Ago 282013
 

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Hace unos dias que hemos roto el cordón umbilical que durante tanto tiempo nos unió.Ocho años de mi vida junto ti contra viento y marea.Te dediqué mucha horas,y acambio tú soportaste mis malos humores y la pereza que a veces me embargaba. Te amé y te odié en la soledad de las madrugadas,en las tardes aburridas y en las mañanas dormidas.Juntos hemos visto pegar la lluvia en el cristal,caer la nieve por esos caminos de Dios,y brotar la primavera.Hemos cruzado las aguas del oceano,y volado al otro lado del mundo siempre juntos…Hoy me siento extraña;como si me faltara una parte de “mi yo”…y aunque es cierto que ya tengo otro intentando ocupar tu lugar,mi neurona se resiste a compartir otras vivencias que no sen las tuyas,y mi corazón se rebela ante la inseguridad de otra union que no sea contigo. En fin,querido manuscrito !que lo nuestro se acabó! No tardarás mucho en salir a ver el mundo,y a que el mundo te vea a ti. Te deseo de corazón que a partir de ahora vayas haciendo amigos allá donde vayas. No rechaces a ninguno. abrete a ellos y muestrales tus sentimientos sin tapujos;tal como eres.Que sepan lo que te contaron, y lo que viviste.
¡Buena suerte querido Libro!

Gudea de Lagash

Ago 152013
 

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Las flores de la mañana de primavera, de tu balcón.
Las hojas verde limón.
¡Cómo me gustan!
El agua de regadera,
marcando el mapa de mi lascivia en tu blusa blanca
La brisa que juega al corro con el revuelo de tu vestido.
El pelo suelto;
la piel oscura como una onza de chocolate.
¡Y como me gustas niña!
Y el movimiento de tus caderas,
Y la sonrisa de tu mirada
¡Como me gustan!
Hueles a miel;
a miel de flores,
a albahaca fresca,
a hoja de menta…
Dejame que te diga niña,
que me enamoras.
Que pienso en ti.
Que yo te quiero.
Que tú me gustas.
Que yo te adoro.
Y el gua de regadera
Y mi lascivia,
y tu inocencia…
¡Como te quiero!

y

Ago 142013
 

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Tendría que  cambiar el sonido del despertador del móvil por algo menos escandaloso, porque el kikirikí del gallo no  tenía nada de  glamuroso  para  amanecer  junto al pivón de turno, tras una noche loca de pasión.  Sin abrir los ojos, estiró el brazo buscando  “el cuerpo” al que le echó cuatro polvos y un revolcón en el yacusi  para calentar motores: -nada…- se dijo abriendo los párpados poquito a poco,  como persianas viejas apuntito de romperse… ¡Y rompío! La luz de la mañana le entró por los ojos clavándose en  su cerebro como alfileres en un acerico. Nadie; no había nadie al otro lado de la cama con dosel que compró en Chian Mai, en aquel viaje a Tailandia… Se incorporó despacio y cerró las cortinas dirigiendose al cuarto de baño. Tenía la boca pastosa y el estómago como un barquito velero en mitad de un temporal: ¡Hostias!, que dolor de cabeza tengo – murmuró entre dientes, para no jugar a los bolos con la maltrecha cabeza. Una sed terrible hizo que se sintiera como un bacalao en mitad del desierto del Gobi, así que se enganchó al grifo del lavabo, igual que un recién nacido a la teta de su madre: – paracetamol… donde está la maldita caja de paracetamol…- dijo con la misma voz queda, que empleaba para camelarse a toda tia buena que se pusiera en el punto de mira de su bragueta. Del mueble del lavabo sacó una vieja caja de metal, en donde aún podía leerse en la tapa”rosquillas de mamá”. En su interior, lubricantes, condones y paracetamoles, guardaban un orden perfecto frente a los psicotropos. Dos…tres, cuatro paracetamoles pasarón de golpe por su garganta a palo seco. Volvió al dormitorio y dejó la caja de metal sobre la cama deshecha. Tenía un insoportable dolor de cabeza pero eso no le impidió ver las bragas de satén rosa del pivón, asomando por debajo de la almohada. Jugueteó con ellas unos segundo y lugo las dejó  sobre la caja. Un olor  familiar, “La Fille de Berlín”, se quedó flotando en el aire… Se dijo que la vida estaba hecha de pequeñas casualidades y esta era una de ellas, porque ¿podía haber algo más casual?, que encontrarse  el aroma de su madre en las bragas de una desconocida…:-Estoy perdiendo facultades; mira que  no reconocer ese olor – mascuyó entre dientes, abriendo la puerta de la habitación.  A pesar de su maltrecha cabeza, la ropa y los tacones de aguja esparcidos  por el pasillo, le hicieron recordar los juegos malabares en el yacusi; tal vez estuviera allí… ¡No! – Exclamó olvidandose de todos sus males y apresurando el paso…
-¡No! ¡Otra vez no! – gritó con desesperación metiendose en el agua. El cuerpo desnudo de carne rosada, flotaba boca a bajo, igual que un garbanzo a remojo,escurriendose como una anguila. La sacó como pudo diciendose que tal vez no fuera demasiado tarde, al tiempo que le apartaba la rubia melena de la cara; una cara deforme, de labios vacios y ojos de pez…: ¡Otra vez no! -Volvió a gritar- ¡Otra vez nooooooo!!!!

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En la caja de” rosquillas de mamá” no había nada en su sitio, pero eso podía esperar. Estaba contento. Nunca se había sentido tan bien:  – el dolor de cabeza ha desaparecido y esta noche tengo  una nueva cita con otro pivón – se dijo poniendose unas gotas de “La Fille de Berlín”, al tiempo que  abría el armario, en donde una fila de muñecas hinchables esperaban su elección. Con la indecisión reflejada en la cara tiró de una cualquiera, porque siempre le pasaba igual a la hora de llevarse a la cama alguna mujer de carne rosada y labios gruesos, de las que nunca acertaba su perfume ya que siempre le olían a plástico…