Oct 282010
 

Con tiempo bueno y mar en calma, el pasaje tendía a reunirse en los lugares comunes y uno de ellos era el comedor. Se dio cuenta de que tenía hambre así que se añadió a la cruzada por el condumio. Atravesó el local hasta llegar a la mesa que compartía con Eusebio, el maderero, el cual charlaba animadamente con dos hombres uno, un funcionario de correos cuyo destino era Santa Isabel y otro de sanidad, que regresaba a la isla tras disfrutar sus vacaciones en la península. Acomodándose en la silla dio las buenas noches a la vez que abría la servilleta. Hablaban de la II guerra mundial. El de sanidad relataba a los dos novatos, el accidente del hidroavión Sunderland Británico que se estrelló en la Isla a causa de un tornado, en junio del cuarenta y cuatro y en el que murieron los diez tripulantes que en el iban…:
– El avión sobrevolaba el aeródromo de Santa María en unas condiciones muy difíciles. … – comentaba consciente del interés que había despertado en los dos hombres – Un camarero se acercó a la mesa y sirvió una humeante “sopa de estrellas” a la que el funcionario de correos tras sujetarse la servilleta al cuello de la camisa y sin dejar de mirar al narrador hundió la cuchara en su plato mareando el caldo.-… volaban por encima de las nubes acompañados de una lluvia espesa y un viento racheado de al parecer “no te menees”;es decir queel Sunderland iba enfiladito a un tornado… Llegó un momento en el que la visibilidad fue nula y el avión sobrevolaba Santa Isabel,a menos de doscientos metros de altura, entonces las antiaéreas desde el cañonero “Canalejas”,y las ametralladoras de la Guardia Colonial apostadas en Punta Fernanda, lanzaron unas ráfagas de aviso con el fin de que desviara su trayectoria. Y así lo hizo, alejandose del lugar perdiendose en el tornado… – Hizo una pausa y encendió un cigarrillo, que tras darle un par de caladas lo dejó en el cenicero para luego sorber dos cucharadas de la hirviente sopa, que le hizo proferir un quejido. – ¡Hay que joderse como quema esto! – Bueno donde estábamos…- dijo chasqueando la achicharrada lengua.
– El Sunderland acaba de escoñarse por culpa del tornado…- comentó “Ojos de Gato” a sabiendas de que le había jorobado su narración porque, aunque era un pasaje de la historia reciente de “la Guinea”, conocida por los que llevaban unos cuantos años en esa tierra, a los “antiguos” les gustaba sorprender a los recién llegados con este tipo de relatos.
Lo miró como diciendo…: cállate, y no seas metemuertos…
– Efectivamente, se estrellaron en mitad del bosque, cerca de la finca propuedad de Moritz, una compañia alemana que pisa fuerte en estas tierras, allí la fuerza del tornado lo lanzó contra una gigantesca ceiba. De los diez tripulantes, nueve carbonizados y el décimo, queaún vivia,fue trasladado al hospital de Bata en donde murió de madrugada. Pero antes de morir, al pobre hombre aún le dió tiempo de contar que el hidroavión había salido de Nigeria , con diez tripulantes entre los que se encontraba él. Dijo que a pesar de que sabía que iba a morir, no podia desvelar ni la misión ni el destino …Contó que todo funcionaba con normalidad hasta que tropezaron con el tornado… Que no se percataron de que acausa del tornado habían cambiado de ruta,y que seguían volando sobre el mar y no sobre tierra…- el camarero retiró los platos vacíos, todos, menos el del contador que se lo llevó sin a penas probarlo. Ahora había montado su escenario particular con el salero por ceiba y el pimentero por avión; una caja de cerillas y el paquete de tabaco hacían las veces de ambulancia y hospital. – …El pobre muchacho declaró que era la primera vez que volaba esa ruta, pues sus misiones las había realizado siempre por Europa.
– ¿Los repatriaron o los enterraron en Santa Isabel? – Preguntó el maderero contemplando la ración de pollo al horno que le habían servido. – Espere… ¿Me puede poner un par de patatitas más?… – le dice al camarero. –
– Como no señor ¿Así está bien? – y le dedica una estudiada sonrisa buscando su aprobación.
– Así está bien, gracias…
El hilo de la historia se había quedado atado a las neuronas que impulsan la imaginación, para dejar pasó a algo más trivial como era la contemplación de los platos que el camarero iba “decorando”: que si un trozo de pollo aquí… que si unas patatas al lado; que ahora te coloco algo de panaché de verduras en este otro hueco, y ahora te lo riego todo con la salsita que baña la bandeja…El camarero se vuelve a la mesa de al lado y empieza el mismo protocolo, mientras ellos contemplan el contenido de sus platos, pensando unos, que les podía haber puesto algo que no fuera el espinazo, y otros, encantados con los muslos y pechugas que les había tocado en suerte. El narrador hinca el tenedor en el contra muslo y con el pesado cuchillo de alpaca comienza a despellejar el pollo. “Ojos de Gato” dando un rápido repaso a los platos de sus compañeros de mesa, piensa en la injusta decisión de los hados del Olimpo que guiaron la mano del camarero hasta el huesudo espinazo, cuando le llegó su turno. Tras la catilinaria mental contra los dioses olímpicos y sus estratagemas, opta por pinchar una patata y un par de judías del panaché.
– Acabe la historia… – dice el funcionario de correos frotando el tenedor con la servilleta que llevaba al cuello.
– No hay mucho más que contar; fueron enterrados en el cementerio de la ciudad; todo el múndo estaba allí…
– Se pudo recuperar alguna cosa del interior del avión?
– Si. Cartillas militares, diarios de navegación, tablas de situaciones geográficas… armamento, efectos personales; alimentos y medicinas… y un sin fin de cosas más, como comprenderán algunas en mejor estado que otras.
– Si no recuerdo mal, creo que el Sunderland es un antisubmarino especialmente dedicado a misiones de exploración y vigilancia… – Dice “Ojos de Gato”, dándole un sorbo al vaso de vino. – Y ya sabes lo que se rumoreaba sobre lo sucedido…: que cuando ocurrió el desastre iba tras un submarino alemán localizado en algún punto de la costa de la Isla…
– De acuerdo, pero eso es algo que de momento no sabemos con certeza, al menos los españolitos de a pie… – comenta riendo.- Habían llegado a los postres y el camarero servía en platillos, hojaldres rellenos de crema, cubiertos de finas láminas de almendra, que hacían la boca agua al más desganado de los desganados.

  2 Responses to “De un capitulo cualquiera de "mi ladrillo"…”

  1. ¡Que historia! digna de película tipo el paciente inglés.

    Besote colonial.

  2. ¡Ya quisiera yo que recordara al "paciente inglés" ¡no es usted optimista ni nada ¡ja, ja, ja!

    Abrazo con aroma a caña de azucar.

    Gudeita

 Leave a Reply

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>