Abr 042016
 




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Con la mochila a la espalda ella dijo que se iba, y se fue a pasar la tarde entre libros, ordenata y unas tazas de café. Él dijo que se marchaba a un concierto de Rock -Metal y se fue dando un portazo, con” la chupa” y la alforja de piel negra tachonada. En el bolsillo una caja de cerillas y unas “chinas en “Albal”, en el alma un desaliento y en el corazón… su nombre.Y se alejó soltando gas, tras dos patadas al pedal, sin mirar atrás; sin importarle un comino esa voz que le llamaba, se alejó. Ella le pidió a su amiga: “miente por mi; cúbreme”. Y al otro lado del móvil una voz le dijo “si”.
Rodeó su cintura con los brazos y se pegó a su espalda cuanto pudo,  mientras rozaban sus cascos a modo de:”yo te quiero”. “Yo también”. Ni el suspiro del viento, ni el aliento de un ángel, ni una mínima partícula del polvo en suspensión podría atravesar esa pared de deseo, de ansias de libertad; de vivir la vida junto a él y a esa chupa de cuero, porque era todo lo que quería vivir. Él levantó un pulgar y ella, ajustándose la mentonera, levantó el suyo. El motor rugió tres veces, luego un tirón y las ruedas no dejaron de rodar dirección al “Viña Rock”. A través de la ahumada visera miró al cielo. Era un cielo de verano como cualquier otro cielo de verano, pero a ella le pareció el más claro, el más limpio, el más bello de los cielos. Cerró los ojos y apoyó la cabeza en su hombro hasta donde le dejaba el casco. Luego todo fue muy rápido: la curva,la estabilidad… el equilibrio; el no dominar la moto y el maldito “quita miedos” en el borde del arcén…
A través del ahumado, vislumbró su cuerpo inerte bajo el cruel metal del “quita miedos” y apartando la vista miró al cielo. A ese cielo de verano, como cualquier otro cielo, pero a ella le pareció el más triste, el mas negro, el mas amargo de los cielos…
Con la mochila a la espalda ella dijo que se iba y se fue… Y el dijo que se marchaba a un concierto de Rock-Metal, y se fue dando un portazo y no volvió.
Y era un cielo de verano,como cualquier otro cielo de verano, pero a ella le pareció, el más triste, el más negro, el más amargo de los cielos…
Y las ruedas no dejaron de rodar…