Feb 152010
 

Pero las he colgado porque la situación, y el tiempo, venían a ser una cosa parecida…
nada tienen que ver, con el accidente, son de nuestro viaje a Taiwán…
Estas fotos…
comprendereis…
Como ….

Sal por esas carreteras de Dios, por motivos de trabajo de mi marido. Está cansado y hace muy mal tiempo. La lluvia y la nieve nos acompañan durante todo el trayecto, y en Granada, cerca del puerto de La Mora, se nos ocurre llamar a información de la autopistas “A-92”: – Hace diez minutos que se ha cerrado el puerto de La Mora y la carretera del desvío por la nieve… – ¿Si tiramos por la costa? – Si por Motril no hay problemas; bueno se van a encontrar con mucho tráfico, porque a parte, hay muchas comarcales cerradas también… – Gracias – A usted; adiós. La nieve cada vez cae con más fuerza; ya no es agua nieve, ahora lo que se estrella contra el cristal delantero, es nieve, que a mi por el punto de consistencia me recuerda al merengue pastelero. Nos perdemos en Granada, cosa rara pues la conocemos bien, y acabamos en el aeropuerto.Son las cuatro de la tarde pero el cielo está tan encapotado que parece que sean las ocho. Carretera, tráfico, carretera tráfico, y mi consorte sin querer parar, cosa que jamás hace pues siempre hacemos dos o tres altos en el camino: – ¿Nos quedamos en cualquier sitio y mañana continuamos? – le digo ante la perspectiva que se avecinaba – No. Quiero llegar a casa.- me dice tajante – tengo un mal presentimiento…deberíamos parar… – ¡No empieces con tus presentimientos! que luego se cumplen- grita nervioso Se hace de noche, y la cola en la autopista es interminable. La carretera ahora se divide en dos para dar paso a todos los coches, que van y vienen. Un semáforo que no vemos, pero que él recuerda que se encuentra en un punto determinado de la vía por donde vamos, es el que origina el tapón. la vista se me pierde en las luces de los coches que veo parados frente a nosotros; son como una larga procesión de luciérnagas, en espera de regresar a sus hogares, y pienso que entre todos ellos, habrá alguien con el mismo pensamiento, al observar nuestra particular procesión.Vía libre, ahora otro empujón del lado nuestro, y pasamos; efectivamente era el semáforo el que originaba el parón. Llueve, y llueve, y llueve, y de pronto la carretera se bifurca a tan solo unos metros del semáforo, y llega el despiste, aparecemos en una carretera comarcal estrecha y cuesta arriba, detrás las luces de un coche nos indican que no estamos solos, seguimos subiendo hasta adentrarnos en un pequeño pueblo del que ahora no recuerdo su nombre, y el coche continua tras el nuestro, y nos damos cuenta de que también se ha perdido, y todo por seguir al que va delante, cosa que nos ha pasado a todos alguna vez. Al final nuestra compañera de fatigas “el navegador”, y digo “nuestra” porque es la voz de una mujer la que nos indica siempre el camino, nos saca del apuro devolviéndonos a la autopista con su procesión de luciérnagas.
-¡Mitra el coche que nos seguía ya nos deja! -le digo
– ¡Hay que j….. si era un “Guiri”, se estará acordando de toda la familia…- me dice riendo. Y por un momento olvidamos la maldita carretera…
Kilómetros, y kilómetros de autopista, a la que ahora le falta la nieve, pero le queda la lluvia. Yo estoy agobiada pues aún vamos por Almeria y ya llevamos ocho horas de viaje, cosa anómala, puesto que en circunstancias normales tardamos de Algeciras a Murcia cinco, con paradas incluidas, así que uso mi estrategia más socorrida…
– ¡Mira un indicador que señala un área de servicio!
– Hay que desviarnos y no está la cosa para desvíos que se ve fatal..
Lanzo mi plan al aire como un cohete de la N.A.S.A….
– ¡Me estoy haciendo pipí! -mentira, era para que parara, eso no me había fallado nunca.
-Vale…
Y se desvía yendo a parar a una rotonda sin indicadores, o al menos nosotros no los vimos. A todo esto el navegador volviéndose loco:-recalculando, recalculando. A “x” kilómetros tome el desvío a la … no recuerdo si a la izquierda o a la derecha, o que tiráramos por la trocha…Luego todo pasó muy rápido, tras la curva de la rotonda, un estrechamiento con un indicador que marcaba el paso de doble dirección, a lo que mi consorte le puso toda su atención, como era lógico, así que pendiente de lo que le pudiera venir de frente en aquel estrechamiento, no vio, que por cierto, tampoco tenia ningún “quita miedos”, el resto de la carretera si, pues lo dicho, no vio el terraplén que nos esperaba invitándonos a entrar…
