Oct 152017
 

Está cansado, tal vez vapuleado por el tiempo.
Quizá por lo vivido que le pesa en el alma,
y le embota la mente…
El polvo del camino pegado a su atavío.
La piel curtida y seca,
denuncian esos surcos trazados por el sol,
el frío del invierno y el viento azotador.
Sabe bien que no puede acomodarse.
Entiende bien que es su destino rular por los caminos,
para ir dejando día a día, año tras año
¡toda una vida!, sin volver la vista a tras.
Dime Cuentacuentos quien marco tu sino…
Quien tornó la vida que debías tener,
por andar los senderos,
por subir las cañadas,
por bajar las laderas,
y llegar hasta el mar…
Cuentacuentos dime:
¿cambiar si pudieras, tu destino harías?

El Cuentacuentos dice:
no puedo trocarlo…
Llevo el polvo del camino pegado a mi atavío
y la mente hechizada por todo lo que he visto;
por todo lo vivido…
Ven humano y camina a mi lado,
mientras te cuento todo lo soñado,
y te relato todo ¿lo vivido?
Ven y camina a mi lado…

Ago 252017
 

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De lo bueno y de lo malo.
De lo que he amado y más tarde aborrecí.
Del pensamiento puro e impuro.
De aquello que deseé y un tiempo después,
quedó olvidado en un hueco que me prestó la vida.
Del resentimiento.
Del orgullo herido por una palabra emitida a destiempo,
consecuencia clara de no saber callar antes de lanzar el dardo.
De no estar libre de pecado y aún así arrojar la primera piedra… esto se traduce en:
los actos violentos que alguna vez se adueñan de mi parte menos visceral.
De esa bárbara incomprensión que de tanto en tanto viene a visitarme
De la hipocresía y la falsedad, a Dios gracias poco ejercitadas
De todo esto y de algún desatino que ahora no puedo o no quiero recordar,
me arrepiento con la duda que deja esa contrición humana que por ser humana,
dura lo que una polilla a la llama de un candil.

De la generosidad, con los necesitados.
De la alegría de vivir.
De lo fácil que es tenderte una mano.
Del “buenos días”con la sonrisa en los labios,
aunque el día no sea tan bueno para una.
Del saber escuchar sin reparar en el tiempo.
De ser la primera en “apearme del burro” si veo que no lo haces tú.
De amar hasta lo imposible.
De no saber mentir.
De saber como reír y lo bien que sienta.
De coleccionar abrazos.
De guardar en el álbum del alma los besos robados y los que he regalado,
que han sido muchos
De mi infancia.
De mi aolescencia.
De mis ancestros y las generaciones futuras.
De valorar la amistad.
De no practicar el “no matarás”,
no solo de la carne sino también de la reputación del otro.
De mi fé.
De saborear la vida.
De todo esto doy gracias al que me acomodó en el semen de mi padre,
acunandome después en la matriz de esa madre, que nunca grabó en su corazón algún recuerdo de mi niñez.
Hoy quiero compartir con vosotros, los que arribáis hasta la isla de las orquideas y cruzáis el umbral de mi zaguán, lo malo y lo bueno de mi vida y he llegado a la conclusión de que soy una persona más de las que llenan el mundo:
Hoy la balanza de Maat, confrontará mi corazón a la pluma…

Jun 212015
 

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Tiene esta nena unos ojos grandes y redondos como dos picotas jugosas del mes de junio.
La nena tiene  boquita de querubín. Y una naricilla chiquita, chiquita como un pellizquito de “tocinillo de cielo”. De pelo fino y suave la hizo Dios. Tan fino, como el hilo que guardan las nubes de coser alas, sandalias y cintas del pelo que con tanto saltar, brincar, brincar y saltar,  lo van perdiendo los angelotes. Y cosen plumas… y cosen nubes tambien. Porque de cuando en cuando, se van rasgando de tanto salto; queriendo ser tan altos los pequeñines como la luna ¡ay, ay! como la luna…
A Helena niña le sienta el color azul tan bien, como al lago de Titicaca allá en los Andes. Su linda cara copiada parece, de una virgen del sol isleño de la Koati. Tan linda es ella.
Lleva Helena Helenita un gorrito de perle, tintado con cuatro gotas del lago, que le queda tan bien ¡Que bien le queda!
Sonrie niña, sonrie, que las nubes se esconden con tu sonrisa y el sol  se enciende de pura envidia.
¡Que piel tienes! Helenita chiquita, tan suave… tan tierna como una yema de San Leandro.
¡Como hueles! Linda muñeca, Helena, Helenita. Hueles a campo al amanecer, a tierra mojada, a canela, a coco, y a la colonia “de Nenes”para bebés…
¡Que piel tienes! niña bonita.
Nena bonita ¡Que piel tienes!
¿Quisieras ser tan alta como la luna? ¡Ay! ¡Ay! Como la luna no, muñeca mía, como la luna no. No quieras ir tan lejos. La luna es fria, vive sola…no huele a nada. A la luna no le va el color azul del Titicaca ¡Que harás tú sin el azul?
La luna no usa gorro de dormir, ni jipi-japa de paja de hoja de palma, ni de rafia , ni sombrero de fieltro, ni gorrito de perlé.
¡Quedate niña bonita! Quedate.
Y tiene Helena, helenita, unos ojos…
¡Tan linda es ella!
…Una virgen del sol isleño de la Koati…
¡Bienvenida a la vida! pequeña Helena
Un beso nena.

 

