Mar 242016
 

 

Y se sienta al piano y mima el jardín, y de sus manos sale el postre “Taten”…

Me ha venido a la memoria la añoranza de un recuerdo; de esos que te suben en un pálpito el corazón a la garganta y tienes que sacar de algún rincón de por ahí dentro, ese suspiro socorrido que devuelve el sosiego a tu cerebro y, de alguna manera, afloja el alma de parte de su peso. Y la memoria, mi memoria, ha encontrado una estampa familiar de hace ya un tiempo,en donde seis chiquillos y una Yorksay consentida y cascarrabias jugaban al pie de un gran abeto azul, cerca de la verja de entrada cubierta por un rosal de rosas amarillas, que fiel a su cita con la primavera se vestía de flores de pétalos frescos y cáliz jugoso, arropando las ramas largo tiempo vacías de vida con unas hojas cinabrio y verde esmeralda, fruto del milagro de la madre naturaleza y del abono de excrementos de cabra que la jardinera traía en sacos hasta el hogar. Y es que nadie como ella para sembrar en temporada los tulipanes más bellos, los pensamiento más alegres y los ciclámenes más fascinantes,que sobresalían entre la alfombra de nieve que dejaba el invierno, salpicandola de hojas prietas de intensos colores. Y nadie como ella para transhumar por ese mundo de ollas, sartenes y cacerolas, en donde los sentidos se perdían entre el aroma de la moscada y el cosquilleo en la nariz de la cayena. Aspiro un momento y por la mía, parece colarse la fragancia de la canela cómplice de tantos placeres dulces que de sus manos salieron. Aspiro de nuevo…uuummm… huele bien. Y mientras babeo en mi boca ese sabor y ese aroma, escucho ladrar hasta la desesperación con ese ladrido estridente y chillón a la Yorksay consentida y cascarrabias, que ignorada por su dueña se revuelve en cabriolas en un intento de llamar su atención, hasta que herida en su orgullo se aleja en busca del refugio para los momentos bajos, o para cuando su dueño en un subidón de adrenalina porque su equipo ha tenido otra tarde de gloria, lanza cohetes como un poseso en el jardín. Y allí sobre la alfombra y bajo la pata central de la larga mesa acababa hecha un ovillo. Y los niños juegan y de ellos, uno que ya no es tan niño, se sienta al piano y toca a dos manos “Claro de Luna” y “Lía”, con la dueña del jardín, la reina de los fogones, mientras yo apoyada en el quicio de la puerta rememoro esa niñez; su niñez. Ese crecer entre libros, clases de piano y juegos. Esa dulzura que destilaban sus ojos de nena, esa sonrisa que a todos enamoraba… ¿A donde ha ido a parar toda aquella identidad? Se vuelve me mira y me sonríe, mientras comenta algo de que sus dedos ya no están en forma, pero no tengo oídos, solo tengo ojos y memoria para dejarme transportar a través de su mirada y por el filo de su sonrisa, hasta esa niña que una vez fue.

Y es que nadie como ella para sembrar en temporada los tulipanes más bellos…
Y nadie como ella para transhumar por ese mundo de ollas y sartenes…

Jun 102015
 

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He pasado por “la calle de la vida”, como yo llamo al Paseo del Revellín, ese trozo de Ceuta en donde la vida pasa y pasa tan acelerada como un corazón subiendo el Monte Hacho. Y me he parado a mirar el escaparate de una librería. No sé el motivo pero a mi memoria ha venido aquellas noches de maravillosa complicidad infantil, en la que los niños que vivíamos en el campamento de la Guardia Colonial nos deslizábamos de la cama y en pijama corríamos a la casa del capitán, en donde los hijos más pequeños nos esperaban también preparados para dormir. Y es que eran unas noche mágicas, cuando los padres de todos nosotros acudían a las cenas que por un motivo o por otro se daban en el Club de Tenis. Nos dejaban, eso si, al cuidado del “boy”, un guardia joven cuyo cometido eran las faenas del hogar, con el convencimiento de que los niños dormían plácidamente y podían quedarse hasta altas horas de la madrugada. Pero lo que ellos no sabían era que la prole de los instructores del campamento teníamos la “hora D”, que era ni más ni menos el momento de los ronquidos de nuestro cuidador. Había que acercarse a la cocina por un pasillo exterior con el techo de cinc, en donde en la época de lluvia el agua caía estrepitosamente sobre la chapa, haciendo un ruido tan envolvente que a mí me entraban ganas de regresar a la cama; siempre me atrajo la lluvia y mucho más las tormentas. Y llegabas a ese cuarto, en donde el “boy”, dormía como un angelito, un poco grandote, o al menos me lo parecía a mí, tal vez porque una a la edad de siete u ocho años, era bastante tapón, no os hagáis ilusiones que una sigue siendo un retaco, pero como nunca me ha preocupado la estatura, siempre digo que “un tapón de “Moët Chandon”. Y tras estos derroteros vuelvo a mi recuerdo infantil, en el momento en que desde la puerta veía como el cuidador estaba en el séptimo cielo, sentado en aquel banco de madera con la cabeza apoyada en la pared, con la sola compañía de las brasas que permanecían vivas en aquella cocina de hierro. Yo lo observaba un momento, como siempre y como siempre con el mismo pensamiento que no era otro que el saber como podía quedarse tan frito en aquel banco tan duro y con aquella postura tan incómoda. Pero un día llegué a la conclusión de que el motivo de dormir tan plácidamente en esa situación, se debía al ruido de la lluvia al estrellarse en el techo de zinc y a ese olor dulzón que invadía la cocina y que cuando le preguntaba por la colonia que usaba, él me miraba con sonrisa burlona y me decía que ”la colonia no se fumaba”… Así era el “boy” que velaba mis sueños y supongo, que el de algún que otro niño de los instructores del campamento. Siempre acudíamos todos, con lluvia o sin ella, con impermeable y botas de agua o con “bambas”,  pero siempre respondiamos a la llamada de una noche en vela alrededor de la lumbre de la cocina del capitán, en donde un par de” boys” sentados también en esos bancos de dura madera, a los que parecía que alguien les había dado una buena capa de brillante barniz,  por lo bruñidos que estaban del uso, comenzaban a practicar una de las cosas que más le gustaba al hombre negro de aquella tierra añorada, ”hacer historia” o como lo llamamos nosotros, contar cuentos. Y eran unos cuentacuentos admirables; sabían atraer la atención de todos los que nos encontrabamos en torno a esa cocina de hierro, a la que había que remover los rescoldos de tanto en tanto para mantener “la cocina viva”. Con maestría, conducia el cuentacuentos nuestra imaginación por un mundo en donde los protagonistas eran siempre los animales que habitaban el mismo pedazo de tierra que habitábamos nosotros. Todos ellos encerraban una moraleja, que daba cuerda a nuestra lógica infantil y teníamos mucha pues por lo general dábamos con la enseñanza del relato. Las horas pasaban con ellos en los bancos y nosotros en el duro suelo sobre los cojines de los sofás del salón del capitán. De cuando en cuando la visita a la nevera era obligada para beber un vaso de agua filtrada o pellizcar un trozo de bizcocho, con tal estilo que parecía no haber sido tocado desde que se guardó bajo llave porque la nevera, como la de todos, al menos en el ámbito en que yo me movía, tenían llaves que las madres guardaban celosamente, en este caso el escondrijo era cantado para todos nosotros porque Fabiola y Junín, los dos pequeños de la casa, sabían muy bien donde se guardaba: en un zapato de fiesta de la madre. Pasaban las horas sin sentir, hasta que como en el cuento de Cenicienta el reloj de la torre del mercado daba sus campanadas, pero no las doce de la bella princesa; el reloj hacía sonar las cuatro campanadas de la madrugada y el “hacer historia” se tenía que acabar, así que salíamos todos corriendo atravesando la gran explanada de aquel campamento para meternos en la cama antes de que nuestros padres llegaran, o que Pantaleón, por aquel entonces era nuestro ”boy”, y todos los otros “Pantaleones” se percataran de nuestra ausencia; cosa que no había ocurrido nunca.
He pasado por “la calle de la vida”…Y me he parado a mirar el escaparate de una librería… Hoy me he resistido al impulso de sentarme en un banco de madera barnizada, de esa calle de la vida y rodearme de niños y “hacer historia”; pero no ha podido ser porque no había ni techo de zinc, ni lluvia, ni complicidad infantil…

May 202012
 

rfanato de nuestra señora de la almudena 4

 La lluvia caia tras los cristales. Era una lluvia pesada, que empapaba los muros y el tejado del colegio, dejando el suelo hecho un lodazal: potopoto… potopoto… potopoto… potopoto… Parecía decir cada gota de lluvia al estrellarse contra la tierra: potopoto… potopotopotopoto… Las gotas caian una y otra vez hasta encharcarlo todo.Un relámpago y luego otro.Un trueno y luego otro y otro, y en el colegio de monjas de la Inmaculada Concepción, un reloj daba las cuatro. Sor Teresa, de mirada dura, rictus amargo y corazón de piedra, cruza la clase con el borrador en una mano y le da al interruptor de la luz. La tormenta lo ha oscuerecido todo y la clase ha de continuar. La pizarra, el borrador, la tiza.Una potencia, un exponente, un problema de álgebra… Un volverse a observar a sus discípulas, con el mismo ardor que Rodrigo de Triana oteando el horizonte.
Sor Teresa de cuello estirado, no se sabe si por la cofía almidonada, o porque se había tragado un hueso de “atanga”, paseaba entre los pupitres recien adecentados por la hojilla de afeitar, que las manos diestras de las niñas pasaban por las cicatrices de la madera: un corazón de tinta, una inicial… luego otra; un borrón y un pequeño socavón horadado con la punta de las tijeras en la clase de labor… El frufrú de su habito blanco almidonado y el entrechocar de las cuentas negras del rosario atado a su cintura, alertaba a la alumna que rezaba a La Virgen Pura para que el frufú y el baile de las cuentas, no cesaran junto a ella, por ser señal inequívoca de que la estaba observando a ella y solo a ella.
Y la lluvia caía: potopoto… potopoto... potopoto... potopoto... Y a la hora del recreo el pan y chocolate, la comba, las piedras, la goma y entre salto y salto, corrillo y corrillo, corría el rumor, fundado o infundado, de ese carácter avinagrado tan suyo,que según los dichos, dimes y diretes, no era otra cosa que el mal de amores de un novio, que la dejó plantada ante el altar por una funambulista de la fería, que por San Tiburcio, montaba sus tiendas en las afueras de la pequeña ciudad de provincias que la vio nacer.Y la lluvia, ahora menos, caía y caía:Potopoto… potopoto… potopoto… potopoto... Y en el reloj del colegio daban las seis. Sor Teresa en la puerta envarada, tiesa como una mojama, con la linea de los labios tan fina y pegada como un sello de diez céntimos, y un montón de niñas con babis a rayas blancas y verdes, guardando la fila en silencio y frenando las ansias de volar…Volar por el patío como palomas al cielo. Correr, correr y saltar. Atrás quedan las internas de color…
Mañana será otro día. Empieza el mes de María, con canciones, oraciones, flores y niña con cinta azul, en su cuello inmaculado.
Y sigue y sigue lloviendo: potopoto…potopoto…potopoto…potopoto…
Mañana será otro dia. Mañana toca “labores” con los “pañitos” bordados de bodoques cordoncillo y petit point… De vainica, de zurcidos de canciones a María. De chicos espiando por encima de la tapia. De miradas furtivas… chiiiiisssssss…. No oigo el frufrú, ni el rebotar de las cuentas del rosario a la cintura… Chiiiisssssss…… Sor Teresa se ha parado.
Y un montón de niñas con babis a rayas blancas y verdes…
Como palomas al cielo…
Y los chicos espiando por encima de la tapia…
Potopoto…potopoto…potopoto…potopoto…

