Ene 112010
 



Iglesia de Kogo. Foto cedida por mi buen amigo Bitito.

Y pasó el tiempo, y llegaron días de lluvia y estaciones secas. Y en la bisagra, los tornados en toda su grandeza, mostrando su lado bello, en esos tintes del cielo; en ese pasar de la luz a la tiniebla. Y su lado más inquieto devastando a su paso cuanto se les cruzaba en el camino. Y por pasar también pasaron cosas buenas y malas, como un amigo que se iba, un familiar que se moría; otra vida que llegaba. Y las hojas del calendario Mariano iban cayendo entre el trabajo, los paseos sin Titán, hasta la Misión, o hasta el puente de Triana por donde cruzaba el río Benito, con la Escopetilla de una mano y tatín de la otra, y el bueno de Jose. Luego estaba las citas con los amigos a la puerta de la casa al caer el sol; ese sol que corría a esconderse con prisas al tañido de las seis campanadas del reloj de la naturaleza, para volver a salir doce horas después, dando paso a la luna linda en un cielo estrellado, o a las noches sin luna en un cielo sin estrellas. Y así pasaron los años.
-Ave Maria Purisima…
– Sin pecado concebida…
– Perdóneme padre porque he pecado…
– Dime hija mía…
– evito los hijos…
– ¿Por los medios permitidos por el Papa?
– Que medios…
– el metodo Ogino, hija mía, que otro medio va a ser…
– Padre yo no tengo ni idea del método ese; yo le estoy hablando de…-duda ante las palabras que tiene que emplear, pero continua-, “la marcha a tras”, y el condón ¡lo siento padre! No sabe la vergüenza que estoy pasando…
– Lo se hija mía, lo se, pero no te puedo perdonar, si no cambias de actitud…
– No puedo padre…
– Pues ve con Dios, pero sin la absolución…”In nomine Pater, et Filii,et Espiritu Santi, amén”…
En el reloj de la iglesia daban las nueve cuando atravesó el umbral, sin tomar la comunión. Ni si quiera espero al “ite misa est”, porque estaba molesta con el padre, y es que a pesar de la advertencia del misionero, se había acercado al altar, pero al verla él desvió el cáliz, a un lado indicándole que no había nada que hacer hasta que se bajara del burro. Todo fue tan rápido que confiaba en que nadie se hubiera dado cuenta de lo sucedido. Caminaba absorta en sus cavilaciones, con el misal en una mano y la mantilla negra de tul, todavía sin quitar de la cabeza. Tendría que hablar con Ángel sobre lo que le había dicho el padre sobre el método ese. Llevaban muchos años, desde que nació Tatín evitando los embarazos; no quería más, con el primer parto ya tuvo bastante, así que sintiéndolo mucho y por encima de lo que le dijera el padre, no pensaba quedarse embarazada, y no era culpa suya si no empleaba el Ogino ese, que por otra parte no sabía si era un medicamento, o…El pitido de un claxon desvió sus pensamientos; luego un frenazo y cuatro improperios a una negra vieja que cruzaba la calle envuelta por el humo de la cachimba que fumaba con deleite, mientras sujetaba una gran palangana colmada de buñuelos teñidos de rojo por la fritura del aceite de palma. Un desgastado vestido de flores, cortado a la cintura, cubría su negra delgadez; y en los pies calzados con el polvo del camino, unos dedos grotescos; de piel callosa, y ásperos como una panocha sin desmochar, se afianzaban con fuerza al suelo de tierra. La camioneta siguió su camino, Y la negra, tras comprobar que la palangana estaba equilibrada sobre el trapo que llevaba en la cabeza, a modo de almohadilla, sujetó con fuerza, entre los dientes la pipa: (” una pipa horrible”) – pensó Sarita cuando la vió, sin poder apartar los ojos de aquella cabeza de negro, de enormes y afilados dientes…Un escalofrío recorrió su piel, y sus dedos se aferraron con fuerza al misal…


  One Response to “De un capítulo de "mi ladrillo".”

  1. Si, con ese tal método Ogino se lleno la tierra de niños…

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