Mar 042011
 




El viento arrastraba el olor a humo de leña quemada y el aroma a setas que la chimenea dejaba escapar. Era un viento helado, frió y cortante, que agrietaba los labios y mimaba a los sabañones de dedos y manos de la niña, que no cesaba de rascarse aumentando así la insufrible picazón.A sus oídos llegaban las voces de los suyos que a través de la hendidura del gastado escalón del portón se filtraban para perderse en el viento entre el humo y las sombras del anochecer. Se arrebujó un poco más en el interior del abrigo de paño jaspeado, tirando sin éxito de la prenda por eso de no saber, que las tallas son las que son y la suya era la de una niña de siete años con una prenda que le llegaba hasta las rodillas sin más. Con la vista puesta en las pequeñas flores amarillas del jazmín de invierno del otro lado de la estrecha calle empedrada, y los dedos asomando lo justo por las bocamangas para sujetar el pedazo de pan de pueblo, con las chuletas de cordero que su abuela le había metido en él , por el afán de que la niña engordara algo y no se quedara canija, cosa difícil a juzgar por la corta estatura que la chiquilla tenía.Le dio un par de bocados más; bocados que estuvieron a punto de dejarla sin premolar porque nadie se había molestado en recordarle que las chuletas eran “de palo”, y la “pataqueta”- nombre que se le da en Valencia a un pan con forma de media luna- quedó tirado en el escalón junto a su dueña en espera de “blanquito”, un perro famélico y bastante pulgoso de pelaje negro y ralo, al que la niña se aferraba como tabla de salvación para deshacerse de las cenas.Aguzó el oído esperando oír al animal, pero solo escuchó el viento que llegaba del castillo que dominaba la vieja aldea levantada piedra a piedra por “los moros”, al menos era lo que le contaba su abuela en las mañanas soleadas de aneas y bolillos.Y el caso era que no sabia lo que era un moro porque siempre que preguntaba la abuela respondía: “esos con los que vives allí en África”. a lo que ella contestaba, que nunca nadie le había dicho que ” los morenos” eran moros.Así que en vista de que las explicaciones de su abuela no le aclaraban nada, hacia tiempo que escuchaba en silencio en esas mañanas al sol de invierno, la historia de esa aldea mora de castillo cristiano, aunque en su razonamiento de niña no comprendiera por qué no era “todo moro, o todo cristiano”.El jadeo de un perro esparció en el aire las cábalas de su lógica infantil, y agarrando el pan y las chuletas de palo salió al encuentro de “blanquito” que desde hacia unos días lucia un hermoso rodal de tiña en el lomo.El animal agradeció la cena moviendo el rabo de izquierda a derecha con la misma rapidez que la abuela bailando los bolillos,Y la niña respondió acariciando el lomo del animal de arriba a bajo y de abajo arriba, sin importarle la tiña, porque entre otras cosas nadie se había molestado en contarle que era algo contagioso.
-¿Te lo has comido todo? – Si abuela…- mintió acercando las dos manos al calor de la lumbre.
– Los sabañones y el calor de la lumbre no hacen buenas migas…¿Y a donde han ido a parar los huesos? – preguntó ahora enfrascada en la faena de limpiar las lentejas de “piedras”- No me distraigas ahora que si se me pasa alguna puedes romperte un diente…
Y la niña, con las manos al calor de la lumbre observó las de su abuela volar sobre las lentejas con el mismo arte con que bailaba los bolillo, sin comprender la preocupación de salvar sus dientes de niña de las chinas de las lentejas y dejarlos a merced de las chuleta de palo”.

Un perro ladra en la distancia, mientras que el viento aulla en el callejón, y una niña duerme entre pesadillas de chuletas de palos y lentejas con chinas.
Hoy me ha venido a la memoria…Mañana será otro día.

  3 Responses to “Chuletas de palo.”

  1. Me encantó este relato, siempre me encantaron estas historias de niñas mal vestidas, perros famélicos y sabañones que se desarrollan al amor de una lumbre.
    Recuerdo yo un cuento de una niña qiue vendía cerillas….. bueno ya lo contaré otro día.

  2. ¿La Cerillera de Andersen? A mi tambien.
    Un abrazo amigo.

    delaaujedas

  3. Por cierto,casi se me olvida…No deje usted de contarlo por favor.

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