May 022017
 

Un libro de relatos, en el que puedes encontrar historias de café y diván, de intriga. Historias desgarradoras y reales como la vida misma. De sentimientos a flor de piel. Sonrisas y emociones desgranadas a golpe de pluma en las madrugadas de insomnio y ocurrencias de mi neurona.

Lo puedes encontrar si te apetece sumergirte en él, en Amazon, FNAC, Casa del Libro. El Corte Inglés (Murcia), UNO Editorial, y en las mejores librerías de la Comunidad Murciana,

Sep 182016
 

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Y tras el veranito de playa,cervecita y quilitos de más,comienza una nueva singladura para una servidora y su sillón de los relatos, en ese Dinosaurio de mi corazón, y con  esos amig@s que saben de radio, como son Nuria, Charo, Emilio Paco y Maki. Con ellos llegamos hasta vosotr@s, gente guapa que escuchais el programa y las ocurrencias de mi neurona, de la que no soy dueña cuando ocupo ese silló así que, apelándo a vuestra benevoléncia, os pido paciencia para sus más que imprevisibles salidas y maquinaciones.
¡La que avisa no es tridora ¡Ja,ja,ja!
Y ahora hablemos de “La Escribidora ( Los relatos dormidos), el libro que anda horneandose en UNO Editorial, son 46 relatos con 46 ilustraciones en blanco y negro (en libro de papel,en el electrónico saldrá en color), y un comic de ocho páginas sobre un cuento africano de mi niñez “La piel del cocodrilo”.
A ver…que más contaros ¡Ah si! que es un libró cómodo de leer porque ya sabeis,que si un relato no os gusta, pues pasais a otro y ya está, claro que me apostaría mi colección de cromos de cuando era una enana, allá cuando la guerra con lanza, a que al final os los habreís leidos toditos, porque en ellos encontrareis sonrisas, ternura, paranoias varias de mi neuróna, y relatos crudos y reales como la vida misma… ¡En fin! que podeís ir picoteándolos como si fuera una caja de bombones y no un plato de brócolis ¡ja,ja,ja! esto va por una amiga que al llamarla hace un par de horas,le pregunté que qué hacía y me contestó que cenando “brócolis” ¡ Jo Nuria! ahora entiendo porqué tu consorte está hecho un chico de pasarela ¡con una servidora no cuentes! ¡Ja,ja,ja!.
¡Madre del Amor Hermoso! que al final esta neuróna mia me ha llevado por los cerros de Úbeda…
Pues eso,total para decir que en nadita, nadita, para la segunda quincena de octubre, espero, La Escribidora( Los Relatos Dormidos), comenzará a rular por estas nuestras redes sociales y eventos varios, con el fin de que llegue a vuestras manos y os deje tanta huella como os ha dejado la sombra del Egombe Egombe, los que lo habeis leido, los demás ¡Ya estais tardando!
Abrazos todos los del mundo y besos a granel, para tod@s vosotr@s, gente guapa de mi vida.

¡MUAKS repartidos!

Gudea de Lagash

P.D. Para los que zascandileais por esta tierra bella de Murcia, deciros que el 27 de este mes de octubre sobre las 19 horas, os espero en el Corte Ingés de la capital murciana, y el a finales de noviembre,no recuerdo ahora el dia, que cosas me pasan, nos encontraremos en ese Triskel de mis entretelas, situado en Lo Pagan San Pedro del Pinatar.
Y para los chicos y chicas que no vivis por esta comunidad, ya sabeis ¡AMAZON! o si lo quereis com mi firmilla pues no dejeis de pedirmelo:

yebellmussa@hotmail.com

Jul 042016
 

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          Fueron unas horas de pura magia,de esas que guardaré en la trastienda de mi neuróna,y en un pliegue del corazón para toda la vida. Estoy hablando, much@s ya lo sabeis, de la llamada de “los elefantes blancos”, a tod@s l@s afectad@s por el “sindrome del mal de pluma”… Y tod@s l@s que pudimos,otros seguro que estuvieron con el pensamiento, acudimos en masa, llevando como carta de presentación,a nuestros retoños más preciados ¡nuestros libros! El punto de reunión ese Balneario de la Encarnación,donde al parecer los hados y los duendes del saber y el aprender,se sienten como peces en el agua en el mar de las letras. Todo salió perfecto;nos supo a poco… los besos,abrazos,apretones de manos… Sonrisas a flor de piel y la ilusión en el brillo de los ojos. El patio interior de La Encarnación tenía un no sé qué especial. Las voces de los lectores amigos y  las nuestras, se fundian en el aire como palomas al vuelo. Los poemarios desgranandose, la guitarra acompañando… las letras bellas de los cantautores, gateando entre el verdor de las enredaderas que adornan el patio. Luego la comida “de hermandá” entre escritores y amigos enamorados de nuestras locuras. Y no fue fácil, aunque lo pareciera, porque para que quedara todo tan perfectamente ensamblado tuvieron que currar lo suyo esos “elefantes blancos”, que llevan por nombre: Pilar,Emilio y José Antonio ¡Mi agradecimiento más sincero por ese dia tan bello que nos regalasteis!, pero no sería justa si no dejara aquí mis GRACIAS, de todo corazón,para tí Nuria, por esa sonrisa, esas miradas y esos momentos que con tanto acierto supiste captar con tu cámara, testigo mudo de tus pensamientos en cada ocasión. Ayer disfrutamos como los enanos de Blancanieves, con esas fotos del evento. Nos reimos, asombramos y hasta sentimos una punzada de vanidad al leer los comentarios, que la gente guapa dejaba en nuestros muros, sin pararnos a pensar, que toda esa borrachera de alegria y amistad, se la debíamos a la persona que captó “nuestros momentos de gloria”, y esa persona eres tú, querida Nuria. Así que dejame decirte, que cuando miro alguna foto de los muchos eventos del que ese todoterreno de Emilio, nos prepara con tanto acierto, siempre te veo a ti; a tu trabajo y la culpa la tienen tus fotos tan llenas de vida,tu musica tan “dando en el clavo; tu paciencia…

        Solo me queda decirte que es para mi una suerte tenerte entre mis amig@s; que la vida te haya cruzado en mi camino.

Solo me queda de cirte que tanto Emilio como tú formais parte de “mi gente guapa”.

Un beso.

Gudea de lagash

Feb 142016
 
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Amigo, perdona mi atrevimiento por llamarte así, pero es lo menos que podemos ser por amar a la misma mujer. Tu la tuviste primero,eso es cierto, pero yo la amé después sin preguntas ni reproches; es lo que tiene el “después”. Tú la amaste, y no sé si aún la amarás. Yo la amé y aún la amo, a pesar de que el “amar” lo conjuga en otros brazos. Tú la perdistes una noche y yo en un amanecer. Los dos somos un recuerdo, si es que recuerda; tal vez. Quizá ahora en otra cama sueñe contigo o conmigo, o la pátina del tiempo, que adormece el corazón y que nubla la razón, haya borrado tu nombre, haya olvidado mi voz.
Te pido que me disculpes por llamarte “amigo mio” y es que yo lo siento así: es lo que tiene  el amor, hacia una misma mujer.
¡Tú la tuviste primero,pero yo la amé después!