Feb 152012
 

Un tribal con tres caras africanas en una de las pantorrillas.Una sonrisa encuadrada en un mentón amplio y viril marcada por  una patilla de pelo fuerte. Una ceja con cicatriz,de aquella vez que quiso ponerse un piercing y duró, lo que suele durar una “peli”de Spileberg por tener la piel sensible como la de la madre que lo parió.Un pedacito de carne justo al lado de la oreja del tamaño de un guisante temprano:
-Es una oreja en miniatura…Si,no me mires así.Tanta cortisona…tanta cortisona…-le dijo el ginecólogo a la madre que lo parió, aquella tarde de sol y lluvia de regadera:la lluvia del caracol ,olvidando que el había sido el artífice de “tanta cortisona”. – Cuando sea grande el “muyayo”,que decida si quiere que lo acompañe al cementerio, o que la boten por el risco.Deja que el decida mi hija…
“Un guisante temprano”que nunca se quitó,no se sabe si por querencia,o por esa extraña atracción que ejercía en el sexo opuesto.La nobleza de su abuelo en la mirada enmarcada en unos ojos de San Bernardo-demonio de Tasmania,según el ánimo,Y unas manos grandes de dedos largos y fuertes de tanto hacer timbrar las cuerdas de ese bajo, con caja de madera, que con tanta ilusión, y muchas horas de curro,una tarde compró arrastrando en su aventura a la madre que lo parió,porque era una madre “todo terreno” que lo mismo hacia una tortilla,que cosia un remiendo,pintaba un cuadro,escribia un libro,o se sumergía en un mar de bafles,mesas de sonido,guitarras,palos de lluvia, y conciertos con aroma de litronas y hachís de Chaouen,aunque ninguno de los dos fumaba ni le daba a la litrona, por eso de que el asma y los “yuyus”de cabeza no se llevan bien con esos dos compañeros de conciertos.
Y él le daba a las cuatro cuerdas del bajo desde la puerta de aquel destartalado cuarto cuartelero abandonado hacía un porrón de años,y al que habían insonorizado forrandolo de cartones de huevos.Y el tocaba,digo,desde la puerta en invierno, con chupa y gorro de lana calado hasta las cejas,y en verano, con gafas de sol y pantalón de deporte,por eso de que el aire en el cuartucho se podía cortar con tijeras de pescadero,por lo denso de la fumata,y él no estaba dispuesto a tener otra crisis de asma de esas de campeonato.Y era gracioso ver al grupo actuar con aquel muchacho del tribal en la pantorrilla,tan “fuera de lugar”,pero es que era tan bueno…con ese pulgar y ese índice golpeando las cuerdas,con ese subir y bajar los dedos por ese mástil interminable, haciendo sonar esa octava grave que lo hacía tan particular…:
– No.Él es el “sano del grupo”,decían a la hora de pasarse el porro.Un porro baboso pasado de boca en boca,en un corro como el de “las patatas”,pero con litrona y patatas fritas de bolsa manoseadas por los dedos de todos.No.ÉL no;él es el “sano del grupo”.
– No.Yo no,decía la madre rechazando amablemente la ocasión de darle un par de caladas al porro a mendio fumar,que una tiene luego que hacer la cena,que fregar,que darle a la tecla,que limpiar los pinceles…Y tod@s reían a mandibula batiente creyendo que ella lo decía por decir.
Un tribal con tres caras africanas en una de las pantorrillas que, en su momento,le costó un huevo de pato que consiguió a base de currar tras las horas de estudio.Apareció un dia con él y a su madre casi le da un “paraflai”,aunque no dejó de reconocer que era una preciosidad…
Un tribal que siempre llevará con él,al igual que ese guisante temprano que nunca quiso quitarse.
Un tribal, y un guisante temprano junto a una cicatriz en la ceja por ese piercing rechazado por tener la misma piel que la madre que lo parió.
Un tribal,y esos dedos inquietos como alas de colibrí.
Un tribal,y los ojos de su abuelo.
Un tribal,y toda una vida por delante.
Y tenía un tribal con tres caras africanas,y un guisante temprano, ojos de San Bernardo-demonoio de Tasmania, y dedos de alas de colibri.
Y tenia, y tiene.

Ene 062012
 

Querido Baltasar...

 

Frente a su hermana mayor tan tranquila,a sus cuatro años ella era un manojo de nervios;siempre era un manojo de nervios,pero esa noche lo era aún más.Delgada,pequeña y ojerosa su imaginación de niña no paraba ni un segundo.Había intentado portarse bien durante todo el año ¡por el Ángel de la Guarda que lo había intentado! pero  a ciencia cierta no sabía la nota final tras su extenuada voluntad por ser todo lo buena que los mayores pensaban que debía ser.Hizo mentalmente, y contando con los dedos de uñas roídas ,un balance del tiempo que había pasado desde la última vez que los camellos se comieron las patatas y se bebieron el cubo de agua…Sed tenían un rato, pero los Reyes en cambio, ni un polvorón tocaron,solo tomaron una copita de anís,y eso lo sabía de buena tinta porque ella misma había supervisado las copas para ver si “estaban mojadas por dentro”.Y es que su padre “Ojos de Gato” le había dicho que venían hartos de polvorones de todas las casas que visitaban en la noche,que eran todas en las que vivía un niño, y que por eso llegaba un momento en que ya no podían comer más, pero en cambio agradecían una copita de anís para entrar en calor,porque frío pasaban un rato largo con tanto volar por los aires con los camellos…Y ella cada vez que escuchaba esto pensaba que porque se empeñaban en montar todo ese jaleo en invierno,que vale que era porque en navidad había nacido el Niño Jesús  pero que, seguramente, si decidían venir en verano pues el Niño no se iba a molestar.Miró por encima del hombro de su padre hacía las luces de colores que brillaban al fondo del paseo como los envoltorios de las fruta escarchada de Aragón,mientras por las orejas enfundadas en un gorro de lana marrón con borlas color caramelo,se colaba el”A Belen Pastores” al ritmo de zambombas,guitarras,bandurrias y panderetas.Unos nervios mal frenados y un par de velones colgando bajo una nariz respingona y del color de un  tomate cherry,completaban el cuadro de la pequeña.
-¡Los ves! ¡Los ves Gelinda!-“Ojos de Gato” señalaba hacia las luces de colores precedidas por pajes y ayudantes de los reyes que tiraba de camellos cargados de paquetes envueltos en vistosos colores.La niña asentía tiesa como el palo de un de zambomba y la vista puesta en la caravana.
-¡Los veo! -dijo pegando un tirón al botón de la hombrera de la gabardina de su padre- ¡Los veo!-siguió gritando.
Se frotó los mocos a los que hacía rato les había dado un lametón a modo de pañuelo y con manos pegajosas aplaudió no sin antes volver la cara de su divertido padre hacia las carrozas de los Reyes.
-Baltasar;Baltasar es el tuyo.El rey negro Gelinda, porque como has nacido en Guinea,el tuyo debe ser el negro, y aunque digan que es el más pobre tú no te preocupes porque siempre tiene algo para los niños y las niñas que han sido buenos.
-¿Y por qué el Rey de mi hermana es Melchor? Ese es el más rico ¿no?- pregunta con el ceño fruncido.
-Pues…porque ella nació en Valencia y en Valencia no hay reyes negros como no sean de chocolate…
Una lluvia de caramelos cayó cerca de ellos.Los niños corrían como locos a recogerlos tropezando entre ellos y cayendo al suelo de la calzada,haciendo caso omiso al peligro que corrían al interponerse en el paso de los animales que seguían su camino cansados ya de tanto bulto como llevaban encima.De pronto creyó estar soñando,su padre la había alzado por los aires y el Rey Baltasar¡su Rey! la tenía ahora en brazos preguntándole que si había sido buena y que quería que le dejaran esa noche en casa.¡Su rey! Es que no daba crédito a lo que le estaba pasando ¡Jope!Si es que estaba con Baltasar.Sus ojos se cruzaron y a ella le pareció que Baltasar leía su pensamiento,y se sintió incómoda ¿Se habría enterado de aquella tarde que Juanín y ella jugaron a médicos y enfermeras en el porche de su casa?Tampoco fue para tanto,aunque su madre armara aquel follón contándoselo a “Ojos de Gato”,que no paró de reir en un buen rato,pero eso si,entre risa y risa le decía que en cuanto encontrara un momento de respiro la regañaría.¡Como eran los mayores! si hubiera sido una inyección de verdad lo comprendería pero fue con un lápiz amarillo sin punta y por un lado de la colilla,porque los niños tenía colilla, eso lo sabía ella de vérsela a los bebés cuando les cambiaban los pañales…Volvió a mirar a Baltasar que seguía haciéndole preguntas a las que ella no contestaba tal era su preocupación por ese “pasado suyo” que quizá le jugara la mala pasada de dejarla sin juguetes y ser la reina del carbón.
-¿Me estás escuchando?-el Rey mago la miraba con asombro pues nunca,en todo el tiempo que venía ejerciendo como tal se había cruzado con una criatura tan ausente como esa pequeña…- Niña¿Me quieres decir que es lo que quieres que te dejemos esta noche en casa?
-Pues…-dijo a la vez que sus ojos intentaban sacar algo en limpio sobre el concepto que ese rey Baltasar que, le había tocado en suerte,tenía sobre “su vida pasada,no muy lejana”- un triciclo,una muñeca que llora y mueve los ojos…- vaciló pensando que quizá se estaba pasando y el rey le diría que “alto ahí” porque a las niñas que juegan a médicos y enfermeras solo se les deja carbón,pero por otro lado recordó que ese año había aprendido a leer y a escribir con su padre “Ojos de Gato”, y eso de alguna manera haría que se sintiera orgulloso de ella,así que siguió pidiendo.-y una cocinita con cacharritos,y unos patines para mi hermana Tatín y dinero para mis papás.
-Muy bien pequeña,veremos si podemos complacerte con todo lo que has pedido, porque ya sabes que hay muchos niños en el mundo y algunos de ellos muy pobres.
Gelinda le besó la mano y el Mago se la devolvió a su padre que parecía enfadado con su madre y no entendía porqué.Solo hablaban de la mano de Baltasar:”-No dejes que le bese la mano”-había dicho ella antes de subir a la carroza,pero ella se la había besado…Entonces recordó que su madre nunca le dejaba jugar a con “monguitos”(niños negros)…Pensó que lo tenía muy crudo entre lo del lápiz amarillo y ahora el beso con mocos que había dejado plantado en la regia mano negra.
-¡Esta noche he escuchado ruidos!-dijo saltando de la cama y dando vueltas por la habitación como un muñeco de cuerda-¡He oído ruidos,lo prometo!-Y echó a correr por el pasillo, descalza y sin el batín,en dirección al comedor.
Una muñeca de ojos azules e inexpresivos, con el pelo “de verdad”, y un vestido estampado esperaba la atención de la niña.Una cocina cargada con ollas,sartenes, platos y el resto del menaje,aguardaban a que las manos de su dueña quisieran jugar con ella, y un flamante triciclo rojo permanecía aparcado junto a uno de los “orejudos”esperando que la ciclista quisiera soltar algo de la adrenalina que llevaba dentro.Palmoteaba y palmoteaba sin saber que abrir, y que probar primero cuando sus ojos se fijaron en un paquete que descansaba en el “orejudo”.Se acercó y rasgó el papel con un par de manotazos, de manos de niña,Y sus ojos brillaron buscando a su padre.¡Un disfraz de enfermera con un precioso maletín blanco y una cruz roja pintada en él! Volvió a palmotear sin dar crédito a lo que veía:Baltasar no estaba enfadado con ella por su curiosidad infantil,eso estaba claro,porque si no,no le habría dejado ese disfraz…abrio el maletín y allí encima del estetoscopio, y del termómetro,se encontraba la carta que desde hacía dos años Baltasar dejaba para ella Baltasar.Se acercó a “Ojos de Gato” que abrío el sobre no sin antes decirle que para el año próximo esperaba que fuera ella la que leyera la carta y no él.
“Querida Gelinda”-leyó- Sabemos que este año te has portado bien pues entre otras cosas has aprendido a leer y a escribir,cosa muy importante en una niña de tu edad,por eso te hemos dejado todo ,lo que nos has pedido y algo más que te regalo yo personalmente:un disfraz de enfermera con todo lo que una enfermera necesita para curar a sus muñec@s ,que es lo que debe hacer una niña como tú y no usar los lápices amarillos para poner inyecciones porque a parte de que los lápices son para pintar,puedes hacer mucho daño al paciente (niño enfermo):no lo olvides.
Un beso y portate bien todo el año.

