Jun 072010
 

Y “Ojos de Gato” se cuadraba ante Bosch de la Barrera…Desfile de la Gurdia Colonial en Sata Isabel.

…………………Lo que lamentaba de verdad eran las fotos de la escopetilla y sus cartas; eso si que lo sentía de verdad.El resto lo había dado todo por perdido hasta hacía un par de días, cuando acompañando al gobernador a la mina de oro para que le hicieran la conocida demostración del proceso de extracción, allí el capitán ayudante le comunico que le pagarían los daños causados por el incendio…
Solo quedaba por terminar el tejado de nipa de la vivienda que iba a ocupar cuando, desde el Gobierno General dieron la orden del inicio de las obras. Tenían que sustituir en todos los campamentos las precarias edificaciones por otras de mampostería en un tiempo record, y el no tenía ni idea de cómo se iban a apañar sin personal especializado y lo que era peor sin material…La cuenta atrás había empezado y “Ojos de Gato” iba de cabeza intentando buscar soluciones porque en la zona no había piedra, así que no quedaba más remedio que aguzar el ingenio, y lo aguzó: un folleto de cómo construir un horno para cocer ladrillos, e ilusión y ganas por el proyecto, era todo lo que tenían para hacer realidad el reto. El horno les costó un huevo montarlo: “”mucha leña, mucha mano de obra, pero no conseguimos un solo ladrillo en condiciones…””Pero al final, triunfó la perseverancia y el trabajo bien hecho: Los ladrillos salían como churros de la manga de un churrero.
– Hacemos ladrillos como el que hace churros – Barreal apuraba los restos de la media papaya que el boy le había servido, le gustaba con mucho limón y sin azúcar, Se llevó la última cucharada a la boca, y al masticar noto el sabor amargo de una pepita disfrazada entre el dulzor de la pulpa. La apartó con la lengua y la escupió en la mano – Pero Ángel, me parece que hasta aquí hemos llegado. No hay gasolina; se acabó. De nada nos sirve la maravillosa sierra de cinta, porque hasta hoy que yo sepa no funcionan con gasógeno ¿cierto?
– Hemos conseguido hacer un horno para cocer ladrillos ¿como no vamos a ser capaces de hacer funcionar una vieja sierra de cinta en esta carpintería? – dijo, dándole un trozo de su plátano al “Capitán”, el loro de Azpuro, que se había instalado en la casa a pesar de su oposición. Este que caminaba de un lado a otro por el borde de la ventana, ajeno a los problemas de los hombres. Alargó el cuello y con los ojos puestos en el trozo de fruta compacta y dulce, lo agarra con el pico para luego ir a posarse en la ventana más alejada de donde se encontraba la mesa. “Ojos de Gato” lo siguió con el ceño fruncido: “”algunas veces creo que este maldito loro me torea… No se ni como lo aguanto, si al fin y al cabo no es mío””… – ¿Cuándo se va a llevar Azpuro el loro? Estoy harto de sus cagarrutas, que lo ponen todo perdido y de ese aire arrogante que adopta cuando me mira…
– ¿Y eso a que viene ahora? – lo mira extrañado.- Si Capitán” lleva aquí desde que se fue a “”España””…
– Espera… Ya está ¡Gasógeno! ¡Eso es compañero! eso es. Déjame hablar y no me interrumpas. Tenemos un montón de madera para quemar ¿me sigues?- Barreal le seguía con la vista fija en el loro que permanecía con la cabeza levemente ladeada, apoyado muy tieso en el borde del respaldo, de la silla de su compañero, como si fuera a tomar parte de la conversación en cualquier momento. De tanto en tanto se frotaba el pico en la madera y hacia intentos por picotear la oreja de “Ojos de Gato”, a lo que este le respondía con un manoteo. – Instalamos a la sierra unas calderas que recojan el gasógeno que emana de la combustión de la madera y esto pondrá en marcha el motor.
– vale, ¿y el problema de la cepilladora como lo resolvemos? No tenemos sierra circular, no tenemos taladro…
– Ya pensaré algo ¡Joder con el loro! – “Capitán” voló al otro lado del comedor poniendo tierra por medio entre él y su incomodo anfitrión, no sin antes robar un trozo de piña del plato de este.- Si conseguimos hacer funcionar el viejo eje de cepilladora que choricé en Bata en el Servicio Agronómico, también tendremos las otras dos herramientas ¡hombre de poca fe! – Dijo riendo a la vez que se levantaba de la mesa, observando a “Capitan”, afanado ahora, en picotearse el plumaje del cuello. – Como lo consiga, me debes unos saltos, macho. –
– Eso está hecho, pero si no, tú me deberás a mí una cena en el “Guria”.
Y el dicho de: “si quieres, puedes”, se hizo verdad una vez más… Dándole vueltas a la cabeza, tantas como las vueltas que podía dar las ruedas del viejo Chevrolet, “Ojos de Gato” llegó a la conclusión, de que se podía utilizar las revoluciones de una de las ruedas traseras, para poner en funcionamiento la máquina. Para ello, acercaron la parte de atrás del camión a la cepilladora y quitando la cubierta de una de las ruedas acoplaron la correa transmisora desde esa rueda hasta el viejo eje.
– ¡Funciona! Funciona! – Chillaba Barreal –
-¡Masa, tú saber mucho! masa, tu saber mucho – decía Alejandro, dando palmas como un niño
– Masa, tú sabes mucho… – Y los ojos de Pablo se abrieron como los de “Capitán” cuando trincó el pedazo de plátano.
Hicieron ladrillos, puertas, ventanas y muebles como churros. Realizaron todas las obras que les habían encomendado y mucho más. Construyeron la casa del Administrador Territorial: una preciosa mansión: sin duda, la mejor que existía en la Colonia fuera de Bata. Dejaron en cada ladrillo, en cada ventana y de más, la firma invisible de quien tiene espíritu de superación; de quien no se amilana ante “el más difícil todavía”. “Ojos de Gato” Barreal, Alejandro, Pablo, y el resto de los hombres que tomaron parte activa en la aventura de cómo cambiar todo un campamento de madera y nipa, por otro de ladrillo. Algo que seguramente llevarían toda una vida entre sus recuerdos…Toda una vida lo vivido…

……….. – Enhorabuena Instructor Fuentes, ha hecho un buen trabajo; muy bueno, si señor… – Le estrechaba la mano a la vez que se tocaba la gorra con el saludo militar.
– Gracias mi Comandante.
Y “Ojos de Gato” se cuadraba ante Bosch de la Barrera.

……………- Me debes los “Saltos” ¿recuerdas?

– Si compañero, te debo los “Saltos”…

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