Ago 202011
 

A falta de las primeras mandarinas de otoño,estas flores son para ti Hortensia…estés donde este…

 

Me tomó la mano mientras de sus labios salían palabras que ya no recuerdo; seguramente por la anestesia que empezaba a hacer efecto, digo yo……

– Despierta; venga, despierta…

Una voz lejana, caras difusas; borrosas luces en el techo que me esforzaba por ver con nitidez, aunque mis parpados no me obedecían, y de pronto como si en alguna parte de mi cabeza hubiesen abierto un grifo, mi garganta se dispuso a recibir esa riada de sabor salado y regusto como a metálico: sabor a sangre que no dejaba de brotar de algún punto entre la nariz y el paladar: No perdí el control; ni si quiera me rendí a la tentación del desmayo, que me presentaba a la muerte como a la más dulce compañera de viaje. No me rendí. Durante no se cuanto tiempo, estuve luchando por expulsar la sangre que corría hacia mi garganta, por la nariz y la boca

-No puedo… me ahogo…

Me incorporan. Javier a mi lado, con una mano entre las suyas. Movimientos rápidos; tampón grueso y largo.

– ¿Ya esta?

– Asiento con la mirada………

……………………De nuevo el grifo. Sacan el tampón. Javier ya no está. Las cosas se precipitaron sin saber como. Las abejitas verdes juegan al corro en derredor. Todas hembras, creo; se afanaban en pasarme de cama en cama, conforme pintaba las sabanas de rojo sangre, sangre y más sangre… Alguien dijo de llamar a la doctora Toro, la otorrino de guardia, y yo dije: – mi marido… mi marido… lo está viendo todo. Cerrarle las puertas; lo está pasando mal… Allí estaba Manolo con su cazadora azul y las manos en los bolsillos mirando hacia mi, inmóvil como una estatua de sal: – Mi marido… mi marido…

– ¡Qué le den por saco a tu marido! ¡Que te centres en ti!

Esa expresión tan fresca, cotidiana y natural. Causó en mí un efecto bálsamo, y me entraron ganas de reír… si mi aspecto ya de por si debía ser bastante horrendo, me figuro que esto último le daba un toque muy especial:

Mis manos aferradas a las batas de una mujer pequeña pero matona y a una de las abejitas. Un dolor indescriptible mientras la buena de la doctora introducía en mis fosas nasales cuerpos extraños: eran como globos de goma que hincharían en el interior de mi nariz una vez estuvieran perfectamente instalados…

– ¡Ya verás como a partir de ahora se acaba la hemorragia ¡ ¡Si no hubiera sido tan blando contigo! ¡Tanto beso, tanto mimo, tanta manita! : < ¡Já, já, já! – a mi cerebro le ha hecho gracia la salida de la pequeña otorrino >: ¡bajón de azúcar¡…………

………. La sala grande, fría y aséptica. Una laboriosa abejita me traía diligente la cuña para el pipi . Un simpático muchacho con unas gafas fashion de pasta blanca, apuntaba no se que cosas, después de observar, no se que otras. Y otra abeja hembra, muy segura de si misma, llevaba la batuta de la U.P.R.A con toda diligencia.

Mascarilla de oxigeno en la cara, talla única, como los uniformes de “los mehanis”*de Marruecos, incrustándose por los bordes en mis ojos. La banda del aparatejo automático de la tensión reventándome con la presión cada no se cuanto tiempo, el brazo derecho. Vestidita con un traje imaginario de Faralaes: parchecitos redonditos; lunarcitos pegaditos a mi torax y unos cuantos cables tipo N.A.S.A. completaban mi decoración. Y de esa guisa, recibía la visita ,de Mi madre , de dos de mis hijos de mi corazón, y de mi compañero del alma….compañero. Todos disfrazados de abejitas laboriosas

– Te quiero Chicho…

– Y yo…

– Te quiero Doyo…

– Yo también mater…

– Hola mamalela , guapa…

– Hola, con lágrimas en los ojos. Es que es de lagrima fácil>

– Hola cariño… el chico de la cazadora azul y las manos en los bolsillos.