– ¡Dios mío! ¡Pero que ha pasado! ¿Estás bien?
Yo no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo. Solo veía que el coche estaba parado frente a lo que parecía un talud de tierra. Pero extrañamente no me preocupaba tanto como el ver a mi marido agobiado a más no poder, y pensé en que, con el estres y el cansancio que llevaba encima, pudiera darle un infarto, así que intenté calmarle llevando yo las riendas de la serenidad. El pobre solo repetía una y otra vez que si el coche volcaba sobre mi lado, porque esa es otra, la posición del coche al chocar era, sacándole punta a la situación, ya a toro pasado, como la de los chistes: inclinado como un balancín de un parque infantil.
– A ver, love…dime quien de los dos se puede mover sin que el coche se desnivele más…
– Tú…pero no seas loca, a donde vas a ir, debe de haber algo de altura…
Abrí la puerta despacio, aunque luego no tuve más remedio que soltarla porque como no quería inclinarme hacia ella no me llegaban los brazos, y miré hacia abajo…bueno, pensé, si veo el suelo, con lo cegata que estoy y a oscuras, es que no hay tanta distancia…A todo esto desde que tuvimos el accidente no dejamos de tener un ¡acompañante?, más bien diría yo, un mirón cobarde, pues un camión paró a unos cuantos metros de nosotros, pero ni nos habló, y mucho menos bajó a ver en que estado se encontraban los seres humanos que estaban en en interior del vehículo. solo observaba deslumbrándonos con los malditos faros del camión. Yo le hacia señas sacando el brazo pero ni puñetero caso, estuvo ¿un minuto? no se…y se marchó: -¡Que te vaya bonito cabrito!, dije en voz alta, aunque se que no me oyó entre el ruido de la lluvia y el del camión.Salté sin pensármelo dos veces dejando tras de mi el agobio de mi marido que solo repetía su temor a que el coche se balanceara y cayera aplastandome, pues aunque el hacía de contrapeso, no se fiaba ni un pelo, y hacia bien, je, je, je…,gracias a Dios. Tuve la grandisima suerte de que la tierra se encontraba reblandecida por el agua que caía, haciendo de almohadón, al ir a parar sobre ella. Como pude empecé a subir el terraplén con las piernas hundidas hasta las rodillas más o menos, y pensé¡lastima de botines nuevos! me las vi y me las deseé para llegar hasta arriba, pues no era cuestión de apoyarse en ninguna parte del coche, porque entonces si que lo hubiera pasado mal…
-¡Donde estas!
– Aquí-le digo ; en tu puerta¡”exagerao”- y me hecho a reír, pero no de buena gana; era una risa nerviosa porque me daba cuenta de que aquella carretera estaba en muy malas condiciones y debía ser poco transitada: lluvia cayendo a gusto, y algún que otro coche pasando como si nada.Mi marido saltó y el coche se inclino, un poco; solo un balanceo, y mientras el contemplaba absorto el desaguisado, yo aproveché `para abrir la puerta de atrás y sacar como pude el paraguas, el bolso y los chaquetones: cabreo total de mi consorte por lo que había hecho. No podíamos avisar a la Guardia Civil porque no sabíamos donde nos encontrábamos, ni tan siquiera a la grúa del seguro, como es obvio, y entonces paró un coche del que salió un muchacho vestido con el uniforme de los que trabajan en los peajes de las autopistas.
– ¿Están bien? he parado porque los he visto “mayores”, que si llegan a ser como yo, no paro…- el rubio muchacho nos mira sonriente, y nosotros le damos las gracias por el detalle, a la vez que le preguntamos que donde nos encontramos para avisar a la grúa y a la Guardia Civil
– Están en la comarcal de”no se donde”, frente al almacén de “no se que” – no recuerdo nada de lo que dijo- Bueno y si no les ha pasado nada… me tengo que marchar, porque si llego tarde al trabajo me van a echar…
– No te preocupes y gracias por parar-le dije plantándole dos besos uno por mejilla, a lo que el muchacho se rió. Una escena digna de Almodovar, je, je, je…