Baltasar

Dic 122011
 

 

Y hay veces que me hago unos largos ...

 

Me hago unos largos de cuando en cuando y de vez en vez, en la piscina de mi memoria, hoy no con aguas tan claras como las de ayer, pero aún sigo encontrando algún recuerdo de esos que “valen más que un tesoro”. Y de entre esos recuerdos  hay uno, que esta memoria mía guardó con celo y tesón para que no se perdiera entre los entresijos de la desmemoria. Es un recuerdo sencillo, ingenuo,infantil…Es un recuerdo de niños, de hogar de padres y madres de:”hogar dulce hogar”.
Y en mi recuerdo aparece una casa en un campo de aviación abandonado con un avión de pasajeros estrellado, justo donde acaba la pista y comienza un profundo terraplén.No hubo muertos ¡gracias a Dios! Ni si quiera heridos,aunque parezca increíble.A cambio se quedó una anécdota en el recuerdo de todos los que lo vivimos, y de los que aún vivimos, y es que Mari Marrero, una persona muy querida para muchos,se dió cuenta, cuando la pusieron a salvo,que su San Martín de Porres,”Frai Escoba” para los amigos se había quedado atrapado en las entrañas del albatros venido a menos.Y mi memoria revive aquella carrera salvando obstáculo tras obstáculo de brazos y piernas queriendo pararla en vano, y de como llegó, entró y salió con su San martín acunado entre los brazos, como el que acuna a un cachorro de animal racional o irracional,entre los aplausos del personal y las regañinas del resignado marido.
Y en ese recuerdo de niños, de hogar,de madres y padres, de aviones caídos, hay otro también de un cementerio viejo justo al lado de la cabecera de pista de ese aeropuerto tan viejo y abandonado como él. Era,no diré que una gozada pero si divertido por lo inusual del paisaje y esa sensación extrañamente amiga,de ver lo que encerraba sus muros a la hora de aterrizar o despegar.
Y en ese recuerdo de niños,de hogar, de madres y padres,de aviones caídos, de cementerio viejo, hay otro también de montaña y boina de nubes custodiando la pista como un coloso de Memnom.
Y en ese recuerdo de niños, de hogar,de madres y padres, de aviones caidos,de cementerio viejo,de montaña y boina de nubes,hay otro también de unos niños en pijama trasteando en una cocina churruscando rebanadas de pan al fuego de una cocinilla de gas, en la que un cazo de leche caliente esperaba a que esas manos pequeñas acabaran de preparar ese “desayuno del dia especial”.”Tulipán” en trozos gruesos de pan, “Nescafé” con la leche en las tazas que una vez contuvieron “Nocilla”, y una bandeja de plástico con una rosa del pequeño jardín del hogar, completaban la puesta en escena. Una habitación y unos padres dormidos que despiertan al escuchar”cumpleaños feliz”. Unas caras plenas de felicidad, y unas sonrisas que ya las quisiera el gato Risón para él. Unos abrazos…unos besos entre mordiscos a esas tostadas quemadas y frías ¡las mejores del mundo! y unos sorbos de leche caliente desbordada en la bandeja. Un aspirar el perfume de la flor, a veces sin perfume, que a la madre le olía al mejor y más intenso de los aromas.Tanto que aún hoy al cabo de los años lo sigue conservando entre sus recuerdos de la memoria y no en la desmemoria.
Y…Me hago unos largos de cuando en cuando,y de vez en vez, en la piscina de mi memoria, para no dejar que la desmemoria acabe llevándose todo aquello que amé y sigo amando.Todo aquello que viví y no quiero olvidar,al fondo del pantano de la tristeza que no es otra cosa que el olvido. Y por eso hoy recuerdo y mañana volveré a recordar, para no olvidar todo aquello que amé y sigo amando…para no olvidar todo aquello que viví.
Y…me hago unos largos de cuando en cuando, y de vez en vez…

Sep 132011
 

Y me ha venido a la memoria un niño,dos y otro que voló…voló…y voló. Y un hombre bueno y una casa …y un camino…

 

Me ha venido a la memoria una casa con un seto de romero y su  pequeño jardín en el que solo crecía el césped decorado por un hoyo, que pasaba los días a la espera de que el alguien plantara en sus entrañas una palmera,una cica o cualquier otro árbol que le hiciera sentirse útil.Y me ha venido a la memoria esa piscina de plástico en el césped, y los gritos y las risas de los niños que reian y jugaban salpicandose entre ellos entre ladridos de” Nano”un perro que tenía una tarjeta de visita que ponía:boxer aunque no pasara de “callejero”, y al que el abuelo de los niños le había colgado un tanganillo con el fin de que cesara en sus visitas al sembrado de coles y lechugas de un vecino agricultor,que lindaba con el  hogar familiar trescientos metros más allá.Y un abejorro; un abejorro colandose en la cocina a través de una ventana grande de cortinas a cuadros por donde un aroma a” guiso con amor”se escapaba llenando el aire de ese dia de verano.Y un bizcocho en el horno…Y la mesa puesta.
Y me ha vendo al rincón de la memoria una caja de zapatos agujereada en la tapa,con hojas de morera para dar de comer a los gusanos; a esos gusanos de seda que con ilusión guardaba el mayor de los chiquillos. Un niño guapo;un niño bueno y algo tímido, al que no le gustaban nada las alubias “Tio Lucas” que su madre hacía con esmero, pero que a él, ni con todo el amor del mundo quería  comer.
Un pececillo.Un pececillo de colores aflora ahora a mi memoria, aprisionado en una mano pequeña y regordeta cuyo dueño, un nene rubio de sonrisa alegre y con una mirada que te iluminaba los días grises de invierno, la enredaba con el brillo de sus ojos al tiempo que le contaba una historia de un pececillo encontrado en “el camino de Onésima”,un sendero bordado de ciruelos, perales, e hibiscus,que llegaba hasta la escuela del lugar.Su lengua de cartón intenta convencerla de:Y… erase una vez un pececillo de colores que vivía en la tierra porque no sabía nadar…Y la madre lo escucha, a sabiendas de que aquel pececillo tenía su sitio en una pecera de otro hogar no muy lejos del suyo.
-¿Que escondes en la mano?
-Nada…
La mirada del chiquillo desarmando a la madre.
-Abre la mano…A ver…
El pececillo respirando como un bebé en una incubadora.
-Me “loecontrado”…
Dos chapetas rojas y un par de velones abriendose paso hasta los labios.
-Anda ven que se lo daremos a su dueña…
Y el pececillo de colores volvía a su sitio en aquella pecera de aquella vecina y sus niñas, compañeras de juegos,de piscina de plástico,de risas y bizcochos…
Y recuerdo.La memoria ha querido recordar a un bebé a un libro; a un libro y a un bebe en una habitación de hospital. Y a una joven madre recostada en la cama con Sohogun en las manos y el nene en su regazo. Y un capazo azul, y un balón, y una verja, en el pequeño jardín de césped y agujero vacío, de piscina de plástico,gotas de agua y risas de niños. Y una sonrisa y un beso y otro beso…y un no saber que alguna vez habría de volar lejos muy lejos…
Me ha venido a la memoria un hombre joven jugando con los pequeños, y viendolos crecer, sin darse cuenta que alguna vez echarían a volar, volar, volar.
Un recuerdo, otro recuerdo, un esbozo de sonrisa en la memoria, un beso en el corazón, un sentimiento de un no se que…por aquel que se fue hace tiempo a las estrellas…
Me ha venido a la memoria tantas cosas esta noche que se me ha encogido el alma tanto y tanto que no se si me tendrán que dar otra nueva…Y es que quizá no era de tan buena calidad como siempre una creyó…o…es que de tanto añorar…De tanto añorar….
Y una casa, una piscina, un hoyo huérfano de árbol; un bizcocho y un chiquillo, y dos y tres…Un hombre bueno y un pececillo …Y un alma ajada…Y un chiquillo, y dos y tres.
Y un recuerdo…y otro…y otro, me ha venido a la memoria, a esa memoria juguetona y traicionera que recuerda, lo que una hay veces que no quiere recordar. Y se olvida de recuerdos que una no quiere perder.
La memoria…los recuerdos…la solitud de mi alma…
Y una casa…y una caja de zapatos…
y uno…y dos…y tres……………………………
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Ago 222011
 

 

 

Mi gratitud eterna para el lugar de mis comienzos... Y mi ilusión, de niña, de mujer... de ser humano, para este otro que acaba de nacer...

