Jul 312014
 

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Y no sé.
Y no sé porqué me siento en el teclado
Que hago aquí con esta noche dormida.
Estoy junto a la ventana.
Ningún cuerno de la luna…
Ninguna punta de estrella.
La brisa en la mosquitera,
La taza “del bien dormir”
reflejando la alfombrilla y el ratón.
Ni un vecino en su balcón.
Ni un perro fuera del cesto.
Ni un gato por los tejados,pasa alguno por el mío;
buscan gata a cualquier precio.
Los pies descalzos…
el pensamiento volando,
y las ideas bullendo.
El corazón navegando por el mar de los recuerdos.
El cuco toca “las dos”.
Y el sueño que está de farra.
Y la cama sin usar.
Y las sábanas calientes;
hace calor.
Las zapatillas perdidas,
una bajo la mesilla,
la otra en el vestidor.
Puntos,comas,punto y coma…
dos puntos,guión,corchete.
Y suspensivos amor…
Tres puntos no dicen nada…
Tres puntos lo dicen todo…
Todo es según lo que sientas en ese momento amor…
Y el sueño de los vecinos.
Y el deseo en una cama se acuesta de madrugada.
Una manzana mordida junto al libro de “La Sombra”.
Un moleskine cerrado con la historia de mi vida…
Otro aún sin desvirgar,esperando las ideas,desvaríos,ocurrencias,
que no acaban de llegar.
Un corazón de cristal.
Una estampa de San Judas;bueno dos.
Aquí y allá unas fotos que llevo en el corazón;
no el de cristal.
Y la noche,
y las farolas,
y la papelera llena,los libros en los estantes,
los recuerdos apilados por la habitación,amor.
Y no se porqué me siento en el teclado…
Y no se…
Si tengo el alma dormida.

 

 

Jul 302014
 

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La maniobra perfecta del atraque del barco, teniendo en cuenta el corto espigón sobresaliendo más de lo normal y que obligaba a atracar de popa desde el puente de mando. El estrépito de las cadenas del ancla al fondear; las faenas de los marineros para sujetar las cuerdas a los bolardos; la dicha en los rostros de los pasajeros, por el final feliz del trayecto; la banda de música de la Guardia Colonial que amenizaba la llegada de cada buque correo como si fuera la primera… Y la figura de “la Escopetilla” iluminando el día. ¡Ya estaba en casa! Casi podía pisar la tierra de Oz, solo que a su lado no viajaba Dorothy con sus zapatillas rojas, sino que le esperaba al final de los dominios de la bruja mala del norte, la del corazón perverso. Él era el hombre de hojalata, el espantapájaros y el león juntos, y Dorothy le llevaría de la mano a través de esa tierra para encontrar un corazón menos doliente, un cerebro sin memoria y el valor necesario para olvidar el pasado. Por fin había llegado a la tierra de Oz. ¡La tierra prometida!

            Le recibió con un tímido abrazo y un beso en los labios, casi infantil, pero él la cogió en volandas y la abrazó con fuerza, sin importarle la gente ni las picantes bromas de sus compañeros.

– ¡Qué guapa estás con ese vestido estampado de flores azules! ¡Ya no nos separaremos más, señora de Fuentes! –y en los labios de ella se dibujó una sonrisa y a sus ojos de china se asomó el amor, tanto tiempo guardado para él.

– ¿Qué es lo primero que vamos a hacer?

– Irnos al Montilla, ¿no? – la mira con picardía-,  porque habrás reservado habitación, como te dije…

– Sí, digo ¡no!  Iremos a la Misión, para que el padre nos case.

– Pero ¿qué dices “Escopetilla”?, si ya estamos casados… -le aferra la mano como si se la fueran a robar.

– ¡A mí me lo tiene que decir el padre!

– Anda, sube al Jeep. ¡Luego lo devuelvo!  -y colocando las maletas en la parte de atrás, dijo adiós a sus compañeros, que con jocosidad les deseaban un buen colchón para pasar la noche, libres de chinches y otros visitantes.

Subieron “la cuesta de las fiebres”, dejando el puerto atrás. Tantas ganas tenía de darle un abrazo, que no se había despedido de nadie, aunque sabía que la isla era tan pequeña que antes de acabar la semana se cruzaría con más de uno.