Nov 032014
 

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Aquella noche, quemó y abrasó el ama todo los libros que había en el corral y en toda la casa. Muchos de los que ardieron merecian guardarse para siempre pero no lo permitio su suerte y la pereza del encargado de hacer el escrutinio. Asi se cumplió en ellos el refrán de que muchas veces pagan justos por pecadores.
Uno de los remedios que el cura y el barbero pensaron entonces para el mal de su amigo fue que hicieran un muro para tapiar el cuarto donde guardba los libros. De ese modo, cuando se levantase el caballero no se los encontraria -quiza, quitando la causa, desapareceria el efecto- y ellos dirian que un mago se los habia llevado,con todo el cuarto donde estaban. Asi se hizo con toda rapidez.
A los dos dias se levantó don Quijote y lo primero que hizo fue ir a ver sus libros. Como no encontraba el cuarto,donde los habia dejado, andaba buscandolo por todas partes.Llegaba adonde solia tener la puerta y la buscaba a tientas, volvia y revolvia los ojos por todo, sin decir una palabra. Al cabo de un buen rato, preguntó a su ama hacia que parte estaba el aposento de sus libros. y el ama, que ya estaba bien advertida de lo que tenia que responder,le dijo:
– ¿ Qué aposento ni que nada busca vestra merced? Ya no hay aposento ni libros en esta casa, porque todo se lo llevo el mismisimo diablo.
-No era un diablo – -replicó la sobrina- sino un encantador que vino encima de una nube una noche, despues del dia en que vuestra merced se march6 de aqui y, bajandose de una serpiente en que venia montado, entró en el aposento. No se lo que hizo allí dentro -pero al cabo de poco rato salió volando por el tejado y dejo la casa llena de humo.Cuando decidimos mirar lo que había hecho, no vimos libro ni aposento alguno.Solo nos acordamos muy bien el ama y yo de que, en el momento de marcharse, quel mal viejo dijo en voz alta que, por una enemistad secreta que tenia con el dueño de aquellos libros y aquel cuarto, dejaba hecho el desafio, en aquella casa, que despues se vería. Dijo también que se llamaba “el sabio Muñatón”.
-“Frestón” diria -dijo don Quijote.
-No se -respondió el ama- si se llamaba “Frestón o “Fritón”: solo se que acababa en tón su nombre.
-Asi es -dijo don Quijote-: ese es un sabio encantador, muy enemigo mio, que me tiene odio, porque sabe por sus artes y letras que, dentro de algún tiempo, he de llegar a pelear con un caballero al que él favorece y lo he de vencer, sin que él lo pueda impedir. Por eso procura hacerme todos los sinsabores que puede pero te aseguro que él no podrá evitar lo que por el cielo esta ordenado.
-¿Quien duda de eso? -dijo la sabrina-. Pero, ¿quien le mete a vuestra merced, señor tio, en esas pendencias? No estaría mejor quedarse pacifico en su casa y no irse por el mundo a buscar lo imposible, sin considerar que muchos van por lana y vuelven trasquilados?
– ¡Oh sobrina mia-respondió don Quijote-, que equivocada estas! Antes de que a mi me trasquilen les habré pelado y quitado la barba, como a siervos mios, a cuantos hayan imaginado tocarme en la punta de un solo cabello. No quisieron las dos replicarle mas porque vieron que se le encendia la colera. El caso es que él estuvo quince dias en casa,muy sosegado, sin dar muestras de querer repetir sus primeros delirios. En esos dias, tuvo charlas graciosisimas con sus dos compadres, el cura y el barbero. Decia él que la cosa de que mas necesidad tenia el mundo era de caballeros andantes y de que se resucitase, en él, la caballeria andantesca. Algunas veces, el cura le contradecía y, otras veces, concedía, porque, si no guardaba este artificio, no iba a poder ponerle en razón.
En este tiempo, solicitó don Quijote a un labrador, vecino suyo, hombre de bien – si es que ese título se puede dar al que es pobre- pero de muy poco juicio. En resolución, tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió, que el pobre labrador decidió irse con él y servirle de escudero.
Deciale, entre otras cosas, don Quijote que se dispusiese a ir con el de buena gana, porque alguna vez le podía suceder una aventura en la que ganase, en un instante, alguna insula y le dejase a él como gobernador de ella. Con estas promesas y otras semejantes, Sancho Panza, que asi se llamaba el labrador, deja a su mujer y a sus hijos y se comprometió a servir a su vecino como escudero.
Dio luego don Quijote orden de buscar dineros y, vendiendo una cosa, empeñando otra y malbaratándolas todas,reunio una notable cantidad. Consiguió también un escudo, redondo,pequeño que pidió prestado a un amigo suyo, y arreglando lo mejor que pudo su casco medio roto aviso a su escudero Sancho del dia y la hora en que pensaba ponerse en camino, para que lo preparase todo lo que más podia necesitar. Le encargó, sobre todo, que llevase unas alforjas.
El dijo que si las llevaría y que tambien pensaba llevar un asno muy bueno que tenía, porque el no estaba acostumbrado a andar mucho a pie.
En lo del asno dudó un poco don Quijote, intentando recordar si algún caballero andante habia traido a algún escudero a lomos de un burro, pero no le vino ninguno a la memoria. ” En todo caso, aceptó que lo llevase con la intención de proporcionarle una caballería más honrada cuando hubiese ocasión para ello,quitándole el caballo alprimer caballero descortés que encontrase.
Don Quijote, por su parte, tomo camisas y las demás cosas que pudo, conforme a los consejos que le había dado el ventero. Cumplido todo ello, sin despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni don Quijote de su ama y sobrina salieron una noche del lugar sin que nadia los viese. Esa noche caminaron tanto que, al amanecer, estaban ya seguros de que no los podrian encontrar, aunque los buscasen.
Iba Sancho Panza sobre su jumento como un rey, con sus alforjas y su bota, con muchos deseos de verse ya gobernador de la insula que su amo le habia prometido. Acertó don Quijote a tomar la misma dirección y camino que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, por el cual él caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, al ser la hora de la mañana y herirles de lado los rayos de sol, no les molestaban. Dijo en esto Sancho Panza a su amo:
-Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo que me ha prometido de la insula, porque yo la sabre gobernar, por grande que sea.
A lo cua1 le respondió don Quijote:
-Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy frecuente de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las insulas o reinos que ellos ganaban, y yo tengo decidido no faltar a esa agradecida costumbre sino, por el contrario, superar a los demas en ella. Porque ellos, algunas veces, y quizas la mayor parte de ellas, esperaban a que sus escuderos fuesen viejos y, ya,después de estar hartos de servir, pasando malos dias y peores noches, les daban algún titulo de conde o, como mucho, de marqués de algun valle o provincia de poco mas o menos; sin embargo, si tú vives y yo vivo, bien podría ser que, antes de seis dias, ganase yo tal reino que llevase unidos a él otros y que fuesen a proposito para coronarte a ti como rey de alguno de ellos. Y no te parezca excesivo, que a los caballeros andantes les suceden tales casos y cosas, por caminos nunca vistos ni pensados, que con facilidad te podría dar aún más de lo que te prometo.
-Según eso -respondió Sancho Panza-, si yo llegase a ser rey, por algún milagro de los que vuestra merced dice, por lo menos mi mujer vendría a ser reina y mis hijos infantes.
-Pues, ¿quien lo duda? – respondió don Quijote.
-Yo lo dudo -replicó Sancho Panza- porque creo que, aunque Dios lloviese reinos sobre la tierra, ninguno de de ellos encajaría bien sobre la cabeza de mi mujer. Sepa, señor, que ella vale muy poco para reina; condesa le caerá mejor, con la ayuda de Dios.
-Encomiendalo tú a Dios, Sancho -respondió don Quijote-, que el le dará lo que más le convenga;pero no disminuyas tu ánimo tanto que te vengas a contentar con menos que con ser gobernador con plenos poderes.
-No lo hare, señor mio -respondió Sancho-, y mas teniendo un amo tan principal como vuestra merced, que me sabrá dar todo lo que me convenga y yo pueda llevar.

Ago 202014
 

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¡Hola a tod@s l@s que me soportaís!

Zascandileando,desordeando,ordenando,recordando memorizando y no se cuantos “andos” más, a la par que entablaba una lucha a muerte con mis lentillas, encontré un pequeño libro, al que adoro y que creía perdido por su tamaño en algún cajón, de tanta mudanza como una ha hecho a lo largo de su larga vida. Es una versión reducida  y modernizada del Quijote, por Andrés Amorós y editado por “Paradores de Turismo”. Quiero ir compartiendolo con vosotr@s poco a poco. Estoy segura de que tanto a los que habeís disfrutado con esta incalificable novela, como a los que aún no la habeís descubierto, os va a encantar.

Abrazos repartidos!!!

