Feb 212016
 

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       ACLARACIÓN:

Maruja Casas no es otra que Sarita “la Escopetilla” y CARLOS VELEZ  es Ángel “Ojos de Gato”. Al principio de empèzar a cartearse, “Ojos de Gato” decidió que los dos tendrían un seudónimo por si alguien leía las cartas. Muchas iban en clave, después,cuando se hicieron”novios formales”, ya usaron sus verdaderos nombres: Ángel y Sarita.
¡Cosas de aquellos tiempos!

 

 

Srta. Maruja Casas, Bata

Apreciada y simpática Maruja:
Ayer sábado recibí por mediación del correo de Niefang tu carta escrita el dieciséis. Ha tardado desde luego más de la cuenta, pero esta vez queda justificado el retraso porque no vino el día veinte la guagua, al parecer por falta de gasolina. Por el contenido de la tuya sé los muchísimos rompimientos de cabeza que te proporcionan las innumerables novelas que tienes que meterte en la mollera, durante tus horas de aburrimiento. Tienes tiempo de sobra para, como te digo, llenarte la mollera con toda la colección de “Rosa y Pueyo”, para luego meterte en el papel de cada una de las heroínas de dichas “novelas rosas”.
Mira a ver si encuentras en alguna factoria carretes de fotos, pues como sabes, Barreal tiene una máquina y quiero sacar algunas fotos del campamento y de otros sitios bonitos de esta demarcación. Esta mañana nos hemos hecho tres: Barreal, Paquita y yo con un moreno a mi lado, pues bien sabes que me falta la señora y por tal motivo, debo tener un moreno de sustituto. Ahora, cuando bajen a primeros de mes, se pasarán por la factoría para que les digas a dónde tienen que llevar el carrete a revelar.
Me preguntas que si me aburro. Qué quieres que te diga… aunque vivo, solo he visto aumentada “la familia” con un lorito precioso que me han traído y un cara azul que, junto al titi que tengo, el boy y el cocinero, ya somos una familia respetable. Por otra parte ahora, todas las tardes me voy de caza, aún cuando lo cierto es que no “cazo” más que rasguños y más rasguños.
Nuevamente me haces alusión a los papeles de mi habitación. ¿Qué es lo que te has figurado que tengo? Pues nada de particular, solo las cosas indispensables para mi uso. No sé quién te habrá contado la tontería de que tengo cartas de otras chicas de la Península: no hay nada de verdad en eso.
No sé cuándo bajaré por ahí, pues se da el caso de que no tenemos ni una gota de gasolina, de forma que hasta tanto no nos llegue no sé cuándo nos veremos. La guagua tampoco subirá el treinta en tanto no llegue la bencina, así que no sé cómo te voy a mandar esta carta… Probablemente lo haré con Rodríguez, que bajará con cualquier coche que vaya para haberes. No te importe que lo haga por mediación de él pues como sabes, es el que suele andar con la correspondencia, y no le dará mayor importancia por enviártela junto con una novela.
¿Qué tal por la nueva casa? Ya sé que es estupenda. Yo la había visto casi terminada. Ahora una vez amueblada y decorada a tu gusto, seguro que es una preciosidad.
Si es que no he bajado para antes de que puedas contestarme, ya me dirás cómo sigue Arrieta con el paludismo. Si continúa en el hospital o bien ya salió; lo mismo te digo con lo que respecta a Chito. En cuanto a ti, espero que lo de la filaria en el brazo sea una broma…
Yo por esta sigo bien; quizá un poco más salvaje cada día, pero desde luego contento de estar por aquí. Por lo único que siento no estar en Bata es porque no puedo hacerte rabiar. Ya me dirás cuántas cosas has roto.
Y ya voy acabando, pues como quiera que en esta no sucede nada de particular, tampoco puedo extenderme en mis noticias a no ser que te cuente que “el capi” se fue al bosque, creo que a medir montes; no sabemos cuándo volverá, así que estamos solos.
Sabes lo mucho que te aprecio.
Carlos Vélez.

P.D. : Te mando “La vida es sueño” para que la leas y medites un rato.