Llamó a la grúa mi marido, indicándole nuestra posición bajo la lluvia y con un frió de los guapos, y…¡de cuando en cuando, un coche pasando! Los había hasta que aminoraban la marcha hasta lo increíble con tal de brujulear lo que en ese punto de la carretera pasaba, pero nada más ¡”tira pa lante”! que igual es un montaje para robarnos… ¡Inhumana humanidad! y en esa humanidad tan inhumana me incluyo yo, que más de una vez he opinado lo mismo, aunque a Dios gracias nunca me he visto en esa tesitura; ahora después de esta experiencia, a un a riesgo de meterme en un lío¡me arriesgaré! Y para una furgoneta vieja, con cuatro elementos mal encarados sentados al lado del conductor, y me quedo pensando que por qué van todos delante como sardinas en lata habiendo espacio, supongo, en la parte de atrás… – ¿Que pasa?- me pregunta el conductor. Se ve que está cegato y no ve la posición del coche, o quizá piense que nos encanta mojarnos y aterirnos de frío en una oscura carretera comarcal de ninguna parte…quizá…pero algo en su mirada me alertó. Se volvió mirando a los que le acompañaban sin decir ni pio ninguno de ellos, a todo esto mi consorte revisando el estado de nuestra “carreta”, para ver si podíamos continuar la marcha ¡hombres! ¡Pues no era iluso mi chico!Pues bien, no se que me impulsó a hablar, antes de que tomaran su decisión, que sabe Dios cual era, y les dije con toda la tranquilidad aparente que me fue posible… – ¡Pero no os preocupeis, que la Guardia Civil me acaba de llamar; ya me ha llamado dos veces, diciendo que están a la altura del área de servicio,me refería a la que habíamos visto antes de todo ese follón,y la grúa tamb…¡madre mía, no me dio tiempo a terminar la frase, le dieron al acelerador, y desaparecieron como alma que lleva el diablo. Estuvimos a punto de desaparecer del mapa en una carretera perdida de Dios, eso lo se. pero mi padre “Ojos de Gato” estuvo con nosotros; eso también lo se.Al final el VII de caballería llegó, y los caballos de refresco , también, tras dos horas y pico de espera.
– Deberían descansar y mañana… – No me hace caso, está empeñado en llegar a casa como sea…
con este coche no…
– ¡pues…¡andando chavalín!-le digo al guardia joven, alto y guapo con el que estaba hablando-tú no te enfades que puedes ser mi hijo
-¡Lo intentaré!-me dijo riendo
Al final acabamos subidos en la grúa dirección Carboneras, un pueblecito costero, que no tenía ni idea de como era, el conductor, un muchacho lituano encantador, que llevaba diez años trabajando España, mi consorte y una servidora. Nos contó, que estaba casado con una compatriota suya y que tenían una nena de siete años a la que enviaban todos los veranos con sus abuelos a Lituania, para que no perdiera sus raíces y aprendiera ha hablar su lengua materna…
– Eso está bien; las raíces, y las tradiciones de la tierra que te vio nacer jamás se deben echar en el olvido; eso esta muy bien… Fue un caballero responsable de su trabajo y de las personas que llevaba con él, por lo que le estaré agradecida toda la vida. Alguno me diréis: -claro como cobraba…
Y yo os contesto:
– otros cobran también y son desagradablemente irresponsables ¿o no?
Nos llevó a un hotel maravilloso: El Valhalla, creo que se escribe así, en donde nos atendieron divinamente, y yo pensando…¡Dios lo que nos van a cobrar! los trescientos euros no hay quien nos los quite… ¡Pues no señor! fueron ochenta y cinco con desayuno incluido! aquí va mi granito de arena para ese hotel, y el personal que cuando nos vieron entrar debieron “flipar en colores”, sobre todo con una servidora que llevaba barro hasta en el implante que me acababa de poner mi dentista Arancha, je, je, je… Bromas a parte, fue una experiencia terrible de la que saqué en conclusión, que formamos parte de una inhumana humanidad. Que me hago cargo de que tal y como está el mundo hoy no nos fiemos de estás situaciones, pero al menos una llamada de teléfono al “112” alertando de los hechos. Ya se que más de un@ estará pensando que querrán saber tus datos y por lo que sea no quieres darlos…vale, puedes decirle a la persona que hay al otro lado del teléfono: – lo siento pero no se los voy a dar…yo ya les he avisado, ahora si quieren ir y confirmarlo…Al menos acallaríamos la conciencia a medias: quedaría medio llena de buena voluntad, pero muchos la dejamos medio vacía, por nuestros miedos a meternos en jaleos…No juzgo a nadie; si acaso a mi misma, por si alguna vez “veo los toros desde la barrera”, y no soy capaz de actuar como hubiera deseado que actuaran con nosotros:¡inhumana humanidad!



