Jun 052010
 

¿Fue un encuentro casual? Parece ser que no. Alejandro Magno; el joven conquistador que tuvo el mundo a sus pies, y que irónicamente fue vencido por un minúsculo insecto portador de unas fiebres palúdicas – así alguien lo contó, y yo no entro, entre otras cosas porque nada se, de si eso fue cierto o no- , se encontraba en Corinto por rollos de política: había heredado todo lo conquistado por su padre Filipo II – a otr@s en cambio nos dejan el sol, la luna y las estrellas-, y tenia que hacer inventario de todo lo conquistado. El caso es que el gran Alejandro, tenía un ídolo, que de haber existido entonces “el club de fans”, seguro que habría formado uno: “club de fans de Diógenes de Sinope”, porque estaba coladito por todo lo que salia de sus labios: tal vez porque él se movía en un mar de fuerza bruta, y este último en un mar de pensamientos… El joven Alejandro convencido estaba de que El filósofo se acercaría a conocerle “in person”, por la adoración que le habrían causado sus increíbles hazañas, pero se coló, porque no dio señales de vida. Y así como dice el dicho: ya que Mahoma no se acercó a la montaña, pues la montaña fue a Mahoma. Llegó hasta las afueras de la ciudad, buscando el apartamento del señor Diógenes, que no era otra cosa más que un “cómodo” barril, y allí lo encontró al lado de la boca de su barril, tomando el sol de la mañana, no se sabe si porque le gustaba ponerse moreno, o porque como ya era bastante mayor, solo quería calentar sus huesos con los cálidos rayos de ese sol mañanero de invierno: supongo que era invierno, porque si hubiera sido verano lo lógico, al ser tan viejo, era cobijarse en su barril para que un golpe de calor no se lo llevara por delante, aunque como entonces esos miramientos no existían…¡pues vaya usted a saber! el caso es que allí estaba Diogenes con su túnica de arpillera, y apoyado en el barril, su bastón y la talega en donde guardaba todo alimento que la buena gente de la ciudad le daba a pesar de que los tenia amargaditos, porque era tal su comunión con la naturaleza, que a parte de hacer sus necesidades en donde le pillaba, practicaba también, en solitario, los juegos malabares, propios de Afrodita, la diosa del amor. Le daba igual una esquina, que la plaza del mercado, junto a un puesto de frutas, o un puente cruzando el río ¿No hay que ser consecuentes con lo que se predica? pues el lo era al dedillo:renuncia a lo material, y abraza la naturaleza ¡todo lo que es natural no tiene que escandalizar! – por eso le daba igual donde estuviera…cuando las ganas de una u otra índole apremiaban ¡oiga sin problemas! ¡No iban a estar sus pobrecitos vecinos hartitos del pensador! y lo pesadito que se ponía cuando cegaba a todos con su farol buscando a un hombre…¡pero mira a tu alrededor Diógenes! si está llenito el mundo: “busco a un hombre y no lo encuentro”…Eran tan necios que no veían mas allá de sus narices, porque el buscaba al hombre integro, alejado de todas las cadenas terrenales…¡En fin!ª que ya sabéis que me enrollo, así que volvamos al joven Alejandro, que como hombre poderoso que era, creyó que Diógenes caería rendido ante su ofrecimiento:
– Hola ¿que tal? me llamo Alejandro y soy el rey de Macedonia…
– pues…-le dice guiñando un ojo y muy fastidiado porque el sol “le ha metido un rayo en el ojo”, yo soy Diógenes “el cínico”
Y como vió que aquí se había acabado la conversación, Alejandro, queriendo impresionarle le dijo…
– Dime lo que quieres y te lo conseguiré…
– Pues….¡aparta un poco que me tapas el sol!
Alejandro ante la petición del pensador, se apartó obediente, y viendo las pocas ganas de hablar que tenia el hombre se marchó,y cuentan que dijo :
– Si no fuera Alejandro, me habría gustado ser Diógenes.
estas y otras muchas anécdotas han pasado a la historia sobre el hombre del barril, y del farol, pero lo cierto es que fue un hombre sabio, que aprendió de Antístenes, antiguo alumno de Aristóteles, y fundador de la escuela cínica que no era otra cosa que ir en contra de todo lo establecido socialmente: política, decoro, artes , religión, costumbres ¡vamos! que todito, todo menos lo que tenía que ver con su persona y la madre naturaleza. Tanto es así que una vez vió a un niño beber agua con las manos y se desprendió de su cuenco.pero claro yo tengo mis dudas de que eso fuera por llegar al sumun de todo ese come cocos de la escuela “cínica”. Tal vez era que estaba traumatizado por las vivencias de su infancia, y es que al pobre le tocó en gracia un padre “”empleado de hacienda””, que le dió por acuñar ¡ monedas falsas! , y por eso, ese tremendo afán por desprenderse de todo…
¡Ay ! hacienda, hacienda, la tabarra que dabas ya en esos tiempos ¿quien sabe si hacienda no fue la culpable de las rerezas del bueno de Diógenes? ¡ah!

  2 Responses to “Aparta un poco que me tapas el sol…”

  1. Je,Je,Je… Este diógenes siempre fué un provocador.

  2. Es que nacer en "el seno de Hacienda" es lo que tiene¡a más de un@ se le va la chola! ¡ja, ja, ja!

    ¡muak!

    Gudeita.

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