 

 

Voy desempolvando recuerdos; escritos,dejados en un papel, algunos perdidos entre las hojas de un libro, y otros olvidados en un cartapacio sobado hasta la extenuación, de tanto uso que en un tiempo pasado se le dio. Pensamientos, ocurrencias, tonterías, y cosas serias de cuando en cuando,que al igual que los santos de los altares, o los pepones de goma de la gente menuda, han estado arropando durante mucho tiempo un rincón muy, muy querido para mi, Y que ahora tras desvestir aquel lugar, vienen a cubrir este otro rincón, no sin antes darle caña al “yo” del egoísmo, o de la libertad… eso da igual.Mi gratitud eterna al lugar de mis comienzos, y mi ilusión de niña, de mujer,…de ser humano, para este otro que acaba de nacer…

……La mujer que es hoy, llamada Gudea,Ederlinda, Nina, o Linda, eso da igual… da las gracias de mujer a la vida y junto a sus recuerdos en el corazón, lleva a sus amigos… los seres queridos… los ratitos buenos, los momentos duros, la voz de “Pepito Grillo”, con su rollo del bien y del mal…
La niña Gelinda, la mujer que es hoy, cruza de cuando en cuando la plaza, y se queda observando a la bruja, que custodia su hogar desde el cielo. Esa bruja barbuda, de sombreo de pico que monta su escoba, y parece que espera a que llegue la lluvia a mojar al sol. Y el sol que es muy bobo, se cree que lo hace por aplacarle el calor, pero ella que es cuca, tan solo desea que aparezca el arco, ese arco lleno de luz y color, porque según cuentan, si logra pasarlo la estrella de niña podrá conseguir… pues ya tiene el verso, y también la flor, y guarda una perla, que junto a la estrella se hará el prendedor… La bruja es muy cuca y atrae a la gente desde mi tejado, y unos me preguntan…:-¿Echas el Tarot? y otro me consultan…:-descifras las manos…ves en el aceite…lees el pensamiento… ¿Buscas en los posos del café?… y yo les respondo que solo mirando a los ojos consigo saber de tu vida. Y le digo mirame… pero mirame de frente, y tal vez consiga desnudar tu alma… Tal vez lo consiga…
la bruja barbuda vigila el camino, para ver si vienen mis viejos amigos de piel marinera, de ojos de sal y de mar… mis buenos amigos…
Ago 222011
 

Y a falta de plátanos, os dejo esta foto de un puesto de frutas de uno de tantos mercados de taiwán.Uuuummm....¿Os llega su aroma?

 

Este pots fue el primero que escribí, y en su momento tenía un monigote amarillo en la portada. Se quedó en el camino como muchas cosas de la vida,pero aunque ahora esté algo descolgado, no he querido dejarlo en el cajón del olvido, así que aquí os lo dejo.

 

 

Supongo que ese manchón amarillo con aire socarrón , y que me mira con cara de escepticismo, será mi mudo compañero de fatigas durante, Dios sabrá cuanto tiempo, así que como vamos a tener que soportarnos le digo: -pasa, pasa, no te cortes, que ya se que vienes con el hacha de guerra levantada, y estarás siempre recordandome lo poco que interesa lo que aquí escribo. Pero he de decirte algo amigo, en el fondo te voy a tener un cariño, porque me has traido a la memoria los caramelos masticables con sabor a plátano de mi niñez; ese pringue que me dejaba en los dedos, y que era digno de patentar como el mejor y más eficaz loctite del mundo mundial… ¡Que gozada! cuando despues de escupir la mitad, porque ya estabas más que harta del caramelo, te limpiabas en la pechera del vestidito blanco que te habían puesto a juego con las braguitas de perlé con lacitos ¡Que gozada! llevar toda la cara a churretes mientras las otras niñas mantenían sus vestidos de repollo, igual al mio, pero limpios ¡Que gozada! volver a encontrarte caramelo masticable de plátano, aunque sea en el cajón de mi memoria ¡Que gozada!

 

Ago 222011
 

 

Con el ensueño de Punta Fernanda al fondo:mi padre “Ojos de Gato”junto a su compañero Valentín Ortega

 

 

Con un año me enseñó a rezar…

Con cinco me enseñó a leer…

 

Me enseño a buscar, y saber encontrar,la esencia de la vida en la familia


El testigo ya cambió de corazón; ahora les toca a mis hijos…

 

Hoy me ha venido a la memoria, que mi padre me enseñó a santiguarme a la temprana edad de un año. Recuerdo las olas del mar desdibujándose entre la arena de una playa de la Almadraba y los dedos de mis pies pequeños y regordetes. Veo su cara sonriente muy cerca de la mía preguntándome si ya había hecho “mí”, y yo afirmando con un movimiento de cabeza, a la par que me agarro a su cuello y dejo que me sumerja en las profundidades del mar y escucho a mi corazón latir a ritmo de reguetón. Aún conservo el olor a mar en mi nariz, todavía siento su brazo protector alrededor de mi cuerpo de niña; su risa y su sonrisa. Sus ojos de gato enmarcados en una cara de expresión amable. Aún resuena su voz en mis oídos: -¿ya has hecho mí?

Mi padre me enseñó a leer cuando cumplí los cinco años en Valladolid de los Bimbiles, un pueblecito en mitad de la selva de Guinea Española y no porque no hubiera escuela, no señor, que si que la había. Recuerdo que enseñaba una maestra negra paciente y bonachona, a la que le gustaba beber a morro de una botella de cristal verde, cuyo contenido no era otra cosa que leche, lo que no puedo contaros es si era de vaca, de cabra, de oveja o de hipopótamo hembra, pero era muy blanca y a mi me parecía que tenía que saber muy bien, no como la empalagosa leche condensada de la que ya estaba tan saturada ¿Por donde iba? a si… decía que mi padre me enseñó a leer y para ello me mandó a comprar a la factoría ,”el Catón I” y yo me sentí muy mayor, porque nunca nadie en mi corta vida me había mandado a comprar nada. Así que entré en el local saturado de sartenes, ollas, ropa, “lámparas de bosque”, caramelos… Recuerdo que tras los cristales del mostrador, cadenas y medallas con baño de oro mostraban a un Sagrado Corazón y a una Purísima, que a mis ojos de niña se me antojaban de lo mas macabro, con ese corazón fuera del pecho y esa media luna clavándose en la planta de los pies de la madre de Dios, y yo pensaba, desde mi lógica de niña , que ¿por qué no tenía zapatos? Todo esto bullía en mi cabeza, y muchas cosas más, cada vez que traspasaba el umbral, hasta entonces de la mano de mis padres. Me viene a la memoria la mezcla de aromas que te envolvían como un papel de celofán: olores a tabaco, a licores, a pescado salado… Unos mas agradables que otros, pero en definitiva, olores que iban marcando el pulso de la factoría…. Y así con todo ese galimatías en mi infantil cerebro y una mariposa revoloteando dentro del estómago, fue como entré a comprar el primer Catón, que mi padre con paciencia me enseñó a leer , sentados unas veces bajo un egombe egombe <árbol autóctono de esos lares>, y otras bajo una palmera o cualquier cosa que diera sombra: a= abeja…. e= elefante…. i= iglesia…. o= ojo…. u= uva… Y luego vino el catón II, el cual también fui yo a comprar, pero esta vez cruzando el umbral de la factoría como lo haría la reina de Saba, si en ese momento yo hubiese sabido quien fue la reina de Saba.
Me viene a la memoria, la lección de humildad que mi padre me dio. Me llevó con seis años a una leprosería, allí en el África negra al pabellón infantil, para que viera que no era importante el color de la piel, si no el sufrimiento del ser humano, y como en muchos de los casos, aún se podía esbozar una sonrisa ante un caramelo , como la que nos dedicó Martín, un niño color azabache al que le faltaba el labio superior, o así lo recuerdo yo.

Mi padre me enseñó a rezar….
Mi padre me enseñó a leer…
Mi padre me enseñó el significado de “familia”…
Mi padre me enseñó a ser “un ser humano”.

Hasta hoy no he perdido la memoria, y por ello…

 

Enseñé a rezar a mis hijos…

Enseñé a leer a mis hijos…

Enseñé a mis hijos a valorar la familía…

Enseñé a mis hijos a “ser humanos”.

 

Conclusión: el testigo de mi padre se lo he pasado a mis hijos, y espero que algún día ellos lo entreguen tambíen a los suyos, y así sucesivamente hasta donde este loco, absurdo y descontrolado mundo nos deje llegar. Yo ya he cumplido, y los “talentos” que un día se me pedirán, podré entregarlos multiplicados gracias a las enseñanzas de mi padre; gracias a mis hijos.

Me viene a la memória… ¡que la vida es bella!

 

 

Ago 222011
 

Tú......Yo.......¡Y que se pare el mundo!

 

 

 

Y sus ojos del color de la miel....

 

 

 

Y solo tenía trece años.....

