Ninguna le mimaba como ella

La bicicleta de Ágata

Hay noches que le cuenta cosas de su vida fuera de aquella mole de hormigón, como que va y que viene en una bicicleta sofocada y renqueante por salir sin sombrilla ni paraguas

Lo cierto es que si no fuese por Ágata, sus días serían insoportables, decididamente ella era su alegría. Por supuesto que habían otras, pero ninguna le mimaba como ella. Amontonaban las bandejas sin miramiento poniendo perdido su cuerpo de metal, de perfectas líneas. Y es que  Ágata lo iluminaba todo, aunque para la gente pasara desapercibida correteando por las mesas, unas veces armada de una mopa demasiado grande para su estatura y otras, recogiendo las bandejas que los demás no se molestaban en llevarle, produciéndole una sensación de vacío y aburrimiento, que de no ser por ella, hacía tiempo que se habría perdido en el almacén de los objetos para reciclar. Ágata, su Ágata, era enjuta, tremendamente  enjuta y algo encorvada, tal vez por los años que lleva vistiendo de limpio, lo que ensucian los demás. Sin embargo suple ese desgaste, con unas manos que se mueven como alas de paloma remontando el vuelo de aquí para allá y una sonrisa tan bella como la luna de la cosecha que sonríe cuando el sol se ha ido a dormir. Así es Ágata, de todas sus sonrisas bellas, la mejor la guarda para él, para cuando se quedan solos en el silencio del centro comercial. Un silencio reparador que agradecen los tornillos de su cuerpo, roto solo por el suave canturreo que tanto alegraba a su etéreo corazón. Hay noches que le cuenta cosas de su vida fuera de aquella mole de hormigón, como que va y que viene en una bicicleta sofocada y renqueante por salir sin sombrilla ni paraguas,  los trescientos sesenta y cuatro días del año, porque el día de navidad, hasta las lagartijas andan en el hogar. Tiene dos hijos su Ágata, se enteró cuando se lo contaba a un chaqueta amarilla, de esos que están para resolver las preguntas y al que nadie pregunta nada. Tiene dos hijos sí, pero como si no los tuviera por estar colgados hasta las trancas por la cocaína.
Pero ninguna le mimaba como ella. Y él enamorado de su sonrisa bella…


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