 

Feb 122016
 

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Apostada bajo la farola que iluminaba el Buda Café, un night club de carretera, la bella rubia desmelenada de lábios rojos siliconados y pechos gordos del mejor plástico, sujetaba entre la comisura de los lábios uno sin filtro y con china dentro, al tiempo que miraba con horror como una de sus largas uñas lacadas en rojo fuego, se había roto justo por encima de la carne. Con un gesto mecánico se chupó el dedo para mitigar el dolor, maldiciendo los treinta ñapos que había soltado en el “centro de belleza y estética” de Aurora, una chica muy apañada que lo mismo te colocaba unas extensiones que te hacía un piling, aunque lo mejor de lo mejor eran los labios siliconados que, por el módico precio de cien euros los dejaba igual que los de una muñeca hinchable de esas que veían la vida pasar, sin pena ni gloria, desde el escaparete del sexshop al otro lado de su calle.
Hacía frio esa noche. Hacía frio sobre todo para ir vestida con un pantaloncillo corto hasta lo imposible y una camiseta asomando ombligo, así que tras mirar la puntera de sus botas de caña alta abrió el bolso de piel de mercadillo y rebuscó hasta encontrar la pequeña petaca que su hombre, un joven chulo con “tabletas de chocolate” ganadas en el gimnasio acosta de su dinero, le regaló el dia en que se conocieron en el jalili de Tanger… Le pegó un trago largo y dejó correr el vodka por la garganta, del mismo modo que el agua de un grifo deslizándose por la cañería del fregadero.     Observó la comarcal silenciosa; vacía de mujeres de todos los colores, y echó de menos  la algarabía que formaban con sus peleas por querer ocupar un sitio determinado para captar a los buscadores de sexo expres. En el cielo una luna medio escondida entre nubes y sin estrellas, parecía decirle “vete a dormir”. Las luces de la ciudad titilaban a lo lejos como una larga procesionaria, moviendose por el tronco de un viejo pino.  Una ráfaga de viento la abrazó sin piedad  haciendo que su cuerpo temblara como una gelatina en el plato de un niño. Pensó en volver al local y camelarse de alguna manera a Servando el matón del antro, para que la dejara descansar en uno de los cuchitriles con camastro, en donde trabajaba por horas y a veces a destajo, pero sabía, que si quería tener contento a su hombre, tenía que hacer algún servicio… Estaba cansada de esa vida de completos, franceses y griegos; amén de los antojos, a menudo aberrantes, de los clientes y a los que se negaba en redondo causándole más de una vez, situaciones muy desagradables por partida doble pues además de los insultos y malos modos, su hombre; ese moro de cuerpo esculpido y mirada indescifrable, hacía tiempo que había dejado de compartir con ella el polvo de ángel bajo la luna llena, la cama y los espaguettis. Ni siquiera un porro de hachís de Chauen… Y todo por culpa de “la nueva”, una lituana a la que ni las pinturas, ni los tacones de aguja podían disfrazar sus adolescentes años. Devolvió la petaca al bolso junto al paquete de toallitas humedas “del Mercadona”, los condones y los chicles de menta dispuesta a que el frio, y la desolación que desde hacía rato se había engullido su teoría de “la botella medio llena”, no ganaran la batalla. Los faros de led de un coche la sobresaltaron:”ya ves que tontería “- pensó riendo para si,al tiempo que el conductor desde la oscuridad de la carretera le hacía un cruces de luces. Por primera vez, desde que se metió a samaritana del amor; como a ella le gustaba llamar a la profesión más vieja del mundo, no sabía que hacer… algo le decía que esa no era su noche, pero volvió a pensar en su hombre y no quería problemas. Un nuevo cruce de luces le bastó para sacar la petaca del bolso y acabar con el vodka. Miró de nuevo a la luna arropada entre las nubes y creyó oir que le decía “vete adormir”, en el preciso momento en que el viento empezó a soplar con fuerza pegandose a su cuerpo aterido de frio…

……………………………………

Al dia siguiente la noticia fue fugaz en los medios de comunicación, porque al fin y al cabo a quien le importaba una prostituta más o menos. Apareció en la cuneta de una carretera cualquiera, de una pequeña ciudad en la que por pasar,solo pasaba el tiempo. Con la falda destrozada,los labios rotos y el cuerpo amoratado,parecía una muñeca de esas hinchables de un sexshop. Junto a ella, una petaca con el grabado de una luna llena asomando entre las nubes y una leyenda: “vete adormir”.

Y una luna arrebujada…
Y el vodka por la garganta.
Hace frío
y el viento sopla con fuerza.
Y un amor en almoneda
y un cuerpo de gelatina.
Del amor “samaritana”.
De la noche meretriz.
Polvo de ángel,
zapatos de tacón fino.
Sin hombre que te quisiera
y quisiera compartir los spaguettis y cama.
Muñeca de carne y hueso,
de lágrimas de cristal
y corazón destrozado.
De besos de cartón piedra.
De sueños de amor sincero.
Solo te quiso la luna…
“Vete a dormir”.
Muñeca de carne y hueso…
De lágimas de cristal…
“Vete a dormir”.

 

Ene 042016
 

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En la Glorieta de la Golondrina zul, los adolescentes con granos y las feromonas a ritmo de reguetón, se fumaban un pitillo entre mordisco de bocata y trago de “Coca light”. El otoño acababa de llegar sin prisas por desnudar a los árboles de sus hojas porque el calor del verano no estaba por la labor de marcharse… Entre esa marea de adolescentes, el somberito de paja de Doña Hermelinda se habría paso como un Moises caminando entre dos aguas. Era pequeña y regordeta como una ciruela pruna de clase extra. De cara redonda, nariz chiquita y labios acostumbrados al movimiento inquieto de su dueña, que pasaban el tiempo saboreando pudin de aire, o sopa de viento.
Doña Hermelinda no se encontraba bien. No erea un secreto que se le iban borrando las ideas y despertando las pájaras, que desde hacía algún tiempo anidarón al calor de las neuronas dormidas. Por eso desayunaba dos veces y la tercera se quedaba en puertas porque Arnoldo, el colombiano que hacía el café como nadie en El Grano de Café, la disuadia con la práctica que da el tener que lidiar a diario, con el borracho de turno:
– No. Más no. No hay más desayunos Doña Hermelinda ¡No ve usted que ya ha desayunado dos veses! ¡Ay mi madre! Ese asucar lo debe tener a puntito de explotar. Ande vayase pá su casa ¡Vamos,vamos!, marchese ya mujer que aún tiene que haser el arrós con conejo pá su marido…
Y Doña Hermelinda se le queda mirando con esos ojitos chicos y redondos, que el buen Dios le dió hacía ya la friolera de ochenta primaveras.
– Pues ahora que lo dices, aún tengo que ir a la canicería de Perico a por el conejo…
Y Doña Hermelinda se pierde en divagaciones mientras Arnoldo, se mueve a ritmo de cafetera y a golpe de carajillos.
Y Doña Hermelinda echa un vistazo al reloj parado en las diez y media desde el tiempo del olvido…
Y Doña Hermelinda sale de El Grano de Café al toque de las cuatro, en el reloj de la iglesia de la glorieta de La Golondrina Azul.
Y en la glorieta de la Golondrina Azul no quedan adolescentes, ni granos, ni feromonas. Tan solo Doña Hermelinda con su sombrero.
!Mañana será otro dia!

