Ago 192015
 

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Y vuelo alto.
Cuando me miras, yo vuelo alto.
Y llego hasta la luna con un par de pestañeos.
Y me engancho en un cuerno;
tiene dos.
Y soy capaz de bailar la danza de los gansos,
sobre el halo de nubes que circunda el zul de tu planeta,
que es el mio.
Y vuelo alto,
y soy capaz de hacer un tobogán con las estrellas,
y colarme debajo de tu cama,
para llevarme tus sueños más soñados cuando te quedes dormida.
Y vuelo alto,
y soy capaz de cambiar las sales de tu baño por el polvo de estrellas que camela.
De atarte a la pata de la cama,
con un hilo de plata del flequillo de la luna;
cuando está llena.
De jugar al tres en raya y que ganes siempre tú.
De ir al ttatoo,
y decirle que tatue la oveja Shau en mi nariz.
Esa Shau que lleva rosas,
que se enfada,
que se pasma,
y que se rie de la vida
¡Es tu oveja! ¡Y te gustán las ovejas!
ya lo se…
Y vuelo alto, y soy capaz…
de andar por la cuerda floja,
de vestirme de oso panda y patearme la calle,
con un cartel de “te quiero !Abrazame¡”
De beberme diez tequilas por seguirte,
y tocar el ukelele sin comerme ni un acorde
¡Ponme a prueba!
Y soy capaz,
y vuelo alto.
Sin ti es como “una peli sin palomas”.
Sin ti la lluvia no es de regadera.
Sin ti las primaveras son inviernos.
Sin ti…
Irás en mi presente eternamente,
porque eres lo más bello de mi vida.
Y soy capaz de…
!Amarte!

 

Ago 182015
 

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Y hacía calor. Ni un alma en la plaza de la Golondrina Azul. Ni un alma a excepción de Lola, una mujer que rezumaba el deseo por todos los poros de su piel. Mujer de uno, madre de otro@s y abuela de sus niet@s, parecía mirar al mundo por encima del hombro aunque ese mundo a veces no estuviera a su alcance. A Lola le gustaba El Grano de Café. Le gustaba el café que Arnoldo le servía y  sus ojos de gacela en celo, aunque sabía muy bien que ese celo no era por ella… Con la falda corta y el tacón alto, pisaba fuerte Lola por las calles de su barrio. Le gustaba jugar al juego del tonteo sabiendo que, no debia pasar de un par de achuchones y algún magreo que otro. Un marido ocupado en su trabajo y una apariencia de familia feliz, tal vez le bastaran  para acallar los parloteos de las marujas del pueblo,  pero no para apagar esas ansias de hembra madura e insatisfecha llamada Lola.
Llegó sudando a El Grano de Café, endonde cuatro parroquianos con demasiada querencia a la barra la miraron como si no hubiran visto nunca una mujer. Subiéndose la falda de manera estudiada y en su punto justo, se encaramó al taburete y tras cruzar las piernas le pidió a Arnoldo un cortado, que al verla le dedicó una sonrisa ovejuna y una caida de pestañas, aunque sabían los dos que no era por ella…
Y así ES Lola.
Esposa,
madre,
abuela.
Mirada altiva
y el deseo a flor de piel…
De tacón de aguja
y la falda corta.
Y el deseo a flor de piel…
Ay Lola, Lola…
Lola Lola…