Ago 182015
 

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Y hacía calor. Ni un alma en la plaza de la Golondrina Azul. Ni un alma a excepción de Lola, una mujer que rezumaba el deseo por todos los poros de su piel. Mujer de uno, madre de otro@s y abuela de sus niet@s, parecía mirar al mundo por encima del hombro aunque ese mundo a veces no estuviera a su alcance. A Lola le gustaba El Grano de Café. Le gustaba el café que Arnoldo le servía y  sus ojos de gacela en celo, aunque sabía muy bien que ese celo no era por ella… Con la falda corta y el tacón alto, pisaba fuerte Lola por las calles de su barrio. Le gustaba jugar al juego del tonteo sabiendo que, no debia pasar de un par de achuchones y algún magreo que otro. Un marido ocupado en su trabajo y una apariencia de familia feliz, tal vez le bastaran  para acallar los parloteos de las marujas del pueblo,  pero no para apagar esas ansias de hembra madura e insatisfecha llamada Lola.
Llegó sudando a El Grano de Café, endonde cuatro parroquianos con demasiada querencia a la barra la miraron como si no hubiran visto nunca una mujer. Subiéndose la falda de manera estudiada y en su punto justo, se encaramó al taburete y tras cruzar las piernas le pidió a Arnoldo un cortado, que al verla le dedicó una sonrisa ovejuna y una caida de pestañas, aunque sabían los dos que no era por ella…
Y así ES Lola.
Esposa,
madre,
abuela.
Mirada altiva
y el deseo a flor de piel…
De tacón de aguja
y la falda corta.
Y el deseo a flor de piel…
Ay Lola, Lola…
Lola Lola…

https://player.vimeo.com/video/122934557

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