 

 

Me ha venido a la memoria aquel 19 de septiembre de 1971… Cuando llegué, lo primero que vi fueron sus ojos color miel, iluminados por la rara esencia de la plena felicidad, algo dificil de alcanzar si no se tiene el alma dispuesta, y el corazón en la palma de la mano como muestra de ofrenda a la persona que te importa, tal y como hacían los jefes de las antiguas tribus africanas de la tierra donde nací: ellos ofrecían un “huevo de pato”que venía a significar algo así como: eres bienvenido, puedes cruzar el umbral de mi hogar. Ahora que te marchas toma el huevo en señal de respeto y fidelidad… a falta de un “huevo de pato”, él me ofrecío su mano a la que he estado aferrada durante 38 años, y espero estar unos cuantos más, si El que manda sobre todas las cosas así lo permite.He llegado a la conclusión de que cuando nací, al filo de la media noche,salí con el alma tintada por la indeleble marca de un tampón que decía: solo para aquel que lleve un “huevo de pato”, o en su defecto, “el corazón en la palma de la mano”: no ha habido “huevo de pato” pero si,”mucho corazón”.
Me ha venido a la memoria aquel 19 de septiembre, yo solo tenía dieciocho años, “de los de ayer”…
Me ha venido a la memoría, aquel 16 de septiembre cuando apenas contaba trece años y mis ojos se encontraron con los suyos…color miel.
¿Que cual es el secreto? ¡La comunicación! habla, rie, llora, grita, chilla…todo vale, pero no permitas que el silencio se adueñe de los dos. Antes de que eso ocurra, mejor ofrécele la mano con un “huevo de pato”, o ya sabes…en su defecto:¡EL CORAZÓN!

 

Ago 212011
 

¡Por el rey!

Para encontrar la luz....

 

 

 

Para que al final de tantos dimes y diretes, de tanto "conservar in dineris" como decía "Ojos de Gato":acabemos cruzando el Túnel de la Paz...

 

Mas de una vez hemos vuelto la vista al cielo:¡maldito seas! ¡gracias te doy! que para eso somos humanos y el que esté libre de pecado que tire el primer piedrolo...

 

 

Y como humanos que somos, vamos llenando la alforja, de lo bueno y de lo malo, que para esos somos humanos y los santos están en los altares...


Nos dejan en el camino de la vida; largo o corto según sea nuestro destino...

¡Por el Rey! “Todas a una”, las copas de vino se alzaron en alto al escuchar la aclamación. Su Majestad, el Rey Juan Carlos I correspondió con un: ¡Viva España! Y los allí presentes, bebimos siguiendo el protocolo. Acercando la copa a mis labios di un sorbo al vino español sintiendo como despertaba mis sentidos: su penetrante buqué era el más agradable de los romas; el tinte granate que lo vestía, arreboló la piel de mis mejillas dejando su calor un brillo inusitado en mis ojos. Entre copa y copa el ambiente envarado propio de esos actos, dio paso a un clima totalmente distendido…: -Hola ¿qué tal?… Mira te presento…Es un placer… No, no el gusto es mío…- Mi marido me presentaba a unos y a otros: militares, políticos, empresarios, altos ejecutivos…, a los que yo saludaba mecánicamente con la relajación que te dan los años de parafernalia. Sonreía con gesto más que estudiado, aprendido en la universidad del “boato y el canapé” en la que estoy segura de que más de una, en el tiempo que duraba el evento, elucubraba sobre problemas domésticos…: – habrán hecho la cama… ¡Madre mía! Tengo la casa patas arriba, y yo aquí como si nada… ¡Estos zapatos me están matando! Más de una… apostaría a que si…- Un camarero pasa con gesto maquinal una bandeja de canapés, entre el grupo en el que me encuentro y yo, hago caso omiso de las ricas calorías y en su lugar enciendo el enésimo cigarro de la mañana, mientras oigo decir al “traga sables” de turno:- Luego vienen los platos calientes: las croquetas, calamares…- Observo el botón de su camisa, el que está a la altura del ombligo, y lo veo enzarzado en una batalla campal con el ojal, que parece querer quitárselo de encima a costa de dejar a su dueño sumido en el más embarazoso de los momentos…Un lacerante dolor en la planta de uno de los pies me hace pasar el peso de mi cuerpo de una pierna a la otra y así sucesivamente, mientras pienso…: -no si esto me pasa por ir siempre “asilvestrada”; si es que ya me lo decía “la bella Sara”: -Como te bajes de los tacones no volverás a subirte a ellos… si te pasas la vida embutida en unos vaqueros, no sabrás ir vestida en su momento…: el vestido te llevará a ti…etc, etc, etc… ¡Dios! Que calor me están dando estas medias… ¡De verano! ¡Y un jamón con chorreras!
– Hola, hola, Cuanto tiempo sin vernos…- Sonrisa por aquí… calada de “Wiston”por allá… sorbo de vino de cuando en cuando… Bandejas y más bandejas pasando por mi lado como fantasmas…Un dolor de cabeza insoportable hace que busque en el diminuto y poco práctico bolso que las féminas solemos llevar a esos acontecimientos, algún paracetamol olvidado desde la última reunión protocolaria. Hace calor, o al menos yo siento calor; mucho calor. No tengo abanico porque a la hora de elegir lo que metería en el inútil bolso, pudo más la coquetería y el vicio que la sensatez: lápiz de labios y cajetilla de tabaco, en lugar de abanico y analgésicos ¡Justo castigo a mi insensatez! Así que le pido a mi consorte la invitación que se que lleva en el bolsillo interior de la chaqueta e intento olvidarme del martilleo de mis sienes. El tiempo va pasando, pero el dolor de cabeza no. Por fin veo con alivio, como su Majestad, tras saludar a unos y a otros, parece dispuesto a marcharse…: -y nosotros en cuanto salga por la puerta – pienso, leyendo lo mismo en los ojos de mi marido…
Entre despedidas, cortesías y sonrisas, algún que otro ceño fruncido, indica el estado de ánimo de su dueño: al militar le agobia el uniforme; al civil le aprieta “la soga al cuello”; a las señoras los zapatos y la faja, amén de la infidelidad “del Rexona”, y de que está, hasta la coronilla del bolsito, la copa y “la mano tonta de saludar”a diestro y siniestro. Y al “pater” la negra sotana, que durante horas ha estado aguantando a pleno sol. Al “pater” le tiendo la mano, me observa, y como en un libro abierto leo en sus ojos: -que ganas tengo de quitarme el alzacuellos-

……..- No tardes que estoy molida; es que no puedo dar un paso más…- Digo apoyándome en un “ficus benjaminus”, plantando en un enorme macetero de piedra.
– Vale, quédate aquí, que voy a por el coche…-me mira con recelo, como diciendo…: -¡Pánico me das!
Sentada en la escalinata, entre el macetón del “benjaminus” y la pared, le espero con los zapatos de tacón en una mano y en la otra el “inútil bolsito”. Desde mi posición veo pasar a la gente, confiando en que nadie se fije en mí…: el color melocotón del vestido de gasa, se confunde fácilmente con el color de la fachada. Poco a poco, la zona se fue vaciando de gente, y tras un rato más de espera aparece mi marido con el coche y yo, con los zapatos en la mano me subo en él sin más…

………………después de un largo y agotador día había llegado la noche y en la paz del hogar, los más pequeños dormían “el sueño de los justos” mientras que en el salón, el resto de la familia se sentaba frente al televisor para ver una “peli de miedo”.
– ¿Pero es que no vas a cenar nada?- mi padre me lanza una mirada de disgusto, al ver mi expectativa de cena: un paquete de Wiston, y una cafetera llenita de café, café. Yo que había acercado el sillón de mimbre a “la tele”, y me disponía a espatarrarme en él, hice caso omiso a lo que me decía, e intenté llevar la conversación por otros derroteros menos engorrosos.
– ¡Uuuuffff! ¡Estoy reventada! Cada día me cansan más estas historias…- Mi madre me mira como diciendo…: eso te pasa por ir siempre asilvestrada… – Le pego otra calada al pitillo, apurándolo hasta la mínima expresión, y deslizo por mi garganta un buen trago de café negro, y sin endulzar
– ¿Qué has comido hoy?- pregunta mi padre, plantado delante del televisor -nada – pienso. El intento de desviar la temida conversación ha sido un fracaso rotundo. Ni los “Cascos Azules”, de la O.N.U. Podrían pacificar el conflicto dialéctico que inevitablemente había estallado. Ahora a tres bandas, porque Mi “compañero de fatigas”, era incondicional al bando contrario, cuando se tocaba el tema: comida-tabaco- café.
– Pues un montón de canapés…- empecé a decir sabiendo que mis palabras no sonaban convincentes. Lo cierto era que no podía recordar que le había dado a mi estómago a lo largo del día…: el café con leche de la mañana…dos o tres canapés… ¡Ah! y un dátil con bacón. Era poco; lo sabía, pero me horrorizaba engordar y no estaba dispuesta a perder ni un ápice de mi figura…: pasaba hambre, mucha hambre, y lo único que me hacía engañar al apetito eran las cafeteras bien llenas y las cajetillas de Wiston. Y el dolor de “coco” cada vez mas fuerte… Y mi padre por un flanco, y mi madre por el otro… En la retaguardia mi hijo mayor, que por entonces tenía quince años, también, había tomado parte activa… Y de frente; bien de frente, el padre de mis hijos machacón, que machacón…: – bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla… reblabá, bla, bla… Y así uno y otro, y otro. Y la película ya llevaba un rato empezada, y “Nosferatur”, “con cara de pus”, ya se encontraba en la habitación de la bella, e inocente damisela, con su cabeza, apepinada, sus ojos grandes, redondos y cadavéricos; su boca repulsiva, en una mueca babosa, mostraba unos colmillos largos y afilados como carámbanos. De pronto todo cambió a mí alrededor. Sentí las garras afiladas; esos dedos largos y huesudos rozándome la cara, mientras un puño invisible me golpeaba el mentón lanzando mi cabeza hacia atrás con violencia. Un fuerte temblor recorría parte de mi cuerpo, y enseguida me di cuenta de que el brazo y la pierna izquierda se movían desaforadamente sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. El terror, el desconcierto y la angustia atenazaban mi mente y pedí ayuda a mi marido, a mi padre, a mi hijo mayor…. -¡Papá! ¡love! ¡Chicho! Pero parecía que mi voz clamaba en el desierto: nadie acudía en mi ayuda; la sensación de desamparo y la percepción de haber abandonado el mundo de los mortales era total… me vi bajando por un túnel tan negro como la más oscuras de las noches, con unas tremendas ganas de vomitar y el cuerpo helado. Caía, y caía a una velocidad espeluznante por el remolino del túnel…