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza y escudo antiguos, rocín flaco y galgo corredor. Una olla con más vaca que carnero, carne picada casi todas las noches, huevos con tocino los sábados, lentejas los viernes, algún palomino por añadidura los domingos, consumían la mayor parte de su hacienda. El resto de ella lo componían algún traje de paño fino, medias de terciopelo para los días de fiesta, con su calzado a juego. y los días de entre semana vestía con un paño pardo de lo más fino.
Tenía en su casa a un ama que pasaba de los cuarenta años y a una sobrina que no llegaba a los veinte, además de un mozo para todo, que lo mismo ensillaba el rocín que tomaba las tijera; de podar.
Andaba nuestro hidalgo cerca de los cincuenta años,era de constitución recia, seco de carne, delgado, gran madrugadar y amigo de la caza.
Dicen que se llamaba Quijada o Quesada, aunque en esto no se ponen de acuerdo los autores que sobre él han escrito; quizá se apellidaba Quejana, pero esto importa poco a nuestro relato, que en ningún momento se saldrá ni una pizca de la verdad.
Resulta que este hidalgo, los ratos que estaba ocioso -que era la mayoría del año- se dedicaba a leer libros de caballería con tanta afición y tanto gusto que se olvidó casi del todo de la caza y hasta de administrar su hacienda. Llegó tanto su pasión que vendió algunas tierras para comprar esos libros. Reunió, así pués,todos lo que pudo.
De todos ellos, los que más le apasionaban eran los que escribió el famoso Feliciano de Silva, con frases tan intrincadas como éstas, que a él le parecían de perlas: “la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mI razón enflaquece, que con razón me quejo de vuestra hermosura”.
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, al empeñarse en entender su sentido, algo que no hubiera conseguido ni el propio Aristóteles, si hubiera resucitado.
En resolución, él se enfrascó tanto en la lectura de estos libros, que se le pasaban las noches leyendo, de claro en claro, y los días, de turbio en turbio, Así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro, de modo que vino a perder el juicio. Se le llenó la fantasía de todo lo que leía: hechizos, peleas, batallas, desafíos, heridas, amores, tormentas, disparates imposibles … Todo ello se le asentó en la imaginación de tal modo que, para él, no había historia más verdadera en el mundo. Decía, por ejemplo, que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero, pero que no podía competir con el Caballero de la Ardiente Espada, que de un solo tajo había partido por la mitad a dos fieros y descomunales gigantes.
Rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que ha tenido ningún loco: le parecio conveniente y necesario, para el aumento de su honra y el servicio de su patria, hacerse caballero andante, irse por todo el mundo con sus armas y su caballo buscando aventuras, como él había leído que hacían esos caballeros, remediando injusticias y afrontando peligros que le habían de dar nombre y fama.
Se imaginaba el pobre que, gracias al valor de su brazo, le habían de coronar, por lo menos, emperador de Trapisonda. Con estos agradables pensamientos, se apresuro a llevar a la práctica lo que deseaba. Lo primero que hizo fue coger unas amas que habían sido de sus bisabuelos, llenas de moho, pues hacía siglos que estaban olvidadas en un rincón. Las limpió y las preparó lo mejor que pudo y, al comprobar que el casco sólo le cubría la parte superior de la cabeza, lo completó con cartones, como si fuera una armadura completa. Para probar si era fuerte y podía resistir una cuchillada, sacó su espada y le dio dos golpes: bastó con el primero para deshacer, en un momento, lo que él había hecho en una semana. Para evitar este riesgo, lo hizo de nuevo, poniéndole dos barras de hierro por dentro, de manera que quedó muy satisfecho de su fortaleza y, sin hacer más pruebas, decidió que tenía ya una magnífiva armadura.Fue luego a ver a su rocÍn y, aunque tenía más tachas y defectos que el caballo de Gonela que era sólo de piel  y huesos, a él le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro Magno ni el Babieca del Cid Campeador podían igualarse con él.
Cuatro días se le pasaron imaginando qué nombre le pondría. Según se decía a sí mismo, no era lógico que el aballo de un caballero tan famoso y tan bueno comoo él, no tuviese un nombre conocido. Intentaba encontrar uno que aclarase lo que había sido antes de pertenecer a un caballero andante y también a lo que había llegado, pues era razonable que, habiendo cambiado de estado su amo, mudase él también de nombre y adoptase uno famoso, como convenía a la nueva orden de caballería en la que ya profesaba. Así,después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y volvió a hacer en su memoria y en su imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante,nombre,a su parecer,alto,sonoro y significativo,pues indicaba lo que había sido,un rocín, antes de lo que ahora era: el primero de todos los rocines del
mundo.
Puesto nombre, y tan a gusto, a su caballo, quiso ponérselo también a sí mismo. Este pensamiento le ocupó otros ocho días. Al final, decidió llamarse don Quijote. Pero acordándose de que el valeroso Amadís no se había contentado con llamarse Amadís a secas, sino que añadió el nombre de su reino y patria, para hacerla famosa, y se llamó Amadís de Gaula, así quiso él, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse don Quijote de la Mancha,con lo que, a su parecer, indicaba muy claramente su linaje y su patria, a la vez que la honraba, al tomar de ella el sobrenombre.
Una vez limpias sus amas, arreglada su armadura,puesto nombre a su rocín y confinnándose a sí mismo como caballero andante, decidió que no le faltaba más que buscar a una dama de la que enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto o cuerpo sin alma.
Decíase él así:
-Si yo, por mi desgracia, o por mi buena su encuentro por ahí con algún gigante, como les suele pasar a los caballeros andantes, y 10 derribo de un golpe, o le parto por mitad del cuerpo, o, en ñn, lo venzo y le rindo, ¿no estaría bien tener a quien enviarle, como obsequio, para que entre y se hinque de rodillas delante de mi dulce señora, y diga con voz humilde y rendido: “Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania, a quien venció en pelea individual el nunca suficientemente altbado caballero don Quijote de la Mancha, el cual mandó que me presentase ante vuestra merced, para que vuestra grandeza diSponga de mí libremente”?
¡Oh, cómo disfrutó nuestro buen caballero cuando concluyó este discurso, y más aún cuando encontró a quién dar el título de su dama! Parece ser que en un lugar cercano al suyo vivía una moza labradora de muy buen ver, de la que él estuvo ernrrorado agún tiempo, aunque según parece, ella jamás lo supo, pues él no le dio ninguna muestra de su amor.
Se llamaba esta moza Aldonza Lorenzo y a ésta le pareció bien darle el título de señora de sus pensamientos. Al buscarle un nombre que armonizase bien con el suyo, y que puntase al de princesa y gran señora. vino a llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural de ese pueblo: un nombre, a su parecer, melodioso, exquisito y significativo, como todos los demás que a él, y a sus cosas había puesto el caballero..

