Feb 032011
 

Cuando suba a la ciudad….

-Del codín, del codán, de la vera, vera va. Del palacio a la cocina cuantos dedos hay encima.
Y la nena bailaba esos ojos tan llenos de vida, porque la vida quiso quedarse en ellos, de los ojos de su padre a los brazos de este asolapados tras la espalda.Y el padre miraba divertido a su pequeña que indecisa ,saltaba de puntillas sin saber a que brazo tocar para acertar el número de los diez que sabía. Pensaba en “ninguno”, así que escrutó el impasible rostro de su progenitor confiando en que algún músculo de esa cara tan querida le hiciera una señal, pero nada. Ni una ceja levemente alzada, ni una mueca, ni un guiño. Tendría que apañarselas sola, aún a sabiendas de que el Bazooka que guardaba en uno de los bolsillos de la sahariana fuera a parar al bote de conservas que una vez retuvo en su panza de frio cristal,aquellos riquisimos melocotones en almíbar cuyo sabor permanecía pegado a su paladar de niña con la misma fijación que los bazookas se empeñaban en pegarse a sus vestidos.
– Del codín, del codán de la vera vera van. Del palacio a la cocina cuantos dedos hay encima….- El padre miraba a la niña con ojos de padre embobado de nena-, ¡Vamos Gelinda! espabila que al chicle le queda menos y nada para acabar en la panza del bote ¡Cuantos dedos crees que tengo abiertos?

– Ummmmm….- pega un brinco y al hacerlo las cintas del lazo del vestido se enredan entre los pies calzados de blancas sandalias, perdiendo el equilibrio.
– ¿Te has hecho daño?
Pero ella, que es orgullosa y tiene su dignidad a flor de piel, se levanta de un salto indicándole con la cabeza que” no llega la sangre al río”, aunque su rodilla derecha esté magullada por el bordillo de cemento que rodea el parterre de crotos, de hojas de un rojo esmaltado a fuego porque a esa hora de la tarde los rayos del sol han decidido desmayarse en ellos.
Bajo el egombe-gombe el padre y la niña siguen con ese juego infantil; con ese juego de su infancia. Ese al que jugaba con “amá” sentados en aquel banco de madera que “aita” hizo en el elemental taller de la casa junto al establo. Hoy el “aita”era él, enseñando a su pequeña las mismas cosas que su madre que a falta de padre por estar este en cuerpo y alma en el menester de ganar el pan para siete bocas, en sus muchas limitaciones, se afanaba por enseñar al benjamín del hogar.

-¡Cuantos? di cuantos ….
– Cuatro – contesta la niña sin dejar de bailotear con las manos apoyadas sobre las piernas de su padre- no…¡tres! y tras soltar el “tres” deja asomar un pequeño palmo de lengua roja, por lo que su padre le regaña diciéndole que puede resbalar y que se hará daño.Ella para de inmediato haciendo un obvio esfuerzo puesto que como nena de músculos y huesos en constante crecimiento le es difícil estarse quieta.
– ¡Ah, ya sé! ¡”Ninguno”! -exclama con aire triunfal- ¡dame el chicle!
Y él la mira con aire de satisfacción por el acierto, que aunque solo era un juego de suerte, servía para que se familiarizara con los números.

– ¡Ja, ja, ja! No se dice “ninguno”- le aclara adelantando los brazos de manos abiertas-cuando no ves dedos levantados se dice cero porque se trata de enseñarte a contar.
Y sacando el Bazooka del bolsillo se lo entrega no sin antes hacerla repetir los números desde el “cero” hasta el diez, y los días de la semana.
Son las seis de la tarde y el sol se precipita en el horizonte mientras una trompeta y un redoble de tambor llenan el aire. No muy lejos un guardia colonial arria la bandera. Mañana será otro día con su sol naciendo; con su sol muriendo. Mañana será otro día de bazooka y de recuerdos. De enseñarle algo a su pequeña a falta de escuela allí en la selva.
Cuando suba a la ciudad comprará más lápices de colores porque se los come, bueno no sabe muy bien si es ella o el pequeño antílope que un día salvó de acabar en la olla de aquella viejisima negra que se cruzó en su camino.Unas monedas le costó; unas monedas y una pequeña garrafa de ginebra ¡ay la mamá negra! no sabía nada y lo sabía todo. sabia que aquel hombre blanco no dejaría que la cría de antílope acabara en la perola ¡Ay la mama negra!
Cuando suba a la ciudad con el camión de caucho le comprará una pizarra.
Cuando suba a la ciudad….
“Del codín del codán de la vera vera va, del palacio a la cocina cuantos dedos hay encima”….

Y me ha venido a la memoria.


  2 Responses to “Del codín del codán, de la vera, vera va…..”

  1. Hija, cuentas las cosas de una manera, que veo a la niña, al padre, las manos, el bazoka y la mama negra como si estuviera allí.

  2. Se ha dejado usted a la cria de antílope. Y ahora que estamos solas…¡aún sigo diciendo"ninguno"!
    Besote.

    La Ratita Presumida

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