La tierra de los tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
La meta ¡Por fin!

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Vistas subiendo a lo alto de la pagoda. Los flamboyanes despuntan sobre los otros árboles… Otro reto: la pagoda del lago Sun Moon Lake…

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Nuestros compañeros de fatigas: el chino solitario , la china parlanchina, con su marido el serio y correcto caballero, y mammamía acompañado de su gorra blanca…
La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Pueden significar cualquier cosa: una venta de coches, un pase de modelos… un entierro…

 

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Que si…nena, que estás viendo a dos osos panda…

 

 

 

 

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Si no hablan la misma lengua ¿de que hablan?

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Así se quedó la muchachita, al ver a dos osos pandas en un microbus…

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
De cuento de hadas…Kaohsiung.

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
por el camino verde de Kenting…

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
¡ Por fin el faro de Kenting!

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Son centrales nuc¿con cual de ellas os quedais?leares…

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
la sonrisa en los labios y en la mano¡Un boleto de la suerte!

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
No puede faltar el Karaoque .Hasta en los sitios más pregrinos te encuentras uno…Es el deporte nacional, o poco le falta…

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Y no podian faltar las vendedoras de betel,algo así como los estancos por aquí pero bastante más peculiares y más desagradable…
La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
¿uno de los cuatro jinetes del APOCALIPSIS?

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Se la asocia con la guerra, pero es un símbolo de PAZ..

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Más, y más plantaciones de betel…

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
En el microbús mammamía lee la prensa camino de Kenting, a su lado el chino solitario de sonrisa de limón, y al volante el “miniyó” de mammamía…
La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Con solo esto no podeís haceros una idea de la vida que tiene ¡Hay que verlo “in situ”!

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Chicas tímidas, las de la zumería…
La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
¿ Sopa de tofoo? Hay mogollón de variedades… a mi no me gusta ninguna y menos su olor…

 

 

 

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Las patas de pollo caramelizadas y otros manjares !

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Frutas exóticas y jugosas. “la cabeza de Buda” en primer plano…


 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Burritos mejicanos made in Taiwán… Son muy aficionados…

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
El centinela de la palmera…
La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Junto al agua en Kaohsiung…

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
No llegaba el dinero para fruslerías…

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
desde lo que fue la embajada inglesa en Kaohsiung…. En la isla junto con la palmera de betel, es el rey…

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
El flanboyán, o “pajaro de fuego”, como ellos le llaman, destaca en el paisaje…

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
En el puerto…
La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
En el metro de, ahora no recuerdo que ciudad, mammía conversa con la china parlanchina ¡Hablaran de comida?

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Y ya quisieran mucho los metros cuadrados de ese palomar…

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
¡Galletas! ¿Galletas? ¿?¿?¿? ¡Comidaaaaa!

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
La joven turista china parlanchina, y su pata de pollo caramelizada…

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Eso de la mano es lo que le quedaba de la sepia “secada al sol”… Yo ya la había degustado solo con aspirar su”aroma”…

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Lo de: quien mueve las piernas mueve el corazon, parece que lo tienen claro… Como en otras culturas, la piel tostada por el sol no es precisamente bella ¡Pero es que hacía cuarenta grados !y con una humedad terrible¡ Por la izquierda: el chino solitario, mammamía, Manolo,la china parlanchina y su marido el señor del jarabe…

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Rebuscando en el bolso unas monedas para las ofrendas. En occidente sería: comprar una vela…

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Largas mesas para las ofrendas…

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
dos adolescentes orando…quizá no sean tan niñas…
La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Me tendrían que anestesiar para dejarme sola aqui…

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Yo si sé lo que estaba pensando ¡que me ahogaba con tanto incienso!

 

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Esperan llegar al cielo…

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
En relación con los antepasados…

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Quizá horrendos para mis ojos pero no para los suyos…
La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Al caer la noche…

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Las oraciones esperan pacientes hasta que les llegue el momento de volar al cielo…


 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
El incienso desprende un aroma dulzón y empalagoso…

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
No recuerdo su nombre pero lo llevo en el corazón… No recuerdo el nombre del templo pero aquello que viví lo llevo en el corazón

 

 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Entre las plantaciones de betel, despunta la pagoda de la paz…


 

 

La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Llamarlo como querais, pero hasta en los confines del mundo se busca a Dios…


 


La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
En franca comunicación con su horóscopo chino: Es “cerdo o jabalí”

 


La tierra de los  tres mil templos, y en el Pacifico : Kenting
Sin palabras……


 


 