– Tenemos siete días para nosotros solitos, antes de que el barco nos lleve a Bata, ¡bendita carga y descarga, que nos da ese tiempo sin las miradas y bromas de la gente que conocemos…! -le pellizca el cachete mientras cambia la marcha a primera.

– No sé si lo soportaré, me moriré de vergüenza… -la cabeza mirando al frente; las mejillas del color de las amapolas…

Al final de la cuesta, vislumbró el Palacio Episcopal, era un edificio sobrio pero bello. La Misión Católica, se encontraba a unos pocos metros justo al cruzar la plaza de España…

La luz entraba generosa por los grandes ventanales de la sala, iluminando una magnífica talla de San Antonio María Claret y las baldosas del piso, que de tanto fregarlas parecían pulidas. Una bien surtida librería, junto con tres sillones y una soberbia mesa de despacho de caoba africana, completaba el mobiliario del salón. A la espalda del claretiano, un crucifijo tallado en ébano y marfil presidía la pared junto a una foto del Generalísimo y otra, de dimensiones más reducidas, de José Antonio Primo de Rivera.

– Pero hija…

El misionero claretiano la miraba benevolente por encima de las gafas de carey, con los documentos del Obispado en la mano.

– Pero hija mía… -volvió a decir– si ya estáis casados. Tenéis documentos para parar un tren… anda, anda… iros con mi bendición y no olvidéis lo que dijo Dios: “creced y multiplicaos” –y con gesto paternal les tendió la mano para que besaran el anillo. La mirada del claretiano se cruzó con la de “Ojos de Gato” en un silencio de complicidad.

– Gracias padre por su paciencia…

– De nada hijo, y eso de “crecer y multiplicaos”, con mesura, hijo, con mesura, que no está el horno para bollos; que hay mucha hambre en España –dijo mirando al techo.

Dejaron los pasajes de la Biblia aparcados en la Misión para ocuparse de algo más trivial, así que, tomando de la mano a la que sería la madre de todos sus corderos, salieron a la calle. Entre las palmeras reales de la plaza se dejaba ver el reloj de la catedral, en el que faltaban diez minutos para las dos: <<La hora del aperitivo>>.

-Vamos, es la hora de tomarnos algo en el Chiringuito – dijo acelerando el paso ante una  “Escopetilla”, que había aflojado la marcha por los maullidos lastimeros salidos de un macizo de hortensias.

Cruzó la calle en busca de una “Cruz Blanca, bien fría”. <<O por lo menos fría, no iba a ser tan puntilloso>>, pensó sonriendo en el momento que traspasaban la puerta del Chiringuito. Lo había frecuentado alguna vez con Zarzosa y otros compañeros en su primer viaje a Guinea. Se acordaba de sus atardeceres, sentado en la terraza contemplando cómo se perdía el sol más allá de la bahía, y ahora quería verlos de nuevo junto a la mujer de su vida.

– ¿Qué vas a tomar cariñín? -le roza la punta de la nariz con el índice.

– Un refresco y unas aceitunas… -contesta, agarrándole el dedo al vuelo.

Él bromea con eso de que está muy flaca y que no va a tener donde agarrarse, mientras se mira el anillo que lleva en el anular. Ella extiende la mano junto a la suya y le dice que no volverán a mirarse así, los dos juntos, las alianzas hasta las bodas de plata y luego hasta las de oro, para ver cómo el paso del tiempo ha dejado su huella en ellas; apreciarán el desgaste del oro y el deslucido brillo que entonces tendrán, y será algo bueno, pues querrá decir que aún siguen juntos. Y mientras bebe, la mira por encima del vaso de cerveza y sabe, “casi” con certeza, porque el “casi” se lo deja a Dios, que volverán a extender las manos una junto a otra, en esa cuanto menos singular cita…

 

 

 

Jul 212014
 
Aclaración: "Chorlito" es el nombre dado por el dueño, a la casa en donde se encuentra esta preciosa imagen del la Virgen del Carmen.

Aclaración: “Chorlito” es el nombre dado por el dueño, a la casa en donde se encuentra esta preciosa imagen del la Virgen del Carmen.