 

Oct 292015
 

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Por el tiempo que me queda por vivir.

Por el que he vivido y vivo.

Por el tiempo que me queda por soñar.

Por los sueños del ayer y los de hoy

Por el aire que respiro.

Por el sol de la mañana.

Por esa luna bella de primavera,

que juega al corro de las patatas con las estrellas

y le hace un guiño al alba de ese lucero;

a ese lucero del alba.

Por esos amaneceres acurrucada en tu pecho.

Por esos ojos enamorados

Por esa niña que fui.

Por esa mujer que soy con mis triunfos y fracasos,

guardados en el trastero del corazón.

Por ti que me estás leyendo.

Por tus sueños, por tus penas y alegrías.

Porque te vaya bonito en tu camino de espinas,

en tu camino de rosas.

Porque ames mucho

y porque te amen.

Por tu sonrisa y por mi alegría.

Por tu amistad

¡Por estar ahi!

Y juega al corro de las patatas esa luna bella.

Y coquetea con el lucero de la mañana.

Y toma el té con La Cruz del Sur,

todos los martes de cinco a seis.

Luna coqueta,

luna enamorada…

Y por el tiempo…

 

 

 

 

 

 

 

Ago 182015
 

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Y hacía calor. Ni un alma en la plaza de la Golondrina Azul. Ni un alma a excepción de Lola, una mujer que rezumaba el deseo por todos los poros de su piel. Mujer de uno, madre de otro@s y abuela de sus niet@s, parecía mirar al mundo por encima del hombro aunque ese mundo a veces no estuviera a su alcance. A Lola le gustaba El Grano de Café. Le gustaba el café que Arnoldo le servía y  sus ojos de gacela en celo, aunque sabía muy bien que ese celo no era por ella… Con la falda corta y el tacón alto, pisaba fuerte Lola por las calles de su barrio. Le gustaba jugar al juego del tonteo sabiendo que, no debia pasar de un par de achuchones y algún magreo que otro. Un marido ocupado en su trabajo y una apariencia de familia feliz, tal vez le bastaran  para acallar los parloteos de las marujas del pueblo,  pero no para apagar esas ansias de hembra madura e insatisfecha llamada Lola.
Llegó sudando a El Grano de Café, endonde cuatro parroquianos con demasiada querencia a la barra la miraron como si no hubiran visto nunca una mujer. Subiéndose la falda de manera estudiada y en su punto justo, se encaramó al taburete y tras cruzar las piernas le pidió a Arnoldo un cortado, que al verla le dedicó una sonrisa ovejuna y una caida de pestañas, aunque sabían los dos que no era por ella…
Y así ES Lola.
Esposa,
madre,
abuela.
Mirada altiva
y el deseo a flor de piel…
De tacón de aguja
y la falda corta.
Y el deseo a flor de piel…
Ay Lola, Lola…
Lola Lola…

Jul 282015
 

……… Segundo día de navegación y estaba viendo que esa noche tampoco podría dormir, porque en aquel espacio tan reducido del camarote, con aquel olor a pintura, se le hacía muy cuesta arriba quedarse en él. Pero más difícil todavía era convivir con el compañero que le había tocado en suerte. Se llamaba Eusebio García y le había contratado como capataz una de las explotaciones madereras que operaban a lo largo del río Benito. El buen hombre era un tormento cuando se quedaba frito, pues o bien roncaba o salían de sus labios un chorro de palabras ininteligibles que hacía imposible conciliar el sueño. Hasta sus oídos llegó el son del batintín, que llamaba a la cena, propagándose por toda la cubierta. Con tiempo bueno y mar en calma, el pasaje tendía a reunirse en los lugares comunes, y uno de ellos era el comedor. Se dio cuenta de que tenía hambre, así que se añadió a la cruzada por el condumio. Atravesó el local hasta llegar a la mesa que compartía con Eusebio, el maderero, el cual charlaba animadamente con dos hombres: uno, un funcionario de correos cuyo destino era Santa Isabel y otro de sanidad, que regresaba a la isla tras disfrutar sus vacaciones en la Península. Acomodándose en la silla dio las buenas noches a la vez que abría la servilleta. Hablaban de la II Guerra Mundial. El de sanidad relataba a los dos novatos el accidente del hidroavión Sunderland Británico, que se estrelló en la Isla a causa de un tornado, en junio del cuarenta y cuatro y en el que murieron los diez tripulantes que en el iban…:
– El avión sobrevolaba el aeródromo de Santa María en unas condiciones muy difíciles. … –comentaba consciente del interés que había despertado en los dos hombres. Un camarero se acercó a la mesa y sirvió una humeante sopa Juliana a la que el funcionario de correos, tras sujetarse la servilleta al cuello de la camisa y sin dejar de mirar al narrador, hundió la cuchara en su plato mareando el caldo-… Sobre un cielo cubierto de nubes bajas, viento racheado acompañado de fuertes lluvias y sin apenas visibilidad, el Sunderland se dirigía al encuentro de un terrible tornado… Llegó un momento en el que la visibilidad fue nula y la altura del avión no sobrepasaba los doscientos metros sobre la ciudad de Santa Isabel; fue entonces cuando la artillería antiaérea, desde el cañonero Canalejas y las ametralladoras de la Guardia Colonial situadas en Punta Fernanda, lanzaron unas ráfagas de aviso con el fin de que desviara su trayectoria. Y así lo hizo, desapareciendo por el este de Punta Fernanda para hundirse en el tornado… –hizo una pausa y encendió un cigarrillo, que tras darle un par de caladas lo dejó en el cenicero para luego sorber dos cucharadas de la hirviente sopa, que le hizo proferir un quejido-. ¡Hay que joderse cómo quema esto! Bueno, donde estábamos… -dijo chasqueando la achicharrada lengua.
– El Sunderland acaba de escoñarse por culpa del tornado… -comentó “Ojos de Gato” a sabiendas de que le había jorobado su narración porque, aunque era un pasaje de la historia reciente de la Guinea conocida por los que llevaban unos cuantos años en esa tierra, a los antiguos les gustaba sorprender a los recién llegados con este tipo de relatos.
Le miró como diciendo…: cállate y no seas metemuertos…
– Efectivamente, se estrellaron en mitad del bosque, cerca de la finca alemana Moritz a donde la fuerza del tornado lo lanzó contra una gigantesca ceiba. Entre los restos del aparato, nueve tripulantes carbonizados y el décimo, que aún seguía con vida a pesar del gravísimo estado en el que se encontraba, fue trasladado al hospital de la capital en donde murió de madrugada tras declarar que el hidroavión había salido de Lagos (Nigeria), con diez tripulantes entre los que se encontraba él, hacia un destino y con una misión que no podía desvelar… El hombre dijo que no hubo ningún problema hasta que tropezaron con el tornado… Que no se separaron de su ruta por voluntad propia, y que siempre creyeron que seguían sobrevolando el mar … -el camarero retiró los platos vacíos, todos, menos el del contador que se lo llevó sin apenas probarlo. Ahora había montado su escenario particular con el salero por ceiba y el pimentero por avión; una caja de cerillas y el paquete de tabaco hacían las veces de ambulancia y hospital-… El pobre muchacho declaró que era la primera vez que volaba esa ruta, pues sus misiones las había realizado siempre por Europa.
– ¿Los repatriaron o los enterraron en Santa Isabel? -preguntó el maderero contemplando la ración de pollo al horno que le habían servido–. Espere… ¿me puede poner un par de patatitas más?… –le dice al camarero.
– Cómo no, señor. ¿Así está bien? –y le dedica una estudiada sonrisa buscando su aprobación.
– Así está bien, gracias…
El hilo de la historia se había quedado atado a las neuronas que impulsan la imaginación, para dejar paso a algo más trivial como era la contemplación de los platos que el camarero iba “decorando”: que si un trozo de pollo aquí; que si unas patatas al lado; que ahora te coloco algo de panaché de verduras en este otro hueco y ahora te lo riego todo con la salsita que baña la bandeja… El camarero se vuelve a la mesa de al lado y empieza el mismo protocolo, mientras ellos contemplan el contenido de sus platos, pensando unos, que les podía haber puesto algo que no fuera el espinazo y otros, encantados con los muslos y pechugas que les había tocado en suerte. El narrador hinca el tenedor en el contra muslo y con el pesado cuchillo de alpaca comienza a despellejar el pollo. “Ojos de Gato”, dando un rápido repaso a los platos de sus compañeros de mesa, piensa en la injusta decisión de los hados del Olimpo que guiaron la mano del camarero hasta el huesudo espinazo, cuando le llegó su turno. Tras la catilinaria mental contra los dioses olímpicos y sus estratagemas, opta por pinchar una patata y un par de judías del panaché.
– Acabe la historia… -dice el funcionario de correos frotando el tenedor con la servilleta que llevaba al cuello.
– No hay mucho más que contar; fueron enterrados en el cementerio de la ciudad en “olor de multitudes”.
– ¿Se pudo recuperar algo del avión?
– Sí. Cartillas militares de identidad, diarios de navegación, tablas de situaciones geográficas de diferentes puntos del litoral… armamento, efectos personales… y un sinfín de cosas más, como comprenderán algunas en mejor estado que otras.
– Si no recuerdo mal, creo que el Sunderland es un antisubmarino especialmente dedicado a misiones de exploración y vigilancia… –dice “Ojos de Gato”, dándole un sorbo al vaso de vino–. Y ya sabes lo que se rumoreaba sobre lo sucedido…: que cuando ocurrió el desastre iba tras un submarino alemán localizado en algún punto de la costa de la isla…
– De acuerdo, pero eso es algo que de momento no sabemos con certeza, al menos los españolitos de a pie… -comenta riendo. Habían llegado a los postres y el camarero servía en platillos: hojaldres rellenos de crema, cubiertos de finas láminas de almendra que hacían la boca agua al más desganado de los desganados.
– ¿Qué tal un coñac y una partida de dominó? –propone Eusebio el maderero, jugueteando con el pastelillo.
Salieron del comedor casi los últimos. En el bar, las mesas estaban ocupadas y el par de cajas de dominó que guardaba el barman también, así que se sentaron a un extremo de la barra.