  7 Responses to “Inhumana humanidad…”

  1. Vaya…vaya…lo siento mucho Linda.Sólo puedo decir y espero que no me mates:
    Que bien se está en casa!!!!…
    Unos amigos atendieron una vez en una carretera a unos marroquís que se habian quedado tirados…ellos, no salían de su asombro al comprobar que alguién hubía parado.
    Porqué seria?
    Se lo explicaron:
    En Marruecos y de noche se habian perdido en pleno Atlas, alguién les ayudo y los puso a salvo….Afortunadamente, no lo olvidaron.
    Me alegro que sólo haya sido un susto y de comprobar que estás coleando y escribiendo de nuevo…
    Besos

  2. Gracias señora Malanga. se que se alegra de tenerme aún por estos "terruños cibernéticos"; yo también de estar aquí, se lo aseguro, porque ya sabe…¡la vida es bella!:))
    un abrazo de los que crujen.-
    Nina.

  3. Me parece señora Malanga que ha interpretado mal lo escrito. Me refiero a eso de:"Ver los toros desde la barrera".No creo que fuera capaz…lo más probable es que me "atara los machos", como dice un amigo mío, y saltara al ruedo con todas las consecuencias ¡que se le va a hacer si una es asi de ¿idealista? ¿tonta? Vamos a dejarlo en: si una es…como es…
    Un beso.
    otra vez Nina.

  4. Estoy segura de eso….por cierto,la primera foto me ha encantado, no sé porqué diras tu….
    …Dice "Ojos de gato" que :
    "A descansar, te lo has merecido."

  5. A mi también. Viene a ser un poco como ver las cosas "desde mi ventana"…
    "Ojos, de Gato"…"Ojos de Gato"… siempre esta ahi; se lo puedo asegurar…SIEMPRE
    Un abrazo de los gordos.
    Nina.

  6. Me puse en su lugar en cada palabra leida y de verdad lo siento mucho el mal trago que pasaron. Le doy gracias a Dios que estan bien -de corazón-
    Espero verlos pronto y que lo pasado no se repita…
    UN abrazo y muuuucha suerte en este viaje!!!!!

  7. Querida "dama de los ojos soñadores": me alegra verla por aquí otra vez.Gracias por su preocupación, pero ya ve que por el momento estoy "vivita y coleando".
    Un beso grande, y ya sabe que cualquier dia de estos me dejo caer por sus dominios y hablamos entre chanquetes, berenjenas con miel, patatas fritas, y conchas finas ¡cuidese amiga!

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