Sep 262014
 

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No habló en todo el camino hasta la iglesia y “Ojos de Gato” interpretó su silencio como que tenía sueño, pues eran las siete de la mañana. Ella le agradeció que no le hablara pues no estaba el horno para bollos con el problema que se le avecinaba. Al bajar del coche se dio cuenta de que había olvidado el velo y la horquilla para sujetarlo, encima de la cama…
– No te preocupes cariño que voy a buscarlo; ahora vuelvo –le dijo dejándola sola.
Se sentó en un escalón a esperar, pensando en cómo le iba a soltar a Don Luis que había usado un lápiz amarillo, aunque el color no creía que le importara mucho, para ponerle una inyección en la colilla a su amigo; aunque lo de “colilla” lo aprendió más tarde porque entonces solo sabía la palabra “culo”. Solo y ciertamente solo por saber si Dios los había hecho iguales… Se lo imaginó levantándose de su asiento para verla mejor, recriminándole a grito pelado lo que había hecho.
– ¡Gelinda! -su padre la llamaba desde el coche tendiéndole el velo por la ventanilla.
– ¿Y la horquilla?
– Aquí tienes -dijo sacándola de uno de los bolsillos de la camisa.
Entró en Nuestra Señora de Montserrat cuando ya no quedaba un niño en la calle, con una mano en la cabeza sujetándose el velo porque se había cargado la horquilla con los nervios. Era la última de la cola para confesar, así que se quedó en un banco no muy lejos de Juanín que, al verla, dejó su sitio sentándose junto a ella.
– Si me dices tus pecados, te digo yo los míos –le susurra explotando un enorme globo de chicle armando un buen ruido.
– ¡El que esté mascando chicle que salga ahora mismo y lo tire! -gritó el misionero sacando la cabeza del confesinario.
– No lo voy a tirar -le dijo al oído a su amiga, haciendo una bola con él.
– ¡No seas guarro! ¿Te vas a comer eso luego? –cuchicheó viendo como lo pegaba debajo del banco.
– No querrás que lo tire…
-Bueno, ¿qué? ¿Vais a estar de cháchara toda la mañana…?
– No, Don Luis, ya voy –contestó el chiquillo.
– Juanín… -le llamó bajito recordando lo que le dijo el día que se conocieron: “Me llamo Luis pero todo el mundo me llama Juanín”.
– ¿Qué?
– Si te llamas Luis, como Don Luis, ¿por qué te llaman Juanín? –le soltó sin más.
– Pues no lo se. Nunca se me ha ocurrido preguntarlo… -contestó con desconcierto.
– Pues no lo entiendo… qué cosa más tonta -se dijo.
No se dio ni cuenta de que era su turno hasta que escuchó que la llamaban por su nombre. Era la voz del misionero que empezaba a impacientarse, así que se levantó del banco y se arrodilló junto a él, con la mano en la cabeza y unas enormes ganas de echar a correr…
– ¿Qué haces con la mano en la cabeza? –pregunta extrañado.
– Don Luis, es que se me ha roto la horquilla y “mese escurre” el velo…
– No se dice “mese escurre”; se dice se me escurre… Bueno, dejemos eso para el colegio y vamos a empezar como Dios manda.
– Ave María Purísima Don Luis…
-No. Ave María Purísima solo –le corrige-. Empieza de nuevo.
– Ave María Purísima… -repite cada vez más nerviosa.
– Sin pecado concebida. A ver hija mía cuéntame…
– He desobedecido a mis padres y he hecho rabiar a mi hermana… -confesó con unas tremendas ganas de chivatearle que había visto a Tatín y a Pepe darse un beso, aunque se frenó porque algo le decía que iba a empeorar la cosa–; he dicho mentiras…
– Bueno ¿alguna cosa más? –le pregunta al ver que vacilaba.
– Es que Don Luis… -se cortó al hablar porque sabía que no se iba a tragar el rollo de que lo que iba a contarle le pasó a una amiga suya, así que se lo soltó a quemarropa–. Es que le he tocado el culo; bueno la colilla, a un niño, pero eso fue hace mucho tiempo y, es que estábamos jugando a médicos… -y le soltó toda la cháchara casi sin respirar.
– Respira, anda, respira que no quiero que te dé un patatús –le dijo recogiendo el velo del suelo-. Normalmente los niños cuando juegan a médicos y enfermeras ponen las inyecciones en brazos y piernas, pero es la primera vez que oigo que una inyección se pone en un sitio tan doloroso… ¿Y por qué precisamente en esa parte de la anatomía humana? – le dice sin alzar la voz.
– Es que quería ver si Dios nos había hecho iguales…
– Pues ya ves que no. Y ahora que lo has descubierto no sigas investigando por tu cuenta; si alguna vez dudas de algo se lo preguntas a tus padres ¿entendido? –le dice mirándola con benevolencia.
– ¡Mejor a mi padre! –contesta con el velo en la mano y los ojos puestos en los del misionero.
– Ego te absolvo in nomine Patris et Filii, et Spiritu santi amén -recita haciendo sobre su cabeza la señal de la cruz-. Y ahora vete y no vuelvas a investigar por tu cuenta.
– ¡Sí, Don Luis! Digo, ¡no, Don Luis!
Y salió de la iglesia tan feliz como un potrillo trotando por el mar de yerba del valle de Moka.

…………………..

Las campanas de Nuestra Señora de Montserrat repicaban al vuelo en un una mañana preciosa de sol. Al pie del altar el misionero repartía la Sagrada Forma a las jóvenes almas de Dios….
– Corpus Christi… -dijo con la Hostia en alto mirando a Gelinda con los ojos parados en las coletas de la niña porque hasta entonces, nunca había dado la primera comunión a una niña peinada con coletas.
Y ella se llevó la mano a la cabeza creyendo que había perdido el velo…

 

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