Nov 112010
 




El evento de los premios MTV ha sido en España, y parece ser que todo ha salido a pedir de boca, aunque hubo un pequeño resbalón con la ausencia de alguna cara conocida del mundo de la T.V. española a la hora de conducir el programa ¡Que se le va a hacer! Menos mal que la falta de esta nuestra representación a pie de micrófono ha sido paliada por el disfraz de “jamón” con que una cantante famosa, y de la que no recuerdo ni su cara, ni su nombre ni tan siquiera lo que cantó, salió al escenario con la buena intención de homenajear al país anfitrión, y la verdad no se si la idea fue acertada o no porque ahí acabó la noticia. Pero el caso es que a mi me hizo un favor porque trajo a mi memoria aquellas fiestas infantiles de disfraces en las que por unas horas te sentías “Pocajontas”, Blancanieves, o un arlequín veneciano con lagrima negra incluida, sobre una cara empolvada, que duraba sin churretes, lo mismo que la más fugaz de las estrellas. Me vistieron de Paulova, con un tozo de mosquitera por falda y alguna lentejuela doradas cosida entre pecho y espalda para alegrar el pedazo de tela con la que habían confeccionado el resto del vestido. y a falta de melena con la que coronar la cabeza en un moño, me encajaron en la cabeza una diadema de esas de comunión que el ”tío Chito”,hermano de la “Bella Sara” vendía entre mil cachivaches más, en su factoría de Niefang ¡Horror! a mi me parecía de lo más horrorosa con aquel elástico que llevaba para sujetarla por debajo de la barbilla. Recuerdo que tras mi tozudez por no adornar mí tierna cabeza con semejante bodrio la “Bella Sara” me amenazó con retirar de la circulación mi colección de cromos que con tanto esfuerzo había reunido, y es que soplarle a la gente menuda como yo, los cromos no era pan comido. Llegábamos a levantar con el hueco de la mano hasta cuatro o seis a la vez y puedo aseguraros que la adrenalina, que entonces nadie tenia ni idea de lo que era, se multiplicaba poniendo nuestros nervios a cien ¡En fin! Que no me quedó más remedio que cargar con la diadema provocando en mi yo más profundo un sentimiento de ridículo tal que me negué a ir a la fiesta de disfraces. Y seguramente hubiera cumplido mi palabra aún a riesgo de perder en algún lugar oculto, que solo la “bella Sara” sabía, mi colección de cromos por la que me habría dado de tortas sin importarme un comino que era una “nena” y eso estaba mal visto, si “ojos de Gato” no hubiera aparecido con aquellas doradas zapatillas de ballet que había hecho para mi con unos desgastados zapatitos de charol, a los que había cosido unas cintas doradas algo largas para las cortas pantorrillas de mis piernas que al acabar de cruzarlas me llegaban hasta casi la rodilla, causando la sensación de que más que unas zapatillas de danza clásica eran el burdo recuerdo de una sandalias romanas.
-Pero ¿las zapatillas de ballet no tienen las cintas más cortas?
– ………..
-Pero ¿las zapatillas de ballete no se atan a los tobillos?
-……..
-¡Menos mal que no se las has hecho con unas sandalias porque parecerian unas sandalias romanas
– ………
– ¿Con que las has pintado?
– Con purpurina, es que no lo ves.
– ¡papá! ¡papá! El zapato está “duro”, no puedo “mover los pies” –quería decir caminar por la rigidez-
– Entonces los tiramos y papá te hará otras zapatillas de ballet
– ¡nooooo! Déjame estas que me gustan.
– Te harán daño…
– Nooooo. Que yo me pongo despacito de puntillas…
Y tanto me puse de puntillas para practicar mi mejor salto del”pato”, porque a cisne no aspiraba, que acabé con unas ampollas en los pies de “no te menees”. A la hora de la verdad, y llegada la tarde tan esperada hice mi aparición con la horrorosa diadema y unas sandalias alas que “Ojos de Gato” había recortado la piel allá donde había una llaga. Llegué llorando y salí riendo, porque al cocodrilo se le había roto la cola al sentarse en una silla sin tomar la precaución de apartarla antes. La tortuga, mi amigo Luisin, tampoco llegó muy digna que digamos porque a la hora de introducir la cabeza por el caparazón, el cálculo diametral de su mollera no había sido correctamente calculado. En la cestita de la caperucita solo quedaban envoltorios de caramelos y es que a falta del quesito, el pastel y la tarrina de miel, los caramelos se suponía que era la solución: craso error.
Fue una fiesta divertida en la que el disfraz de jamón de mi amigo Jose triunfó junto a la dulce ingenuidad producida por esa inocencia infantil que a todos nos ha acompañó en nuestra niñez y que me hizo olvidar todos los agobios pasados antes de la función. Al final regresé en brazos de “Ojos de Gato”, iba descalza, y sin la causa de todos mis males que debió acabar bajo una mesa o en algún rincón de aquel jardín del capitán.
El evento de los premios NTV y su disfraz de jamón, me ha hecho recordar aquellas zapatillas de ballet…aquella horrible corona…aquel ensayar, mi mejor “salto del pato”…aquel cocodrilo sin cola y cestita sin quesito, ni pastel, ni tarrina de miel que llevarse a la boca…Aquella tortuga cabezona de cómica concha de mi amigo Luisín.

  2 Responses to “Por el disfraz de jamón…”

  1. Ay señor!….que duro es ser artista…las fotos son divinas, de las que hay que guardar "forever"… besos, paulova

  2. ¡Si lo sabré yo, señora Malanga. No vea como me dejaba los pinreles los dichosos zapatos a la hora de hacer mi mejor pirouette, y mi delicado Demi-plié¡ja, ja, ja! Lo dicho: el salto del pato.
    Besote.

    Nina Gaviota

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