………….No sabía como, ni en que momento; no tenía noción del tiempo, pero di gracias a Dios por haber escuchado mis ruegos… ahora la zozobra y el miedo se habían tornado en paz y valor… PAZ… una inmensa paz. Mi cuerpo se deslizaba con suavidad en el largo túnel que ahora aparecía diáfano ante mí; una sensación de bienestar me invadió e inexplicablemente no quería salir de donde me encontraba… Y entonces la vi: al final del túnel una luz límpida y brillante, tan mágica y bella como La Cruz del Sur, me atraía hacia ella como un imán…: – ven… ven… te estamos esperando; no tengas miedo… – No puedo precisar si estas palabras las escuché de viva voz, o llegaron a mi cerebro telepáticamente, pero si vi las siluetas de los seres que las emitían, mientras me hacían señas para que llegara hasta ellos. No me preguntéis como, pero sabía que eran seres que me querían…amigos que ya no están en este mundo… familia, que se me fue hace tiempo… No podía precisar la sonrisa de esos seres, pero sabía que sonreían; no lograba verles los ojos, pero sentía la dulzura de esas miradas puestas en mí… Sin ni siquiera rozarme el calor de los abrazos me envolvían…; los besos me alegraban el corazón…- Ven… ven… es tu momento…- y yo contesté dominando a duras penas el deseo de quedarme entre ellos – : NO PUEDO… ME NECESITAN… MANOLO Y LOS NIÑOS ME NECESITAN…

…………… No sabía donde me encontraba. Una luz mortecina invadía el lugar en donde estaba, intenté articular palabra pero mis labios se negaban a obedecerme; los sentía como si fueran de corcho. Quise moverme pero la parte izquierda de mi cuerpo se negaba a obedecerme. Volvía a estar aterrada. Cerré los ojos para abrirlos rápidamente, porque sentí unos labios en mi frente: era Manolo que me miraba con preocupación y amor.
– Hola love,-me dijo con voz queda.- Menudo susto nos has dado…
– ¿Que me ha pasado?- quiero decir, pero no puedo. Una figura se acerca a mí y reconozco a mi padre.
– Te dio un ataque y te tuvimos que evacuar en un helicóptero de salvamento a Tenerife. Estás en un hospital. – Mi padre me tiene cogida la mano izquierda en la que noto un hormigueo.
– Tranquila… chiiiissss…. Y mi marido me besa de nuevo la frente pasándome la palma de la mano por la cara, como si fuera una niña pequeña a la que intentaran dormir…

……………- Tienes las arterias como “las ramas secas del otoño”. El neurólogo me mira a través de las gafas de concha con aire severo. Has tenido mucha suerte; te puedo asegurar que has vuelto a nacer… Pero tú verás si quieres seguir jugando al ratón y al gato con la muerte; lo más probable es que te gane la partida, o que te quedes como un guiñapo para el resto de tus días. Tu decides: o dejas el tabaco, las cafeteras, y el tonteo con los kilos, o tu misma… Como “las ramas secas del otoño…”- Vuelve a decir, y yo pienso quitándole hierro al asunto, que debería ser poeta en vez de neurólogo.
Está bien – las palabras fluyen de mis labios con bastante naturalidad, pero aún queda alguna secuela al pronunciar, y me cuesta pensar con la misma rapidez que antes. – ¿Volveré a hablar con naturalidad?
Lo harás si me haces caso, y yo te aconsejaría que hicieras alguna actividad mental para ejercitar al máximo el cerebro. No se… estudia una lengua… tal vez alguna asignatura que te guste de alguna carrera… Todo eso mantendrá tu cerebro activo, y acabarás por ganar la batalla.
-Gracias y espero que hasta nunca, doctor- le digo estrechándole la mano.
-No. Ya sabes que de por vida tendrás, espero que solo una al año, una cita con el neurólogo, si no es conmigo será con otro.- me dice con una sonrisa sincera, pero poco acostumbrada a aflorar a sus labios. Adiós. Y recuerda, que esta vez le has visto las orejas al lobo; la próxima igual le veas las fauces…

…….Ha pasado el tiempo y dejé de hacer locuras. La figura que tanto me obsesionaba se quedó en el camino, junto con las toxinas. Conmigo llevo desde aquel día, la vivencia del túnel que cambió mi actitud frente a la muerte: no tengo miedo a morir porque se lo que hay al otro lado, pero amo la vida porque pasa a tu lado como el agua de un río: unas veces mansas, sin sobresaltos, otras, las más, como un torrente que te arrastra aunque no quieras, pero la aceptas y apuestas por ella porque sabes que se va…que ¡SOLO SE VIVE UNA VEZ! Y a pesar de sentir el ” corazón encadenado” por mis faltas rutinarias, por los buenos propósitos nunca cumplidos, por “perdones olvidados en el camino”, por tantas y tantas cosas… A pesar de los pesares…¡LA VIDA ES BELLA! aún teniendo EL CORAZÓN ENCADENADO.y porque NO QUIERO SEPARARME FÍSICAMENTE DE LOS SERES QUE ME IMPORTAN: LA ETERNIDAD ES ETERNA Y PUEDE ESPERAR. la vida NO. Por eso intento vivir cada día como si fuera el último.
Amo la vida, la sonrisa, los besos y los abrazos. Me importas tu, que ahora me estás leyendo. ¡ME IMPORTAS TÚ

Ago 212011
 

En el pequeño Austin…

 

Hoy me ha venido a la memoria, mi padre, “Ojos de Gato”, comiéndose una banana. Como cerraba los ojos cuando la saboreaba: – es mi fruta preferida,- decía haciendo un ruido al masticarla, que a mi me recordaba al trotar de los caballos por una calle empedrada.
Hoy me ha venido a la memoria ” las patatas de obispo” de mi padre, que según decía, era el plato “único y trino” de los pastores del Valle del Roncal, la tierra que le vio nacer.
He recordado sin querer, su canción de cuna:”mi papá me quiere me cuida y me besa, rezando conmigo de noche me acuesta…
A los “oídos de la memoria”, me ha llegado La Cieguita, La Bien Pagá, Tatuaje, o la Canción del Camarada… con la que nos amenizaba los kilómetros y kilómetros de “longaniza”, asi llamabamos a los largos y pesados tramos de carretera,metidos en un pequeño Austín negro por esos caminos de Dios para disfrutar de las vacaciones, que no era otra cosa que ir de un lado a otro visitando a la familia y dejándoles como recuerdo de nuestro paso por la casa, un saquito de café de “la Guinea”, o una jaula trenzada de bambú horadada por el negro pico de un desesperado loro gris, protestando con una sarta de graznidos, que si hubieran tenido traducción equivaldrían a : me estoy acordando de tu madre. No seas ¡h…. de…. y sacame de aquí!

He sentido en mi mejilla, con el socorrido “tacto del recuerdo”, ese abrazo fuerte cada vez que me echaba en sus brazos, y el beso de buenas noches que nunca faltó a la cita.

Me ha venido a la memoria, el repiqueteo de las teclas grandes y pesadas de la máquina de escribir, y ese mirarte por encima de las gafas…
Me ha venido a la memoria su aliento; ese aliento a tabaco y banana…
Hoy he aspirado su olor; ese olor a Varon Dandy y sudor…
Hoy es uno de esos dias que me he parado a pensar la falta que me haces. Cuanto te necesito, y por qué no estás aqui…
La niña que tú mimaste, quiere seguir siendo nena.
Y un caballo de madera;
mi Babieca.
La Lily de Tatineta;
la muñeca inalcanzable.
El catón de mi niñez.
Los Goya de mi hermana, la mayor.
La canción del Camarada.
Una madre imaginaria,
que fue el amor de tu vida.
La sopa sin tapioca.
Los vestidos de modista.
El pan sin el chocolate.
Las siestas que no dormia.
Las naranjas compartidas con los boys,
de piel del cacao tostado.
La aspereza de una mano ruda y fuerte,
que me da seguridad.
Su fidelidad hacia mi.
Mi complicidad con él.
Y los cuentos africanos.
Los nombres de l@s amig@s que llevo en el corazón,
y que han crecido conmigo.
¡Y te echo tanto de menos!
La niña que tú mimaste, quiere seguir siendo nena.
Y hoy es uno de esos dias que me he parado a pensar…

Ago 032011
 



Y me ha venido a la memoria…un corazón de chicle Bazooka y hormigas rojas. Y un tubo de smarties con las grajeas de chocolate desvaídas de tanto contarlas,sobarlas, chuparlas y vuelta a chupar, en la litera de abajo de un barco mercante rumbo a “la Guinea”.Un batintín sonando al fondo del pasillo anunciando el té de las cinco, con bollos y mermelada. Un salón comedor  de arañas iluminadas, y manteles blancos y amplias servilletas. Unos cubiertos de alpaca, y una niña sentada en una mesa redonda y vacía de almas por un “marejado mar”. Un camarero con chaquetilla blanca y botones dorados que mira a la nena extrañado de verla tan sola en la mesa de blanco mantel y cubiertos de alpaca. Un aroma a té de  Ceilan que vierte el hombre de la chaquetilla blanca y botones dorados en la taza de la chiquilla:es un te ambarino de fuerte sabor y aroma penetrante, que a la niña no le gusta nada;lo refleja la mueca dibujada en su cara al probarlo por sentirse observada, porque a ella lo que le gustan son los bollos de piel morena y corazón blanco, horneados en las cocinas del buque, y esa mermelada y esa mantequilla que alguien ha puesto en pequeñas bandejas de cristal.Y la boca casi al ras de la mesa, y los brazos extendidos como cañas de pescar, en busca de un bollo. Y el peso del cuchillo, y la labor de extender la mantequilla y untar la mermelada sin manchar el mantel. Un bandazo a estribor y otro a babor y al fondo del salón,tras la ventana, el horizonte parece confundirse con el mar, y en el gran comedor un par de pasajeros y la niña, que mira asombrada la extraña silueta que el té de Ceilán ha dejado en el mantel.
Y uno y dos y tres y cuatro y cinco y seis… Un deshacer el camino andado contando escalones alfombrados. Una irresistible tentación de tocar el dorado bronce de las barras que sujetan la alfombra en cada escalón,porque huele a limpia metales y a ella le gusta ese olor más que el del té de Ceilán.Un dejarse llevar por los pasillos solitarios a golpe de proa a popa y de hincar el tajamar ese barco de bodega llena de de yuca,madera,café; de coco y cacao.Un:Toc,toc,toc “soy yo papá”…Un abrir de puerta, unos brazos fuertes…Un beso…un mi nena ¿Donde estabas niña? Una sonrisa, un pellizco en el moflete y un contestar con desparpajo:”tomando el té”. Una hermana jugando con muñecas y una madre mareada en la litera.
Y un buscar en su caja de tesoros una pelota de chicle Bazooka a medio mascar a la que hay que revisar antes de “volverla” a la boca:-“”En el barco no hay hormigas””…-murmura al recordar el sabor de aquel chicle comido de hormigas que una vez escondió en una copa dentro del aparador.
Y un magreo del chicle, y un formar un corazón:-“le faltan las hormigas rojas”- dice riendo.
-¿Qe dices Gelinda?-pregunta su padre desde la litera de arriba,dejando a un lado “Servidumbre humana”.
-¡Que aquí no hay hormigas!
-No…no he visto ninguna
-¿Porque no saben nadar?
– Porque no hay salvavidas para ellas.
Y la niña se ríe, y el padre también. mientras su madre intenta olvidar el mareo y la hermana se pierde entre cuentos de “Florita”.
Y un barco sin salvavidas para hormigas…
Y el té de las cinco..
Y un corazón de chicle Bazooka y hormigas rojas…