 

A ver…como una anda siempre a la caza de esa neurona remolona,despistá y rebelde. No sabe si ha felicitado a todas las chicas guapas de este “caralibro” en el que nos movemos ;cada uno a su manera: flores,cuadros,fotos,chistes,opiniones revolucionarias, pensamientos filosóficos,politica trasnochada,clases de acuarelas,cocina y lecciones gratificantes sobre minerales…pasión por los animales,”seanse”: gatos,perros,cangrejos de río,o musarañas inquietas. Música al gusto,debates acalorados por los colores futboleros…intersantes historias sobre de donde proceden ciertas semillas,como los girasoles de un navegante que se marea en un flotador…desvaríos varios,de los que una ocupa el primer puesto…¡En fin! que tanta palabrería para acabar diciendo…

 

¡¡¡¡MUCHISIMAS FELICIDADES PARA TODAS LAS CARMENES QUE LLENAN ESTA ENTRAÑABLE JAULA DE GRILLOS!!!!

 

Porque SEGURO que me he dejado alguna en el tintero ¿Mamen Diez Astraín? ¡Ja,ja ja!

¿MUAK! repartido

 

Gudea de Lagash

Jul 212014
 

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NO perdones si no eres capaz de perdonar al cien por cien:una perdona pero NO olvida,aunque pueda parecer una incongruencia,porque una tiene siempre presente que “NO hay dos sin tres”.
No olvides si no eres capaz de perdonar al cien por cien: una NO olvida porque,aunque pueda llevaros al equívoco del rencor,la experiencia adquirida por vieja y por diabla,me ha demostrado que es cosa común en el ser humano “tropezar dos veces en la misma piedra “.
Una NO es santa; los santos andan repartidos por los altares.así que una se revuelve como un alacrán al calor de la lumbre cuando le pegan donde más duele.
Una está harta de rebuscar en el saco de los buenos propósitos: la paciencia y comprensión,son escudos que te da la prudencia para soportar los dardos que algún ser humáno,deshumanizado,le de por lanzar,pero que ya NO te da la real gana de seguir usando.
Una está a punto de tirar la tolla. La he dejado a dos centímetros del campo de armas de la derrota y el olvido,pero como siempre la levanto al grito de guerra:¡No te voy a dar ese gustazo!
Una seguirá luchando por lo que ama,y por lo que cree.
Y…NO perdones si NO eres capaz de perdonar al cien por cien.
Y dicho esto: la botella,mi botella, sigue estando MEDIO LLENA ¡La vida es bella!

Jul 182014
 

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Y en la otra cara de la luna dejé mi vida,
mis pensamientos;todo mi amor.
Y en la otra cara de la luna perdí un zapato,con la vergüenza
y el pasador “made in Taiwán”.
Y en la otra cara de la luna,desmaquillada y sin peinar,
dejé olvidados los malos rollos, la ropa sucia,
y tu camiseta de “los Pink Floyd”,
de aquella noche, en aquel concierto, bajo la luna coqueta y bruja;
litrona y sabor a Chagüen;aroma viejo de tantas noches,de tantas lunas…
de tanto juego de amor,amor,bajo la tienda,sobre la yerba,
y ese sabor a beso dulce, a beso nuevo…
Bajo la luna llena…
La música rompe el aire,
el humo parece bruma.
Tus ojos medio entornados.
Los mios en una brizna de yerba verde,
que anda de okupa en tu pelo amor.
Y a la mañana del tercer dia,
con sus tres noches y sus tres lunas de cara buena,
te fuiste amor,dejando tu camiseta de “los Pink Floyd”,
sobre mi piel, y un olor a “Yerba buena” alrededor…
y el regusto de tus besos…
La canela de tu piel encadenada a la mía…
Y una guitarra en el aire,y un acorde,y un redoble de baquetas.
Y tú no estás…
Y tú te has ido…
Y yo me quedo sobre la yerba,mirando al cielo con “los Pink Floyd”,
Sin malos rollos;sin ropa sucia…
Con tu recuerdo,y la luna buena,
luna peinada,luna coqueta.
Y tu mirarás la luna sobre otra yerba…
Y yo buscaré otra brizna entre otro pelo…
Y en la otra cara de la luna dejé mi vida…
Tus ojos medio entornados…
Chagüen…
Litrona…
Pink Floyd…
Y el humo parece bruma…
Perdí un zapato…
Made in Taiwán…
Y tú te has ido.