Jul 212015
 

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A primera hora de la mañana,en la glorieta de La Golondrina Azul, era difícil aspirar el perfume de los arcos de jazmineros, ni la fragancia de las rosas de primavera porque de “El Grano de Café”, se escapaba un penetrante aroma a café !El mejor el de Colombia! como decía Arnoldo haciendo patria, fuera de la patria que lo vió nacer. Y es que tuvo que abandonar la playa caribeña de Santa Marta, por un jaleo de pantalones que casi le cuesta la misma vida. Porque Arnoldo era único para enamorarse de quien no debía ,y así vivía en un perpetuo mal de amores, como el que estaba sufriendo desde hacía un tiempo a causa de un muchacho joven al que doblaba la edad. De natural verborrea,tenía una pasmosa facilidad para encandilar a la sección femenina del pleistoceno, que se hubiesen dejado cortar la cabeza, si él lo hubiera pedido. Por el contrario, tenía una cierta animadversión al sector más joven de las feminas, a las que ,tras soltarle cualquier frase desacertada, las miraba como si les perdonara la vida, pero ellas se lo pasaban todo porque su sonrisa era de las que quitaban el sentido. Le gustaba sentarse al hombre, con ojos de gacela o demonio de Tasmania según pintara, en un rincón de la terraza a desayunar mientras ojeaba el periódico. Hombre de buen comer, aficionado al vil metal, y con la mala costumbre de amar los libros, de la misma manera que había amado y amaba ,a quien se dejaba querer…
Y Arnoldo soñaba con su Colombia natal;
esa de la que salió sin ganas y con urgencia.
y Arnoldo soñaba con los atardeceres en la playa de Santa Marta.
Con sus noches estrelladas, y las mañanas pintadas de azul.
Y el arrullo de las olas al morir en esa arena de esa playa,
que sabía de sus noches de pasión con aquel mulato joven,
que conoció en un bareto junto a la plaza Mayor.
Y Arnoldo soñaba que soñaba…
¿Con qué sueñas Arnoldo?
¡Dimelo tú!

 

