Oct 252010
 



Me trajo Mara Mori
un par de calcetines,
que tejió con sus manos de pastora,
dos calcetines suaves como liebres.
En ellos metí los pies
como en dos estuches
tejidos con hebras del
crepúsculo y pellejos de ovejas.

Violentos calcetines,
mis pies fueron dos pescados de lana,
dos largos tiburones
de azul ultramarino
atravesados por una trenza de oro,
dos gigantescos mirlos,
dos cañones;
mis pies fueron honrados de este modo
por estos celestiales calcetines.

Eran tan hermosos que por primera vez
mis pies me parecieron inaceptables,
como dos decrépitos bomberos,
bomberos indignos de aquel fuego bordado,
de aquellos luminosos calcetines.

Sin embargo, resistí la tentación
aguda de guardarlos como los colegiales
preservan las luciérnagas,
como los eruditos coleccionan
documentos sagrados,
resistí el impulso furioso de ponerlas
en una jaula de oro y darles cada
día alpiste y pulpa de melón rosado.

Como descubridores que en la selva
entregan el rarísimo venado verde
al asador y se lo comen con remordimiento,
estiré los pies y me enfundé
los bellos calcetines, y luego los zapatos.
Y es esta la moral de mi Oda:
Dos veces es belleza la belleza,
y lo que es bueno es doblemente bueno,
cuando se trata de dos calcetines
de lana en el invierno.

Pablo Neruda



  2 Responses to “Oda a los calcetines”

  1. Que verdad es, que la belleza está en el interior (el que lo sea), ¡por muy feo que tenga uno los pies! jejeje

    Besote enfundado en calcetín de media.

  2. Eso es lo que se suele decir al referirse a alguien no muy agraciado; eso o…¡que simpatic@ es!
    Siempre es una solución: colocarse un calcetín, aunque para eso quizá sea más cómodo un pasamontañas. De cualquier modo ¡la belleza está en el interior! en este caso:del calcetín ¡ja, ja, ja!
    Abrazo aroma a "Mimosín".

    Gudeita

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