Jun 222010
 


He colgado un par de cosas en el blog y he pasado por otro al que como no estaba su dueña, le he dejado mi tarjeta de visita, al tiempo que le guiñaba un ojo al pobre Felipe II al que nunca enseñaron a ser rey,porque total para lo que iba a vivir… eso cuenta, y eso comenta la señora Varech, con esa naturalidad, que una, aunque no quiera, acaba por comprender los líos de sucesiones, que en el fondo ¿que son? pues el tira y afloja por quedarme con mi terrenito y el tuyo…Pero bueno, como veo que como siempre voy a terminar por destrozar la guerra de sucesión, el tratado de Utrech, y un montón de cosas más, os recomiendo que os paséis por el blog de la señora Varech, que para estos temas es bastante más amena y fidedigna que yo.A lo que iba, he dejado mi tarjeta en ese blog, y por último llevé a cabo un monólogo tal vez algo absurdo, por parecerme algunas veces que estoy escribiéndole al viento; no importa…Y me he comido unas cerezas, y le he pegado a la “coca zero”, un par de sorbos calientes, por llevar bastantes horas junto al ordenata. Hoy no he salido ¡Que lió de casa tengo! llevo dos a la vez: la de la peninsula y la de Ceuta ¡madre que lió! Con tanto rular, no tengo nada en su sitio ¡para visitas está una! !Madre que lío! no tengo nada en la nevera…llegué hace un par de días, me voy mañana ¿que que tengo en la nevera? leche, creo, un par de cogollos, y algo de queso, las cerezas “estaban”; ya no están ¡ah! y algo de pan, de cuando inventaron las sopas de ajo…que cosas: el pan; “ese pan que tiramos con tanta alegría, y que hay princesas que se mueren por comer un pedazo”…Y así empezaba un cuento que la madre de una amiga mía contaba cada vez que les daba la merienda a esa prole con la que Dios, y el empeño que ponía su marido, le había premiado ¡Que bueno! ese pan con chocolate Nestlé, que ruido tan angelical ese crujir de la plata, y que aroma el de aquellas porciones gruesas y grandes, que te ocupaban toda la cavidad de la boca si te las engullías enteras. El envoltorio era blanco con letras verdes, me parece recordar, y yo me moría por el, hasta el punto de que una tarde me fui al cine con mi amiga Maria José, y nos compramos un par de tabletas de ese chocolate…¡que empacho mas dulce! ¡Que arcadas más dulces! que diarrea más…incómoda ¿pero y lo que disfrutamos? eso no nos lo ha quitado nadie porque permanece en nuestros recuerdos. “La princesa pide pan”, así comenzaba aquel cuento que la madre de aquella otra amiga relataba cada vez que repartía el pan con un buen pedazo de chocolate, y yo la escuchaba extasiada narrar el cuento de esa lánguida princesa , que habiendo aborrecido todos los manjares que le preparaban, se marchitaba con la misma rapidez que un apio fuera de la nevera. Por qué me era tan familiar esa historieta…Yo no era una princesa, bueno en mis sueños infantiles hasta llegué a ser reina- también quería ser peluquera, pero lo tenia más complicado por eso de faltarme el secador de pié, y en cambio para princesa, con pintarrojerme un poco los labios y calzarme los tacones de la “bella Sara” , ya estaba una lista para reinar entre sus juguetes. Lo que digo, una no era princesa, ni tampoco peluquera, pero se moría por ese pan y chocolate que su madre se negaba a darle para merendar:-¿Quieres chocolate? pues no ¡toma pan y queso, pan y jamón!-que aunque parezca increíble, en aquella posguerra se comía jamón, en esa Guinea que me vió nacer… -¡Quiero pan y chocolate! -gritaba como una posesa, soltando el bocadillo en cualquier parte para deleite de las hormigas rojas, que tanto abundaban en donde me crié – Pero por qué no puedo comer como todos los niños pan y chocolate…- protestaba al borde del puchero más sonoro. Pero nadie nunca me dió una explicación. Aún hoy le pregunto a la bella Sara, alguna vez sobre el prohibido pan con chocolate – ¿Si? ¿de verdad? Yo creo que te lo inventas. Y se queda tan pancha. Pero mi venganza de niña fue terrible, porque cuando descuidaba el manojo de llaves que llevaba con ella – en donde nací no había más remedio que cerrar hasta la nevera a cal y canto, por los animales, y por los nativos que se bebían los pobrecitos hasta la colonia-, asaltaba la despensa,al más puro estilo de Pancho Villa y sus trenes saqueados, en busca de las latas de bombones de Cadbury a las que les quitaba el precinto casi invisible al ojo humano, pero no para mi, que me moría por ellos. Y así me iba comiendo, ahora uno de esta lata, ahora otro de la otra, y volvía a colocar magistralmente el precinto en su lugar. He de explicar que la colección de bombones, galletas, y latas de caramelos que se agolpaban en las estanterías de la despensa, no estaban allí porque la bella Sara los comprara; el motivo no era otro que las fiestas de cumpleaños y navidad, en donde se solían hacer este tipo de regalos, y que mi madre guardaba con tanto celo, hasta el punto de que se estropeaban, pero a mi eso me daba igual ¡yo me los comía! La princesa pidió pan; pidió pan con chocolate, aunque la verdadera princesa del cuento lo que pedía era pan y queso. Y pedía la princesa que también quería ser peluquera, que le dieran ese pan con chocolate. La princesa pidió pan…


  2 Responses to “La princesa "pide pan".”

  1. Pues no sé qué tal se habrá tomado el guiño Felipe II, porque le ha puesto usted los cuernos con Carlos II, que era el que estaba mu malito, jajajajajaa………….
    Yo también recuerdo ese pan y chocolate: estudié interna en las Teresianas de Alicante y todas las tardes nos daban para merendar un panecillo con chocolate, que no me comía yo, sino una amiga chocoadicta con la que tenía un pacto:yo le daba mi merienda y ella me daba la suya, que casi siempre era embutido de la zona (blanco, longaniza, morcillitas), y me ponía morada también a jamón. Yo le inducía a que le dijera a su madre que ponía poca cantidad de fiambre, y me comía unos bocatas de película.
    Si hubiésemos coincidido en tiempo y lugar, le habría cambiado yo la merienda.

  2. La que avisa no es traidora…ya he advertido que se pasaran a su blog, señora varech, porque a mi me da por asesinar la historia ¡ja, ja, ja! en que estaría pensando yo cuando le guiñé el ojo a Felipe, si mis huesos están por Carlos, será porque me recuerda a Carlitos el de "Snupi" ¡que lio más gordo! Bueno da igual, nosotras a los bocatas ¡Ay! si nuestros bocatas se hubieran cruzado en la niñez cuanto pan y chocolate me habría comido yo.
    Un besote.
    La Ratita Presumida

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