Ago 202011
 

 

Ycuando el viejo reloj de la familia Camaró...

…Uno, dos, tres. Los golpes en la puerta, devuelven a Sara al mundo real. Se levanta de la mecedora, soñolienta, intentando retener en la memoria, el extraño sueño que ha tenido, pero solo le quedan retazos. En el umbral, se encuentra Eloisa, con Esteban en brazos.Los ojos enrojecidos, la mirada, colmada de tristeza y asomando por el jersey, en uno de los brazos: un feo maratón. Sin hablar, Sara la hace pasar hasta la cocina y prepara una tila; mientras, Eloisa separa una silla de la mesa y se acomoda, dejando un espacio, para su vientre de siete meses de gestación. Durante un rato, ninguna de las dos dice nada, solo se escucha el tintineo de las cucharillas, removiendo en las tazas la tila y las palabras a media lengua, del pequeño. A Sara, la visión de ese golpe, le recuerda la marca que los ganaderos, graban a fuego en la piel de las reses, para indicar su pertenencia. Y piensa que así es como debe sentirse Eloisa: Como un animal, marcada a golpes por su dueño…

_ ¿Por qué, no lo dejas, y te vas al pueblo con los tuyos? Así no puedes seguir…- dice Sara, rompiendo el silencio.

– No puedo dejarlo… No es tan malo. Solo me pega cuando bebe. El resto del tiempo me deja tranquila… Además mi madre dice que tengo que aguantar; toda mi familia dice que tengo que aguantar, que sería un escándalo, y luego están los niños… Demasiadas bocas que alimentar… No puedo.

– ¿quieres, que mi marido hable con él? Podría decirle…

– no. Por favor, eso empeoraría las cosas. Por favor no le digas nada…

– Como quieras. – dijo Sara- Ahora, bébete la tila, te sentará bien.

…Un día de primavera. A media noche, cuando el viejo reloj del comedor de la familia Camaró, daba las doce campanadas, los problemas de Eloisa, tocaban a su fin: su marido, el guardia Pedrosa, había acabado con ellos, pegándole un tiro en la sien. Luego, el se pegó otro, introduciéndose el cañón de la pistola en la boca… todo fue muy rápido: un par de guardias forzando la puerta de los Pedrosa, gritos de alarma, idas y venidas de los hombres y mujeres que vivían en la casa cuartel… Y sangre, mucha sangre. Los sesos reventados, de Pedrosa, salpicaban la pared, y la cara de Eloisa, que permanecía a su lado con el rostro increíblemente relajado. Sara, al mirarla pensó, que si no fuera por el pequeño orificio que la bala había abierto en su sien izquierda, se hubiera dicho, que estaba dormida… Así, con el cuerpo de lado y el brazo izquierdo, medio flexionado, cerca de la cabeza, realmente parecía dormida. El pelo desordenado, y el rizo que siempre bailaba sobre su frente, ahora laxo, sin vida, caía sobre la sien perforada; la bata de un desgastado azul marino, no conseguía tapar el abultado vientre, cubierto por un camisón de franela, que en otro tiempo, debió de ser verde con flores rosas, pero que con el uso y los lavados, color y estampado, parecían haberse fundido en perfecta comunión…

Al fondo del pasillo, tres pares de ojos, miraban asustados sin comprender: Magdalena, la hija mayor de seis años, tenía en brazos al pequeño Esteban, mientras Sebastián de tres, buscaba protección detrás de su hermana…

Se llevaron a los niños, y alguien trajo a la partera, en un intento de salvar al nonato, pero nada pudo hacerse: siete meses de gestación, no fueron suficientes para plantarle cara a la vida, y tampoco, ayudó mucho, el tiempo que había pasado desde que el corazón de Eloisa dejó de latir…


  2 Responses to “De un capitulo cualquiera de “mi ladrillo””

  1. malanga dijo…

    Veo que hay cosas que no cambian, el horror y la violencia contra las mujeres, lamentablemente ,no cesa…
    29 de noviembre de 2009 10:20

  2. Ni cambiaran… Pero a Dios gracias no todos son igual y yo prefiero pensar en que hay “más de los buenos, que de los malos”. De todos modos señora Malanga no olvidemos que tambien hay hombres que sufren en silencio malos tratos sicológicos, y sin intención de parecer defensora de tan abominable práctica < que ya le diré en otra ocasión que salga el tema, lo que haría yo con esos elementos>, las heridas del cuerpo se curan…las del alma ¡no! pero lo agarre un@ por donde lo agarre: es una triste realidad que está ahi, desde que el mundo es mundo, tanto un maltrato como el otro…
    Un abrazo fuerte.
    Nina.
    29 de noviembre de 2009 22:14

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