Ago 202011
 

 

Esta casita, no está muy lejos de donde veranean nuestros amigos, concretamente en Portugal;vamos al lado mismito de Torrevieja, y mira tú por donde que cuando la íbamos a comprar resulta que Mi consorte no llevaba calderillas…je, je, je


 

¡Riiinnnnggg! ¡Riiinnnggg! Escucho como la musiquilla de mi móvil traspasa la tela del bolsillo de mi pantalón pirata: “Los animales de dos en dos ¡uaa! ¡uuuaaa! Los animales de dos, en dos ¡uuuaaaa!…..” y no puedo menos que sonreír al pensar en el repertorio que mi nieta Andrea va desgranando en mi móvil “tuneado”: cuando he conseguido acostumbrarme a una tonadilla, aparece otra, y yo dejo que suene sin enterarme que es la mía…¡Piticlín, piticlín!

– ¡baja el volumen, que no oigo! – le digo a Manolo, que va tarareando una pieza de sus adorados “Dire Straits”, y que a mi ya me tienen hasta la coronilla después de seiscientos kilómetros taladrándome las orejas. – El aparatejo suena y suena y yo guiño los ojos en un intento por descifrar el nombre de la persona que llama: – – me digo a mi misma, a modo de “flagelación sicológica”, a la vez que le planto literalmente en las narices el “susodicho”- ¡Quien es! ¡Quien es! – le digo sin apartar el trasto de su cara.

– ¡Me quieres quitar eso de delante! ¡Estas zumbada! – y a pesar de eso le echa un ojo a la pantalla: -Antonio Hidalgo… es Antonio Hidalgo…- ¡Zas! Frenazo, y más frenazo: un camión lleno de “Porkys”, se cuela entre nuestro bólido y una furgoneta llena de moros con la casa a cuestas.

– ¡Que haces “love”! Si te quieres dejar los cuernos te los dejas tu solito, porque a mi no me apetece espachurrarme en la carretera… – Le digo con aire de indignación.

– No querías adrenalina ¡Pues toma adrenalina! ¿Es que no ves que si no freno nos tragamos los “Jabugos” con pezuñas y todo?

– ¡Vaaaaaaaleeeeeeeeeeee! ¡Te estás haciendo viejo tío! – a todo esto: “Los animales de dos, en dos uuuuaaa,uuuaaa…..” seguían recordándome que Antonio estaba “en el otro plano astral”, seguramente sin camiones llenos de “, Porkys”, ni furgonetas morunas que le estresaran las neuronas.

– ¡Hola, hola! Carmenpilar, hablaba y hablaba deshaciéndose en explicaciones de porqué no podían venir a nuestra cancha, uno de esos días para pasar un ratito juntos…: bla, bla, bla, familia, cumpleaños, etc, etc, etc… – Que dice Antonio que vengáis vosotros y cenamos en el club Náutico…- Escucho al señor Okangón, marcando las directrices del encuentro…

– Miro a mi consorte y antes de que pudiera contarle nada, me dice que de acuerdo, y yo en ese momento envidio ese “Martillo”… ese “Yunque”…ese “Estribo”, que le hacen oír, hasta como roe el “hamster” de mi pequeña Andrea. – Ocho y media a nueve… uuuummmm… vale, de acuerdo ¡Muak! ¡Muak!

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– “llegando al destino por la izquierda” -, la voz amiga que tantos y tantos kilómetros ha hecho con nosotros nos ha llevado sin problemas hasta la verja de la marinera casa del señor Okangón y la señora Luperez: -¿Qué hacíamos antes de tener a “la Roser”? <”Ruse”, para los amigos > – Me pregunto, escuchando esa voz de mujer robotizada que machaconamente nos pita falta, cada vez que nos salimos de su cuadriculada trayectoria.-

– ¡Hola, holaaa! –

– ¡Muka! ¡Muak! ¡requetemuak! – La señora Luperez nos da la bienvenida con la alegría aflorando en sus ojos azules. Una amplia sonrisa se dibuja en su cara, que a mi me recuerda a la de las “geishas”, por eso de la piel de porcelana…- ¡Que alegría veros! ¿Esta más delgada, verdad? – e instintivamente escondo al patito de goma entre los pliegues de la camisola.

– Es la mala vida que me da este hombre- le digo riendo

– ¿Llegamos tarde? – pregunta Manolo, aún a sabiendas de que no llegamos tarde. Y a mi cabeza viene “un tentempié de sicoanalisis” y me hago la pregunta del millón: ¿por qué nos empeñamos en soltar esa frase tan tonta, cuando sabemos que has llegado antes de tiempo? ¡Ah!

– ¡No! Es buena hora – comenta Okangón, propinándole un abrazo de macho, como mandan los cánones. – nos explica que acababan de llegar, que venían de comer con una tía que creo vive en Kadmandú…

Las escaleras nos conducen por fin al patio, en la que un hermoso drago y una palmera “Wasinnosequé”, alegran el rincón. Un agradable olor a jazmín se introduce por mi nariz, y yo aspiro con la misma fruición del ex -fumador neófito ante el humo del pitillo del vecino. Uuummm… ¡Que bien huele!