– ¡Eh! No me dejes…

Y siento que me falta uno; el más pequeño, que ajeno a lo que estábamos viviendo, seguiría en ese mundo extraño y nuevo para él currando entre ordenadores allá por Taiwuán: mi corazón vuela hacia él…

Y siento que me faltan cinco. Mis niñas y mis pequeñas, que se han quedado en Murcia: mi corazón vuela hasta ellas…

Y percibo que alguien está a mi lado; que no se ha separado ni un momento de mi lado: papalelo guapo .

………………. Ya en la planta, juegan al “parchis” conmigo, ocupo tres habitaciones: con acompañante, sin acompañante, con acompañante. Con la primera no tuve ocasión de charlar, entre otras cosas porque la pobre no estaba para muchos trotes. De ella solo recuerdo las uñas de los pies con restos de esmalte rojo, de cuando la época de los Hititas. En cambio de la última: su incansable verborrea tocada por alguna que otra coplilla de la posguerra; su mesilla de noche que parecía un supermercado. Las visitas , y sobre todo el “amor ciego”, por eso de la película “Los Girasoles Ciegos”, a todo lo que huela a “derecha”. No dejaba títere con cabeza, eso si, salpimentándolo todo con las famosas coplillas. Pero lo que más cundió fueron las clases de Teología: que si existe Dios, que si no existe… que si lo encuentro me voy a pelear con él: , porque manda mucho mal al mundo: – no es culpable ; es cosa nuestra. ¿Pero tú crees en él? Y ella a vueltas con el clero ¡Olvidate del clero ¿Crees en él o no?

-Es que yo soy atea… ¡pero como me cruce con él menuda bronca le voy a echar!

Vano intento de enfrascarme en el libro.

…… Un rato corto de silencio. Se había dormido. De pronto la coplilla, señal inequívoca de que la cháchara empezaba otra vez.

Mi padre era oficial de 1ª albañil. Anarquista hasta la médula, y lo recuerdo con un libro en la mano. Odiaba todo lo que oliera a clero a Dios y a Guardia Civil, y a mi madre le hizo prometer que cuando muriera no pasaría por las manos de ningún cura. Pasó siete años en las cárceles de Franco ¡menos mal! Pues no hacía más que hacerle hijos a mi pobre madre; cuando lo arrestaron ya éramos nueve, se podía haber cortado el pito en la cárcel -dice riendo-

– ¡Madre mía! pobre madre ¿y como era ella?- le digo mientras le ofrezco las cuatro mandarinas que Mamalela me había dejado en la mesilla.

– ¿Y como era ella? –le digo movida por la curiosidad

– Pues muy creyente y siempre embarazada, con un niño en brazos y un pequeño de la mano. En eso de la religión no se entendían ¡Si hasta a la hora de comer, cuando mi madre bendecía la mesa, mi padre, que siempre estaba con un libro en la mano, se levantaba y comía a parte… Pero se querían mucho:

Huuuummm…. que buenas están estas mandarinas

-Me alegro. Disfrútalas. Bueno y que más… le digo picada por la curiosidad.

– Pues fíjate como era mi padre que cuando nació Concha, la mayor, su hermana se la llevó al cura y la bautizó; cuando se enteró dejó de hablarla y así hasta el día en que se murió. Y a partir de entonces en cuanto nacíamos el mismo nos inscribía en el juzgado sin pasar por la iglesia. Mira, ahora verás. Bueno la primera Concha, que esa ya no tenía remedio, pero después la cosa fue así: Concha, Libertad, Dalia, Hortensia , Germinal, Floreal Bienvenida, Violeta, vida… ¡Y lo que te digo! Menos mal que se pasó siete años en las cárceles porque si no mi madre…

Mientras soltaba la retahíla, le daba vueltas a los nombres de Germinal y Floreal hasta que caí en la cuenta de que eran los nombres de un par de meses del Calendario Republicano Francés aprobado por la Convención Francesa, si la memoria no me engañaba, en la última década del XVIII . La revolucionaria idea creo que fue de un tal d´ Eglantiné, y duró más o menos un año. Era algo como…: Vendimiario, Brumario, ventoso, los ya dichos Germinal y Floreal…Nivoso… o algo así…

– Valía mucho mi padre; valía mucho….