Ago 142013
 

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Tendría que  cambiar el sonido del despertador del móvil por algo menos escandaloso, porque el kikirikí del gallo no  tenía nada de  glamuroso  para  amanecer  junto al pivón de turno, tras una noche loca de pasión.  Sin abrir los ojos, estiró el brazo buscando  “el cuerpo” al que le echó cuatro polvos y un revolcón en el yacusi  para calentar motores: -nada…- se dijo abriendo los párpados poquito a poco,  como persianas viejas apuntito de romperse… ¡Y rompío! La luz de la mañana le entró por los ojos clavándose en  su cerebro como alfileres en un acerico. Nadie; no había nadie al otro lado de la cama con dosel que compró en Chian Mai, en aquel viaje a Tailandia… Se incorporó despacio y cerró las cortinas dirigiendose al cuarto de baño. Tenía la boca pastosa y el estómago como un barquito velero en mitad de un temporal: ¡Hostias!, que dolor de cabeza tengo – murmuró entre dientes, para no jugar a los bolos con la maltrecha cabeza. Una sed terrible hizo que se sintiera como un bacalao en mitad del desierto del Gobi, así que se enganchó al grifo del lavabo, igual que un recién nacido a la teta de su madre: – paracetamol… donde está la maldita caja de paracetamol…- dijo con la misma voz queda, que empleaba para camelarse a toda tia buena que se pusiera en el punto de mira de su bragueta. Del mueble del lavabo sacó una vieja caja de metal, en donde aún podía leerse en la tapa”rosquillas de mamá”. En su interior, lubricantes, condones y paracetamoles, guardaban un orden perfecto frente a los psicotropos. Dos…tres, cuatro paracetamoles pasarón de golpe por su garganta a palo seco. Volvió al dormitorio y dejó la caja de metal sobre la cama deshecha. Tenía un insoportable dolor de cabeza pero eso no le impidió ver las bragas de satén rosa del pivón, asomando por debajo de la almohada. Jugueteó con ellas unos segundo y lugo las dejó  sobre la caja. Un olor  familiar, “La Fille de Berlín”, se quedó flotando en el aire… Se dijo que la vida estaba hecha de pequeñas casualidades y esta era una de ellas, porque ¿podía haber algo más casual?, que encontrarse  el aroma de su madre en las bragas de una desconocida…:-Estoy perdiendo facultades; mira que  no reconocer ese olor – mascuyó entre dientes, abriendo la puerta de la habitación.  A pesar de su maltrecha cabeza, la ropa y los tacones de aguja esparcidos  por el pasillo, le hicieron recordar los juegos malabares en el yacusi; tal vez estuviera allí… ¡No! – Exclamó olvidandose de todos sus males y apresurando el paso…
-¡No! ¡Otra vez no! – gritó con desesperación metiendose en el agua. El cuerpo desnudo de carne rosada, flotaba boca a bajo, igual que un garbanzo a remojo,escurriendose como una anguila. La sacó como pudo diciendose que tal vez no fuera demasiado tarde, al tiempo que le apartaba la rubia melena de la cara; una cara deforme, de labios vacios y ojos de pez…: ¡Otra vez no! -Volvió a gritar- ¡Otra vez nooooooo!!!!

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En la caja de” rosquillas de mamá” no había nada en su sitio, pero eso podía esperar. Estaba contento. Nunca se había sentido tan bien:  – el dolor de cabeza ha desaparecido y esta noche tengo  una nueva cita con otro pivón – se dijo poniendose unas gotas de “La Fille de Berlín”, al tiempo que  abría el armario, en donde una fila de muñecas hinchables esperaban su elección. Con la indecisión reflejada en la cara tiró de una cualquiera, porque siempre le pasaba igual a la hora de llevarse a la cama alguna mujer de carne rosada y labios gruesos, de las que nunca acertaba su perfume ya que siempre le olían a plástico…
Jun 292013
 

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Caminaba despacito Don Pánfilo Zenea bajo los rayos ardientes  del sol de agosto, con su sombrero  de fieltro cubriéndole la cabeza,y la chaqueta del traje  gris bajo el brazo. Asomando por el cuello de la camisa de un blanco impoluto,una pajarita roja con motas azules  se empeñaba en ir torcida a pesar de la dedicación de su dueño por enderezarla. Ni una gota de sudor resbalaba por su frente;ni un feo rodal  dibujado en las axilas…y es que en él no había nada que exprimir. Para el sol ese hombre bajito y enjuto, era como un coco sin agua , o una chufa sin leche. Tan pálido y traslúcido que cualquiera hubiese dicho que las venas que cruzaban sus sienes las llevaba,como dos imanes de nevera, pegadas por fuera a la piel. Iba calzado con los zapatos de las grandes ocasiones;unos zapatos de  piel de cabritilla acostumbrados a dormir sus largos dias de espera en el fondo de un armario, haciendo el amor eterno con un par de viejas  hormas de madera, que su dueño compró para ellos en la Cuba de los cuarenta, cuando Don Fulgencio Batista mandaba más que Dios. Tenía unos andares como de muñequito de cuerda; de esos que bailan dando vueltas, y que si lo haces danzar sobre una mesa acaba por estrellarse contra el suelo, si no lo devuelves al punto donde empezó a cobrar vida. Avanzó hasta la primera bocacalle sorteando con asombrosa presteza un fresco zurullo de can, que por su tamaño hubiera apostado,sin miedo a equivocarse,que era de un Gran Danés bien alimentado basándose en el brillante  color del desecho orgánico.  Soltó un : <¡Qué coño Panfilito! ¡No te  tires con la guagua andando! > cuando  ya había cruzado al otro lado de la calle sin mirar ,y el conductor de  la furgoneta hundía las ruedas en el asfalto ardiente, por no arrollar a Don Pánfilo que parado frente a la dulcería “La sabrosura del Merengón”,miraba indeciso el escaparate en donde las bandejas de yemitas empolvadas,y los platillos de dulce de mamey,jugaban al corro con las panetelas borrachas y el par de fuentes de coquitos quemados,al rededor de un enorme merengón :<No seas guanajo, y decidete ya por uno -se dijo a sabiendas de que pediría lo mismo de cada martes porque el único dulce que le hacía perder los cinco sentidos ,era el sabor del  ron añejo de su Cuba añorada. Bueno el ron y Dominila,la niña mulata que sentada tras el mostrador, seguia con atención las peripecias de los protagonistas en, “Los Ricos Tambien Lloran”,la telenovela que a esas horas de la tarde captaba la mayor concentración de marujas de España ante el televisor.
– Buenas tardes Dominila- acertó a decir,quitándose el sombrero,y adoptando un timbre de voz menos cascado.
Le costaba un esfuerzo disfrazar la voz quebrada por los años,los habanos y el ron, pero merecía la pena por la ilusión de que ella lo viera algo menos viejo;más seductor… Porque esa fue siempre su arma de seducción para enamorar a las mujeres; su timbre de voz. Una voz profunda,envolvente,varonil,que las atraía como a las hormigas al jugo del azúcar de caña.
– Buenas tardes Don Pánfilo- dijo tras explotar un globo de chicle, sin apartar los ojos del televisor.
– No hay nadie en las mesas…-comentó por hablar,a sabiendas de que a esas horas de la tarde de ese mes de agosto, ni las hormigas saldrían al exterior por mucha migaja de dulce que hubiese por el suelo del local- Claro con tanto calor…-continuó dejando con mimo la chaqueta en el respaldo de una silla,pensando que “el calor” había desaparecido de su lecho y de su vida hacía,no sabía cuanto.
La mulata linda no pudo evitar fruncir el ceño cuando se volvió hacía él,aprovechando el parón de los anuncio pero al momento, un ramalazo de ternura maternal brilló en los grandes ojos del color de la caña temprana,herencia segura de la sangre blanca que corría por sus venas,cosa que a Don Pánfilo no le hizo ni pizca de gracia porque echaba por tierra los últimos rescoldos del orgullo viril que le quedaba.
-¿Qué le pongo? – preguntó, también por preguntar,segura de lo que le iba a pedir;quería ver el final de la telenovela y si le daba palique no se lo quitaría de encima durante un buen rato.Sin esperar la contestación se dirigió al escaparate.
-¡Espera que salgo! Y ya te digo mi niña…-le dijo irguiéndose todo lo que pudo.
-Este hombre anda ya con la chochera…-murmuró al tiempo que se inclinaba sobre los dulces.
Con la nariz casi pegada al cristal,como un chiquillo goloso,le indicaba con un dedo tan traslúcido como un gusano de seda,el merengón plantado justo en el centro .
– Don Pánfilo ¿Es que no se acuerda usted que siempre me pide lo mismo? -le pregunta con ternura mientras se estira todo lo que puede para cogerlo. Pero Dón Pánfilo no la escucha;no está “pá boberias” porque sus cinco sentidos andan ocupados con el pequeño colgante en forma de corazón que bachatea en mitad del canalillo,que asoma por el generoso escote de la muchacha.- ¡Don Pánfilo! ¿Es que no me oye?-repite inclinandose más,dejando entrever un retazo del sujetador. y a él le da un vuelco el corazón,porque es azul como el mar de su Cuba querida.
Y el hombre pequeño camina despacito, bajo los rayos ardientes del sol de agosto llevando en una mano el merengón,que tirará en el contenedor al otro lado de la bocacalle. Se ha olvidado el sombrero,y de un bolsillo saca un pañuelo…¡Hace calor!

