Mar 232010
 

Y guardo cincelado en mi cerebro aquella mirada fría…


En este último viaje viví algo que me dejó un poco hecha polvo y bastante preocupada, y es que estando en la cola para embarcar hacia Ceuta, dos coches aparcaron a nuestro lado, uno detrás del otro, el primero era un Seat León-no diré el color, y menos la matricula- y el segundo un coche negro. Del Seat salieron los ocupantes dos chicas y dos chicos, de los que tampoco daré ningún detalle personal que los pueda identificar. Eran muy jóvenes, entre diecisiete y veinte, y en sus caras llevaban reflejado eso de:la noche es muy mala;la noche te confunde...el conductor un muchacho con unas características muy, muy particulares, salió, resoplando, y muy agobiado,frotándose la nariz, con desenfreno, y la mirada inquieta. No podía controlar su cuerpo que se movía de un lado a otro como cuando un@ se ha tomado cuatro o seis cafés de esos de “Juan valdés”. decía algo, que a mis oídos no llegó con
nitidez porque mi consorte se había dormido con la ventanilla prácticamente cerrada. Se acercó al coche negro, del que enseguida salieron dos muchachos – y no se si alguien más- uno de ellos no tan muchacho, unos treinta y pocos diría yo, y el otro desde luego también mayor que los del Seat.,que lo alejaron de donde estaba la cola de coches. El muchacho se sentó en un saliente de cemento al tiempo en que uno de ellos lo parapetaba de pie, con su cuerpo, imagino que para que llamara la atención lo menos posible. le dieron una botella de agua de esas de dos litros a la que se agarró como un bebé a un biberón. Entre bromas y risas, y miradas furtivas aquí y allá, de los dos mayores, se acercaron al Seat a donde habían vuelto una de las chicas y el otro chaval, del cual solo veía el índice de su mano bordeando el espejo situado en el parasol del acompañante. Y lo bordeaba con energía, como cuando se le acaba una terrina de helado a un niño, y rebaña con el dedo todo el interior.Y luego el dedo se lo acercaba ¿a la boca? no podría precisarlo puesto que tenía el respaldo del asiento reclinado hacia atrás, y los cristales de esa parte del coche estaban teñidos. Junto al coche una de las muchachas hacía rato que parecía concentrada en una cámara de fotos, pero su cuerpo la delataba porque también se movía al ritmo de “Juan Valdés”. El más mayor, cuyo atuendo le daba un aire a canta autor de eso que llaman mezcla de flamenco y Jazz, flamenco rok y no se que modernidades más, sacó de la guantera dos o tres bolsas de caramelos que empezaron a engullir, en el sentido literal de la palabra, entre trago y trago de agua, y mirada de reojo al interior de nuestro coche,en donde tropezó con mis ojos. Risas, y más risas, y entre los dos que parecían llevar la batuta mostrando en todo momento una apariencia de tranquilidad pasmosa, si no hubiera sido por esos ojos furtivos que los delataban, se llevaron al muchacho descolocado hasta el noray más cercano. Y hablaron, y le dieron palmaditas en la espalda y el mayor le hizo esa señal de “estupendo”, levantando el brazo y cerrando los dedos en un puño a excepción del pulgar:”estupendo, Lo estás haciendo muy bien; sigue así macho”,parecía decirle por la expresión de su mirada.Al cabo de un buen rato dieron el visto bueno para subir a la bodega del barco y todos arrancamos el coche :el chaval del “juan valdés”,conducía el Seat … Y así nos pusimos en marcha todos, como siempre en un rally absurdo, para ver quien llegaba el primero:””¡si hay sitio para todos!”” -pienso siempre- pero nada, el subir y el bajar del barco siempre resulta agobiante. Casualidad de la vida que al situarnos en nuestro lugar ya en la panza del ferry, nos volvió a tocar al lado y al bajar de los coches cada uno de ellos cruzó su mirada con la mía…No me gustó lo que vi: “una noche loca, de iniciación para un viaje sin retorno, de la mano de dos guias expertos en la materia”.No me gustó lo que vi, y desde esa tarde tengo en mi cabeza grabada aquellas estudiadas sonrisas que inútilmente querían disfrazar el miedo,y la angustia que realmente sentían. Y guardo cincelado en mi cerebro aquella mirada fría del “canta autor de flamenco rok”


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