Jul 132015
 

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La noche del sabado pasado fue un sábado para recordar toda una vida y más allá de las estrellas. Fue un sábado de esos que hay que guardar en la talega de los recuerdos bellos, entrando tras la segunda neurona a la derecha, donde guardo lo que no quiero olvidar. Y es que fue un sábado mágico, de ensueño, divertido, lleno de ilusión y cargado de sonrisas a gogó. Lo sabeis hasta la saciedad porque los culpables de esa noche de la revolución de la cultura, lo hemos dicho hasta desgañitarnos por todo el facebbook. Y que quereis que os diga… pues que estoy orgullosa de toda esa gente inmersa en ese deporte de ejercitar las neurnas, en mi caso LA NEURONA, que lucha dia a dia porque el amor por la palabra y las letras no caigan en el mar de la tristeza, o en el pantano del olvido.
Bajo la imaginaria jaima de la teteria TRISKEL, con su encantadora plantilla de chicos y chicas guapos, nos reunimos un montón de gente para pasar un ratito bueno, olvidando por unas horas todas las sinrazones, desatinos y desvaríos, de este mundo nuestro que no sabe a donde va, como dice la canción. Lo bueno de todo esto es que me permite conocer a más gente” wapa” de la que aprendo algo nuevo, como me pasó con mi nuevo amigo Diego Rosique, el gurú de la fotografía, que por cierto tras aclararme que Basilisa no es un nombre de mujer sino que es la mujer del basilisco ¡toma ya! pues me preguntó si “La Escopetilla” estaría dispuesta a posar para él .¡Como un pavo real! se puso la señora Escopetilla ¡Como un pavo real! se infló la leyenda viva de La Sombra del Egombe Egombe…Me encantó abrazar a Cayetana Martinez Moya, o saludar a Francisco Ferrer Carbonell, o a mi nuevo compañero de pluma santiago Ricardo Hernandez Saez ¡Uuuufff! chiquillo que cosa más larga de nombre, solo me faltaba que me dijeras que te habías dejado en casa el “Froilán de todos los arcángeles” ¡ja,ja,ja!. Allí estaba para dar calor pedro Molina Moreno,y mi amiga Basi junto a su chico mi compañero de pluma Jose Antonio Flores Yepe, que además toca la guitarra que quita el sentío. Juan Pedro Barquero con su peculiar crítica,sobre el libro de una serviora y de su compi Victor Mirete Ramallo. Paco Galera y con su guapa chica y su nena bella, pero sobre todo su voz…esa voz que consigue que una se crea, que es prima hermana de Isabel Allende .¡Ay esa voz! como la de Charo Garcia Baños a la que no pude abrazar por no poder acudir a la cita, pero no por eso nos dejó en la estacada porque su voz en off BORDÓ los versos libres, de esta que os escribe, como nadie.
Y que os voy a decir de mi equipo “solo queremos que nos leais”, capitaneado por Emilio Tomás Garcia,  pues que estoy muy pero que muy orgullosa y encantada de formar parte de él: Emilio, Nuria,Victor, Charo, Paco,Elena, Maquí, no me olvido de ti, y esas tres jovenes promesas de MEDIAMUR como son nuestros jovenes actores Alba carillo Contreras, Pedro J. Ruiz y Diego Rosique. y…HELENITA nuestra mascotilla!!!
Lo dicho. La otra noce en la teteria TRIYSKEL de Lopagán una hizo palmas con las orejas y toco de nuevo un cuerno de la luna.
GRACIAS POR VUESTRO CARIÑO amigos que seguís a las 47 plumas nuevas, no se si ahora somos ya 48, agradecida por vuestro buen rollito.¡solo queremos que nos leais!
Y nada de esto sería posible sin el buen hacer de TALLER DE PRENSA Y COMUNICACIÓN ¡Que se sepa!
………………………………………………….

Y la noche del sábado fue para recordas toda una vida.
Y el local, y el ambiente,
y su gente,
y la luz y el calor…
Y las ganas de hacer…
Ylos sueños que vuelan,
la sonrisa en los labios,
y el brillo en la mirada por ese cuento de hadas.
y el sudor en la piel.
Cuatro recomendaciones de última hora en el callejón de atrás.
Los nervios a flor de piel.
Los aplausos,
las risas,
el micrófono que no para
¿O son mis manos que no acaban de volar?
Mi amigo Emilo…
Mi amigo Victor…
Tres taburetes de barra, y una que no acaba de sentarse con soltura.
Mi gente que no podía faltar.
Gracias amor por estar ahí.
Y una noche con su magia,
y unas horas con su ensueño,
y un tiempo para recordar!!!

 

Jul 012015
 

 

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Y ayer fue una tarde de radio, de esas en la que una se sintió tan agusto, que ni se dió cuenta de que estaba hablando de micro para afuera y no en petít comité. El cuarto era pequeño y hacía un calor insoportable, pero a una le pareció de lo más soportable por sufrirlo con un par de buenos amigos; los otros estaban fuera compartiendo fresquito con Maqui y su mesa  de mezclas.
Fue una tarde mágica, lo he dicho hasta la saciedad zascandileando por todo el Facebook, a una le encanta zascandilear de Jaima en Jaima, de tenderete en tenderete y de redil en redil. Es lo que pasa cuando lo que te gusta es la gente de todos los colores, con su forma variopinta de ver la vida. Esa vida preciosa y mavillosa a la que solo se accede una vez, y a la que hay que sorber sin prisa pero sin pausa, como el que toma un sorbete de limón o un café aderezado con “brillo en la mirada” y “amplias sonrisas”. Y brillo en la mirada y sonrisa amplia, fue lo que ayer pude disfrutar en ese programa de radio como es El Dinosaurio que lleva Emilio Tomás y su equipo, desde ese Taller de Prensa Comunicación. ¡Que cosas tiene la vida! Una pensando durante cinco años de su idem en que, La Sombra del Egombe Egombe fuera un best seller del mundo mundial y ahora resulta que, aunque me encanta el dulce, lo mejor que hoy por hoy me a traido ese libro de mis entretelas es la suerte de conocer a tanta y tanta y tantisima gente guapa, como de un tiempo a esta parte estoy conociendo. Y hablando de conocer, ha sido para mi un vedadero placer que esa Sombra del Egombe Egombe nos haya cruzado en el camino. “El árbol que da sombra”, que es lo que significa Egombe Egombe, una vez más ha sido capaz de cobijar entre sus ramas a personas que llevan por bandera el AMOR por la literatura.
Gracias Emilio Tomás, Nuria, Maquí, Charo, Paco y como no, mi cariño a esos pedazos de actores, jovenes y prometedores,como son Pedro J. y Alba. Sois gente por lo que merece la pena gritar al mundo que a pesar de los pesares…!LA VIDA ES BELLA!

 