 

 

 

  • https://vimeo.com/122934557

 

 

 

 

Jul 162014
 

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Hace calor. Un calor pesado y pegajoso que me hace sentir sucia como si no me hubiera duchado en una semana aunque, como todos los dias, le haya dado vía libre al agua de la ducha para que resbale de la cabeza a los pies, y de los pies a la cabeza. Un agua templada como una taza de té a medio tomar. Da igual; una ducha es una ducha-pienso- mientras miro con envidia el homenaje de agua que le estoy dando a las plantas del pequeño patio del hogar. Una gota se desliza sin prisas por la hoja de un geranio rojo, y luego otra, y otra, y otra en los ciclámenenes, por las pequeñas flores del jazminero…Gotas, gotas y gotas escapadas del agua de regadera de la manguera, que como una serpiente fina y kilométrica, serpentea por el patio enredandose entre las sillas de hierro forjado y la colección de macetas  de barro que salpican el suelo enlosetado, y los tres escalones corridos que llevan al interior de la casa familiar. Siento un cosquilleo en uno de mis brazos y  observo a un insecto subiendo por él; es Dominila, una pequeña mantis que desde no hace mucho vive entre el boscaje de la adelfa y el Jazmín del Brasil. Se siente agusto la puñetera porque a pesar de que muevo el brazo, y le digo con toda la parsimonia del mundo que vuelva a su rincón, pasa olimpicamente de mi:-¡Que te marches! profiero con una voz tan aflautada que me cuesta reconocer como la mía, mientras observo sus ojillos saltones mirandome con atención y no puedo dejar de pensar, que si fuera de mi tamaño seguramente estaría pensando en su cena. Este pensamiento hace que la empatía que hasta ese momento me unía a ella, se  desinfle como un globo de “cumpleaños feliz”, colgado en la verja de hierro que rodea el patio. Ha debido sentir mi rechazo pues sin más, da un salto para posarse sobre una luciérnaga de luz, de esas tan de moda ahora ,a la que una tambien ha sucumbido por eso de que le encantan los monigotes de jardín clavado aquí y allá.La miro de reojo mientras sigo regando, ahora es la hortensia que mi buena amiga Marisol Ortega me regaló hace tiempo ya. Un chaval agitanado me distrae con el ensordecedor ruido de su motillo, al tiempo que el cascabeleo de un pony albino  consigue que levante la vista hacia la  cancela. Se que es un pony porque lo he visto muchas veces pasar por mi puerta tirando de una calesa; lo conduce un calé con sombrero de fieltro y niño rubio y de piel dorada a su lado, que deja en el aire su risa de niño. Los cascos de las patas del pony chapotean en el charco que el agua, escapada de las macetas, ha formado en  el asfalto al tiempo que las crines de un blanco roto, se enredan en el collar de cascabeles que rodea su cuello de pony. Los trinos de los pájaros que anidan entre las tejas de la entrada, y el jazmín del Brasil que trepa por ella, me devuelven al mundo real. Busco a Dominila y no la veo, en  su lugar un polluelo sin plumar se ha caido del nido, estrellandose entre las petunias y lo recojo sin comprender el motivo por el que siguen haciendo el nido en el mismo sitio,cuando no paran de caerse los pajarillos…
El sol está aflojando, y la brisa tan deseada le pide paso con timidez. La calle cobra vida lentamente. Recojo la manguera y sentada en un escalón contemplo el patio tan lleno de vida, en donde Dominila es la reina de ese pequeño mundo de luz y color.
Un sorbo de té frío, un ver caer la tarde, un recuerdo, una palabra, una sonrisa…el eco de tu voz.
Y hace calor. Un calor pesado y pegajoso…
Y el eco de tu voz…