Jul 052011
 

Subió la Cuesta de las Fiebres con la camioneta a todo lo que el baqueteado motor le permitía bajo un cielo cada vez menos azul.Hacia un calor del demonio al que no se había acostumbrado a pesar del par de campañas que llevaba sobre sus hombros. Se quitó el pesado salacot en el que había dibujado, a fuerza de sudar el corcho,el perímetro perfecto de su cabeza y pasando una mano por la frente barrió las gotas de sudor que resbalaban igual que gotas de lluvia en el cristal de la camioneta. Al llegar a la altura del bar Rosaleda miró al cielo;un cielo, cada vez más oscuro, que a la luz de los relámpagos parecía la madriguera de un inmenso lagarto de colores”:un aikambeke”,como decían los morenos para referirse al insólito animal.Un tremendo trueno pareció rajar el cielo del que empezaban a caer gruesas gotas de lluvia. Pisó el acelerador a fondo a sabiendas de que tenia que llegar al campamento antes de que el fuerte viento, que anunciaba su tarjeta de visita con el cimbrado de las palmeras reales de una Plaza de España de bancos solitarios,arrastrara la camioneta con él dentro. Echó un rápido vistazo a la balaustrada ,vacía de almas, encarada hacia una bahía de aguas plomizas en las que un cañonero Dato y un Canovas del Castillo permanecían fondeados al abrigo de la bahía bajo el acantilado de Punta Fernanda. Al pasar junto al: “El Chiringuito”lo vió cerrado a cal y canto y sin saber porqué, le invadió una extraña sensación de soledad que no duró mucho apremiado como estaba por llegar al campamento. Por el espejo retrovisor vio a un moreno correr hacia la Misión Católica peleando contra el viento.Y a una “mama” de clote amarillo estampado de palmeras y loros de Guinea,que apresuraba el paso hasta donde su grueso cuerpo se lo permitía:Unos segundos antes de perderse en la curva la vio refugiarse también en la Misión, mientras la palangana de buñuelos fritos en aceite de palma, que la mujer llevaba sobre la cabeza, volaba por los aires perdiéndose en algún rincón de la Plaza de España. Una plancha metálica arrancada por la fuerza del viento de algún tejado de los muchos hogares de nipa,tal vez de “Campo Yaundé”, se cruzó con él a la altura del juzgado.
La lluvia se desparramaba como si un gigantesco filtro Sinaí se hubiese rajado en mil pedazos sobre todo lo que había sobre la tierra a la vez que un viento huracanado barría cada calle, cada rincón y esquina que se cruzaba en su camino arrancando mangos, poncianas e ilang-ilangs, que bordeaban el paseo de Punta Fernanda.
Eran las dos de la tarde cuando atravesó el Cuerpo de Guardia como alma que lleva el diablo, bajo un cielo de noche cerrada y un mar de truenos y agua.
Eran las dos de la tarde cuando atravesó el campamento en dirección a los garajes como alma que lleva el diablo.
Eran las dos de la tarde y a las puertas de Santa Isabel un tornado dejaba su tarjeta de visita.

Jun 082011
 

sirenitas uno

Me ha venido a la memoria aquellas tardes de lluvia pesada e intensa, que lo ensopaba todo sin miramiento:los egombegombes, las jacarandas y los setos de hortensias, doblaban sus ramas por el peso de esa lluvia torrencial de esa tierra mía, y tuya, que se que me estás leyendo, tan llena de vida. Y me ha venido a la memoria la gente de aquellas tierra que corrían guareciendose de la lluvia que caía con gruesas gotas del tamaño de las monedas de chocolate, de papel dorado de nuestra niñez, o como rodajas de yuca cercenadas por el machete de algún bracero. Corrían a refugiarse en sus casas de nipa bajo un paraguas negro y desvencijado, un cartón, o una hermosa hoja de malanga. Sorteaban los regueros de agua que se formaban en la tierra roja y fértil que pisaban, transformada en un santiamén en en un “potopoto”denso y pegajoso para los pies desnudos del negro, y para los calzados del blanco. Y llovía y llovía sin solución, y el rumor de la lluvia adormecía los sentidos si te parabas a verla caer junto a la puerta de casa, o asomada a la ventana de lejas de madera apuntalada por aquel listón abriéndose hacia el cielo, y dejando ver la tela de mosquitera horadada, a veces, en algún pequeño punto por la que se colaban los mosquitos que llegaban en tropel con el calor y la humedad del ambiente, tras ese tiempo de lluvia, y el “jemjem” del atardecer lacerando la piel blanca de los blancos, que en un intento desesperado de acabar con el martirio abrasábamos la carne, dorada por el sol de esa tierra tropical, con las uñas y sin remedio, medio amparados por las grandes y redondas latas de conservas en las que unas brasas dejaban escapar un humo espeso para ahuyentar a los incómodos visitantes de las tardes.
Me ha venido a la memoria, aquellas tertulias que nuestros mayores, al ponerse el sol disfrutaban en los porches de las casas de unos y de otros acomodados en aquellos incómodos sillones, de rejilla, coloniales con un “salto” en la mano y un” Camel”en la comisura de los labios.

Y me ha venido a la memoria, tu niñez, y la mia,tu despertar a la vida,al primer amor de adolescencia, y “el morir” por una confidencia de adolescente,y un lazo fuerte de amistad,de esos de “para toda la vida”…..

Y me ha venido a la memoria esa infancia esa adolescencia nuestra

Mar 282011
 


De dos en dos y de tres en tres, con algún porrazo que otro, salvó la distancia de la terraza de blanca balaustrada torneada, a la verja que daba a la calle. Frente a la casa, el campamento de la Guardia Colonial lucia encima del gran arco de entrada el :”Todo por la Patria”,cuyas estrellas, a ambos lados de la leyenda centelleaban al sol del atardecer. La niña cruzó,y al pasar junto al Cuerpo de Guardia un par de hombres que hablaban animadamente en “pamue”,esa lengua a la que tanto apego tenia y de la que su madre decía que era una perdida de tiempo , la saludaron con una sonrisa de dientes amplios y blancos , que a la nena le recordó las teclas del piano en donde su hermana Tatín, dejaba volar las manos de dedos largos y finos como los brotes verdes del bambú.Uno de los guardias, que pelaba una caña de azúcar, le dijo sin desdibujar la sonrisa:”guaquebé” y ella muy segura de si misma le contestó que:”makandá”. a lo que los dos hombres estallaron en una estruendosa risotada preguntándole a la pequeña que.si venia de casa como decía que”voy a casa”:

– “Makandá”, niña blanca, quiere decir”voy a casa” Le dijo el mayor de los guardias intentando dar a sus palabras un cierto aire de solemnidad, y evitando mirar a su compañero para no romper a reír.
– Toma – el guardia más joven, le ofreció un pedazo de caña de azucar junto a una sonrisa.y la nena,aunque dolida en su orgullo, cogió lo que le ofrecia soltando de sopetón el:”yeua,yema, coban fang”que había aprendido de tanto oirlo a Pantaleón el “boy”que servía en el hogar, y girando sobre sus talones, se alejó chupando con glotonería el pedazo de caña de azúcar con el que, el particular maestro la había premiado por el jaque mate conque había salvado su dignidad de niña. Y es que ese trabalenguas que no quería decir otra cosa que”si tú hablas fang”, en la lengua de una niña de siete años era algo parecido a “el cielo está enladrillado quien lo desenladrillará, el desenladrillador que lo desenladrille….”
Y chupaba y chupaba el pedazo de caña, batiendo con la lengua la saliva azucarada para luego tragarla, con la voracidad de las hormigas rojas engullendo un desafortunado escarabajo negro de pesada armadura que al caer, de su infinita escalada, queda panza arriba.Y chupaba y chupaba la niña bajando la cuesta con su vestido de algodón a cuadros verdes y blancos que el lavandero había planchado con aquella pesada plancha de hierro a carbón. Y la pequeña no lo sabia; no sabia de las gruesas gotas de sudor que día a día perlaban la frente del hombre,ni de los dedos de yemas quemadas de tanto comprobar el calor del hierro al carbón. Y bajaba la cuesta de asfalto irregular,batalla ganada por el paso del tiempo y el trasiego de guaguas, de jeeps, y de autos que en “España”,solo se soñaban. Pasito a pasito, salto y tropezón que dejaba su firma en los bordes de las blancas sandalias de “suela de tocino” que el “boy” mantenía tan limpias como losas del altar de la iglesia de San Carlos, la pequeña llegó hasta el hogar del buen doctor, en donde las voces de chicos y grandes cantaban”feliz…cumpleaños feliz”. Y saltito a saltito y entre abrazos y besos con sabor a chocolate,a” medianoche de salchichón”, y sorbete de”Mirinda”, la nena olvidó la lección que en el Cuerpo de Guardia le dieron de “Fang”, y el sabor de la caña de azúcar fundida en su boca.
-Guaquebé- dijo el doctor
makandá- contestó la nena, ufana.
Y de dos, en dos, y de tres en tres…
Mar 042011
 




