Feb 122016
 

DSC_1419

Apostada bajo la farola que iluminaba el Buda Café, un night club de carretera, la bella rubia desmelenada de lábios rojos siliconados y pechos gordos del mejor plástico, sujetaba entre la comisura de los lábios uno sin filtro y con china dentro, al tiempo que miraba con horror como una de sus largas uñas lacadas en rojo fuego, se había roto justo por encima de la carne. Con un gesto mecánico se chupó el dedo para mitigar el dolor, maldiciendo los treinta ñapos que había soltado en el “centro de belleza y estética” de Aurora, una chica muy apañada que lo mismo te colocaba unas extensiones que te hacía un piling, aunque lo mejor de lo mejor eran los labios siliconados que, por el módico precio de cien euros los dejaba igual que los de una muñeca hinchable de esas que veían la vida pasar, sin pena ni gloria, desde el escaparete del sexshop al otro lado de su calle.
Hacía frio esa noche. Hacía frio sobre todo para ir vestida con un pantaloncillo corto hasta lo imposible y una camiseta asomando ombligo, así que tras mirar la puntera de sus botas de caña alta abrió el bolso de piel de mercadillo y rebuscó hasta encontrar la pequeña petaca que su hombre, un joven chulo con “tabletas de chocolate” ganadas en el gimnasio acosta de su dinero, le regaló el dia en que se conocieron en el jalili de Tanger… Le pegó un trago largo y dejó correr el vodka por la garganta, del mismo modo que el agua de un grifo deslizándose por la cañería del fregadero.     Observó la comarcal silenciosa; vacía de mujeres de todos los colores, y echó de menos  la algarabía que formaban con sus peleas por querer ocupar un sitio determinado para captar a los buscadores de sexo expres. En el cielo una luna medio escondida entre nubes y sin estrellas, parecía decirle “vete a dormir”. Las luces de la ciudad titilaban a lo lejos como una larga procesionaria, moviendose por el tronco de un viejo pino.  Una ráfaga de viento la abrazó sin piedad  haciendo que su cuerpo temblara como una gelatina en el plato de un niño. Pensó en volver al local y camelarse de alguna manera a Servando el matón del antro, para que la dejara descansar en uno de los cuchitriles con camastro, en donde trabajaba por horas y a veces a destajo, pero sabía, que si quería tener contento a su hombre, tenía que hacer algún servicio… Estaba cansada de esa vida de completos, franceses y griegos; amén de los antojos, a menudo aberrantes, de los clientes y a los que se negaba en redondo causándole más de una vez, situaciones muy desagradables por partida doble pues además de los insultos y malos modos, su hombre; ese moro de cuerpo esculpido y mirada indescifrable, hacía tiempo que había dejado de compartir con ella el polvo de ángel bajo la luna llena, la cama y los espaguettis. Ni siquiera un porro de hachís de Chauen… Y todo por culpa de “la nueva”, una lituana a la que ni las pinturas, ni los tacones de aguja podían disfrazar sus adolescentes años. Devolvió la petaca al bolso junto al paquete de toallitas humedas “del Mercadona”, los condones y los chicles de menta dispuesta a que el frio, y la desolación que desde hacía rato se había engullido su teoría de “la botella medio llena”, no ganaran la batalla. Los faros de led de un coche la sobresaltaron:”ya ves que tontería “- pensó riendo para si,al tiempo que el conductor desde la oscuridad de la carretera le hacía un cruces de luces. Por primera vez, desde que se metió a samaritana del amor; como a ella le gustaba llamar a la profesión más vieja del mundo, no sabía que hacer… algo le decía que esa no era su noche, pero volvió a pensar en su hombre y no quería problemas. Un nuevo cruce de luces le bastó para sacar la petaca del bolso y acabar con el vodka. Miró de nuevo a la luna arropada entre las nubes y creyó oir que le decía “vete adormir”, en el preciso momento en que el viento empezó a soplar con fuerza pegandose a su cuerpo aterido de frio…

……………………………………

Al dia siguiente la noticia fue fugaz en los medios de comunicación, porque al fin y al cabo a quien le importaba una prostituta más o menos. Apareció en la cuneta de una carretera cualquiera, de una pequeña ciudad en la que por pasar,solo pasaba el tiempo. Con la falda destrozada,los labios rotos y el cuerpo amoratado,parecía una muñeca de esas hinchables de un sexshop. Junto a ella, una petaca con el grabado de una luna llena asomando entre las nubes y una leyenda: “vete adormir”.

Y una luna arrebujada…
Y el vodka por la garganta.
Hace frío
y el viento sopla con fuerza.
Y un amor en almoneda
y un cuerpo de gelatina.
Del amor “samaritana”.
De la noche meretriz.
Polvo de ángel,
zapatos de tacón fino.
Sin hombre que te quisiera
y quisiera compartir los spaguettis y cama.
Muñeca de carne y hueso,
de lágrimas de cristal
y corazón destrozado.
De besos de cartón piedra.
De sueños de amor sincero.
Solo te quiso la luna…
“Vete a dormir”.
Muñeca de carne y hueso…
De lágimas de cristal…
“Vete a dormir”.

 

 Leave a Reply

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>