Feb 172013
 

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Y con el tiempo camino pegado a mi cuerpo…

Y con el tiempo camino enganchado a mi alma…

Y con el tiempo camino como único amigo.

Aunque quiera no puedo.

Lo he intentado…

Lo prometo, te lo juro y pongo a Dios por testigo…

que he intentado separarme,

y cada vez que lo intento,

el marca en mi piel la huella de su paso por mi cuerpo…

Y con el tiempo camino.

Y lo he he intentado…

 

Dic 072012
 

 

 

Ya queda poco para llegar al final del camino; el manuscrito está casi acabado,pero como ocupa todo mi tiempo y no quiero que olvideis el camino de vuelta a “la Isla de las Orquídeas” por falta de historias nuevas,aquí os iré dejando algun bocadito de nata como es este precioso cuento de Handersen ¡Que lo disfruteis!

Érase una vez, una ratita que era muy presumida. Un día la ratita estaba barriendo su casita, cuando de repente en el suelo ve algo que brilla… una moneda de oro.
La ratita la recogió del suelo y se puso a pensar qué se compraría con la moneda.
“Ya sé me compraré caramelos… uy no que me dolerán los dientes. Pues me comprare pasteles… uy no que me dolerá la barriguita. Ya lo sé me compraré un lacito de color rojo para mi rabito.”
La ratita se guardó su moneda en el bolsillo y se fue al mercado. Una vez en el mercado le pidió al tendero un trozo de su mejor cinta roja. La compró y volvió a su casita.
Al día siguiente cuando la ratita presumida se levantó se puso su lacito en la colita y salió al balcón de su casa. En eso que aparece un gallo y le dice:
“Ratita, ratita tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?”.
Y la ratita le respondió: “No sé, no sé, ¿tú por las noches qué ruido haces?”
Y el gallo le dice: “quiquiriquí”. “Ay no, contigo no me casaré que no me gusta el ruido que haces”.
Se fue el gallo y apareció un perro. “Ratita, ratita tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?”. Y la ratita le dijo: “No sé, no sé, ¿tú por las noches qué ruido haces?”. “Guau, guau”. “Ay no, contigo no me casaré que ese ruido me asusta”.
Se fue el perro y apareció un cerdo. “Ratita, ratita tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo?”. Y la ratita le dijo: “No sé, no sé, ¿y tú por las noches qué ruido haces?”. “Oink, oink”. “Ay no, contigo no me casaré que ese ruido es muy ordinario”.
El cerdo desaparece por donde vino y llega un gato blanco, y le dice a la ratita: “Ratita, ratita tú que eres tan bonita ¿te quieres casar conmigo?”. Y la ratita le dijo: “No sé, no sé, ¿y tú qué ruido haces por las noches?”. Y el gatito con voz suave y dulce le dice: “Miau, miau”. “Ay sí contigo me casaré que tu voz es muy dulce.”
Y así se casaron la ratita presumida y el gato blanco de dulce voz. Los dos juntos fueron felices y comieron perdices y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Christian Andersen

Jun 012012
 

 

Amigo: sé que existes, pero ignoro tu nombre.
No lo he sabido nunca ni lo quiero saber.
Pero te llamo amigo para hablar de hombre a hombre,
Que es el único modo de hablar de una mujer.
Esa mujer es tuya, pero también es mía.
Si es más mía que tuya, lo saben ella y Dios.
Sólo sé que hoy me quiere como ayer te quería,
Aunque quizá mañana nos olvide a los dos.

Ya ves: ahora es de noche. Yo te llamo mi amigo;
Yo, que aprendí a estar solo para quererla más;
Y ella, en tu propia almohada, tal vez sueña conmigo;
Y tú, que no lo sabes, no la despertarás.

¡Qué importa lo que sueña! Déjala así, dormida.
Yo seré como un sueño sin mañana ni ayer.
Y ella irá de tu brazo para toda la vida,
Y abrirá las ventanas en el atardecer.

Quédate tú con ella. Yo seguiré el camino.
Ya es tarde, tengo prisa, y aún hay mucho que andar,
Y nunca rompo el vaso donde bebí un buen vino,
Ni siembro nada, nunca, cuando voy hacia el mar.

Y pasarán los años favorables o adversos,
Y nacerán las rosas que nacen porque sí;
Y acaso tú, algún día, leerás estos versos,
Sin saber que los hice por ella y para ti

  Jose Ángel Buesa

May 292012
 

 

 