 

 

Feb 212016
 

Ojos de Gato 001

Hoy, 12 — 4 — 1946
Querida Sarita.
Sé que no me vas a creer si te digo he perdido toda la ilusión que con relación al permiso llevaba. Cuanto más me alejo de ti, más te echo en falta y todo me es completamente indiferente. Tanto en Tenerife como en Las Palmas he procurado pasarlo lo mejor posible, mas mi pensamiento volaba hacia ti y pensaba lo muy diferente que juntos, los dos, lo habríamos pasado en este viaje. Por mi parte espero que todo llegue y se arregle a medida de nuestros deseos y que dentro de tres o cuatro meses más podamos reunirnos.
En Cadiz me encontré con el capitán Calonge, al cual lo vi muy contento. Me preguntó por todos vosotros y me dijo que cuándo nos casábamos, recomendándome mucho no te hiciese una mala jugada, de ello bien sabes que no hay cuidado. Dice que ya tiene ganas de volver, pues se encuentra sin cuartos. Desde luego te participo que la vida está muchísimo peor de lo que allí nos imaginamos.
Esta tarde salgo para Bilbao. Nada más. Te escribiré desde allí.
Te quiere mucho,
Ángel

 

Feb 152016
 

     boda tatin uno

           El tiempo pasó y acabaron renunciando a las vacaciones, esta vez porque no podían partir el primer curso de carrera de Tatín. Escribieron a Sara para decirle el motivo, y esta les respondió con un paquete que contenía una sobrasada de la última matanza y unos cuantos renglones algo temblones por la edad en los que decía: “Lo primero es lo primero, y si no me queda otro remedio que vivir un poco más para poder abrazar a mis nietas, pues esperaré”. Así que la vida siguió para ellos en el paraíso, aunque para “Ojos de Gato” esa vida ya no fuera tan perfecta. Sin saber cómo, su Tatín voló del hogar de la mano de un joven teniente tan loco de celos por ella, que una noche con luna saltó a la pista de baile en mitad del bolero Moliendo Café, que el negro Tadeo interpretaba a su manera. La arrancó de los brazos de Tim, un alemán alto y con estilo, que había abandonado la toga en Libreville para pasar unos días en casa de un importante miembro de la comunidad al que le unía una gran amistad, con un “se acabó el baile”, que dejó al abogado sin palabras y a ella alucinada. Manuel Astillero se llamaba el teniente. Un sevillano de mirada profunda y algo engreído que la deslumbró con sus maneras de oficial de academia y sus atenciones. Tan enamorado estaba que no escuchó el razonamiento de “Ojos de Gato”: “Espera a que acabe la carrera. Aún no ha cumplido los diecisiete”. Pero no quiso. En realidad ninguno de los dos quiso, aun así, un día le preguntó a su nena Tatín si realmente quería dejar esa vida felizmente despreocupada y abandonar la silla con palestra a la que tantos esfuerzos le había costado llegar, y de nuevo le dijo que sí. Ni siquiera la vio abandonar el hogar. Salió de casa de los Alonso vestida por Araceli. No la llevó al altar; fue Chito el que recorrió el pasillo de la iglesia para entregársela al hombre por el que había decidido abandonar sus sueños. Se negó a ser el padrino el día de su boda por temor a recorrer el pasillo de La Virgen de Monserrat sin poder controlar las lágrimas que de un tiempo a esa parte, asomaban a sus ojos como gallos de pelea cada vez que la miraba. Era tal la pena que tenía de perder a su Tatín que se quedó junto a San José; entrando a la derecha, con el tomavistas en la mano y la vista perdida en el velo de tul que ocultaba su cara de niña.
De la torre del campanario un grupo de palomas alzaron el vuelo, cinco segundos antes de que las campanas repicaran a boda. Y en la puerta, los sables de los oficiales formaban pasillo al paso de Tatín y su teniente, que tras partir la tarta subieron a un avión rumbo a España…

           Y el tiempo pasó….

Feb 142016
 
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Amigo, perdona mi atrevimiento por llamarte así, pero es lo menos que podemos ser por amar a la misma mujer. Tu la tuviste primero,eso es cierto, pero yo la amé después sin preguntas ni reproches; es lo que tiene el “después”. Tú la amaste, y no sé si aún la amarás. Yo la amé y aún la amo, a pesar de que el “amar” lo conjuga en otros brazos. Tú la perdistes una noche y yo en un amanecer. Los dos somos un recuerdo, si es que recuerda; tal vez. Quizá ahora en otra cama sueñe contigo o conmigo, o la pátina del tiempo, que adormece el corazón y que nubla la razón, haya borrado tu nombre, haya olvidado mi voz.
Te pido que me disculpes por llamarte “amigo mio” y es que yo lo siento así: es lo que tiene  el amor, hacia una misma mujer.
¡Tú la tuviste primero,pero yo la amé después!

