Ago 182010
 

…………………………Ángel ¿estas bien?, “Ojos de Gato” levantó la mirada del plato de galletas Y vio un par de ojos pequeños y vivarachos, que le observaban a través de unas gafas de concha gruesa. Era Valentín Ortega, otro compañero cuyo destino en ese momento no recordaba. De rostro amable, su sonrisa se veía coronada por un finísimo bigote a lo «Card Gable.”
– Si ¿que me decías?- Es que no estaba escuchando, perdona… Hacía rato que había perdido el hilo de la discusión. La verdad, es que le importaba un comino los problemas gilipollescos de sus compañeros, e intuía que Valentín, poco dado a las disputas, estaba pensando lo mismo.
-Decía, que si quieres, jugamos una partida de ajedrez mientras estos siguen discutiendo sobre sus problemas de “ubicación nocturna”
¡Ramón, ya está bien! por mí, como si quieres montarte la juega en el mismísimo puente de mando! ¡Pero el camarote, lo que queda de viaje es para dormir!
– Pero tío, si es que no las has visto ¡están buenísimas! ¡sobre todo la pelirroja, que tiene unas tetas con dos pezones, que parecen los pitones de un toro de Miura! ¡Y la morena! No veas que piernas; largas, Iarguísimas Y…
– Ángel, ¿nos vamos? — dijo Valentín, apagando la colilla del “Camel”,en el ya desbordado cenicero que había encima de la mesa del desayuno. — Espera un momento- Y levantándose de la silla se colocó entre los dos en un intento de arreglar la situación. —Se me ha ocurrido algo ¿Julio, porqué no te vienes a mi camarote, hay una litera vacía y estoy seguro de que a mi compañero La Cruz no le va a importar?
– ¿Por qué me tengo que cambiar yo? ¡Que no, hombre que no! Lo que tiene que hacer…- empezó a decir Julio, cada vez más nervioso-, pero Ramón le interrumpió sin darle tiempo a terminar la frase.
– Está bien, tú ganas, no más “juergas místicas” en el camarote en lo que resta de viaje, pero macho cálmate que te va a dar un “telele…”
– Bueno, pues entonces, todo arreglado — exclamó Valentín ¿Ángel, jugamos la partida?
Desde el rincón donde estaban sentados se divisaba casi toda la sala de esparcimiento que empezaba a llenarse de pasajeros a pesar de ser una hora temprana. Como ellos, buscaban alguna forma de distracción, que les hiciera el día más corto. En una mesa cerca de una de las puertas de entrada dos parejas de mediana edad, charlaban animadamente. Las señoras iban profusamente enjoyadas, luciendo en sus cabezas sendas pamelas en tonos azules a juego con sus vestidos estampados, de vuelo amplio y a media pierna. Las dos calzaban zapatos de tacón fino —y “Ojos de Gato” se preguntaba: ¿cómo podían guardar el equilibrio con los vaivenes del barco? Parecían personas totalmente despreocupadas: igual que cigarras en una continua, fiesta… .Seguramente sus maridos eran gerentes de alguna finca de café, o alguna empresa maderera de la Colonia.
Un poco más cerca, ocupando un sofá de dos plazas, un hombre mayor removía distraídamente una taza de café mientras ojeaba un libro cuyo titulo no alcanzaba a leer desde donde estaba. Vestía de los pies a la cabeza de blanco a excepción de un cinturón oscuro y un bastón negro – probablemente de ébano — con empuñadura de plata, pero lo que más resaltaba en él era la abundante melena gris que partida en dos, le caía libremente sobre los hombros.Observó su perfil y como si de un caballo alazán se tratara, unos impertinentes cabalgaban con destreza sobre el prominente puente de la nariz.. El hombre dejó el libro y saco del bolsillo de su chaleco un grueso reloj de oro, que el abrir la tapa dejó escapar las primeras notas de “Claro de Luna”. Miró hacía una de las puertas de entrada y volvió a echar otro vistazo al reloj. Era evidente, que estaba esperando a alguien que se retrasaba…
No muy lejos de donde se encontraban; en el sofá más grande, un sofá de piel marrón, una joven madre mecía un cochecito de bebe intentando calmar a su retoño que lloraba desesperado, mientras un niño de corta edad le tiraba de la blusa empeñado en captar su atención sin a penas conseguirlo, porque estaba escuchando con mucho interés algo que le contaba otra mujer más o menos de la misma edad. Esta última, llevaba en el hombro izquierdo un diminuto mono “Tití,”atado a una cadena que ella sujetaba. El animal, al que había vestido con un ridículo traje azul, llevaba en la cabeza un pequeño capirote de cuyo extremo colgaba un cascabel que sonaba con cada movimiento del primate. “Horacio,”que así lo llamaba su dueña, miraba con ojos asustados a otro niño más mayorcito — de unos seis o siete años- que intentaba tirarle del rabo sin conseguirlo, porque el pobre Horacio-que ya debía “ser perro viejo” en salvaguardar su apéndice, de niños como ese, había introducido el rabo dentro del escote de su ama que seguía hablando cada vez más alterada…
-Y entonces, al día siguiente, me la encontré en el economato y le dije: “Cuca”, mona, no creas que porque tú marido sea capitán y el mío teniente te voy a rendir pleitesía… ¡ay! ¡ Horacio estate quieto! —gritaba, mientras intentaba hacer bajar al animal de su cabeza. — Pero Horacio, estaba tan asustado que había buscado refugio entre el pelo de su ama. La escena era realmente cómica: las dos mujeres intentaban mantener su cotilleo, en medio del pequeño cataclismo que tenían a su alrededor…
– ¿Piezas blancas o negras? Como esas dos, vas a encontrar muchas en Guinea. Una, la de los niños, es la mujer del teniente Castaño y la otra la mujer de Pepe Montes, un capataz de la finca de café “Pradesa.”- Valentín lo miraba con sorna, mientras lo “adentraba en la vida social”de la Colonia, a la que había llegado un año antes que él.- Aquel, señor – continuó – vestido de blanco que lleva el bastón es el doctor Garriga, un medico del hospital de Bata. Durante la guerra estuvo de aquí para allá, en diferentes hospitales de campaña. Salvó muchas vidas, pero no pudo salvar la de su familia; el destino se cebó con él, porque su mujer y sus dos hijas fueron violadas y asesinadas, casi al final de la guerra… Nunca encontraron a los autores de tal barbarie… Tras la guerra civil vino a la Colonia y aquí continua. Siempre va rodeado de “monguitos*.”Más de una vez lo verás con su Jepp cargado de pequeños, a los que les dedica casi todo su tiempo.
-¿Monguitos?- Valentín, lo miró con expresión divertida.
– Quiere decir: niños. Hay palabras del dialecto “Fang,*”tan familiares, para los que ya llevamos una larga temporada aquí, que las mezclamos con nuestro idioma con toda naturalidad. Por ejemplo, para referirnos a los nativos, decimos: “morenos.” — su cara debía ser de total perplejidad, porque le dijo- No me mires así, a ellos no les gusta, que le llamen negros. Cuando queremos decir mujer, empleamos la palabra:”mininga*.” “mininga ntangana, quiere decir: mujer blanca; “miniga nfang*: mujer negra; “ir de miningueo”, es ir de putas. ¡Te aseguro, que esa expresión la vas a oír mucho,allá a donde vamos!………

Monguito: niño
Mininga: mujer
Mininga ntanganá: mujer negra
Mininga nfang: mujer

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