Ago 222010
 

Esperando que alguien se diera cuenta de mi ausencia…

Y me escondia entre los árboles

Estas fotos me han traído a la memoria aquellas plantaciones de café y cacao, en donde tantas veces jugué cuando era niña. Correteaba por entre los cafetos, como corretean los niños que en su inocencia no temen a nada. Y me escondía entre los árboles, esperando que alguien se diera cuenta de mi ausencia, aunque fuera “mayor”, porque en las plantaciones no solían haber demasiados niños blancos” con quien jugar, y yo quería jugar porque era algo innato en mi alma de niña:”los niños juegan”-pensaba yo mirando al animalito de turno que tenía como compañero de aventuras, y el animal me miraba como diciendo:” y yo que quieres que le haga si no se hablar, ni jugar al escondite, ni saltar a la comba….Y en medio de las largas esperas, y esperando a que acabaran el café, la copa y el puro, de esas sobremesas eternas de aquéllas fincas de cafetos y cacao, me sentaba en la tierra y apoyada la espalda en el tronco de un árbol cualquiera, mordisqueaba los pequeños frutos rojos, que en la flor de su madurez, al morderlos llenaban mi boca de niña con un sabor agridulce que me encantaba. Retengo ese sabor, no se si en el cerebro, o en el paladar, como conservo también en mi olfato el intenso aroma de los cafetos en floración que inundaba el aire.Bajo las Miles de florecillas blancas agrupadas en pequeños ramilletes que colgaban de las ramas, en donde las hojas de un verde cinabrio derramaban su sombra sobre esa tierra, que les daba la vida; bajo esas hojas, permanecia yo en un monólogo sin solución por no haber dotado el buen Dios a los animales, del don del habla: – seguramente -me decía-, Él, cuando hizo el mundo,no pensó en las niñas como yo que se pasan el tiempo entre mayores…Claro que niños hay en todas partes aunque sean negros, chinos, o indios – esto lo sabía por las huchas modeladas con forma de cabezas de las cinco razas de los continentes que conforman nuestro mundo, y que en el colegio, las monjas misioneras entregaban a los más mayores para pedir por el día del “Domund”-, aunque para mi no hubiera más mundo que ese en el que vivía y al que amaba con todo mi corazón a pesar de no tener como ya he dicho, demasiada gente menuda con quien dar rienda suelta a los juegos infantiles.Y así pasaba el tiempo, unas veces armada de paciencia hasta que escuchaba la voz del boy o del niñero llamarme por mi nombre, y otras harta ya de esperar, salía de mi escondite buscando “nuevas aventuras” con las que dar rienda suelta a mis fantasías, que eran muchas. Pasaba practicamente inadvertida para unos y para otros, cuando tocaba ir a esas fincas de casas inmensas cuyas amplias galerías corridas, de suelos bruñidos me fascinaban porque podía usar mis patines de ruedas sin tropezar ni atascarme como ocurría si intentaba patinar en cualquier otro lugar. Y no me importaba esas inacabables reuniones de los mayores, porque me deslizaba de la silla y desaparecía, eso si, no sin antes mantener el cruce de frases de rigor con la “Bella Sara”:
– Gelinda -aunque ese no es mi nombre así me llamaban cuando era niña-¿a donde vas?
– A jugar…
– No te alejes mucho…
– No, mamá…
Pero Gelinda se alejaba, ahora no recuerdo si mucho o poco, para saberlo tendría que volver a esos rincones en donde paradojicamente me sentía menos sola.Y me perdía en cada cuarto, en cada baño, en la enorme cocina, en la que siempre había alguien de color entre los fogones de la cocina de hierro. Pero de la casa lo que más me llamaba la atención era el desván; un lugar extraño y solitario que me hechizaba. Había polvo; parece que lo estoy viendo. Si cierro los ojos, hasta puedo rozarlo con la yema de mis infantiles dedos, y hasta puedo escuchar al piso de madera protestar, al paso de los pies que lo pisan; esos pies pequeños y livianos de solo siete años de vida, cuya dueña era una niña escuálida, y falta de algunos centímetros de estatura. Entrando a la derecha, una cómoda de madera rosada, que mi infantil cerebro calificó como “vieja” por el hecho, supongo, de encontrármela en el desván, tenía los cajones entreabiertos y no pude resistirme a investigar lo que aquellos contenían. Quizá fuera el instinto maternal con el que Dios me dotó, tal vez para suplir el que no le dio a la “Bella Sara”,hizo que todo mi cuerpo de niña vibrara, ante lo que tenía delante, que no era otra cosa que unas crías recién nacidas, de…en ese momento ni me lo pregunté ni me interesaba, solo se que las cogí deprisa y salí con ellas escaleras abajo, como temiendo que apareciera la madre y me las quitara. Ya lejos del desván, caminé más despacio observando a las pequeñas crias, que eran cuatro, como se movían en la improvisada cuna que les había hecho ahuecando las palmas de mis manos.Llegué nerviosa al salón, en donde aún permanecia la misma gente que había cuando me escabullí de la mesa, y acercándome a mi madre, le enseñé mi hallazgo con la esperanza de que dejara que formara parte de mi colección de mascotas sin “el don de la palabra”¡madre la que lié! ella pegó un grito y todos los ojos se volvieron hacia nosotras, y es que aquellos animalitos de piel translúcida que dejaba entrever las venas del interior de sus diminutos cuerpecillos, eran crías de rata: “bueno – pensaba yo -, tampoco es para ponerse así”, claro que yo no tenía ni idea de lo que era una rata porque no había tenido ocasión de cruzarme con ninguna, o tal vez, si se colaba alguna en mi habitación durante la noche; vaya usted a saber, teniendo el hogar en mitad de la selva tropical.Pero aún así: tampoco era para ponerse de esa manera;vamos digo yo. A falta de niños…

  2 Responses to “El aroma de un cafeto en flor.”

  1. ¡Es que no has cambiado Gudeita! Sigues perdiendote por todas partes, explorando habitaciones, captando instantaneas, cada gesto, cada momento, cada anécdota y luego nos vienes corriendo al blog y nos traes lo último que has encontrado.
    No cambies niña.
    Besote con sabor a Chupa-Chups.

  2. ¡Ja, ja, ja! Ahora me doy cuenta de que es cierto: ya desde niña me daba por "ratonear".
    Un abrazo con aroma a cafe de "La Guinea Ecuatorial".

    Gudeita

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