Feb 182011
 


Con el río Benito de fondo.Uno de los muchos y maravillosos cuentacuentos que tuve la suerte de tener.

Este cuento que os dejo aquí me lo contó de niña, como otros muchos, un hombre negro al amor de la lumbre de una cocina de leña en Guinea Ecuatorial. Los cuentos africanos;los auténticos cuentos africanos, los de toda la vida, son de tradición oral, y por lo general tienen como protagonistas a los seres que habitan la selva. Son cuentos con una gran carga de ingenuidad, encerrando la mayoría de las veces una enseñanza o moraleja. Espero que os guste.

Erase una vez un cocodrilo que vivía en las profundas y cenagosas aguas del río Benito y que solo ponía una pata en tierra durante la noche. Tenia la piel brillante y lisa como la de un “monguito“-niño pequeño -,y el pensaba que era porque un haz de luna se posaba cada noche en su piel, puliéndola hasta dejarla como un espejo para que la luna se asomara a ella.Los animales que en la noche bajaban al río a beber de sus aguas se quedaban prendados de la belleza de la piel del cocodrilo. Así que viendo el éxito que tenia decidió pasearse noche si y noche también, de arriba a bajo y de abajo arriba a lo largo de ese tramo del río en donde había afincado su hogar. Un día llegó un viejo cocodrilo de piel rugosa y escamas tan duras como la concha de una tortuga de carey, y sin admirar ni un pedacito de su persona se sumergió en el agua dejando asomar solamente los ojos y las fosas nasales. El Cocodrilo, que no había quien lo aguantara con tantos halagos, no podía creer que ese congénere tan viejo y feo que había invadido su Edén pasase de él como de una “caca”de mono, así que herido en su orgullo decidió pasar de su presencia.Los animales seguían acercándose al río en las noches de luna, sin dejar de maravillarse del bello cocodrilo, que viendo el éxito que tenia decidió salir del agua fangosa, a la luz del día creyendo que al sol también le gustaría posar alguno de sus dorados rayos en su piel dándole a esta aún más belleza. Y así lo hizo. el cocodrilo se paseaba de abajo arriba y de arriba a bajo en el tramo del río en donde habitaba, a las horas en que más calienta el sol. Una mañana se dio cuenta de que los animales dejaron de ir al río,y pensando en esto escuchó unas risotadas que venían de la otra otra orilla, que aunque estaba muy alejada porque el rio Benito tiene mucha anchura, se escuchaban perfectamente: ¡Ja, ja, jaaaaaaa!
volvió la cabeza al viejo cocodrilo que sacando la suya del agua le dijo con sonrisa burlona:
– Son los monos que se están riendo de ti
– ¿Por qué? dijo pavoneandose de arriba a bajo y de abajo arriba…
ja, ja, ja! -se volvió a escuchar- ¡De que presumes viejo y feo cocodrilo!
Le gritó un mono grande que colgado de una liana palmoteaba su panza riendo sin parar.Y el cocodrilo cada vez más incómodo porque no entendían como no alababan su magnifica piel lisa, brillante y dorada por los rayos del sol, le rogó al viejo congénere que le explicara lo que estaba pasando.
Mirate en el agua- le dijo con sonrisa burlona.Yo era igual que tú antes de envejecer. Y tu has acelerado esa fealdad creyéndote ser tan bello que hasta el poderoso sol se quedaría prendado de ti ¡ja, ja, ja Y lo que has conseguido es que volviera tu pie tan vieja y fea como la mía.
Incómodo el presumido cocodrilo se asomo al agua y cuando vio su hermosa y lisa piel convertida en un pellejo duro y rugoso se sumergió en el profundo río dejando asomar solo los ojos y las fosas nasales.Al momento comprendió lo que había ocurrido. Ahora entendía porqué los cocodrilos se escondían en el agua cada vez que veían llegar a otros animales:porque se avergonzaban de su fealdad.
Moraleja de entonces: la belleza no es eterna.
Moraleja de hoy; cuidado con el sol y los bisturies ¡ja, ja, ja!

  2 Responses to “De la piel del cocodrilo…”

  1. Muy buena lección cocodreril, sí señora. Aunque yo soy más de sol que de luna. ¡Dios Santo, otra arruga!

  2. No sea modesta señora Varech, que no tiene ni UNA. MIre que charlo aquí su infalible método para tenr esa piel tersa como una manzana reineta ¡ja, ja, ja!
    Abrazotes.

    La Ratita Presumida

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