Nov 222010
 

Las medicinas existen desde hace miles de años. Los chamanes y curanderos del neolítico, y quizá incluso del paleolítico, conocían los poderes curativos de muchas plantas. Como mínimo desde el segundo milenio antes de Cristo se conoce la capacidad del alcohol, presente en el vino, la cerveza o en licores más fuertes, para hacer mejor de lo que realmente es. Durante siglos se han utilizado diversos narcóticos buscando resultados similares. Así pues, los fármacos no son un invento del siglo xx. Tampoco percibimos como nuevo el uso de sustancias químicas para curar una enfermedad o atenunuar sus síntomas.
Sin embargo, casi todos los medicamentos utilizados hoy en día se han descubierto no solo en el siglo xx. Sino en su segunda mitad, a partir del final de la guerra de 1939-1945. En muchos sentidos, el más importante fue el fármaco cuyo descubrimiento casual inauguró la era de los antibióticos: la penicilina.
Alexander Fleming (l881-1955) nació en Escocia. Después de licenciarse en medicina en 1906 empezó unas investigaciones en sustancias antibacterianas que no resultasen tóxicas para los tejidos humanos. Se sabía que eran las bacterias las que causaban muchas de las infecciones. Se sabía también que se podía matar alas bacterias. Pero los venenos que se utilizaban para acabar con ellas, como el ácido carbólico, eran muy tóxicos y ponían en peligro la vida del paciente.
En 1928, mientras trabajaba con cultivos de Staphylococcus aureus, la bacteria que produce el pus, Fleming vio que alrededor de un poco de moho (PeniciLLium notatum) que había contaminado una de sus placas había un círculo libre de bacterias. El moho crece en el pan viejo y puede que hubiera caído una miga, sin que él se diera Cuenta, en su cultivo. Entusiasmado, Fleming aisló la sustancia. Al hacerlo, descubrió algo en el moho que era capaz de matar a las bacterias incluso si lo diluía ochocientas veces. Lo bautizó como penicilina. Otros investigadores concentraron la sustancia antibacteriana, lo que llevó a la comercialización del medicamento.
Entre las bacterias que la penicilina elimina están las que causan las infecciones de garganta, la neumonía, la meningitis espinal, la difteria, la sífilis y la gonorrea. El medicamento no es efect ivo contra todo tipo de bacterias, pero los investigadores, inspirados por el ejemplo de Fleming, no tardaron en crear una industria que invierte hoy millones en descubrir medicamentos nuevos y cada vez más específicos con los que obtienen muchos millones más de beneficios.
La penicilina resultó, como Fleming esperaba, no ser tóxica para la mayoría de las personas, aunque unas pocas son alérgicas a ella.Muchos de los otros medicamentos que han contribuido a las maravillas médicas de nuestra época tienen graves efectos secundarios y obligan a los pacientes a sopesar las ventajas de tomar un medicamento frente al malestar que pueda causarles. Cuando la enfermedad es un cáncer terminal, la decisión es sencilla: hay que tomar el medicamento y esperar que logre vencer al cáncer. En muchos otros casos, la decisión no es tan fácil, pues los efectos secundarios del medicamento parecen sólo un poco más tolerables que la enfermedad en sí.
Según una teoría, todos los medicamentos tienen algún tipo de efecto secundario, y ha surgido una clase de pacientes que se niegan a tomar ningún medicamento en absoluto, excepto quizás en situaciones extremas, para un terrible cáncer o un dolor insoportable. Un grupo todavía mayor se apresura a tomar cualquier medicamento que creen que puede ayudarles. Con ello ha nacido una nueva cultura del medicamento que se define por la necesidad de tomar fármacos siempre que la vida es dolorosa o desagradable. Algunos de estos medicamentos son adictivos, pero el tomar medicamentos es adictivo en si mismo. Ésta es la cara oscura del gran regalo de vida que nos hizo Fleming con su descubrimiento.

Breve Historia del Saber. Charles Van Doren. Edit. Planeta.


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