Feb 142011
 

Todos los hombres y mujeres se enfrentan a los mismos obstáculos y todos ellos pueden ganar el reino de los cielos si lo buscan con amor en sus corazones.

La mayoría de los reinos e imperios de la antgüedad se crearon a partir del caos existente entre clanes guerreros, aldeas o tribus enfrentadas. Para la mayor parte de estos imperios, el mantenimiento del orden social y político se convirtió en lo más importante. A menudo, el orden venía impuesto sólo por la fuerza. Casi todo el mundo, al verse enfrentado a la amenaza de una muerte inminente y dolorosa, tanto entonces como ahora, prefiere callarse y obedecer … al menos mientras se mantenga la amenaza de la fuerza. El problema consistía, pues, en como mantener el orden cuando esa fuerza no estaba presente, pues, como es lógico, no se podía ejercer la fuerza a la vez en todas partes y en todo momento. Hemos visto que la solución egipcia a este dilema pasó por una aversión al cambio. Las cosas tal como están no son perfectas, pero lo más probable es que cualquier cambio sea a peor. Los egipcios llevaron este principio más lejos que ninguna otra sociedad en la historia pero todas las civilizaciones lo han adoptado en mayor o menor grado. La solución india consistió en el establecimiento de un sistema de castas. Básicamente significaba que existía un acuerdo generalizado de que el nacimiento de una persona justificaba y explicaba su posición social. Este es también un principio muy útil, pues sobre el nacimiento de una persona no hay disputa posible. Mis padres eran quienes eran y, por lo tanto, yo soy quien soy. Si no parece justo que los que lo tienen todo lo sigan teniendo todo siempre y los que no tienen nada sigan siempre sin tener nada, generación tras generación, el consuelo es que el orden social, lo que los egipcios denominaban ma’at es tan importante que cualquier injusticia que sirva para mantenerlo está justificada. Porque, ¿qué alternativa hay? Nada más que el caos total y el conflicto, que conducen invariablemente a la destrucción. Los chinos justificaron las desiguadades sociales de una forma nueva, El nacimiento no hacía adecuado a un hombre para nada; sólo progresaría en la vida y ocuparía una posición superior quien fuera superior. No era necesario observar siempre y en todo lugar este principio. Era lógico que el emperador se reservase los puestos más importantes para su familia.Era práctico. ¿Quién no iba a hacerlo? Pero la idea de que los superiores fueran superiores porque merecía serlo gozó de amplia aceptación. Era quizá más complicado acentar la idea de que tal superioridad debiera demostrarse por un mayor dominio de los textos confucianos. Sin embargo, era necesario establecer algún tipo de examen objetivo que determinase la valía del candidato, y los textos confucianos eran mejores que muchos otros textos que podrían haberse utilizado para ese fin. En la actualidad, la a superioridad se demuestra mediante notas altas en un tipo distinto de examen objetivo.En Estados Unidos, por ejemplo, se utiliza el SAT (Scholastic Aptitude Tests). Estos exámenes no tienen nada que ver con Confucio, pero el principio por el que operan es el mismo que el de aquellas antiguas pruebas chinas. Conforme se desarrolló la alfabetización en varias civilizaciones mesopotámicas, surgió una clase distinta de prueba de superioridad. La capacidad de leer y escribir no establecía la posición política y social de un hombre. Pero franqueaba el acceso a una pequeña minoría que controlaba la mayoría de los asuntos del Estado, tanto Públicos como privados. La capacidad de leer y escribir confería el control sobre los sistemas de información de la sociedad, que siempre han sido cruciales para su funcionamiento y que todavía lo son más hoy en día. Se estima que la industria de la información representa más de la mitad del producto interior bruto de un estado industrial moderno. La información era un negocio floreciente en la antigua Mesopotamia. Hoy es el mayor negocio de nuestro tiempo. Es un hecho curioso e innegable que todos los grandes maestros y fundadores de religiones cuyas doctrinas han llegado hasta nosotros se oponían a los principios de organización6n social que hemos enumerado aquí. Todos ellos eran rebeldes, revolucionarios que lucharon contra los intereses creados y los poderes establecidos de su época. ¿Hemos de concluir, entonces, que su rebeldía explica, al menos en parte, su éxito? Abraham y los demás patriarcas judíos empezaron proclamando que su dios tribal era el dios más importante de todos y acabaron diciendo que sólo había un Dios, Jehová, para todos los hombres. Los politeístas paganos adoraban siempre al menos dos tipos de dioses, los buenos y los malvados. Los dioses buenos eran los responsables de las cosas buenas y los malos, de las malas; adorar a los últimos era reconocer su existencia, lo cual se hacia para tratar de evitar que influyesen en la vida de uno. Los judíos fueron los primeros en insistir en que el hombre es responsable de sus propios actos y que no puede echarle la culpa a los dioses de las cosas que hace. Jesús y sus seguidores cristianos llevaron esa doctrina revolucionaria un paso más allá. Eva había sido tentada por Satanás, y Adán la siguió . Ambos habían caído presa del pecado y la muerte. Pero no se podía culpar al Diablo de la desobediencia del hombre. El exilio del Edén era culpa del propio hombre y él y la mujer tendrían que pagar las consecuencias por toda la eternidad. Dios, que amaba a Adán y a Eva y a toda su estirpe, podía redimir y redimió a la humanidad con la sangre de su único hijo. Pero la responsabilidad permanece allí donde los judíos dijeron que radicaba: en el alma individual de cada persona. Confucio, quizá por razones que tienen que ver con las especiales circunstancias de su vida, se rebeló contra el sistema feudal de su tiempo, que basaba el sistema de organización social en el derecho de nacimiento. Sólo el mérito debía capacitar a un hombre para ocupar un alto cargo en la sociedad o en el Estado, , y ese mérito debía determinarse por la capacidad de aprender. El estado chino al menos superficialmente, adoptó este principio. Pero si Confucio regresara, ¿diría él que la mejor manera de medir el mérito es el conocimiento de una serie determinada de textos, fueran escritos por él o por otros? No era acaso su mensaje más profundo y revolucionario que eso? Buda luchó contra el sistema de castas que dominaba la India que él conoció. Tdos los hombres son iguales, dijo. en su sufrimiento;todos los hombres se enfrentan a los mismos retos y deben tratar de seguir el mismo camino. El profundo arraigo que previó en la brutalmente injusta sociedad de su tiempo fue también previsto por David,Jesús y Mahoma. Ni el mero hecho de nacer ni tan siquiera el estudio pueden ganar el favor de Dios. Todos los hombres y mujeres se enfrentan a los mismos obstáculos y todos ellos pueden ganar el reino de los cielos si lo buscan con amor en sus corazones. La idea de la igualdad social es consustancialmente revolucionaria. Pasarían más de dos mil años hasta que volviera a tomarse en serio como un principio justo sobre el que organizar la sociedad. pero la influencia de los antiguos judíos, de los primeros cristianos, de Mahoma y sus inmediatos seguidores, así como la de Buda, Confucio y sabios orientales -por no hablar del pagano Sócrates- permanecería viva a lo largo de los siglos siguientes.

Charles Van Doren. Ed. Planeta


 Leave a Reply

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>