 

Feb 132016
 

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Con el recuerdo
y en el recuerdo de aquellas noche de primavera.
Noche de brisa buena.
Un perro ladra a la luna,
luna llena de mis ensueños;
gajo de limón,
que alegras mi corazón.
Un buho y una lechuza,
mariposean entre las ramas del limonar.
Una araña tejedora columpiandose en su tela.
Una oruga despistada,
en la charca de los patos,
sin patos ni lodazal.
Y el gato capon y vago,
ronroneando en la galería sin darse cuenta,
de un ratoncillo llamado “Amor”,
que anda jugando “a que no me pillas”,
por los pasillos largos y frios.
Por las estancias mudas de risas.
Por las alcobas huecas de amor…
Y estoy sentada a la puerta del “ama luna”,
pá que me arrulle con una nana;
la del olvido.
Pá que me cuente una de indios
¡Que tú me quires!
Pá que me seque la última lágrima de desamor.
Pá que me diga “pierdete un rato entre las estrellas”
y meta en la coctelera del “¡pierdete!”,
besos,abrazos;
guerra de almohadas.
Frente a la puerta del “ahi te quedas”…

Un ratoncillo llamado “Amor”,

que anda jugando…

Feb 122016
 

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Apostada bajo la farola que iluminaba el Buda Café, un night club de carretera, la bella rubia desmelenada de lábios rojos siliconados y pechos gordos del mejor plástico, sujetaba entre la comisura de los lábios uno sin filtro y con china dentro, al tiempo que miraba con horror como una de sus largas uñas lacadas en rojo fuego, se había roto justo por encima de la carne. Con un gesto mecánico se chupó el dedo para mitigar el dolor, maldiciendo los treinta ñapos que había soltado en el “centro de belleza y estética” de Aurora, una chica muy apañada que lo mismo te colocaba unas extensiones que te hacía un piling, aunque lo mejor de lo mejor eran los labios siliconados que, por el módico precio de cien euros los dejaba igual que los de una muñeca hinchable de esas que veían la vida pasar, sin pena ni gloria, desde el escaparete del sexshop al otro lado de su calle.
Hacía frio esa noche. Hacía frio sobre todo para ir vestida con un pantaloncillo corto hasta lo imposible y una camiseta asomando ombligo, así que tras mirar la puntera de sus botas de caña alta abrió el bolso de piel de mercadillo y rebuscó hasta encontrar la pequeña petaca que su hombre, un joven chulo con “tabletas de chocolate” ganadas en el gimnasio acosta de su dinero, le regaló el dia en que se conocieron en el jalili de Tanger… Le pegó un trago largo y dejó correr el vodka por la garganta, del mismo modo que el agua de un grifo deslizándose por la cañería del fregadero.     Observó la comarcal silenciosa; vacía de mujeres de todos los colores, y echó de menos  la algarabía que formaban con sus peleas por querer ocupar un sitio determinado para captar a los buscadores de sexo expres. En el cielo una luna medio escondida entre nubes y sin estrellas, parecía decirle “vete a dormir”. Las luces de la ciudad titilaban a lo lejos como una larga procesionaria, moviendose por el tronco de un viejo pino.  Una ráfaga de viento la abrazó sin piedad  haciendo que su cuerpo temblara como una gelatina en el plato de un niño. Pensó en volver al local y camelarse de alguna manera a Servando el matón del antro, para que la dejara descansar en uno de los cuchitriles con camastro, en donde trabajaba por horas y a veces a destajo, pero sabía, que si quería tener contento a su hombre, tenía que hacer algún servicio… Estaba cansada de esa vida de completos, franceses y griegos; amén de los antojos, a menudo aberrantes, de los clientes y a los que se negaba en redondo causándole más de una vez, situaciones muy desagradables por partida doble pues además de los insultos y malos modos, su hombre; ese moro de cuerpo esculpido y mirada indescifrable, hacía tiempo que había dejado de compartir con ella el polvo de ángel bajo la luna llena, la cama y los espaguettis. Ni siquiera un porro de hachís de Chauen… Y todo por culpa de “la nueva”, una lituana a la que ni las pinturas, ni los tacones de aguja podían disfrazar sus adolescentes años. Devolvió la petaca al bolso junto al paquete de toallitas humedas “del Mercadona”, los condones y los chicles de menta dispuesta a que el frio, y la desolación que desde hacía rato se había engullido su teoría de “la botella medio llena”, no ganaran la batalla. Los faros de led de un coche la sobresaltaron:”ya ves que tontería “- pensó riendo para si,al tiempo que el conductor desde la oscuridad de la carretera le hacía un cruces de luces. Por primera vez, desde que se metió a samaritana del amor; como a ella le gustaba llamar a la profesión más vieja del mundo, no sabía que hacer… algo le decía que esa no era su noche, pero volvió a pensar en su hombre y no quería problemas. Un nuevo cruce de luces le bastó para sacar la petaca del bolso y acabar con el vodka. Miró de nuevo a la luna arropada entre las nubes y creyó oir que le decía “vete adormir”, en el preciso momento en que el viento empezó a soplar con fuerza pegandose a su cuerpo aterido de frio…

……………………………………

Al dia siguiente la noticia fue fugaz en los medios de comunicación, porque al fin y al cabo a quien le importaba una prostituta más o menos. Apareció en la cuneta de una carretera cualquiera, de una pequeña ciudad en la que por pasar,solo pasaba el tiempo. Con la falda destrozada,los labios rotos y el cuerpo amoratado,parecía una muñeca de esas hinchables de un sexshop. Junto a ella, una petaca con el grabado de una luna llena asomando entre las nubes y una leyenda: “vete adormir”.