Oigo a un perro ¡Guaú!.Un perro pequeñajo.Se que es un perro pequeñajo por ese ladrido agudo que tienen los perros que casi no levantan tres palmos del suelo.¡Guaú! vuelve a ladrar.Ahora una voz;es la de su dueño que batalla con él ordenándole que deje de mordisquear la manguera.Un juramento,y un ¡Que harto estoy de ti! se balancean en el aire como un par de calcetines en la cuerda de un tendedero:-¡que te he dicho que pares! ¡Y tú! No se puede cruzar la carretera si no vienes conmigo.¡Que te he dicho que NO!¿Has hecho los deberes?-Una voz infantil llega hasta mí a retazos.Es una voz tímida y algo trémula y por eso deduzco que, el niño en cuestión, NO ha hecho la labor propia de su edad que, junto con la de jugar, y lavarse las orejas,será decisión importante para que el día de mañana sea “un hombre de provecho”,le dice siempre que le ve su bisabuelo, porque el abuelo no está por la labor de aleccionar al nieto sino de jugar al pádel,y chupar carretera y manta a bordo de su Harley.
¡Guaú! Brrreee…Grrruuuuñññ…Gruñe el chucho,metiendo el morro tras las margaritas plantadas en una esquina del pequeño jardín.¡Guaú! ladra de nuevo faltándole el tiempo para escarbar al pie del parterre .Una lombriz de tierra huye por patas aunque no tenga patas,y en su huida se enrosca,coletea y se lanza a reptar por los pequeños montones de tierra,que para ella son los Pirineos pero sin los elefantes de Aníbal para atravesarlos:- ¿Has hecho los deberes o no has hecho los deberes?
– Me queda poco ya…-El niño se frota la palma de la mano en un intento de borrar la mezcla de mugre y rotulador que se ha quedado pegada a la piel con esfuerzo:un moco por aquí…tinta por allá…un churrete de sandía cuyo recorrido aún lleva marcado desde el codo hasta la mano,y un salivajo a fin de borrar todo el empastre.
Una moscarda grande y verde, se ha posado en el mantel sobre los restos de pulpa de la fruta, que ha quedado pegada a la hoja del cuchillo de cocina, de mango de mádera ya deslucido por el tiempo.Y en una esquina al otro lado de la mesa,un peródico doblado por la noticia del dia: latrocinio de Bankia, a quien el gobierno está inyectando miles de millones de euros mientras la población española se hunde en la miseria…¡Guaú! ¡Guaú!ladra y cabriolea, el perro peñajo en torno al cartel que hay plantado junto a las margaritas.¡Guaú! ¡Guaú! sigue ladrando el perro que ahora sentado frente al cartel.
Una mujer joven con pantalones cortos, y una camiseta en la que se lee: “Si la vida te da limones…¡pide sal y tequila!”,aparece con una bandeja con cafetera y tazas,y un sobre asomando por el bolsillo del pantalón. Un pitillo en los labios y unas manos de uñas descuidadas, a falta de señora de la limpieza que le curre en la casa.
– Toma, estaba en el buzón;es del banco…
¡Guaú! ¡Guaú!¡Guaú! ladra el perro pequeñajo al cartel asentado en el parterre,junto al macizo de margaritas.
-¡Papá! ¡Papá! las flores tienen bichos – dice el crío por desconocer la palabra pulgón.
Guaú! ¡Guaú! ¡Guaú! ladra el perro levantando la pata ante el cartel de “SE VENDE”.
y oigo a un perro ladrar…
¡Guaú! Brrreee…Grrrruuuñññ…

Ene 312012
 

 

 

