, y por mucho tiempo, la perdición de más de una mujer casada, soltera, y hasta alguna viuda necesitada de un hombro en donde llorar.
Pasa el lechero, y en el balcón de la mancebía de la María la del Pandero, una muchacha de pelo rojo, de escote abierto y labios carnosos,  se calza los zapatos con la costumbre de la desgana. Primero uno, y luego el otro…  De tacón alto, tan ajados y acabados, como esa vida que lleva en la María la del Pandero . Se despereza, y del escote saca un pañuelo muy estrenado para sonarse una vez, dos. Y es que el marino con el que estuvo dos  dias atrás,  no vino solo, trajo  un trancazo de aquí te espero. Un resfriado de los de aupa… Mucha sonrisa, poco dinero y su recuerdo lleno de mocos en el pañuelo.
Pasó el lechero, y en la tienda de ultramarinos que hace chaflán dando a dos calles, la de Plateros y la del Pan, un tendero gordo y fofo, baila un bolero con el letrero de “cierro” y “abro”. Ahora te cierro, ahora te abro, dicen sus manos bailando alegres sobre el cartel. Abre la puerta y del local sale un tufillo a bacalao, chacina y vino que inunda el aire jugueteando con los estómagos, y las sonrisas del personal.
Y pasa el lechero mientras un perro viejo y chusquero, huele y relame la vieja esquina de la casona, de planta baja de Doña Erminia ¡Ay! Doña Erminia ¡Qué calamidad! No sabe que hacer.
Y pasó el lechero, y se llevó en sus ojos de aguamarina, la vida del barrio. Lo bueno y lo malo… lo malo y lo bueno…
La matrona,
la cuerda del tendedero,
los olores a pucheros,
los aromas a café y a pan de horno.
La lascivia y el deseo, que provocan sus ojos de aguamarina.
La muchacha, y el recuerdo del marino en su pañuelo…
El bolero de las manos del tendero.
El olor y el lametón, a la esquina de la casona de Doña Erminia…
Y tu beso, y mi deseo.
Y tu cuerpo,y mi deseo.
Y tu pelo, y mi deseo.
Y ese olor de almendras dulces que resbala por tu piel ¡Y mi deseo!
Y el aliento de tu boca a vino rojo, y mi deseo.
Y pasa el lechero…
Y es tiempo. Hoy es tiempo de pucheros y escarceos entre  mantas…
Por el suelo, junto al fuego…
Y pasa el lechero,
y es tiempo de…

 

https://vimeo.com/user33528048