Jun 092015
 

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A ciencia cierta no se sabía cuando levantarón aquellas paredes de piedra, de la mejor cantera del lugar, de ventanas pesadas  y geranios en flor al paso de la primavera. “El Grano de Café” formaba parte de la glorieta de La Golondrina Azul al menos desde que Doña Carlota tenía uso de razón y de eso ya hacía  ochenta y tantos años largos. Toda una vida vivida a ritmo de samba y llorada cuando tocaba, al son de tequila y ron. Pasarón los hombres por sus dias  dejando huella unos, y otros no. Pero el que le marcó, no precisamente por amor, fue el padre de sus hijos, un toro de miura teniendo lo que hay que tener para complicarle la vida y faltandole luego para sacar a la prole adelante.
Recordaba su sonrisa seductora y esa manera de decirle al oido que la quería. Y luego estaban  esas manos que, en los ratos de amor, tensaba su cuerpo como las cuerdas de una guitarra. Todo esto lo pensaba con la vista fija en la pequeña terraza de El Grano de Café que a esa hora de la mañana, de un dia desapacible del mes de octubre, no tenía a nadie en la pequeña terraza a la que acudían los incondicionales del local. Tan solo las hojas de un periódico revoloteando a capricho del viento, y un gato flaco y despeluchado de tanto batallar, por el amor de cualquier gata en celo que se encontrara por el camino. Se apartó de la ventana y colocandose la bufanda y el abrigo, salió al aire frío del otoño acompañada de un bastón al que aún no había enseñado a caminar, porque nunca se apoyó en él para dar un solo paso, o al menos eso decía la gente del lugar. Cruzó la glorieta seguida de su bastón y sin importarle un comino que al conductor del furgón, que tuvo que frenar en seco para no acabar con sus dias, casi le diera un infarto, al pobre hombre le salvó el sintrom que tomaba desde que le dió aquel achuchón que casi se lo lleva al otro barrio, pero claro eso Doña Carlota no lo sabía. Ni siquiera se enteró del frenazo , porque los sonotones que llevaba andaban algo gastados de pilas.
En el local hacía calor no solo por la calefacción, sino también por las almas que lo llenaban. Saludó con un buenos dias al aire y luego a Don Federico, el señor de los prados bajos y ganadero por derecho de braguetazo, que no recogió,   tan ensimismado estaba con la máquina tragaperras, con la que dia tras dia jugaba hasta la una menos cuarto, ni un minuto más, ni uno menos.
De una barrida localizó un asiento vacio en una de las mesas de madera recia, en donde Doña Remedios contaba por enesima vez el arroz con conejo que ese dia haría para comer, cosa improbable, pensó Doña Carlota mirando su reloj, que marcaba las doce y media. Harta ya del mismo circulo vicioso de conversación, por el incipiente alzheimer que absurdamente nadie de los suyos parecía notar, se levantó con la misma soltura que el muelle de unas tijeras de podar volando por los aires, porque ella era una gran conversadora. Le gustaba hablar con la gente, y a la gente le gustaba escuchar lo que ella tenía que decir, que era mucho, por ser mucho lo vivido a lo largo de sus dias, así que buscó otro rincón más ameno en el que el “arroz con conejo ” no fuera el tema central…
Y el tiempo pasa en El Grano de Café.
Y el reloj de muñeca de Doña Carlota marca las dos.
No queda nadie con quien hablar de su pasado y de ese corsé,
que juega con su columna al tente en pie.
De la morfina para el dolor…
De sus amores,
y de esa guerra en azul y rojo, que ella vivió…
Y en el reloj de Doña Carlota…
Y cruza la plaza Doña Carlota con su bastón, arrebujada en su chaquetón.
Mañana será otro dia, como el pasado y el anterior.
Y en El grano de café, Doña Carlota vive su vida…
Doña Carlota

May 202015
 

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Y esta página que tiene ya sus años,nunca se había encontrado con visitantes cuyos nombres nada tiene que ver con el suyo personal,a no ser que tengan unos seudónomos complicados y bien aprovechados,porque la verdad , si lo que buscais es publicidad en la Isla de las Orquídeas, andais bastante desencaminados ya que esta es una página prácticamente desconocida por no estar “enganchada ” a ninguna de las grandes. Así que os agradeceré  que si recalais en La isla,lo hagais con vuestros nombres,o con el seudónimo con el que os encontreís más cómodos,pero NO con el nombre de vuestras actividades.
dando por hecho que comprendeis mi actitud, os deseo a “los cuatro” que paseis un buen dia.
Gudea de Lagash

 

 

Feb 202015
 

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http://www.unoeditorial.com/portfolio/la-sombra-del-egombe-egombe/

 

Comprar La sombra del Egombe Egombe versión Kindle – Reedición

 

¡Hola ! Niños y niñas facebookeros y no facebookeros. Con el fin de que os sea más fácil adquirir La Sombra del Egombe Egombe lo he reeditado en España con la editorial:UNO EDITORIAL. ¡Por fin ! hemos podido abaratar el precio considerablemente: !20€! el libro de papel y la versión Kindle no llega  a cinco euros. Hemos añadido 10 fotos más -ahora teneis 30 – se han quitado “los insitus”,y seleccionado las cartas más significativas de “Ojos de Gato”. 600 páginas en las que duermen las vidas de el viejo Camaró,la dulce Sara,”Ojos de Gato”,la Escopetilla,Tatineta,la niña Blanca Gelinda,Pantaleón,el chico de las gafas de espejo…y un sin fin de de personajes reales como la vida misma,que pasaron por sus vidas dejando huella. Muchos ya los conoceis por tener la primera edición;que por cierto aunque os costó bastante más caro mirarlo por el lado positivo:cuando se muera la autora será el que se revalorice, y podreís ponerlo en Ebay ¡ja,ja,ja!
¡En fin! Bromas aparte, La Sombra del Egombe Egombe Reedición comienza una nueva singladura llena de ilusión y optimismo.Si aspirais los aromas ,degustais los sabores,y flotais entre sonrisas y lágrimas,será porque no os ha dejado indiferentes.
Os quiero.
Gudea de Lagash

P.D.

Por cierto se me olvidaba deciros que también lo encontrareis en algunas librerias como por ejemplo la de El Corte Inglés de Murcia,y en otras librerias de esa Comunidad. Además lo podeí adquirir en la cadena de librerias Santos Ochoa.
Pasito a pasito llega La Sombra del Egombe Egombe Reedición,a “los estantes de los que aman los libros”.¡Eso está bien!.