Rula el Cuentacuentos, es su destino,deambulando por Oriente y Occidente,circundando la tierra con sus mares; rozando con la punta de los pies las dunas del desierto…Aupado en un cuerno de la luna acaricia con sus manos las estrellas…El Cuentacuentos, que es narrador, fabulista, fantasioso, y algo burlesco, le hace cucamonas a la vida y se para en el borde del abismo, en el linde de lo bueno y de lo malo, embaucando con embustes a la muerte.Exhausto el cuerpo,precisa un descanso en el sendero que llega hasta el pasado…Hoy necesita – piensa-, sentarse en un recodo del camino y ver pasar la vida por delante.Él necesita, no mirar hacia atrás sino al presente…Hoy el cuento no muestra hojas amarillas,ni olor a viejo, ni pátina del tiempo,pero espera que te quedes a su lado. Siéntate junto a él y mira hacía adelante…
De un salto, se ha sacudido el tiempo dormido y con el corazón en vilo, asoma la cabeza esperando ver algún ser vivo.Su mente llena de historias;las manos inquietas, prestas a bailar sobre el teclado,anhelan la atención de algún humano.Su alma enamorada de la vida grita al viento:
– ¿A donde vas amigo tan aprisa?¡para un momento!porque tengo que contarte lo que siento…porque tengo que ganarte con mi cuento… Escucha al Cuentacuentos que asomado al balcón de tu mirada,espera que no sean rechazadas las fábulas, leyendas y vivencias, que guardó para ti con impaciencia.
Párate amigo, y escucha al Cuentacuentos;escucha al Cuentacuentos…
A ti, que ahora duermes para soñar…
A ti, que ves pasar la vida desde tu caleidoscopio de colores…
A ti, indómito amigo que gustas de llamar al pan, pan, y al vino, vino…
A ti, poeta soñador; curioso amigo que quieres que destape el cofre de la magia por saber de Babieca, de hordas y demás…
A ti, amigo impaciente que esperas como un niño ilusionado que llegue el Cuentacuentos a tu hogar,te pido que le siembres el camino con dulces palomitas y “chuches” de algodón…Y a todos los tocados por la magia…Chiiiissssss… Si queréis escuchar:el Cuentacuentos os invita a soñar…
El Cuentacuentos no sabe medir el tiempo.De poco le sirve la clepsidra que custodia en su alforja.La guarda, tal vez, para captar los dorados reflejos del sol que recogen las gotas de lluvia en su carcel de color…La conserva, quizá como un niño, creyendo que en ella hallará reflejada tu imagen…O quizás porque sueña en que un día,verá tu sonrisa brillar en el basto cristal…
El Cuentacuentos no sabe medir el tiempo…
Se pregunta el Cuentacuentos:
¿Sigues ahí vida humana?
¿aún estás al otro lado de la valla en un rincón de aquel jardín?
¿sigues ahí?
Porque tengo que contarte… ya sabes…
Porque aspiro a que me escuches… si tú quieres…
Porque quiero que tu quieras escucharme…
Porque… porque…
¿Aún estás al otro lado de la valla?
Ruge el mar, baten las olas, y en su refugio del acantilado,allí en aquel paraje agreste y
escarpado, remembra un pasaje muy, muy lejano,de un buque, de la mar, del océano…de un mortal que huyendo del pasado,se afana en desechar de la memoria episodios de guerra y de revancha.Del mortal, en su talega conserva los recuerdos,de esos…de los que hieren por dentro,que una noche cruzando el océano lanzó a sus aguas negras y profundas creyendo el infeliz, el pobre humano,librarse de este modo de cadenas;de esas que axfisian el alma penitente…
Ese ser extraño y solitario que gusta de narrarte aquello que recoge por el mundo,te ruega que le escuches como siempre…Lo estoy viendo ¿No lo ves tú?Te está haciendo señales con la mano…Te llama por tu nombre… No, no es el viento ni tampoco el murmullo de la mar.Te estas equivocando, torpe humano.Vuelve la vista hacia el acantilado ¿Lo ves ya?Es el Cuentacuentos, no le hagas esperar.Te aguarda en su refugio,allí en aquel paraje agreste y escarpado, donde no suele llevar a los humanos…
¡Corre! ¡Vuela! Te espera el Cuentacuentos…
Toc, toc, toc… ¿Hay alguien en casa? El Cuentacuentos, llama a las puertas.Sabe que unas las encontrará cerradas, con el pestillo echado y el candado con tres vueltas de llave… Algunas, con la cancela entreabierta, no sin cierto recelo, le invitarán a entrar. No importa, el Cuentacuentos sabe esperar… Otras, las más, abrirán no solo las puertas sino también balcones y ventanas:
– Es necesario – piensan – que no se acabe la magia en mi hogar…
– Necesito – dicen – que no se apague el candil de la ilusión…
Y ahora dime… ¿Como tienes la puerta tú?No importa, el Cuentacuentos sabe esperar…
Está cansado.Tal vez vapuleado por el tiempo.Quizá por lo vivido que le pesa en el alma,y le embota la mente…El polvo del camino pegado a su atavío.La pie curtida y seca,denuncian esos surcos trazados por el sol,el frío del invierno, y el viento azotador.Sabe bien que no puede acomodarse.Entiende bien que es su destino rular por los caminos para ir dejando día a día, año tras año¡Toda una vida!lo que quiere contar, sin volver la vista a tras
Dime Cuentacuentos quien marco tu sino…Quien tornó la vida que debías tener,por andar los senderos,por subir las cañadas…por bajar las laderasy llegar hasta el mar…
Cuentacuentos dime:¿cambiar si pudieras, tu destino harías?
El cuentacuentos dice:
-No puedo trocarlo…llevo el polvo del camino pegado a mi atavío y la mente hechizada por todo lo que he visto,por todo lo vivido…Ven humano y camina a mi lado mientras te cuento todo lo soñado,y te relato todo ¿lo vivido?Ven y camina a mi lado…
De la talega de su memoria ha sacado el Cuentacuentos una de tantas historias: la ha salvado del olvido…
Viajando por el mundo. de ciudad en ciudad,de pueblo en pueblo, y de aldea en aldea. Confundido con el humo del hogar, zambullido en el agua de las fuentes, de los pozos, de los ríos, y del mar.Transportado por la brisa de la noche, y embarullado en aromas de jazmines y azahar. Encantado de narrarte lo que otros han vivido: El Cuentacuentos espera, como siempre, que le quieras escuchar…
Hoy la luna no asoma entré las nubes…Es una noche oscura;sin estrellas…El mar, extrañamente inmóville ha prohibido a las olas que acaricien la arena,y le ha pedido al viento que pase como brisa,como un niño descalzo…como una pluma de ángel…como un beso robado…Y el viento le pregunta:
¿Por qué estas hoy tan triste?
¿Por qué no ruges mar?
Y el mar va y le contesta:
Me falta el Cuentacuentos…
Hoy no se donde está…..
El Cuentacuentos se encuentra lejos allende la mar.Está buscando a un humano, en otro tiempo y lugar…
– Estas buscando en vano, Cuentacuentos ¿Lo sabes? – le grita el mar.
– Estoy buscando en vano.Lo sé… ya lo sé.Estoy buscando en vano…Lo sé…¡Hoy no quiero contar!
La cabeza apuntando al cielo y en sus ojos el reflejo de la luna enamorada. De esa luna amante, amiga, talismán adorado; paciente escuchadora de sus cuitas…Todo eso encierra para él esa luna enamorada…
Un leve soniquete acompaña al Cuentacuentos con cada movimiento de sus pies; con cada alzada de cabeza hacia la bella enamorada, por mirarla del derecho y del revés. De los cascabeles que ciñen sus tobillos y le adornan la punta de los pies, apenas queda alguno; se han quedado en el camino.Uno lo perdió, según contó, en un día de lluvia bajo los soportales de una plaza cualquiera, de un pueblo olvidado allende las montañas donde los pastos son más verdes, y las mariposas parecen que tienen pétalos de rosas y no alas. Se le cayó en un adoquín del gastado empedrado pisado a lo largo de los siglos por tal cantidad de vida, que no parece piedra sino raro y bello ópalo negro.Allí en una exigua oquedad quedó perdido, eso creyó, más el cascabeleo amigo le obligó a mirar atrás, algo inusual en él:
-Merece la pena- dijo al ver que un pequeño desvalido lo encontró-. Alegrará tus dias y tu vida cambiará, porque habrá alguien que te acogerá”.
Otro se soltó cuando brincaba entre las flexibles ramas de un retamal. La culpa fue de las flores; de esas flores amarillas que tanto le alegran la vista cuando sus ojos cansados por la fatiga necesitan cerrarse. Es entonces cuando ellas, las que adornan la retama, iluminan su mirada: -¡No importa! su música servirá de abono; es necesario que salpiquen las laderas y los bordes del sendero…
No mires a la luna enamorada, sigue contando Cuentacuentos; sigue contando… Déjala que se oculte un momento, o algo más de tiempo, tras la nube que ha venido a visitarla…
– No me gusta esa nube – dice frunciendo el ceño-,porque en ella he perdido más de uno de esos cascabeles que han formado parte de mi vida,cuando al soltar mi mano de uno de los cuernos de la luna enamorada he ido a caer en su blando y húmedo regazo ¿Me los ha devuelto? No. No me gusta esa nube, que al igual que escondió en su interior lo que le daba alegria a mi vida, también puede que un día se quede para siempre con mi luna.No me gusta esa nube…otro día te cuento…
-Adiós Cuentacuentos…
– No digas adiós obtuso humano. El adiós es el final: con el adiós no hay marcha a tras. Dí hasta que nos encontremos en los pueblos, en los campos, en los ríos, o en los mares. O di si quieres, hasta que los hados, los duendes, o los trasgos inquietos y traviesos, nos vuelvan a juntar, pero no digas adiós…
Se aleja el Cuentacuentos, y con él, la imagen de la luna enamorada que ahora duerme tras la nube ladrona y casquivana. Sin mirar atrás camina dando saltos por escuchar el sonido de los cascabeles que ciñen sus tobillos y le adornan la punta de los pies. Una mano en la talega, porque de su interior ha de sacar un par de ellos que ha quitado de esa nube casquivana.
Brinca el Cuentacuentos, mientras dirige sus pasos a la amiga retama.
– Dime ¿regresarás algún día?
La vista alzada porque algo ha llamado su atención. Es una nube.Una única nube pintada en el azul que toma forma de niño, de delfín o de león,según la meza el viento, o le de forma la imaginación…
– Que has de emprender una marcha, eso ya lo se…Pero dime Cuentacuentos ¿vas a volver? que buscas Cuentacuentos.¿ Volverás algún día?
– No lo se. – contesta con la vista perdida en el cielo dormido- Busco una estrella pequeña…y es tal su pequeñez, que nunca ha llamado la atención de los humanos.
– Pero tú la necesitas ¿no es cierto?
Es el hogar de mis ancestros…Hoy necesito de su luz y su calor…me hace falta algo de valor porque tengo que enfrentarme a Morta, a Décima y a Nona…Me hace falta valor ¡Mira !allí está mi estrella ¿la ves torpe humano?-El Cuentacuentos señala un punto en el cielo cuajado de luz-.¿La ves torpe humano?
-No…no se donde está…
– ¡Hombre necio!te lo advertí: es la estrella que ilumina el corazón, que calienta el alma, que templa la razón, y eso pobre humano…
– ¿Regresarás algún día Cuentacuentos?
– Ahora deja que me enfrente a mi batalla, después:no lo sé…

…………….

Buenas noches tristeza…hola y adiós…
Te alejo de mi vida,hoy te quiero ahuyentar…
¡Da media vuelta y vete! No te soporto más.
Deja que el navegante atraviese la mar.
Quiebra el hilo de la desolación,
que también has sabido anudar al alma del trotamundos;
al maltrecho corazón del Cuentacuentos..
Buenas noches tristeza…
hoy te digo: ¡Hola y adiós! ¡hoy voy a contar!
Toc,toc,toc ¿Hay alguienen casa?
¿Sigues ahí vida humana?
Porque tengo que contarter…ya sabes…
Porque quiero que tú quieras escucharme…
¡Corre¡ ! vuela! Te espera el Cuentacuentos.
No importa:
El Cuentacuentos sabe esperar…
Gudea de Lagash
Dic 162011
 


Soñando,soñando...