-¡Carmenpilar! Saca unas “birras” y “coca”, anda, y nos tomamos algo antes de ir a cenar…

– ¡Que te he dicho que están calientes! Exclama mi amiga Luperez, con esa voz de resignación, que nos sale de dentro a todas las féminas, cuando tropezamos con la cabezonería de los hombres…- ¿no ves que acabamos de meterlas en el frigo? – y Okangón, erre, que erre

– ¡Que las saques! ¡Que no están calientes – y yo mientras, brujuleando el patio…: Y eso, que es ¿Un cascarón?- digo mirando un enorme bulto forrado con una lona : Y como Dios protege la inocencia: “me salvó la campana”…

– Linda, ven que te enseño lo que he traído para entretener a estas manitas…- Dice girando las manos al más puro estilo de: “los cinco lobitos”. Y mientras me muestra las piezas con las que dará rienda suelta a su creatividad, ojeo la estancia y yo, que tengo el cerebro siempre en ebullición, dejo instalada la antena “orejil” y cierro los ojos durante unos segundo reteniendo en mi maltrecha memoria los elementos marineros que le dan vida. Y me veo en el velero que hasta ese momento había permanecido postergado contra la pared, navegando por el mar de Cristal, y me siento “a lo Buda”, y veo las olas romper en el cabo de Palos, y la brisa traviesa que en su ir y venir le succiona “la sal de la vida” a la mar, la rocía en mi pelo y se aleja buscando otro Mar de Cristal, que le deje jugar con “caballos de mar”… Y yo, enemiga del sol , escondo la cara, me cubro la piel… pero el me demuestra que es firme en su empeño, cuando siento sus dedos hurgar en mi piel… – Ves… esto lo he comprado para `pegarlo aquí, y luego… ¿Me estas escuchando, bicho?-

– Si… si… ¿Y luego donde piensas colocarlo?, le digo volviendo a la realidad, mientras intento plegar mi atención a lo que con tanto empeño me esta explicando.

– ¡No, si esto luego lo regalo! Hago las cosas y luego las regalo. – me dice riendo. – y la miro y me río con ella… y se va a la nevera y rezonga como toda mujer cuando sabe que lleva razón, y saca las “birras”, y palpa la “coca”.Volvemos al patio…

– Te lo dije, te lo dije, que no estaban frías…- y yo por hacer “patria fémina”, me pongo al lado de mi amiga Luperez y achucho más.

– ¡Están calientes, pero que mas da! ¡Brindemos por nosotros!- Y chocan los vasos, las jarras, y suena a AMISTAD, a MAGIA AFRICANA, guardada, dormida… recogida, retenida… en un rincón del corazón, del alma, de la mente, del recuerdo y de los sueños. Suena a tumbas, a baleles, a “yenka” y a “rokanroll”… Sabe a “Pepsi” y a “Mirinda”, a mango a “atanga, o safú”, sabe a caña, sabe a “plátano de mono”, sabe al fruto del cacao y del café… sabe a todo lo que queramos querer… Suena… sabe…. Sabe…suena…

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El coche engulle los últimos metros que quedan hasta el destino. Se abre la barrera y Okangon, aparca entre otros “tantos”, cuyos dueños han tenido la misma feliz idea: el Nautico. Un bonito local marinero, con sillones de teka y soberbia escalinata de madera en su interior, nos recibe envuelto en aromas de “frutos de mar”. Un camarero guasón, y una amable camarera, nos atienden, y se van para traernos la comanda: – – y me arrellano, todavía más en el sillón, y escucho lo que dice mi marido, lo que cuenta mi amigo, lo que tiene que decir esa amiga tan querida… y la noche trascurre entre “frutos de mar” y hogazas de pan. Yo meto baza, y bromeo, mientras voy apurando mi tinto de verano. De pronto un hueso traidor de aceituna golpea mis dientes y me acuerdo de su padre, “el olivo de Jaén”, porque casi se carga uno de los implantes cariiiiisssiiiimosss, que me acaban de colocar: – – pienso, y me olvido del hueso y su padre “el olivo de Jaén”, porque no quiero que me estropee esa noche tan MÁGICA, esa “guapa” charla en la que reina la diosa AMISTAD. Manolo cuenta, Okan, cuenta, Luperez cuenta y yo parloteo: – Porque una vez en Argel fuimos a visitar a una viuda… ¿Te acuerdas Antonio?- Luperez vuelve la vista hacia su marido, como pidiendo confirmación, y yo pienso que es otra de las muchas cosas tontas que hacemos los humanos. Porque digo yo: Si viviste la historia de primera mano ¿Para que la confirmación? ¡Otra pregunta del millón! “Tranqui”, Señora Luperez, que eso lo hacemos todos y todas ¡Aaaaayyyy! Como somos los humanos.

– Si, y luego las pedradas a la casa… etc., etc,etc …

Manolo escucha interesado, yo escucho embobada, y pienso que es una lastima que esas vivencias se queden en el tintero…

-. Haber si las contáis en el foro…- digo –

– Tal vez algún día… – dice Okan, sorbiendo el café. ¿Damos un paseo por el pantalan?- y nos levantamos y ellos van delante, nosotras un poco más atrás.

– Se está a gusto aquí amiga Luperez – le digo con un ojo en las estrellas y el otro en el suelo para no matarme. – Y eso que es… y eso, y eso… Y me mira y se ríe y a la luz de una farola me parece ver a la luna brillar en sus ojos azules…

– Que cosas tienes, bicho, que cosas tienes… me dice, con la vista puesta en los hombres que han marcado nuestras vidas…

En una garita un vigilante de seguridad, volvió la cabeza al vernos pasar. En el aire, las voces de la gente trasnochada y bullanguera rompían le silencio del lugar. Al fondo Okangón enzarzado en la lección marinera, hechizaba al aprendiz y este, envuelto en un sueño hipnótico, creía que algún día dejaría de ser un grumete novato, para ser capitán… ¡Dulce ingenuidad!

Gudea de Lagash

 

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