Había perdido por completo el hilo de su historia, tan enfrascada como estaba en recordar algo de los dichosos nombres, pero no importó porque me di cuenta de que se había atascado en la misma historia como un disco rayado. Siguió relatando, y relatando las atrocidades de la guerra, todas cometidas por la derecha, clero y Guardia Civil desde su particular visión y lógica de ese triste episodio de nuestra historia, salpicado todo, a demás de la Internacional que con ella tarareé, con alguna que otra cancioncilla que tan en boga estaban en uno y otro bando. Recuerdo una que con la clásica música de “Hay Carmela” decía más o meno así:En el rio del Jarama ya no me puedo bañar

En el rio del Jarama ya no me puedo bañar

Por estar teñido de rojo con la sangre del fascismo criminal….

………………Adiós, adiós, Hortensia , le digo cuando se acerca a mi cama para darme un beso de despedida.

– ¿Puedo? Haciendo el ademán de la señal de la cruz en su frente. Me mira agradecida

– ¡claro que puedes!

Me dice tomando una de mis manos entre as suyas. Yo se la hago y le digo:

-Y ya sabes cuando te tropieces con Dios, atácale de duro, que a él le gusta la sinceridad, pero eso si, deja que te hable, tienes que escucharle, porque si no eso será un monólogo y seguiremos igual, y no olvides que Él te busca aunque tu no quieras buscarlo, y Él te habla aunque tu no quieras escucharlo. Oye y en lo referente al pajarito que se te murió y cantaba tan bien, hazte con otro para que te haga compañía, pues ya sabes que ahora tienes que salir poco de casa. Cuídate mucho Hortensia, y vigila ese corazón tan grande que no te cabe en el tórax, y es el culpable de que te encuentres aquí. Me dedica una sonrisa y se aleja de mi vida embutida en un vestido negro y blanco y un montón de bolsas de supermercado llenas de víveres, que lleva diligentemente una nieta.

Me Habría gustado decirte en el ultimo momento, que durante veinticuatro horas de tu vida, en circunstancias de riesgo para tu corazón, habías compartido habitación de hospital, con una persona a la que no le van “los Girasoles Ciegos”; habría querido decirte con que fuerza cree mi corazón en Dios; como respeto “al clero”, con sus triunfos y fracasos, que para eso son hombres, y que pena siento cuando nadie ve en ninguno de ellos un triunfo, solo fracasos ¿alguno habrá no crees? Te abría contado, Que miembros muy jóvenes de mi familia han formado parte, de una manera muy sobresaliente, de la lucha antiterrorista que nos azota, y que tantas lágrimas han hecho derramar a tanta gente de bien… Te habría contado tantas cosas si ese corazón tan grande que Dios te hadado, y que no te cabe en el pecho, lo hubiera sentido rebosando amor y no rencor… Pero no lo hice, preferí quedarme con tu sonrisa, y con tu mirada de buena persona a pesar de los pesares ¡Ironías de la vida! Nunca leerás esto, aunque te dije que lo sacaría a la luz, entre otras cosas porque para cuando yo acabe este libro, ya no estarás en este mundo, no creo que con tu problema te quede mucho de vida, o tal vez me muera yo antes, eso también pudiera ser. En cualquier caso: no lo leerás nunca.

Querida compañera ignorante de mi vida: hice de buena samaritana escuchando de los labios de una extraña, mientras le daba las primeras mandarinas de temporada que mi madre había mandado para mi, desatinos e improperios de todo en lo que creo. No me pesa. A lo largo de mi vida he aprendido que es bueno saber escuchar cuando alguien tiene la necesidad de abrir su corazón, y espero de alguna manera, haberlo drenado para que pueda recibir la paz interior que se que tanto anhelas.

Cuídate mucho Hortensia y que encuentres a Dios.

 

 

 

Sucedió en El H. Clínico de Valencia 23/ 10/ 2008

En Ceuta 1/ 11/ 2008

Mehanis*: policía en daríy


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