Feb 152016
 

     boda tatin uno

           El tiempo pasó y acabaron renunciando a las vacaciones, esta vez porque no podían partir el primer curso de carrera de Tatín. Escribieron a Sara para decirle el motivo, y esta les respondió con un paquete que contenía una sobrasada de la última matanza y unos cuantos renglones algo temblones por la edad en los que decía: “Lo primero es lo primero, y si no me queda otro remedio que vivir un poco más para poder abrazar a mis nietas, pues esperaré”. Así que la vida siguió para ellos en el paraíso, aunque para “Ojos de Gato” esa vida ya no fuera tan perfecta. Sin saber cómo, su Tatín voló del hogar de la mano de un joven teniente tan loco de celos por ella, que una noche con luna saltó a la pista de baile en mitad del bolero Moliendo Café, que el negro Tadeo interpretaba a su manera. La arrancó de los brazos de Tim, un alemán alto y con estilo, que había abandonado la toga en Libreville para pasar unos días en casa de un importante miembro de la comunidad al que le unía una gran amistad, con un “se acabó el baile”, que dejó al abogado sin palabras y a ella alucinada. Manuel Astillero se llamaba el teniente. Un sevillano de mirada profunda y algo engreído que la deslumbró con sus maneras de oficial de academia y sus atenciones. Tan enamorado estaba que no escuchó el razonamiento de “Ojos de Gato”: “Espera a que acabe la carrera. Aún no ha cumplido los diecisiete”. Pero no quiso. En realidad ninguno de los dos quiso, aun así, un día le preguntó a su nena Tatín si realmente quería dejar esa vida felizmente despreocupada y abandonar la silla con palestra a la que tantos esfuerzos le había costado llegar, y de nuevo le dijo que sí. Ni siquiera la vio abandonar el hogar. Salió de casa de los Alonso vestida por Araceli. No la llevó al altar; fue Chito el que recorrió el pasillo de la iglesia para entregársela al hombre por el que había decidido abandonar sus sueños. Se negó a ser el padrino el día de su boda por temor a recorrer el pasillo de La Virgen de Monserrat sin poder controlar las lágrimas que de un tiempo a esa parte, asomaban a sus ojos como gallos de pelea cada vez que la miraba. Era tal la pena que tenía de perder a su Tatín que se quedó junto a San José; entrando a la derecha, con el tomavistas en la mano y la vista perdida en el velo de tul que ocultaba su cara de niña.
De la torre del campanario un grupo de palomas alzaron el vuelo, cinco segundos antes de que las campanas repicaran a boda. Y en la puerta, los sables de los oficiales formaban pasillo al paso de Tatín y su teniente, que tras partir la tarta subieron a un avión rumbo a España…

           Y el tiempo pasó….

https://vimeo.com/122934557

  2 Responses to “Para no volver,de la Sombra del Egombe Egombe”

  1. Ah, esas bodas guineanas rápidas de personas que no podían aguantar. Pero yo creo que fue ella la que embaucó a él con sus encantos personales y por éso él dio aquel salto en la pista de baile paraque no se la llevara nadie.

    • ¡Ja,ja,ja! ¡Fue ella? ¿Fue él? que más da,el caso es que vivieron juntos una vida con sus altos y sus bajos.
      Un besote bella Rosén.

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