Mar 142011
 

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La foto es diminuta, y se encuentra en muy malas condiciones, pero aún así puede verse a “la Escopetilla” con la sombrilla y sus “ojos de china”…

Ella echó a correr sin pararse si quiera a a recoger la sombrilla caída en la hierba, corta y rala, de la explanada del campamento. Él se quedó con las palabras a medio hilván y el cuerpo a horcajadas del otro amor de su vida. Esa Harley que lo embaucaba con el plácido ronroneo de su escape que a esa hora del atardecer centelleaba por obra y milagro de un rayo dorado del sol de las cinco.Afianzó el maldito pasador y levantó la vista a las copas de las palmeras que bordeaban la tapia del recinto. El barullo era colosal porque cientos de golondrinas de pecho amarillo regresaban a sus nidos de barro, anclados en lo más alto de cada tronco para descansar hasta el nuevo día. Echó un vistazo al Cuerpo de Guardia, en donde al verlo entrar los hombre tiraron el tablero del “mangala”, al ponerse en posición,esparciéndose las semillas por el suelo. Con un gesto de la mano a modo de “descansen”y un “recoger todas las piezas del suelo que alguien se puede partir la cabeza”, enfiló las oficinas con el pensamiento puesto en “la Escopetilla”. Se les había hecho un poco tarde por culpa del pasador. ella le había dicho”si nos retrasamos me van a matar”. Pero no podía regresar sin él. Al subir la marea lo habría perdido para siempre, y menudo jaleo. Ahora se sentía incómodo con la situación así que tendria que ir a casa de su compañero a dar una explicación por la tardanza. Claro que si no la hubiera abrazado tanto y tan fuerte… Si hubiera llevado el pelo recogido como a él le gustaba, tal vez no se habría enredado…o tal vez la aguja del pasador simplemente estaba mal sujeta…Tal vez…No llegó a entrar a la oficina. El pensamiento de que si no daba una explicación al viejo Camaró llevaba las de perder por partida doble, le hizo apresurar el paso. Conocía bien a “masa gasolina”, que haciendo honor al mote con el que los negros le habían bautizado,explotaba con facilidad aunque después no fuera nadie, pero hasta que se le pasaba el arrebato… Y es que se esfumaría la la confianza que su compañero había puesto en él dándole el consentimiento para casarse con su hija.Lo divisó sentado en el porche en uno de los incómodos sillones de estilo colonial con los que habían amueblado todas las viviendas de los campamentos de Guinea. Y no pudo menos de sonreír pensando en el cerebro del lumbreras que lo decidió….
No pudo contar lo sucedido. La mano de su padre le cruzo la cara sin darle tiempo a reaccionar.
– No te da vergüenza. Una hija mía por ahí a estas horas con un hombre por muy novio que sea.
Las palabras de su padre rebotaron por la habitación. La cara le ardía y tenia unas tremendas ganas de llorar, aunque no sabia si por el bofetón, o por el orgullo herido que era mucho. Se tragó el llanto que pugnaba por salir de su garganta y lucho para que ni una lágrima resbalara por las mejillas rojas como los pétalos de una amapola de verano.
– No hemos hecho nada malo…- contestó intentando que su voz sonara lo menos insegura posible- Perdió el pasador y no quería regresar sin el, eso es todo…
– Te quedarás en tu cuarto hasta que yo te lo diga. Y ella se esfumó por el pasillo hasta su habitación.
-Dime Sarita¿le has dicho la verdad a tu padre?- Sara hablaba con la mirada fija en los ojos de su hija. Si le mentía ella lo sabría enseguida porque la niña no sabía mentir. Lo hacia muy mal. Sabia muy bien cuando esos ojos achinados no decían la verdad porque se agrandaban milagrosamente.
– He dicho la verdad. No ha pasado nada malo.
Y ella la creyó mirando esos ojos rasgados con los que Dios la habia dotado.
“Ojos de Gato” le explicó, y Salvador, el viejo Camaró, confió en su compañero de mirada limpia, y abrazó sincero. El padre dijo a la hija”perdoname, pero te quiero de vuelta a casa antes del atardecer. El padre dijo”perdoname” pero no quiero que vuelvas a subirte a esa Harley o te llevarás otro bofetón y alguna sorpresa más.El padre explotó haciendo honor al mote de “masa gasolinas”, para luego ser una balsa de aceite.
“Perdoname”, pero ¡ni se te ocurra subirte a esa Harley!

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