Templos, y mas templos, en donde la gente dejaban ofrendas a buda y a otros dioses que a mis ojos resultaban espantosos, no así a los de ellos; eso seguro. Quemé incienso, para Buda, siguiendo el ritual, como mandan los canones. Compramos un farolillo de oraciones en el que escribimos: “la tribu de papalelo”. Había infinidad colgados al aire libre, brillando al sol, pero nosotros preferimos colgarlo en nuestro humilde hogar. En las mesas de las ofrendas, una pequeñas piezas de madera en forma de media luna contestaban a tus preguntas, si las lanzabas repetidas veces al suelo: dinero, suerte, amor, salud… pero sobre todo dinero y suerte, eso es lo que más desea el pueblo taiwanes; todos los amuletos tienes que ver con la “suerte-dinero”. Y en el exterior “los mercaderes del templo”, vendían toda clase de objetos relacionados con los rituales, para un mejor bienestar, del difunto en el otro mundo: dinero de papel, coches, casas, joyas… todo lo que se supone que en esta vida terrenal, hace feliz al ser humano, impreso en hojas de papel que en un santiamén volaba al paraíso a través de un horno crematorio situado fuera del templo.
Y luego Kentíng con su faro, mirando al Pacifico, y su bello, bellisimo paisaje… Y otra vez al microbús, con la joven y parlanchina, turista china, que no paraba de comer “golosinas” como garras de pollo caramelizadas, sepias secadas al sol, que despedían un olor nauseabundo, y los famosos huevos cocidos en té, entre otro montón de alimentos que no conseguí descifrar; la joven parlanchina china, y su marido , un chino muy señor y muy correcto, bastante mayor que ella, y que cada cierto tiempo, mientras ella degustaba los manjares, él tomaba su medicación, entre beso y beso con sabor a huevos cocidos en té y garra de pollo caramelizada, miraba coqueta a los hombres de la excursión, desde su gorrilla con personajes de Walt Disney y sus short con “loves” en los bolsillos . Y luego estaba el otro compañero de viaje, un compatriota, de la joven china parlanchina.: flaco y solitario, y encantador, con el que no cruzamos ni una palabra en todos esos días de excursión porque solo hablaba su idioma, pero que por cosas de la vida, tuvimos una “buena onda”, y nos comprendíamos a la perfección, echando mano de los socorridos gestos y expresiones, a los que todo el mundo se agarra en caso de desesperación como era el nuestro: siempre nos esperaba cuando veía que nos rezagábamos, y al vernos nos dedicaba su mejor sonrisa de limón, cosa que nosotros se lo agradecíamos tomándole las fotos que el quería con su máquina, ya que al ir solo no tenía más remedio que pedir a los demás que le hicieran ese favor. Nos separamos de nuestro amigo al regresar a Taipei, sin saber, como se las había apañado durante todos eso días con el tema ropa, pues no llevaba equipaje ninguno, solo una pequeña bandolera colgando del hombro. Pregunta: ¿si no llevaba equipaje, como hacia para que el polo blanco a rayas rojas y el pantalón gris de vestir, nada apropiado para esa excursión, estuvieran siempre limpios? Y luego estaban los zapatos, también de vestir, que trotaban por los caminos y pedregales sin sufrir ni un rasguño… Si es que lo que no hagan los chinos…
Subimos montaña arriba, hasta llegar a una maravillosa pagoda. No podría decir los escalones que dejamos a tras, pero si, que fueron muchísimos en mitad de un panorama difícil de plasmar en esta fría pantalla de ordenador. Era tanto el esfuerzo que solo alcanzamos la meta, nuestro amigo el chino solitario y nosotros dos. Al bajar, sellamos nuestro pequeño reto con un beso al pie de la escalinata; un beso digno de “lo que el viento se llevó”, aplaudido por el resto de compañeros de tournée.
Y llovía en la carretera, y salía el sol, y vuelta a llover. Y así pasábamos por pueblos y ciudades, dejando al borde de los caminos pequeños y curiosos cementerios, que los habitantes de cada `pueblo habían ido formando sin orden ni concierto, entre los extensos cultivos de la palmera del “betel”, y las luces de colores anunciadoras de los locales donde se guardaba, en pequeñas bolsas, dentro de una nevera, el fruto que excitaba los sentidos. Tras los cristales de estos locales ,y bajo las luces de colores, jóvenes con aspecto de prostituta por el excesivo maquillaje, la exigua falda y los tacones de aguja , vendían las bolsitas del fruto cuyo efecto al masticarlo, según nos contaron, era como el de seis, siete, u ocho cafés bien cargados. Los taiwaneses sienten verdadera debilidad por el betel…
-¿Es que se ha hecho una herida en los labios?
– No. Es que está masticando betel y el jugo, de color rojo, que suelta provoca una fuerte salivación, y cuando lo escupen parece que sufran una hemorragia…
– No lo he visto en las ciudades…
– Allí, hay menos costumbre; lo mastican en barriadas o en las afueras. Es algo más propio de los pueblos.
Y mammam mía paró ante un puesto de Betel, en donde una joven vendedora de largas piernas, y exiguos shorts, calzada con unos imposibles tacones de aguja, sacó de una nevera un pequeño envoltorio entregándoselo a mama mía junto a una sonrisa de plástico.
– ¿Queréis uno? – nos dice alargando el paquete como el que te ofrece un cigarrillo, junto a un par de vasitos de plástico .
– Noooo…. “Bon apetite”, le digo yo a falta de inglés.
Me miró sonriendo y dijo algo en mandarín al conductor, que por el espejo retrovisor me observó guiñandome un ojo. He de decir que el resto de los compañeros de viaje tambien rehusaron.

¡Ay! Taiwán,Taiwán.

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