Nov 152011
 

Nieves y tatín

La playa parecía una torta fina bañada de azúcar.La arena se metía entre los dedos de los pies maquillándolos  de dorada purpurina. Unos pies en donde las tiras de las sandalias habían dejado su impronta por no colarse  ni un solo rayo de sol.
La playa parecía un polvorón escachado por unos pies pequeños y morenos, alegres y despreocupados por no sumar los años suficientes para pensar en otra cosa que no fuera soñar y reir.En dos palabras:ser feliz.
La playa parecía un plato de natillas tan suave que los pies de caminante que la pisaban agradecía su caricia con un meneo de dedos en abanico.Unos dedos con lunares como los que adornan los trajes de faralaes y a los que todo el mundo se empeñaba en llamarles callos.
La playa parecía una copa escanciada de champán de un dorado rabioso, en donde dos pares de pies hacían unos largos entre vaivén y vaivén de sus dueños. No se parecían  en nada. Unos tan fuertes y nervudos y los otros tan suaves y coquetos que hasta las uñas llevaba pintadas de un azul mar en un dia de nubes.Subían y bajaban a media pierna, y se balanceaban en el aire según cabalgaran los cuerpos desnudos y bronceados.
La playa se adornaba con peinetas de cocoteros casi a ras del suelo y visera de egombe egombes en un intento de protegerla del sol. De ese sol tropical que pisaba fuerte por eso de impresionar a la arena de la que estaba colado por sus granos.
La playa  se vestía con una tela de guipur de un color turquesa, añil o gris, según le pintara al mar,y  lucia zarcillos de cangrejos ermitaños y ajorcas de caracolas que ponía amarilla de envidia a la luna.
La playa se vestía  al punto de asomar  la luna bella  entre las nubes, con cayucos varados en la arena y abalorios de cangrejos, sin ermita, corriendo por su piel.Corriendo por su piel, envueltos en sonidos de tan-tan, como esa adolescencia que jugaba a despertar al deseo y al amor. Ellas con sus bañadores de colores y “cazuelas” de plástico duro para sujetar un pecho de paloma con ganas de volar. Ellos con sus gafas de sol y un  pitillo entre los labios a lo James Dean, por eso de “ser hombre duro”.
Manos, roces, miradas, sonrisas, confidencias de niña-mujer…
Manos, roces, miradas, sonrisas y la sangre hirviendo por las venas…
Manos, roces,miradas,sonrisas y el final del verano llegando…
El sonido del tan-tan…
Los cayucos en la arena…
Y un pecho de paloma con ganas de volar…
Y unas gafas de sol y un pitillo…
Y una torta fina de azúcar…
Y un polvorón escachado
Y un plato de natillas…
Y una copa escanciada de champán…
la playa.