Sep 062011
 

Y tengo tanto…tanto…y tanto para darte…

Y tengo el corazón como el azúcar de un azucarero olvidado al sol, tras una sobremesa de café, humo y licor. Y tengo el corazón como ese azucarero de azúcar a medio desleir, plantado al sol que más calienta, llamando a las hormigas a golpe de grano derramado en el mantel, en la loseta del porche, en la pata de la silla y hasta en tu zapato amor.Y siento el corazón lleno de hormigas, quizá por no haber otra  forma de tenerte. Y es que alguna vez, las he visto trepando por la seda de tu piel y yo, me subo al carro de la suerte y te rozo, culpando a las hormigas que corren como locas por tu brazo y alguna despistada, que llega  hasta el escote del vestido; de ese vestido tuyo que verdea al sol de la mañana y al del atardecer, que pierde a las hormigas pequeñas aliadas de mis sueños, que no son otra cosa que tus sueños… que no son otra cosa, que el roce de mis dedos por tu cuerpo como granos de azúcar, de aquel azucarero volcado en el mantel.
Los dedos de mis manos, inquietos y excitados, que una vez titilaron al tacto de tu carne como hormigas traviesas corriendo en el sendero del azúcar, sembrado en el mantel, de aquella sobremesa de copa y de café, lo roban de los bares y terrazas, que enredan la ciudad, por sentir esos granos pensando que es el roce de tu piel.
Y tengo. Hoy tengo el corazón como el azúcar del  azucarero sin tapa, y olvidado al sol de la mañana hasta el anochecer, de aquella sobremesa, en la que no pudo ser, cuando la luna bella iluminaba los granos dormidos sobre el mantel, la loseta del patio, la pata de la silla sin zapato… Mis dedos, subiendo por la seda de tu piel como hormigas traviesas, hasta llegar al límite del tirante caido de tu hombro y del lóbulo carnoso de tu oreja…
Y tengo, tengo y tengo. Hoy tengo el corazón hormigueando de deseo por saber, a que sabe esa piel dorada al sol como una plantación de caña dulce. Hoy tengo el corazón hormigueando por decirte, que deseo más que nuca cuatro patas… dos antenas, a riesgo de que acaben con mi vida otros dedos inquietos, que al igual que los mios, se mueran por tu piel.
Hoy quiero ser la punta del zapato salpicado de azúcar. La hormiga que corre por tu brazo. La que recorre tu escote despistada… La que se enreda en tu pelo…
Y hoy tengo el corazón como el azúcar de un azucarero…
Y hoy los dedos de mis manos titilan al tacto de tu carne…
Y hoy he resbalado por el borde de tu escote…
Y hoy he olvidado el azúcar de los bares, terrazas y cafés…
Y hoy mis dedos han subido por fin hasta tu hombro…
Y hoy mis dedos han rozado al fin, el lóbulo de tu oreja…
Y tengo… y tengo… y tengo… y tengo tanto amor… tanto deseo…
Y tengo… y tengo… y tengo para darte.


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