Mar 242010
 

La razón de Doña Juana se desboca…

Encerrada en las paredes de un castillo,
la razón de Doña Juana se desboca,
y a la sombra de los largos corredores,
las doncellas rezan por su reina loca…
Burgos llora su locura,
Valladolid se lamenta,
Tordesillas la recoge de celos ya medio muerta…

Me ha venido a la memoria esta canción que “Ojos de gato” me cantaba cuando era niña, y que a mi me impactaba tanto. La imaginaba con la cara desencajada y con unas horribles manos de dedos largos y delgados de los que despuntaban unas afiladas uñas ¡pobre Doña Juana! que la tuve hasta en mis pesadillas más profundas… No hace muchos meses la pude ver en unos cuantos cuadros de la pintura del XIX en el Prado, junto a mi nieta, y mi pequeño homenaje fue hablarle a la niña de la cara amable de la “reina loca”.
¡Hasta siempre Doña Juana!


Doña Juana I de Castilla”Juana la loca”, fue la tercera hija de Fernando el católico e Isabel la Catolica,que enfermó de “locura de amor” por su marido el archiduque Felipe de Austria. Pero Juana fue más que una “loca”. Fue reina de Castilla, de Navarra, de Aragón, de Mallorca, de Nápoles, de Sicilia y de Valencia; Condesa de Barcelona. Mujer inteligente educada en todos los menesteres que una dama debía dominar como la danza, o la música, y esencialmente para la obediencia.

Emprendió una larga y azarosa travesía cruzando Europa, hasta las tierras flamencas en donde se reuniría con el que iba a ser su esposo, pero él no se encontraba allí cuando llegó. Vivieron una historia de pasión corta, porque el archiduque pronto se cansó, y es ahí cuando empieza a germinar esa locura de amor. Tuvo seis hijos el último hijo póstumo de Felipe I “el hermoso” rey de Castilla, fue una niña a la que puso por nombre Catalina. Al morir su marido, parece ser que envenenado, decide trasladarlo desde Burgos a Granada para enterrarlo, como era su deseo, no sin antes enviar su corazón, porque así lo quiso él, a Flandes. Ocho meses duró ese procesión dantesca, viajando en la oscuridad con un gran numero de personas de todos los estamentos, dando lugar a comentarios sobre el empeoramiento de su estado mental. Al dar a luz, su padre el rey Fernando la encierra en Tordesillas con sus dos hijos menores, durante cuarenta y seis años hasta que el 12 de abril de 1555 murió, habiendo sido confortada por un joven jesuita, el futuro San Francisco de Borja.


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