El viento arrastraba el olor a humo de leña quemada y el aroma a setas que la chimenea dejaba escapar. Era un viento helado, frió y cortante, que agrietaba los labios y mimaba a los sabañones de dedos y manos de la niña, que no cesaba de rascarse aumentando así la insufrible picazón.A sus oídos llegaban las voces de los suyos que a través de la hendidura del gastado escalón del portón se filtraban para perderse en el viento entre el humo y las sombras del anochecer. Se arrebujó un poco más en el interior del abrigo de paño jaspeado, tirando sin éxito de la prenda por eso de no saber, que las tallas son las que son y la suya era la de una niña de siete años con una prenda que le llegaba hasta las rodillas sin más. Con la vista puesta en las pequeñas flores amarillas del jazmín de invierno del otro lado de la estrecha calle empedrada, y los dedos asomando lo justo por las bocamangas para sujetar el pedazo de pan de pueblo, con las chuletas de cordero que su abuela le había metido en él , por el afán de que la niña engordara algo y no se quedara canija, cosa difícil a juzgar por la corta estatura que la chiquilla tenía.Le dio un par de bocados más; bocados que estuvieron a punto de dejarla sin premolar porque nadie se había molestado en recordarle que las chuletas eran “de palo”, y la “pataqueta”- nombre que se le da en Valencia a un pan con forma de media luna- quedó tirado en el escalón junto a su dueña en espera de “blanquito”, un perro famélico y bastante pulgoso de pelaje negro y ralo, al que la niña se aferraba como tabla de salvación para deshacerse de las cenas.Aguzó el oído esperando oír al animal, pero solo escuchó el viento que llegaba del castillo que dominaba la vieja aldea levantada piedra a piedra por “los moros”, al menos era lo que le contaba su abuela en las mañanas soleadas de aneas y bolillos.Y el caso era que no sabia lo que era un moro porque siempre que preguntaba la abuela respondía: “esos con los que vives allí en África”. a lo que ella contestaba, que nunca nadie le había dicho que ” los morenos” eran moros.Así que en vista de que las explicaciones de su abuela no le aclaraban nada, hacia tiempo que escuchaba en silencio en esas mañanas al sol de invierno, la historia de esa aldea mora de castillo cristiano, aunque en su razonamiento de niña no comprendiera por qué no era “todo moro, o todo cristiano”.El jadeo de un perro esparció en el aire las cábalas de su lógica infantil, y agarrando el pan y las chuletas de palo salió al encuentro de “blanquito” que desde hacia unos días lucia un hermoso rodal de tiña en el lomo.El animal agradeció la cena moviendo el rabo de izquierda a derecha con la misma rapidez que la abuela bailando los bolillos,Y la niña respondió acariciando el lomo del animal de arriba a bajo y de abajo arriba, sin importarle la tiña, porque entre otras cosas nadie se había molestado en contarle que era algo contagioso.
-¿Te lo has comido todo? – Si abuela…- mintió acercando las dos manos al calor de la lumbre.
– Los sabañones y el calor de la lumbre no hacen buenas migas…¿Y a donde han ido a parar los huesos? – preguntó ahora enfrascada en la faena de limpiar las lentejas de “piedras”- No me distraigas ahora que si se me pasa alguna puedes romperte un diente…
Y la niña, con las manos al calor de la lumbre observó las de su abuela volar sobre las lentejas con el mismo arte con que bailaba los bolillo, sin comprender la preocupación de salvar sus dientes de niña de las chinas de las lentejas y dejarlos a merced de las chuleta de palo”.

Un perro ladra en la distancia, mientras que el viento aulla en el callejón, y una niña duerme entre pesadillas de chuletas de palos y lentejas con chinas.
Hoy me ha venido a la memoria…Mañana será otro día.

Feb 152011
 

Han sido muchos años junto a ti….”Ojos de Gato”


Y ha llenado mis pulmones el aire limpio del valle.

No se si es porque el día acompaña para arrancar los recuerdos de ahí adentro, o tal vez porque susurras en mi oído:”no te olvides de mi”. El caso es que hoy bajo la lluvia y el viento que sopla en mi ciudad me acuerdo de ti, por acordarme un poco más no te vayas a creer, porque olvidarte no pude ni puedo. Han sido muchos años a tu lado. Me has enseñado mucho; tu has sido mi maestro de lo bueno,pero mi espíritu rebelde quiso hacer un master de lo malo y aprendí todo aquello que dejaste en la cuneta…que pensaste “no era sano para mi”.
Hoy recuerdo tenerte entre mis brazos y avanzar por el corto sendero bordeado de prímulas del color de la luna de verano, que unas trémulas manos,antaño de pulso firme,han sembrado año tras año sin saber que un día llegaría en que no me guiarías de tu mano. La memoria me ha traído esa mañana, el sendero y el aroma de las flores. Y ha llenado mis pulmones el aire limpio del valle. Lo siento; siento que no puedo dejarte. Que una fuerza incomprensible me aferra a ti en un abrazo tan fuerte, tan profundo, tan tremendo, que no puedo entregarte.Me siento tan pequeña, tan vulnerable, tan triste…me siento tan impotente, tan poca cosa, tan desamparada…Tu has sido mi maestro, no puedo soltar el lazo de ese abrazo…
Me asomo al valle y no se si de pronto ha llegado la neblina o son mis ojos que se están portando mal.
-Dámelo ya…
– No quiero…espera un poco.
-Dáselo ya que luego queda un buen tramo para bajar…
– Yo lo haré…
Deshago ese lazo del abrazo y esparzo al viento tus cenizas;cenizas que no se van, que el viento vuelve a traer, quizá sea que no te quieres marchar. Y las manos de tu nieto te recogen como pueden para devolverte al valle. y yo siento en mis labios la ceniza que ese viento ha querido regalarme, mientras el, el ermitaño compañero de tus juegos infantiles,ha fundido con la tierra del sendero la caja que ha guardado lo que ha quedado de ti.
– ¿que haces?
– Le dejo a mi amigo de la infancia unas flores a su lado. Yo cuidaré de él.
-Gracias amigo de mi padre.
– Gracias amigo de mi abuelo.
– Gracias por traerlo a este valle, el que le vio nacer.
Me alejo del sendero de las prímulas y bajo, sin querer mirar atrás, por ese monte que te vio correr, que te vio jugar y hacer mil travesuras en la edad de tu niñez.
Nos hemos alejado del sendero, de la ermita, de tu amigo de la infancia, ese ermitaño de mirada amable que ha plantado junto a ti, y en el borde del camino, un brote nuevo, un brote verde colmado de esperanza en que renacerás entre sus flores del color de la luna de verano.
Tú has sido mi maestro. No puedo soltar el lazo de ese abrazo…
Deshago ese lazo del abrazo y esparzo al viento tus cenizas…
Tú has sido mi maestro.

Feb 032011
 

Cuando suba a la ciudad….

-Del codín, del codán, de la vera, vera va. Del palacio a la cocina cuantos dedos hay encima.
Y la nena bailaba esos ojos tan llenos de vida, porque la vida quiso quedarse en ellos, de los ojos de su padre a los brazos de este asolapados tras la espalda.Y el padre miraba divertido a su pequeña que indecisa ,saltaba de puntillas sin saber a que brazo tocar para acertar el número de los diez que sabía. Pensaba en “ninguno”, así que escrutó el impasible rostro de su progenitor confiando en que algún músculo de esa cara tan querida le hiciera una señal, pero nada. Ni una ceja levemente alzada, ni una mueca, ni un guiño. Tendría que apañarselas sola, aún a sabiendas de que el Bazooka que guardaba en uno de los bolsillos de la sahariana fuera a parar al bote de conservas que una vez retuvo en su panza de frio cristal,aquellos riquisimos melocotones en almíbar cuyo sabor permanecía pegado a su paladar de niña con la misma fijación que los bazookas se empeñaban en pegarse a sus vestidos.
– Del codín, del codán de la vera vera van. Del palacio a la cocina cuantos dedos hay encima….- El padre miraba a la niña con ojos de padre embobado de nena-, ¡Vamos Gelinda! espabila que al chicle le queda menos y nada para acabar en la panza del bote ¡Cuantos dedos crees que tengo abiertos?

– Ummmmm….- pega un brinco y al hacerlo las cintas del lazo del vestido se enredan entre los pies calzados de blancas sandalias, perdiendo el equilibrio.
– ¿Te has hecho daño?
Pero ella, que es orgullosa y tiene su dignidad a flor de piel, se levanta de un salto indicándole con la cabeza que” no llega la sangre al río”, aunque su rodilla derecha esté magullada por el bordillo de cemento que rodea el parterre de crotos, de hojas de un rojo esmaltado a fuego porque a esa hora de la tarde los rayos del sol han decidido desmayarse en ellos.
Bajo el egombe-gombe el padre y la niña siguen con ese juego infantil; con ese juego de su infancia. Ese al que jugaba con “amá” sentados en aquel banco de madera que “aita” hizo en el elemental taller de la casa junto al establo. Hoy el “aita”era él, enseñando a su pequeña las mismas cosas que su madre que a falta de padre por estar este en cuerpo y alma en el menester de ganar el pan para siete bocas, en sus muchas limitaciones, se afanaba por enseñar al benjamín del hogar.

-¡Cuantos? di cuantos ….
– Cuatro – contesta la niña sin dejar de bailotear con las manos apoyadas sobre las piernas de su padre- no…¡tres! y tras soltar el “tres” deja asomar un pequeño palmo de lengua roja, por lo que su padre le regaña diciéndole que puede resbalar y que se hará daño.Ella para de inmediato haciendo un obvio esfuerzo puesto que como nena de músculos y huesos en constante crecimiento le es difícil estarse quieta.
– ¡Ah, ya sé! ¡”Ninguno”! -exclama con aire triunfal- ¡dame el chicle!
Y él la mira con aire de satisfacción por el acierto, que aunque solo era un juego de suerte, servía para que se familiarizara con los números.

– ¡Ja, ja, ja! No se dice “ninguno”- le aclara adelantando los brazos de manos abiertas-cuando no ves dedos levantados se dice cero porque se trata de enseñarte a contar.
Y sacando el Bazooka del bolsillo se lo entrega no sin antes hacerla repetir los números desde el “cero” hasta el diez, y los días de la semana.
Son las seis de la tarde y el sol se precipita en el horizonte mientras una trompeta y un redoble de tambor llenan el aire. No muy lejos un guardia colonial arria la bandera. Mañana será otro día con su sol naciendo; con su sol muriendo. Mañana será otro día de bazooka y de recuerdos. De enseñarle algo a su pequeña a falta de escuela allí en la selva.
Cuando suba a la ciudad comprará más lápices de colores porque se los come, bueno no sabe muy bien si es ella o el pequeño antílope que un día salvó de acabar en la olla de aquella viejisima negra que se cruzó en su camino.Unas monedas le costó; unas monedas y una pequeña garrafa de ginebra ¡ay la mamá negra! no sabía nada y lo sabía todo. sabia que aquel hombre blanco no dejaría que la cría de antílope acabara en la perola ¡Ay la mama negra!
Cuando suba a la ciudad con el camión de caucho le comprará una pizarra.
Cuando suba a la ciudad….
“Del codín del codán de la vera vera va, del palacio a la cocina cuantos dedos hay encima”….

Y me ha venido a la memoria.