El camello se pinchó
Con un cardo en el camino
Y el mecánico Melchor
Le dio vino.

Baltasar fue a repostar
Más allá del quinto pino….
E intranquilo el gran Melchor
Consultaba su “Longinos”.

-¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!

-son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido-.

El camello cojeando
Más medio muerto que vivo
Va espeluchando su felpa
Entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
-Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
Al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
con su belfo y en su hipo!

Se iba cayendo la mirra
A lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
-ya cantaban pajarillos-
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.

-No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero, repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
Cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado

Le hace cosquillas al niño.

GLORIA FUERTES

Sep 082011
 

Quiero ser tu canción desde principio a fin,
quiero rozarme en tus labios y ser tu carmín.
ser el jabón que te suaviza, el baño que te baña,
la toalla que deslizas por tu piel mojada.
Yo quiero ser tu almohada, tu edredón de seda,
besarte mientras sueñas y verte dormir
yo quiero ser el sol que entra y da sobre tu cama,
despertarte poco a poco, hacerte sonreír.
Quiero estar en el más suave toque de tus dedos,
entrar en lo más íntimo de tus secretos,
quiero ser la cosa buena, liberada o prohibida,
ser todo en tu vida.
Todo lo que me quieras dar quiero que me lo des,
yo te doy todo lo que un hombre entrega a una mujer,
ir más allá de ese cariño que siempre me das,
me imagino tantas cosas, quiero siempre más.
Tú eres mi dulce desayuno, mi pastel perfecto,
mi bebida preferida el plato predilecto,
yo como y bebo de lo bueno y no tengo hora fija,
de mañana, tarde o noche no hago dieta.
Y este amor que alimenta a mi fantasía,
es mi sueño, es mi fiesta, es mi alegría,
la comida más sabrosa, mi perfume, mi bebida,
es todo en mi vida.
Todo hombre que sabe querer,
sabe dar y pedir a la mujer,
lo mejor y hacer de este amor,
lo que come, que bebe, que da, que recibe.
El hombre que sabe querer,
y se apasiona por una mujer,
convierte su amor en su vida,
su comida y bebida, en la justa medida.
El hombre que sabe querer……

                                                                                                                                                                         

                                                                                                                         ROBERTO CARLOS

Ago 192011
 

De un salto, se ha sacudido el tiempo dormido y con el corazón en vilo, asoma la cabeza esperando ver algún ser vivo.Su mente llena de historias;las manos inquietas, prestas a bailar sobre el teclado,anhelan la atención de algún humano.Su alma enamorada de la vida, grita al viento:- ¿A donde vas amigo tan aprisa?¡para un momento!porque tengo que contarte lo que siento…porque tengo que ganarte con mi cuento… Escucha al Cuentacuentos que asomado al balcón de tu mirada,espera que no sean rechazadas: las fábulas, leyendas y vivencias, que guardó para ti con impaciencia.Párate amigo, y escucha al Cuentacuentos;escucha al Cuentacuentos…
Gudea de Laga

Ago 182011
 

 




El Cuentacuentos os invita a soñar….

 

 

 

 

 

A ti, que ahora duermes para soñar…
A ti, que ves pasar la vida desde tu caleidoscopio de colores…
A ti, indómito amigo, que gustas de llamar al pan, pan, y al vino, vino…
A ti, poeta soñador; curioso amigo.
Que quieres que destape el cofre de la magia,
por saber de Babieca, de hordas y demás…
A ti, amigo impaciente, que esperas como un niño ilusionado,
que llegue el Cuentacuentos a tu hogar…
Te pido que le siembres el camino, con dulces palomitas y “chuches” de algodón…
Y a todos los tocados por la magia…Chiiiissssss… Si queréis escuchar,
el Cuentacuentos, os invita a soñar…

Ago 182011
 


Toc, toc, toc… ¿Hay alguien en casa? El Cuentacuentos, llama a las puertas.Sabe que unas las encontrará cerradas, con el pestillo echado y el candado con tres vueltas de llave… Algunas, con la cancela entreabierta, no sin cierto recelo, le invitarán a entrar. No importa, el Cuentacuentos sabe esperar… Otras, las más, abrirán no solo las puertas sino también balcones y ventanas: – Es necesario – piensan – que no se acabe la magia en mi hogar…

– Necesito – dicen – que no se apague el candil de la ilusión…

Y ahora dime… ¿Como tienes la puerta tú?

No importa, el Cuentacuentos sabe esperar…

 


Jul 312011
 

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

                                                                   jaime sabinés

                                                               

Jul 312011
 

                                                        

                                                          
 

 

Voy a llenar esta hoja
hasta arriba de “tequieros”
como un muro de graffitis
unos grandes, otros pequeños;
pero todos de colores,
divertidos y bien hechos.
Y quiero llenar también
hasta arriba de “tequieros”,
lo que me brota del alma
y se refleja en mis versos:
los que no le dije a nadie,
los que callé por respeto,
o porque no procedía;
pero que eran sinceros;
quiero escribirlos ahora,
ahora que tengo tiempo.
Yo quiero llenar mi hogar
hasta arriba de “tequieros”
los que enmudecí a los míos
y les privé de tenerlos,
por las prisas de la vida,
o porque no había tiempo.
Los “tequieros” de ternura
tejidos con gran respeto,
que por cualquier nadería,
le negué a mi compañero.
Tengo que llenar mi casa
hasta el último agujero
de “tequieros atrasados”:
no puedo perder el tiempo.
Y quiero llenar mi barrio
hasta arriba de “tequieros”
empezando por la iglesia
… desde el mercado hasta el metro
“tequieros” de soledades
a los que se sienten viejos
los que no tienen a nadie
y han perdido hasta los sueños,
los “tequieros” de la calle
donde a veces ni nos vemos…
esos… serán especiales,
con calorcito por dentro.
¿Y los “tequieros” diarios
a todos mis compañeros?
Esos tendré que formarlos
con mil besitos muy tiernos.
Tengo… tengo… tengo…
mucho trabajo este invierno.
Amigo, si un día lees
estos renglones pequeños
busca con mimo y cuidado
pon tu paciencia y empeño
que dejo en estos renglones
escondido tu “tequiero”
por si un día te decides
y vienes a recogerlo.

Beby

Escrito por RJ
Jul 052011
 




Dos monjes zen iban a cruzar el río cuando se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que tambien queria cruzar,pero tenía miedo. Uno de los monjes la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía de rabia por dentro porque eso estaba prohibido:”un monje budista no debía tocar a una mujer y ese monje no solo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.

Recorrieron varias legua en silencio, y al llegar al monasterio el monje enojado se volvió hacia el otro y le dijo:

-Tendré que decirselo al maestro.Tendré que informarle a cerca de esto…está prohibido.

-¿De que estás hablando? ¿Que está prohibido?-le dijo el otro.

¿te has olvidado? llevaste a esa mujer hermosa sobre sobre los hombros…

El monje se rió y luego dijo:

-Si, yo la llevé,pero la dejé en el rio muchas leguas atrás,en cambio tú todavía la estás cargando.

Anónimo