Y una luna arrebujada…
Y el vodka por la garganta.
Hace frío
y el viento sopla con fuerza.
Y un amor en almoneda
y un cuerpo de gelatina.
Del amor “samaritana”.
De la noche meretriz.
Polvo de ángel,
zapatos de tacón fino.
Sin hombre que te quisiera
y quisiera compartir los spaguettis y cama.
Muñeca de carne y hueso,
de lágrimas de cristal
y corazón destrozado.
De besos de cartón piedra.
De sueños de amor sincero.
Solo te quiso la luna…
“Vete a dormir”.
Muñeca de carne y hueso…
De lágimas de cristal…
“Vete a dormir”.

 

Feb 012016
 

     05Ojos de Gato a la derecha de la foto 006

       En el recuerdo…

       …Corría el mes de agosto del treinta y seis y la guerra azotaba con toda su virulencia hasta el último rincón. Día tras día, en moto o en automóvil; bajo los rayos del sol o el claro de la luna; acompañado por el polvo del camino, el dolor y la muerte, cumplía con la misión que le asignaban. Los veía pasar, llegaban a Estella de todos los frentes; eran muchos los heridos y muchos también los muertos para ser enterrados en la tierra que les vio nacer. Pensó en María Teresa, allí en el hospital, entre “sus pobrecitos” (así llamaba a los infelices que llegaban heridos: medio muertos o muertos, le daba igual, para ella todos eran “sus pobrecitos”). Le parecía estar oyéndola con ese tono maternal que le salía de adentro, tan distinto al que empleaba para hablar de los dos… Yo tenía un camarada…entre todos el mejor… interrumpe sus pensamientos porque en esa diáspora que avanza ante sus ojos se escucha la oración de guerra que los hace uno… Siempre juntos caminábamos, siempre juntos avanzábamos, al redoble del tambor. Al redoble del tambor… Entre lamentos y silencios se alzan las voces… Gloria, gloria, gloria, victoria. Con el cuerpo, con el alma, con la novia de la mano, por la patria nuestros cantos que vuelen y el viento los lleve por allí. En España, en España, qué hermoso amanecer… En España, qué hermoso amanecer, amanecer… no se para aunque ha creído reconocer en uno de los camiones a un compañero, y le da más gas a la moto siguiendo su camino sorteando el convoy y los pertrechos de guerra aparcados al lado de la carretera y es entonces cuando une su voz a la del resto… Cerca suena una descarga, va por ti o va por mí, y a mis pies cayó herido, el amigo más querido y en su faz la muerte vi… y en su faz la muerte vi… Él me pedía la mano, mientras yo el fusil cargué, yo le quise dar la mía, mientras tanto él me decía “por España moriré, por España moriré”… Gloria, gloria, gloria victoria, en España, en España, ya vuelve a amanecer. Las voces del convoy han quedado atrás y con ellas la suya. El tañido de campanas y la silueta de Estella que se recorta en el cielo entre luces y sombras lo hacen frenar. Junto al pueblo, su viejo y fiel caballero el río Agra con sus riberas vacías de la gente alegre y despreocupada, que hasta no hacía tanto tiempo paseaba por ellas. Familias, amigos y enamorados, se cobijan en verano bajo sus árboles que ahora, a falta de gente a la que amparar del sol y pájaros a los que albergar, le costaba contemplar sin algo de melancolía. Y allí a horcajadas sobre la moto, rebusca en el bolsillo del pantalón la caja de cerillas y el paquete de tabaco. Enciende un cigarrillo y lo mantiene entre los labios, a la par que extrae de la guerrera un sobre con el membrete del cuartel general de Franco. Sin miramientos, rasga el sobre y lee rápido lo escrito: le habían destinado al frente de Toledo y estaba firmado por el general Franco Salgado. Guardó la carta en un bolsillo de la camisa y apuró el cigarrillo, contemplando el ocaso de un sol rojizo, en el que se dibuja la silueta de una bandada de pájaros que vuela hacía alguna parte sin inmutarse, ante el tronar de los cañones. A él tampoco le afecta después de tres días, con sus noches sin dormir, de un lado a otro cumpliendo órdenes. «Un par de caladas más y en marcha otra vez». Por fin habían dado contestación a su petición. A la primera patada ruge el motor y sigue su camino dando gracias al sol por dejar paso a la noche que llega acompañada de “la buena brisa”…