Jul 082014
 

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El café de Don Herminio  tiene dos puertas, tal vez para dejar escapar los malos rollos y atrapar los buenos y mejores. Entrar en él es sumergirse en un microcosmos variopinto en donde personas anónimas de vidas grises y aburridas, se transforman en personajes buñuelianos gracias a la magía del local que, como en una coctelera, entremezcla las debilidades humanas con lo mejor de cada ser que conforman ese pequeño mundo gobernado por el bueno de Don Herminio; un hombre afable al que le gusta disfrutar de la amena charla y los platillos de mil sabores, que la abnegada Doña Adelaida cocina con amor y mal humor, de tanto guiso y fogón. Es un encanto doña Adelaida, con su pizca de ironía en la conversación, y ese estilo con el que ha nacido y que no se lo apagan ni las zapatillas cómodas, ni el sempiterno uniforme de “oido cocina”. La miro y pienso que está fuera de lugar; que se ha escapado del “Masterchef” o de “Pesadilla en la Cocina y que en algún momento entrará por una de las puertas, la de los buenos rollos, Chicote o cualquier otro chef de altos vuelos para devolverla a los platós de cocina de la televisión.
El café de Don Herminio tiene dos puertas, tal vez para dejar escapar los amores alocados, de tintes adolescentes y sarasados por los que bebe los vientos Sebastián, un hombre de buen leer, simpático y verborreico hasta la saciedad. Le gustan tiernos como el cordero lechal. Una aprendió a leerlo en sus ojos, a fuerza de mirar al corderillo con ojos de merengón. Sebastián ¡Ay Sebastián! que complicada es la vida: te quieren sin tu querer… lo quieres sin él saber…
Tiene el café de Don Herminio un pequeño rincón ocupado por Don Gil un hombre más bien machista del que cuenta la leyenda que a la hora de comer le servía Doña Rosa, su mujer, a toque de campanilla. ¡Quien lo diría Don Gil! tan sumiso y entregado a esa tragaperras de corazón de cristal y alma de falsa moneda… Y a su lado Don Julian maldiciendo su destino con la mirada perdida y media sonrisa triste. Tal vez sueñe Don Julian con volar al Himalaya, o navegar por los rápidos de río Manso, allá por la Patagonia, o danzar con los bantúes… ¿En que piensa? ¿Con quien sueña Don Julián? quizá con Doña Clotilde que sentada junto a él, mira aburrida la vida que gira a su alrededor añorando aquellas tardes de cama con Don Julián. ¡Ay Doña Clotilde! Cloti para Don Julián. Ay Cloti, Cloti como las mata callando. Entrando por una puerta de las dos del café de Don Herminio, Alfredo, un camarero gracioso al que no le gusta el agua si no tiene graduación, pide “tres medias de tomate” y Don Herminio, a fuerza del dia a dia, lo traduce en “una y media de tostadas con tomate”. Las cinco y media en el reloj de la iglesia, de la ciudad de provincias de Don Herminio. Anda dormido el café sin las almas que lo habitan; es pronto aún para dejar el sillón y el rollo televisión. Miro a mi alrededor, y en un extremo con la gorrilla calada, un hombrecillo merienda una fuente de habas frescas, recien cogidas del huerto y un vaso de vino tinto sin sifón. Don Pernambuco le puso su santa madre, porque el hombre que la amó una noche de pasión, venía de Caruaru. Con sus ojos de ratón bajo las cejas pobladas mira sin ver una de las dos puertas; la de los buenos rollos mientras saborea el vino y da cuenta de las habas. Don Pernambuco tiene un colchón de billetes, dice él, y yo le creo. Don Pernambuco tiene sus años y no se cuantos pero son muchos. Don Pernambuco tiene su gracia cuando me mira guiñando un ojo…
Ha entrado por una puerta Doña Isabel, la de los buenos y malos rollos, con su nieta pequeña, rubia y tan pizpireta que me recuerda a la muñeca que vi una tarde en el bazar de Don Filiberto. Tan tiesecita, tan vestidita, tan peinadita y tan parlanchina, así es la pequeña nieta de Doña Isbel, una mujer que tuvo que ser de rasga y rompe, de rompe y rasga en sus buenos tiempos pues aún lo es, con esa falda, con esa forma, estilo y manera de aposentarse en el taburete del buen café de puertas abiertas a los sentidos y sentimientos; a las sonrisas, a los pesares, de cada alma que habita en él.
Y van pasando una tras otra, como las hojas del calendario las almas buenas, las generosas, las agarradas, las que no pagan y las que si, y Don Herminio, el de la buena leche, el de las mil historias, el buen amigo, sigue en la barra de su café, que huele a gloria con los aromas de la cocina de Doña Adelaida.
Y él sueña con su café
Y ella sueña con salir de él alguna vez…
Y los demás sueñan… vaya usted a saber con qué
Y pasan las almas…
Y en el café de Don Herminio se abren las puertas, las de los buenos y malos rollos…
¡Y a mi! ese café me enamora…