Dic 022009
 

Días más tarde………..

Sangre y más sangre… Las cinco, las seis de la tarde de ese tedioso domingo que no acababa de pasar… Sangre y más sangre… toallas empapadas; llamada a la puerta de la vecina . Una ambulancia que no acaba de llegar…la sala de espera de urgencias con su medico de guardia un latino de muy buenas palabras pero que no tenía ni idea de la magnitud del problema, y al final el otorrino de guardia Enrique R., un hombre joven de mirada inteligente y cara de póquer.

– Hay que hacerle un taponamiento anterior y posterior

Y nosotros con cara de pez bobo, Manolo más que yo, pues me acordaba de los malditos “globos” que me introdujo la doctora Toro en el Clínico.

Quirófano de urgencias:

a mi juicio tercer mundista. Enrique preparaba unas tiras de vendas empapándolas en un liquido y luego dejándolas parsimoniosamente una al lado de las otras; a mi me recordaba a un cocinero italiano elaborando pasta fresca.

¡Dolor! ¡Indescriptible dolor! Hilos, vendas por el interior de las fosas nasales, y “con puño de hierro” (no se me olvidará nunca esa frase que soltó Enrique), introdujo su mano con un algodón entre sus dedos instalándolo, tras patalear al más puro estilo de “la niña del exorcista” en el maltrecho paladar…

Creí morir; sentía como las fuerzas me abandonaban, porque tras el subidón de adrenalina, la tensión se arrastraba por los suelos: –papalelo ayúdame, que estoy muy cansada…San Judas no me abandones que quiero vivir… necesito vivir…

Días de hospital, fiebre, goteros y más goteros. Visitas, de personas a las que les tengo un cariño; enfermeras, auxiliares, limpiadoras, todas ellas agradables; encantadoras, y entre pinchazo y pinchazo y entre tensión y tensión: “gracias” y alguna que otra palabra optimista salía no de mis labios porque me hacia daño hablar, pero si de mis manos que ayudadas por un boli, dejaban escrito en una libreta aquello que quería que supieran…

 En la destartalada habitación del hospital tres camas, de las cuales dos estaban ocupadas una por mí y la otra por una enjuta mujer marroquí, cuyo problema era el riñón. El mundo de esa infeliz giraba en torno a la diálisis. De ella llamaba la atención la lucha que libraba con la muerte por defender su vida, y la inexplicable energía que emanaba de su interior. Le gustaban las chirimoyas y los caquis más que nada en el mundo y sus cinco hijos hacían que no le faltaran, aunque luego a penas las probaba… La cuidaban con amor. Tres de ellos no residían en Ceuta, el muchacho ,no recuerdo ahora su nombre, que por cierto era una persona encantadora, me contó que trabajaba en Castellón y que vivía en pareja con una vasca, desde hacía siete años: si te casas la cagaste – decía riendo. Otra de las hijas, esta más tímida, residía en Oropesa del Mar, y otros dos hermanos en Ceuta. Pero quien realmente me llamaba la atención era la hija que había venido de Bélgica. Una mujer bella, de rostro impasible, quizás hasta un poco altanero, a la que nunca la vi esbozar una sonrisa, no digo con los suyos sino hacia los vecinos de su madre que éramos nosotros: – es que no entiende español

-Vale…pero digo yo que una sonrisa amable…

– Mi hija ser enfermera de un sitio de viejos…

Deduzco que quiere decir: residencia de ancianos.

Y hablamos, y hablamos, y hablamos…

Adios; que Dios te guarde, le digo ya vestida esperando que alguien me quitaran el maldito catéter de la mano…

Sucedió en el Hospital de la Cruz Roja de Ceuta

En Ceuta a 14/ 11/ 2008


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