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Feb 132015
 

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El calor era insufrible en el ambiente a pesar de que el Land Rover era descubierto. Traqueteando por el camino que llevaba al pequeño poblado de San Antonio de Ureka cerca de la playa, botaba con los baches haciéndolos saltar a pesar de ir como sardinas en lata al tener que cargar con dos de los niños como “cinturones de castidad parlantes” por eso de que en el pecado está la penitencia. Pero no les importó pues les parecía increíble que las hubieran dejado ir cara a la noche con los chicos, para vivir el nacimiento de la tortuga marina; una eclosión de vida que poca gente había experimentado hasta entonces. El único adulto que les acompañaba era Servando el conductor, pero él no contaba.
Entre tanto fuego cruzado de frases sin respuestas, porque a todo el mundo se le ocu-rrió hablar a la vez, Guille dijo que el apretuje que llevaban le recordaba a la escena del camarote de “Una Noche en la Ópera” de los hermanos Marx, y tenía razón, porque doce en un Land Rover era para verlo y vivirlo. Armandito y Jaime discutían sobre la pesca aunque el primero llevara siempre las de perder porque el otro, además de ser el mayor, y practicar con la pesca submarina, hablaba con un cierto deje de superioridad que hacía callar al chiquillo, y es que no podía evitarlo porque era algo fantasma. En medio de tanta palabrería, la voz de Gelinda protestando porque estaba harta de ir sen-tada encima de su hermana era como clamar en el desierto. Solo Tatín la oyó, respon-diéndole con un “no haber venido enana” que le sentó como dos pellizcos de monja:
— No haber venido enana –le soltó como un mazazo.
Pero ella no entró al trapo porque estaba demasiado acalorada como para gastar sali-va en discutir. Todos llevaban una lámpara de bosque* además de las linternas, y la de su hermana se la estaba clavando en una de las pantorrillas. Tenía sed y un ruido en el estómago que le decía “te comerías un cebú entero si lo tuvieras delante”. Pensó en pedirle uno de los bocadillos que llevaba en la cesta pero desistió pues sabía que hasta que llegaran a la playa no le daría nada. El polvo del camino se le metía en los ojos y las hormigas rojas campaban por encima de su gorro color garbanzo torturándole el cuello y las orejas. Notaba cómo el sudor empapaba sus pantalones cortos, y cómo corría entre las piernas de las dos. «Un asco», se dijo, viendo cómo un mongo, no mucho mayor que ella, apartaba a la cuneta cegada por el bicoro a un pequeño rebaño de cinco cabras de ubres sin ordeñar. El chiquillo se la quedó mirando, pero solo fue un momento; el tiempo que tardaron en perderlo entre la polvareda. Se volvió hacia Juanín que, sentado en el suelo, mascaba un chicle entretenido en arrancarse la costra de una herida en la rodilla, como si en ello le fuera la vida, y pensó en la inoportunidad de las anginas de Fabiola que la habían dejado sin ver a las tortugas.
Eran las cinco cuando en la última curva San Antonio apareció ante sus ojos. Solo era un pequeño poblado de casas de nipa con su gente a la puerta, y unos cuantos animales de corral enredando entre los enseres, cerca del caudaloso río, pero tiempo atrás formó parte de un grupo de poblados que salpicaban Ureka, en cuyas playas los esclavos huidos de San Tomé y Angola encontraban refugio; aunque eso era algo que ni sabían, ni les interesaba.
Servando aparcó el Land Rover a la sombra de un grupo de palmeras de aceite sin intención de acercarse a la playa: “Espero aquí”, dijo apoltronándose en el asiento con un cigarrillo entre los gruesos labios, sin importarle el maravilloso espectáculo de vida que no tardaría en darse unos metros más allá. Bajaron por la ladera de sendero, forjado en el tiempo por los pies de los lugareños que llevaba a la playa, serpenteando entre las plantas del contrití y las flores de colores de la balsamina en donde un pájaro mosca revoloteaba de flor en flor acostumbrado como estaba al trasiego del camino, con las linternas en la mano porque al dar las seis, el sol se perdería en el horizonte. Los pequeños iban delante volando por el atajo a pesar de las chanclas de goma que apenas les sujetaba el pie.
— ¡Mira Gelinda! –dijo Juanín señalando a un punto de la arena.
— ¿Son las tortugas?
— ¡Vamos corre!
Y se alejaron de los demás sin escuchar a nadie seguidos de Armandito, mientras un enorme sol redondo y rojo como un tomate desaparecía en el mar. En la playa, las crías recién nacidas rompían los huevos despojándose de la arena que las cubría para em-prender su particular batalla por la supervivencia, amparándose en las escasas sombras de la noche, por ser una noche de luna. Caminaban con torpeza en dirección al agua, en una carrera loca hacia la difícil salvación entre los cangrejos y alguna gaviota rezagada para irse a dormir.
— ¡Mira! –Juanín corrió hacia la orilla en donde las tortuguillas nadaban con toda la fuerza de que eran capaces.
— ¿Ya se han salvado? Pregunta pisando con cuidado para no chafar a ninguna.
— Todavía no.
— Bueno, en realidad tampoco están a salvo en el agua, porque ahora se las co-merán los tiburones y las gaviotas… —respondió Armandito.
— ¡Eso es mentira! –exclamó a punto de llorar—. ¿Tú cómo sabes eso?
— Lo he visto en un libro de la naturaleza que tiene mi padre en el despacho. Si no me crees, cuando vengas a casa te lo enseño –le dijo con cierto aire de superioridad porque para eso era el mayor de los tres.
— Pero algunas se tienen que salvar sino, no habría tortugas… —razonó observando con desesperación todo ese frágil flujo de vida que la rodeaba a media pierna.
— Algunas, pero muy pocas —contestó atrapando una, colocándola en la palma de la manos.
Juanín le enfocó la linterna y la cría parpadeo varias veces moviendo las patas en un alocado intento de huir del incómodo foco de luz.
— ¡Apaga la linterna que la estás asustando! –le ordenó con un par de lágrimas a punto de atravesar las ventanas de sus ojos. Ya se sabía que no le gustaba que la vieran llorar, pero lo que acababa de descubrir la desarmó. Salió del agua alejándose de la orilla sin hacer caso a sus llamadas. Quería volver a casa pero sabía que eso era más difícil que ver a Diosdado hacer una sopa de tapioca en la cocina del hogar. Con la linterna encendida y amparada por la luz de la luna, continuó corriendo sin volverse ni una sola vez, aflojando el paso al notar cómo la cinta del bañador resbalaba por su espalda, y calculando muy bien donde ponía el pie para no ser mordida por los cangrejos que salían a montones de sus madrigueras bajo la arena de la playa, que a esas horas, parecía una loncha de gruyer con tanto agujero. Pero la gota que colmó su paciencia la tuvo una chancla rota hasta el punto de que si hubiera podido, se habría ido con Servando al Land Rover, aunque desechó la idea enseguida porque el propio Servando la enviaría de nuevo con el grupo: “Tú niña blanca no puedes estar aquí. Tu sitio está con ellos”, diría señalando con la cabeza hacia el sendero con la boca llena de guiso de malanga. No muy lejos, una lámpara de bosque bajo un egombe—egombe, marcaba el punto de reunión para grandes y chicos. Entre risas y gritos, los mayores se habían sumergido en el agua sin temor a ese mar oscuro que les rodeaba. Los vio moverse entre ahogadillas, abrazos, y caballitos, riendo y gritando como posesos, y deseó con todas sus fuerzas que una raya les diera un latigazo, al tiempo en que se encaramaba al tronco de un cocotero que casi rozaba la arena.
— ¿Por qué no me has esperado? —le pregunta Juanín enfocando la linterna a la bolsa de Marili, en donde el cocinero había puesto dos cantimploras y un par de boca-dillos envueltos en papel de estraza–. Lo que te ha dicho Armandito es verdad… —continúa mientras mide los bocadillos para ver cuál es el más grande–. El mío es de tortilla de chorizo —le explica, tras decidirse por uno.
— ¿Y cómo sabes que es de chorizo si aún no lo has abierto?
— Porque huele a eso —contesta olisqueando como un perrillo el envoltorio—. ¿Y por qué te has marchado sin esperarme? —insiste dándole un buen mordisco al bocadi-llo.
— Porque no me gusta lo que ha contado de las tortugas. Si lo llego a saber no hubiera venido… —responde pegando un salto, cayendo de culo en la arena. Tenía hambre así que hundió la mano en la cesta de su hermana.
— ¿De qué es el tuyo?
— De atún –le dice con la linterna bajo el brazo, volviendo a sentarse en el tronco, con la vista perdida en la silueta dibujada por la luna y el pequeño punto de luz que venía hacia ellos—. Por ahí viene Armandito… —comentó quitándole el papel al bocadillo.
— Oye… ¿y tú cómo sabías de qué era, si no le habías quitado el papel? –la mira extrañado.
— Porque huele a atún –contesta con rotundidad.
Y los dos comieron en silencio e impotentes, ante la contemplación de la lucha por la vida de las crías, mientras, entre la hojarasca de los egombe—egombes, un cangrejo ermitaño corría al encuentro de una pequeña miga de atún rebozada de arena, asistido por las sombras de la noche.
Regresaron cansados, pero ese día de finales de noviembre permanecería para siem-pre en sus corazones. Hubo achuchones, miradas comprometidas, manos entrelazadas corazones latiendo a ritmo de bossa—nova, junto al deseo a punta de bragueta y co-librís revoloteando en torno al corazón. El lunar de Marta, la obsesión de Antonio. Los labios de Tatín, la perdición de Pepe… Marili, Jaime, Mari Carmen, Guille, y los chiquillos… Todo bajo la tenue luz de las lámparas de bosque, los titilantes focos de las linternas, y la culpabilidad de la luna llena, por ser tan bella…
Lámpara de bosque*: lámpara de petróleo portátil.

