Mar 012011
 

Y él la vio alejarse con el pequeño entre los brazos en la barcaza atestada de gente…
Volvió la cabeza al frente, como el resto de los hombres de la Compañía…

Y el la vio alejarse con el pequeño entre los brazos en la barcaza atestada de gente. Allí de pie con el resto de los guardias en formación y con la impotencia que da el cumplir ordenes,la vio volverse una vez más antes de zarpar.La retuvo en su retina hasta quedar confundida entre un barullo de masa humana. Su pelo del color de la arena dorada de esa playa por la que tantas veces pasearon al ponerse el sol, desapareció totalmente de su vista. Volvió la cabeza al frente, como el resto de los hombres de la Compañía, y volcó toda su atención en la bandera. En esa bandera que durante largos años… larga noche de los tiempos, ondeó en esa tierra en la que dejaba sangre de su sangre bajo el suelo del Campo Santo y a la sombra de unos crotos que “Ojos de Gato, su abuelo, plantó para ella, y con la intención de salvaguardar sus infantiles restos de alimañas, salteadores y brujerías. Un picazón en las mejillas, lo volvió al mundo de los vivos haciendo que se frotara la piel, maldiciendo a los mosquitos y a la madre que los parió, pero la humedad en la yema de los dedos le dijo que eran lágrimas la causa de ese escozor.El repique de los tambores y el sonido de las trompetas cortaron el aire limpio de la mañana. Luego volvió;volvieron la espalda a esa playa por la que pasaron aquellos que más querían, y a ese Ciudad de Pamplona que los llevaría a la tierra de sus mayores , porque decir”España” no podía. No podía ni él ni ninguno de los componentes de la Compañía Móvil que allí se quedaban .
Salieron de la playa y al cruzar la carretera un silencio mortal pareció haberse adueñado de todo. Ni el graznido de un pájaro, ni el chillido de un mono, ni el ladrido de un perro…nada, solo silencio y el murmullo de las olas rompiendo en la arena envolvía el campamento. Se miraron unos a otros y comprendieron sin necesidad de palabras el sentimiento de desaliento que albergaban en sus corazones, y la sensación de desamparo que flotaba en el aire como una losa…¿Que habían hecho mal? ¿Por qué? tenían que salir de aquella tierra que siempre fue suya sin más ¿Por qué? ¿Por qué?

Al amanecer llegó al Campo Santo y buscó la tumba de su pequeña.Le costó encontrarla porque el bicoro se había comido el cementerio, siempre lo hacía si no se le mantenía a golpe de machete, y con todo ese jaleo nadie limpiaba el lugar. Pero la encontró gracias a los crotos, ahora enormes, y frondosos, que una vez “Ojos de Gato” planto. No movió ni una rama,para que..no necesitaba hacerlo para decir “adiós pequeña”…adios.Despues se unió a la Compañía y atravesaron el espesor del bosque para embarcar lejos del campamento, de esa playa y de ese mar con el corazón ahogado de emociones y el alma hecha un guiñapo.
Aún hoy se preguntan el motivo de esa salida furtiva “como ratas abandonando el barco que naufraga”.
Aún hoy se preguntan el por qué no dejaron que cruzaran esa playa con la cabeza muy alta y la bandera ondeando al viento.

Aún hoy se preguntan…


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