Chicho – Te parí con calcetines –

Chicho,-a-ti-te-parí-con-calcetines

“Te parí con calcetines, una madrugada de junio, cuando el verano llamaba a la puerta. Apenas tenía diecinueve años, de los de entonces”

Chicho -Te parí con calcetines-

La escribidora

Te parí con calcetines, una madrugada de junio, cuando el verano llamaba a la puerta. Apenas tenía diecinueve años, de los de entonces y lo cierto es que nadie me echaba más de quince.
Fuiste un niño muy deseado, como tus hermanos.
Te horneé con alma, vida y corazón.
Me costó parirte y mucho ¡Pero valió la pena!
Entre risas y lágrimas, te sostuve como pude cuando te colocarón sobre mi.
Creí perder el aliento cuando cortarón ese hilo de plata que unió, durante nueve meses, los latidos de tu corazón al mio.
De todo esto hace ya tanto tiempo…y sin embargo mi memoria lo recuerda como si fuera ayer. Lo mismo me sucede con la venida de tus hermanos. Como si fuera ayer…

Chicho, te parí con calcetines (La escribidora – Los relatos dormidos)

Alguien me dijo una vez que las madres debemos romper el hilo de plata de ese cordón umbilical, con los hijos porque así se sufre menos a la hora en que decidan volar del nido. Seguramente llevaba razón pero una lo ha intentado más de una vez y no ha podido. Te recuerdo pequeño, rubio y regordete, con la misma sonrisa que ahora conservas.Eras un niño bueno. Siempre fuiste un niño bueno.Un nene bueno, callado y tímido al que le encantaban los cochecitos de Matchbok y los huevos Kinder…Parece que te estoy viendo aferrado a la verja de hierro de la guardería para vernos llegar. Los demás niños lloraban, pero tu no, quizá porque sabías que no te ibamos a fallar.
El lazo gordiano de esta familia sin duda eres tú, por ese apego, que tienes tan fuerte a los tuyos. Siempre estás pendiente de donde estamos y como nos encontramos. Sin ir más lejos hace un par de horas llamaste diciendo “estoy pasando revista”. Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio, y todos estábamos en su sitio. Unos en el cine, otros de shopping, otros en casa y el más pequeño en un hotel, a miles de kilómetros del hogar…
No se si eres feliz, espero que si. La felicidad es camaleónica, y puede llegar a encontrarse en los lugares más peregrinos, en los momentos más absurdos y en los estados de ánimo más desequilibrados.
No sé si eres feliz, aunque mirándote a los ojos ¡apostaría que sí!
Y te parí con calcetines…
Y eres el primero, de mis hijos tan queridos…
Y el nudo gordino,
y ese hilo de plata que nunca llego a romper con ninguno de los tres…
Y mi hijo tan querido…
Y aquel doce de junio del setenta y dos…
Y aquella madrugada,
en esa fría sala de hospital…
Te parí con caletnes,
y aún peinaba coletas.
Un beso Chicho.
Mater


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