Ene 302015
 

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Sara no era una mujer guapa;más bien feucha, pero tenía unos ojos tan azules como una mañana de primavera con  pajarillos saltando de rama en rama, y abejorros libando de flor en flor.Abnegada y dulce , era el prototipo de mujer que todo hombre soñaba para que fuera la madre de sus hijos…
Se quedó sin padres cuando apenas contaba dos años,no se sabe si porque se los llevó “la gripe española”, o fallecieron de un “cólico miserere”;dicho popular que venía a decir”ni puñetera idea de que la ha palmao”.Y así fue a parar al hogar de su tio Pascualet,que no sabía por qué el Señor le envíaba una boca más para alimentar si ya le había bendecido con ocho,`pero como el hombre era bueno sin más,recibió a Sara con otro plato en la mesa, y un cucharón menos para el resto de la familia.La nena creció entre mocos colgando,emplastos para el resfriado y sopas de ajo que comía con ganas a la par que sus preciosos ojos azules miraban el pequeño mundo que le rodeaba,con el deseo de ver más allá de esas casas de piedra levantadas por los moros,y ese castillo que dominaba la olla en la que su aldea dormitaba ajena a los trasiegos del mundo.
Y así fue creciendo Sara..y una tarde de abril,como todas las tardes,la chiquilla bordaba sentada en corro con el resto de las muchachas por casar,en la plaza junto a la pequeña iglesia de San Bernardo, entre canciones y miradas furtivas a un joven carabinero hijo de Oliva,un pueblo no muy lejos de su aldea, al que iba poco y cuando lo hacía era una verdadera fiesta.Salvador,que así se llamaba el joven de bigotillo fino, y delgado como una longaniza de pascua,buscaba a Don Servando,el cura, que a golpe de borriquillo oficiaba la Santa Misa en todas las aldeas del lugar. Hasta ocho misas llegaba a oficiar el buen hombre los domingos,y con tanta consagracion del Cuerpo y Sangre del Señor,regresaba algo achispado a su parroquia de origen, a lomos de su fiel borrico “Lecherillo”, nombre que le puso su antiguo dueño el lechero que repartía la leche de las cántaras, que el animal transportaba por esos caminos de Dios.
El Señor cura no estaba – le dijeron las muchachas – que no daban pie con bola ante la buena planta del joven forastero vestido de militar.- El Señor cura se ha ido a oficiar la Santa Misa a la aldea de al lado -repitieron al ver que no contestaba,y es que los ojos azules de Sara lo tenían tan hechizado que olvidó el motivo por el que estaba allí,que no era otro que entregarle una carta del obispado…
Y en el reloj de la torre de la pequeña iglesia daban las doce,y un desfile de sillas de anea, bordados en bastidores y muchachitas en flor,comenzaron a pasar junto al muchacho entre risas,cuchicheos y arreboles del color de la amapola. Luego la una, y al toque de las cuatro campanadas vió venir por la calle empedrada que llevaba a la plaza, al señor cura a lomos de Lecherillo….
…………………………………………

-Señor cura que yo la quiero…
– Mira hijo que es muy joven;no me la vayas a desgraciar…
– Don Servando,que esos ojos azules como el mar que moja la playa de Gandia me tienen enamorado hasta las trancas…
– ¡Que forma es esa de pedir el consentimiento de la Santa Madre Iglesia! -le reprende sin dejar de mojar la última porra en el chocolate,que Marieta,la mujer del señor alcalde,había hecho con amor.
– Señor cura que soy un hombre de bien.
– Eso he oido…y tambien de mal de amores porque tienes a las mozas de las aldeas con los ojillos de vaca lechera enamorá- contesta riendo.
– Yo que quiere que le haga…
-¿La quieres de verdad? – ahora su cara es seria. le observa por encima de las gafas de concha gruesa arqueando las cejas hasta lo imposible.
-La quiero padre…
-Pero si nunca has hablado con ella…
-¡En que quedamos! Si le hablo me dirá usted que quiero llevarla al granero,y si no le hablo,argumenta que ¿como voy a estar enamorado si no se es de lunas y estrellas,o si es de sol y mañanas de abril…
– Anda,anda,vete y vuelve mañana a eso de las once, para que hables con ella.
– Gracias Don Servando aquí estaré.
-Adios…¿No se te olvida algo?
-¿?¿?¿?¿¿
– Su nombre ,hijo;su nombre…-le dice con mirada socarrona.- Se llama Sara.Sara Camaró.
Y se fue.
Y la encontró.
No necesitaron hablar.
Solo se miraron a los ojos.
Sus manos se rozaron;
sus labios no debian…
Se amaron para siempre.
Y él se fue más allá de las estrellas;
Lo hizo pronto,
como si tuviera prisa por encontrar un escalón,
con vistas a ese mar que eran sus ojos tan azules…
Y él se fue,
y ella se quedó sin saber si el norte era el sur,
si la noche el dia,
si la había amado hasta el final…
Si allí donde estuviera aún recordaba sus ojos azules…
Y no era una mujer guapa,
pero tenía unos ojos tan azules como una mañana de primavera con pajarillos…
Sara…Sara…
Un beso.
Tu nieta.

Dic 062014
 

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Pues…estoy pensando que tras una mañana ventosa de Harley me he comido un pedazo de trozo,de cacho de pizza de “no te menees”,y llevo toda la tarde pensando en mi Mario de mis entretelas, el nutricionista que intenta llevarme por el camino de la vida sana,y cuerpo sin lorzas. Solo de pensar que el miércoles he de responder ante su presencia, y bajo la presión de una báscula chivata y despiadada,me pongo tan nerviosa como una de esas damiselas del XVIII. ¡Asco de metabolismo! Un@s se inflan a tocinillos de cielo y tan panchos,mientras que otr@s nos pasmos la vida entre bocado y bocado a” la fruta de la tristeza”;que no es otra que la socorrida manzana, por eso de que cuando le dices a tu mentor dietético”tengo hambre”,él te contesta…!pues comete una manzana!.Cómete una manzana y  la piña en lata. Bébete dos litros de H2O ,o a ser posible cuatro por eso de eliminar y no te olvides de andar a paso ligero cuatro,cinco u ocho kilómetros todos los dias ¡ja! al final con tanto líquido y entre tanta caminata, un@ tiene que ir parando en un bareto y otro “pá eliminar”,con el consiguiente contratiempo de ir encendiendo y apagando el runmeter del iPhone, conforme  vas entrando en “los pipisrooms” de todos los baretos habidos y por haber en el itinerario,y como no está nada bien hacer uso de los susodichos sin consumir, pues te vas inflando a cortados con lo que haces “de la torta un pan”,porque además de “hacerte pipi”,te quedas toda las noches sin dormir ,como los buhos.¡Asco de metebolismo!